Meditación – Sábado III de Pascua

Hoy es sábado III de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 6, 60-69):

En aquel tiempo, muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?». Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?. El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre».

Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».

Hoy contemplamos a la Eucaristía como el gran encuentro permanente de Dios con los hombres, donde el Señor se entrega como “carne” para que —en Él— nos convirtamos en “espíritu”. Él, a través de la Cruz, se transformó en una nueva forma de humanidad que se compenetra con la naturaleza de Dios; paralelamente, la Eucaristía debe ser para nosotros un paso a través de la Cruz y una anticipación de la nueva vida en Dios y con Dios.

Al final del discurso, donde se anuncia la encarnación de Jesús, y el comer y beber la Carne y la Sangre del Señor, Jesucristo concluye diciendo que «el Espíritu es quien da la vida». Esto nos recuerda las palabras de san Pablo: «El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo. El último Adán, en espíritu que da vida» (1Cor 15,45).

—Sólo a través de la Cruz y de la transformación que ésta produce se nos hace accesible esa “Carne”, arrastrándonos también a nosotros en el proceso de dicha transformación.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Sábado III de Pascua

SÁBADO III DE PASCUA

Misa del sábado (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Pascual.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 9, 31-42. Se iba construyendo la Iglesia, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo.
  • Sal 115. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
  • Jn 6, 60-69. ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

Antífona de entrada           Col 2, 12
Por el bautismo, fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitados con él por la fe en la fuerza de Dios, que lo resucitó de entre los muertos. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, reunidos para recordar en la Eucaristía que por el Bautismo, fuimos sepultados con Cristo y hemos resucitado con Él, porque hemos creído en la fuerza de Dios que lo resucitó; comencemos la celebración de los sagrados misterios reconociendo que estamos necesitados de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.

• Tú, que tienes palabras de vida eterna. Señor, ten piedad.
• Tú, que eres el Santo de Dios. Cristo, ten piedad.
• Tú, que nos das la salud. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios, que has renovado en la fuente bautismal
a los que creen en ti,
guarda a los renacidos en Cristo,
para que, vencida toda clase de engaños,
conserven fielmente tu gracia santificadora.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Pidamos al Señor, cuyas palabras son Espíritu y vida, que escuche nuestras súplicas en este tiempo glorioso de Pascua.

1.- Por todas las Iglesias y comunidades cristianas, para que el Espíritu Santo nos haga sentir, con mayor intensidad cada día, el dolor de la mutua división. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones al ministerio ordenado en la Iglesia, para que Dios suscite ministros sagrados en su pueblo, y los llene de su gracia, los ilumine y les dé fuerza. Roguemos al Señor.

3.- Por la paz del mundo, para que se frenen las ambiciones, desaparezcan las enemistades y brote el amor y la concordia en el corazón de todos los hombres. Roguemos al Señor.

4.- Por los difuntos; para que todos los que han muerto resuciten con Cristo para la vida eterna. Roguemos al Señor.

5.- Por el pueblo de Dios aquí reunido, por los fieles de nuestra parroquia y de nuestra diócesis, para que la fuerza del Espíritu nos haga crecer a todos en la fe y en la unidad. Roguemos al Señor.

Escucha, Señor, la oración de tus hijos, aumenta nuestra fe, aleja de nosotros todo tipo de triunfalismo y haz que, cimentados en tu palabra, sigamos con fidelidad incondicional a Jesucristo tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor, en tu bondad
las ofrendas de tu familia,
para que, bajo tu protección,
no pierda los dones ya recibidos
y alcance los eternos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio Pascual

Antífona de comunión          Cf. Jn 17, 20-21
Padre, por ellos ruego, para que todos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión
GUARDA, Señor, con tu amor constante
a los que has salvado,
para que los redimidos por la pasión de tu Hijo
se alegren con su resurrección.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre el pueblo
CONCEDE, Señor,

tu amor al pueblo que te suplica,
para que obtenga la salvación por tu gracia continua,
quien por ti fue creado
y por ti fue redimido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 24 de abril

SAN FIDEL DE SIGMARINGA, Mártir (1622 d.C)

 

La Congregación de “Propaganda Fide”, venera a San Fidel como su primer mártir. Era éste un sacerdote capuchino, conocido también con el nombre de Marcos Rey. Había nacido en Sigmaringen de Hohenzollern.

