¿Asalariados o pastores?

1.- Nos encontramos, dentro de este IV Domingo de la Pascua, recordando la figura de Jesús Buen Pastor. Una imagen, por cierto, representada ya en la iconografía cristiana del siglo II.

¿Representada? Si. Una alegoría donde los cristianos vemos a Jesús como Aquel que salva a sus ovejas.

Pero, una cosa es representar la figura del Buen Pastor a través de la iconografía y, otra muy distinta, vivirla en carne mortal en el día a día. Encarnarla en medio de unas comunidades cristianas que, no siempre, siguen a sus pastores en todo ni a todos.

2.- Los Obispos de España, esta semana pasada, nos alertaban reconociendo que son más preocupantes los problemas en el interior de la propia iglesia que aquellas otras dificultades que acechan desde el exterior.

El Buen Pastor, una y otra vez lo hemos oído, da la vida por sus ovejas. Es un momento, este domingo IV de la Pascua, para auto-realizarnos un examen de conciencia aquellos que presidimos o servimos las comunidades de nuestra iglesia.

  • ¿Damos nuestra vida o nos hemos acomodado en unos cultos más o menos entrañables y a la carta?
  • ¿Damos la cara por la vida de nuestros creyentes? ¿Defendemos, también con nuestros obispos, aquello que creemos y pensamos es constitutivo de nuestro pastoreo o huimos hacia delante?
  • ¿Nos sentimos pastores las veinticuatro horas del día o asalariados para cierto tiempo y a en aquello que más nos gusta?
  • ¿No hemos caído, un poco en la tentación, de amoldarnos a los horarios de un obrero? Descansan ellos; nosotros también. Vacaciones ellos; en nuestras parroquias también. Horarios ellos; en los despachos también; Viajes ellos; y nosotros ¿por qué no?

3.- Podemos dar la sensación, y no es ofender a nadie, que nuestra vida sacerdotal está demasiado influenciada por aspectos que, en principio, no tendrían que ser determinantes o viciosos en la forma de concebir, vivir y alentar nuestro pastoreo. No podemos caer en el error de una vida sacerdotal de “funcionario”. De tal a tal hora abro la ventanilla, pregunto lo que se tenga que preguntar y se acabó.

La alegoría del Buen Pastor es una invitación a los que presidimos la vida eclesial (sean obispos o seamos sacerdotes) para conocer de cerca a aquellas personas que la misión nos ha confiado para animarles, reconfortarles y abrirles el entendimiento a la fe y a la gracia, como nos decía el pasado domingo el evangelio.

¿Qué es difícil? ¿Qué en vez de ovejas parece que tenemos lobos a nuestro alrededor? ¿Qué la gente no se deja conocer? ¿Qué hemos hecho de nuestra iglesia, en vez de un redil, un gran estadio con billete para entrar pero sin posibilidad de conocerse? Puede ser.

4.- El Señor, libremente, dio su vida por aquellos por los que se dejó rodear. Subió a la cruz, incluso por el que le vendió o le negó. Pero, supo ser Buen Pastor. Conocía de antemano sentimientos, pensamientos y maquinaciones.

¡Ojala que Jesús nos diera ese poder para conocer, en la intimidad, las luchas y las fatigas, el hambre y las necesidades de los cristianos que la iglesia nos ha encomendado!

Mientras tanto, en este tiempo de la Pascua, seguimos pidiendo por los pastores:

** Por los Obispos. Que sean cercanos. Que conozcan la realidad sufriente de sus sacerdotes.

** Por los sacerdotes. Que hagamos un esfuerzo redoblado por no instalarnos en el pesimismo o la comodidad.

** Por los fieles. Para que, lejos de ser borregos, aprendan a estimar, querer, acompañar a aquellos que –con virtudes y defectos, limitaciones y dotes extraordinarias- intentan imitar a Jesús Buen Pastor.

  • Todos tenemos anchos hombros para aguantar sobre ellos, un poco, el peso de los demás.
  • Todos tenemos fuertes brazos para levantar a hermanos nuestros que andan perdidos y desorientados.
  • Todos, tenemos un cayado –la fe- sobre el que nos podemos apoyar para buscar lo perdido, animar lo triste y fortalecer lo débil.
  • Todos, por si lo hemos olvidado, siempre podemos ofrecer algo; al amigo o al enemigo, al triste o al que baila, al que busca o al que está cerrado.

El bien, ciertamente, es un campo que no esta vallado para nadie. Ni para los que ejercemos el ministerio sacerdotal, ni para aquellos otros que viven su laicado comprometido o tibio dentro de la Iglesia.

5.- HAZNOS, SEÑOR

HAZNOS, SEÑOR

Personas que, además de materialidad,
ofrezcamos vida para que, otros, tengan vida.
No mirar al reloj
para anotar las horas de servicio
Alegrarnos y disfrutar
con la misión encomendada a Jesús:
dar vida a la grey del Señor
Dejarnos conocer,
por Ti, Buen Pastor, y conocer
a los que Tú nos has llevado
Huir, no en desbandada hacia delante,
y sí retroceder para recuperar
a los que perdimos por el camino.
Alimentar nuestros cuerpos
debilitados por el pastoreo,
con el pan y la fuente de la Eucaristía.

HAZNOS, SEÑOR

Que, lejos de sentir seguro un sueldo,
te estemos agradecidos
por habernos permitido vigilar tu rebaño.
Sostener, en nuestros humildes hombros,
la lana enredada de aquellos a los que servimos.
Alimentar, la vida espiritual débil,
de los que salieron lejos de tus pastos
Acariciar y curar, levantar y mirar frente a frente
a los que por el Bautismo, los llamaste
a heredar tu ciudad y tú reino.
Y, si no puedo llegar a ser buen pastor, Señor
vuelve sobre tus pasos, Hermano Mayor,
y con tu certera mirada y sabia Palabra
dame la gracia de comprender y entender
que, lo importante, es haberlo intentado.
Amén.

Javier Leoz