Santoral 25 de abril

SAN MARCOS, Evangelista (c. 74 d.C)

Lo que sabemos sobre la vida personal de San Marcos, autor del segundo Evangelio, proviene más o menos de conjeturas. Los autores le identifican generalmente con el “Juan llamado Marcos” de los Hechos de los Apóstoles (XII, 12 y 25) ; por consiguiente, la María, en cuya casa de Jerusalén se reunían los Apóstoles, era su madre. Por la epístola a los Colosenses (IV, 10), sabemos que Marcos era pariente de San Bernabé, el cual (según Hechos IV, 36) era un levita chipriota. Resulta, pues, probable que Marcos haya pertenecido a una familia levítica. Cuando Pablo y Bernabé regresaron a Antioquía después de haber llevado a Jerusalén las limosnas para dicha Iglesia, trajeron consigo a Juan llamado Marcos, quien los ayudó en el ministerio apostólico en la misión de Salamina, en Chipre (Hechos, XIII, 5); pero Marcos no les acompañó a Perga de Panfilia, sino que volvió a Jerusalén (Hechos, XIII , 13). A raíz de aquella deserción, San Pablo creyó ver cierta inestabilidad en el carácter de Marcos y, aunque Bernabé quería que los acompañase a visitar las Iglesias de Cilicia y el resto de Asia Menor, San Pablo se opuso a ello. Como no lograron ponerse de acuerdo, Bernabé se separó de San Pablo y fue con Marcos a Chipre. Sin embargo, cuando San Pablo se hallaba en su primer cautiverio en Roma, Marcos estaba con él y le ayudaba (Col. IV, 10). Durante su segundo cautiverio, poco antes de su martirio, el Apóstol escribió a Timoteo, quien se hallaba entonces en Éfeso: “Toma contigo a Marcos, pues me ha ayudado en el ministerio.”

Por otra parte, la tradición sostiene que el autor del segundo Evangelio estaba en estrecha relación con San Pedro. Clemente de Alejandría (según el testimonio de Eusebio), Irineo y Papías llaman a San Marcos el intérprete o portavoz de San Pedro, si bien Papías afirma que Marcos no había oído al Señor ni había sido su discípulo. No obstante esta última afirmación, los comentaristas se inclinan a pensar que el joven que siguió al Señor en el Huerto de los Olivos (Marc. XIV, 51) era San Marcos. Lo cierto es que San Pedro, cuando escribía desde Roma (1 Pedro, V, 13), habla de “mi hijo Marcos”, el cual, según parece, estaba entonces con él. Apenas cabe duda de que en ese pasaje se trata del evangelista, pero en todo caso, no hay ninguna prueba concluyente de que ese Marcos no haya sido el “Juan llamado Marcos” de los Hechos.

Examinemos ahora otros documentos menos seguros. En primer lugar tenemos una narración muy sobria —porque el elemento milagroso es muy reducido y el conocimiento de los sitios es excepcional— de la segunda visita de Bernabé y Marcos a Chipre, que terminó con el martirio del primero. Dicha narración, cuyo pretendido autor es el mismo San Marcos, sitúa el martirio de San Bernabé en el año 53. Es de notar que el autor de esta “pasión” apócrifa ignoraba que Marcos era el autor del segundo Evangelio, ya que subraya con especial énfasis, que San Bernabé había recibido de San Mateo un relato de los hechos y palabras del Señor. Este es un detalle que difícilmente pudo ser inventado en boca de uno de los cuatro evangelistas. Por otra parte, al fin de la narración, Marcos se embarca con rumbo a Alejandría y ahí se dedica a enseñar a otros “lo que había aprendido de los apóstoles de Cristo.”