Como era un joven muy inteligente, fue enviado a la Universidad de Friburgo, en Brisgovia, donde enseñó filosofía, al mismo tiempo que preparaba su doctorado en leyes. Ya desde entonces, empezó a llevar una vida de penitencia, pues vestía una camisa de pelo y se abstenía del vino. En 1604, fue nombrado tutor de un reducido grupo de muchachos suabos que querían completar su educación en las principales ciudades universitarias de Europa occidental. Durante el viaje, que duró seis años, Fidel se ganó la estima de sus pupilos, edificándolos con el ejemplo de su devoción y de su liberalidad con los pobres, a quienes algunas veces regalaba los vestidos que llevaba puestos. A su vuelta a Alemania, obtuvo el título de doctor en leyes y empezó a trabajar como abogado en Ensisheim de la Alsacia superior. Pronto se dio a conocer por su integridad y por el cuidado con que evitaba las invectivas que se empleaban entonces en la defensa de los casos. Como defendía con frecuencia a los más necesitados, el pueblo empezó a llamarle “el abogado de los pobres”. Pero, hastiado de los bajos e inicuos expedientes a los que recurrían los otros abogados, decidió finalmente ingresar en la rama capuchina de la orden franciscana, de la que su hermano Jorge era miembro. Después de recibir las sagradas órdenes, Marcos tomó el hábito y escogió el nombre de Fidel, como una alusión a la corona de vida prometida a quienes perseveran (Apoc. N. 10).

El P. Fidel pedía constantemente a Dios que le preservase de la ociosidad y la tibieza. Con frecuencia exclamaba: “¡Ay de mí que soy el mediocre soldado de un Capitán coronado de espinas!” Dividió su herencia en dos partes: una la repartió entre los pobres y la otra, la regaló al arzobispo para que formase un fondo de ayuda a los seminaristas pobres. En cuanto terminó sus estudios de teología, el joven capuchino empezó a predicar y a oír confesiones. Fue sucesivamente guardián en Rheinfelden, Friburgo y Feldkirch. Mientras desempeñaba este último puesto, consiguió la reforma de las costumbres de la ciudad y las regiones circundantes y convirtió a numerosos protestantes. Su cariño por los enfermos se manifestó principalmente en los cuidados que les prodigó durante una violenta epidemia; ello no hizo más que aumentar su reputación y, a instancias del obispo de Chur, sus superiores le enviaron con otros ocho capuchinos a predicar a los swinglianos de Grisons. Como era la primera vez que la Iglesia trataba de conquistar esa región, después de la Reforma, los protestantes amenazaron seriamente a los misioneros. San Fidel no prestó oídos a tales amenazas, aunque sabía bien el riesgo que con ello corría.

Dios bendijo abundantemente la misión desde el primer momento y la Congregación de Propaganda Fide, que se acaba de fundar, nombró al P. Fidel jefe del movimiento de Grisons. A diario conseguía el santo nuevas conversiones. Sus éxitos se debían, sin duda, tanto a las largas horas de la noche que dedicaba a la oración, como a sus sermones e instrucciones cotidianos. Los maravillosos efectos de su celo acabaron por encolerizar a sus adversarios, quienes excitaron a los campesinos contra el misionero, diciendo que se oponía a sus aspiraciones de independencia nacional y aconsejaba la sumisión al emperador de Austria, por quien estaba pagado. Enterado de esos rumores, San Fidel pasó varias noches en oración ante el Santísimo Sacramento o delante de su crucifijo. El 24 de abril de 1622, fue a predicar a Grüsch. Al terminar su sermón, que había sido aún más ardiente que de costumbre, fue arrebatado en éxtasis durante varios minutos, con los ojos fijos en el cielo. En un sermón que predicó en Feldkirch se refirió a su muerte próxima y poco antes había firmado así su última carta:

“Hermano Fidel, que pronto será pasto de los gusanos.” De Grüsch se dirigió a Sewis; estaba predicando ahí un sermón sobre el texto: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”, cuando alguien disparó contra él, pero erró el tiro y la bala fue a incrustarse en la pared.

En el tumulto que se produjo intervinieron los soldados austríacos, estacionados en la ciudad. Un protestante ofreció albergue en su casa al P. Fidel, quien le dio las gracias, pero se negó a aceptar, diciendo que su vida estaba en las manos de Dios. Cuando se dirigía a Grüsch, fue atacado por un puñado de hombres armados, quienes le exigieron que abjurase de la fe católica. El santo respondió: “He venido para dar testimonio de la verdad y no para abrazar vuestros errores”. Sus atacantes le derribaron por tierra y le acabaron a puñaladas. San Fidel tenía cuarenta y cinco años.

Uno de los primeros frutos de su martirio fue la conversión de un ministro swingliano que lo había presenciado. Fidel de Singmaringa fue canonizado por el Papa Benedicto XIV.

 

La biografía más fidedigna de San Fidel es probablemente la de F. della Scala, Der hl. Fidelis von Sigmaringen (1896). El P. E. de la Motte-Servolex aprovechó mucho dicha biografía para su St. Fidele de Sigmaringen (1901), que es una obra de tipo más popular. Ver también Nel terzo centenario di San Fedele da Sigmaringa (1922). Existen algunas otras biografías, particularmente en alemán, como la de B. Gossens (1933); cf. Léon, Aureole Séraphique (trad. ingl.), vol. II, pp. 101-104, y J. G. Mayer, Geschichte des Bistums Chér (1914), pp. 399-405.

 

Alban Butler

Laudes – Sábado III de Pascua

LAUDES

SÁBADO III DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Somos el pueblo de la Pascua,
Aleluya es nuestra canción,
Cristo nos trae la alegría;
levantemos el corazón.

El Señor ha vencido al mundo,
muerto en la cruz por nuestro amor,
resucitado de la muerte
y de la muerte vencedor.

Él ha venido a hacernos libres
con libertad de hijos de Dios,
él desata nuestras cadenas;
alegrados en el Señor.

Sin conocerle, muchos siguen
rutas de desesperación,
no han escuchado la noticia
de Jesucristo Redentor.

Misioneros de la alegría,
de la esperanza y del amor,
mensajeros del Evangelio,
somos testigos del Señor.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.

SALMO 118

Ant. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Aleluya.

Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Aleluya.

CÁNTICO de la SABIDURÍA: DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA

Ant. Edificaste, Señor, un templo y un altar en tu monte santo. Aleluya.

Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas,
y para regir el mundo con santidad y justicia,
y para administrar justicia con rectitud de corazón.

Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

Pues, aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada.

Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras,
que te asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo que es recto según tus preceptos.

Mándala de tus santos cielos,
y de tu trono de gloria envíala,
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.

Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Edificaste, Señor, un templo y un altar en tu monte santo. Aleluya.

SALMO 116: INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA

Ant. Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Aleluya.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Aleluya.

LECTURA: Rm 14, 7-9

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Simón Pedro dijo: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios». Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Simón Pedro dijo: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios». Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, pan de vida, que en el último día resucitará a los que se alimentan con su palabra y con su cuerpo, y digámosle:

Señor, danos paz y alegría

Hijo de Dios, que, resucitado de entre los muertos, eres el príncipe de la vida,
— bendice y santifica a tus fieles y a todos los hombres.

Tú que concedes paz y alegría a todos lo que creen en ti,
— danos el vivir como hijos de la luz mientras nos alegramos de tu victoria.

Aumenta la fe de tu Iglesia, peregrina en la tierra,
— para que dé al mundo testimonio de tu resurrección.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, habiendo padecido mucho, has entrado ya en la gloria del Padre,
— convierte en gozo la tristeza de los afligidos.

Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Oh, Dios, que has renovado en la fuente bautismal a los que creen en ti, guarda  a los renacidos en Cristo, para que, vencida toda clase de engaños, conserven fielmente tu gracia santificadora. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.