La tradición de que San Marcos vivió algún tiempo en Alejandría y fue obispo de esa ciudad, es muy antigua, aunque Orígenes y Clemente, que eran originarios de Alejandría, no mencionan el hecho. En cambio lo mencionan Eusebio y el antiguo prefacio del Evangelio de San Marcos de la vulgata latina. Dicho prefacio, refiriéndose a una deformidad corporal del evangelista, mencionada anteriormente por Hipólito, deja entender que se trataba de la mutilación que el mismo San Marcos se había infligido para no ser ordenado sacerdote, pues se juzgaba indigno de ello. Aunque es muy probable que San Marcos haya terminado sus días como obispo de Alejandría, no merecen ninguna fe las “actas” de su supuesto martirio. El Martirologio Romano las resume así, en el párrafo que consagra al santo: “En Alejandría, el nacimiento de San Marcos el Evangelista, quien fue discípulo e intérprete de San Pedro Apóstol. Fue enviado a Roma por los hermanos; ahí escribió su Evangelio y después pasó a Egipto. Fue el primer predicador de Cristo en Alejandría, donde fundó una Iglesia. Más tarde fue hecho prisionero por la fe, atado con cuerdas y arrastrado sobre las piedras. Un ángel fue a confortarle en la prisión y finalmente, después de que el mismo Cristo se le había aparecido, fue llamado a recibir el premio celestial, en el octavo año del reinado de Nerón.”

La ciudad de Venecia pretende poseer el cuerpo del santo que, según la tradición, fue trasladado de Alejandría en el siglo IX. Se ha discutido mucho la autenticidad de esas reliquias que se conservaron intactas durante tantos siglos; muy probablemente las filtraciones de agua, que durante largos períodos impedían el acceso a la confessio[1] en que reposan, han causado un daño irreparable al frágil contenido del relicario. Venecia venera a San Marcos como patrón desde tiempo inmemorial. El león, símbolo de San Marcos, data de muy antiguo, como los emblemas de los otros evangelistas. Y a desde la época de San Agustín y San Jerónimo, “las cuatro creaturas vivientes” (Apoc. IV, 7-8), simbolizaban a los evangelistas. Los dos santos doctores relacionaron a San Marcos con el león, haciendo notar que el Evangelio de San Marcos empieza hablando del desierto y que ¡ el león es el rey del desierto!

El día de San Marcos se celebran las “letanías mayores”, pero la solemne procesión, que estaba originalmente relacionada con un período de ayuno, no tiene nada que ver con la fiesta del Evangelista. Muy probablemente la festividad de las “letanías mayores” se originó en Roma, en la época de San Gregorio el Grande o aun antes, en tanto que la celebración litúrgica de San Marcos en este día, data de una fecha muy posterior. Como lo demostró hace mucho Mons. Duchesne, es indudable que las letanías (es decir, “súplicas”) no son más que una adaptación cristiana de las antiguas “Robigalia” de las que habla Ovidio en sus “Fasti”. Algo hemos dicho ya sobre las procesiones y lustraciones que los paganos hacían en este día, al hablar de la fiesta del 2 de febrero. En los martirologios y en la tradición litúrgica del oriente y del occidente, Marcos el Evangelista y Juan Marcos aparecen como dos personajes diferentes. El Menaion griego menciona a Juan Marcos el 27 de septiembre. El mismo día, el Martirologio Romano dice lo siguiente: “En Biblos de Fenicia, San Marcos obispo, a quien San Lucas llama también Juan. Era hijo de la bienaventurada María, cuya memoria se venera el 29 de junio.” La idea de que Juan Marcos fue obispo de Biblos, es una tradición griega que más tarde pasó también al occidente.

En Acta Sanctorum, abril, vol. ni, se encontrarán las llamadas actas y otros documentos apócrifos relacionados con San Marcos. En la misma obra (junio, vol. II) puede verse el texto de la pasión de San Bernabé que se atribuye a Juan Marcos; dicho texto se halla también en Tischendorf, Acta Apostolorum Apocrypha, vol. III, pp. 292 ss. Ver igualmente el Dictionnaire de la Bible y DTC, Marc. Entre las obras no católicas, recomendamos especialmente la introducción de C. H. Turner al Evangelio de San Marcos en el New Commentary on Holy Scripture (1928) de Gore, así como el artículo de F. Chase en el Dictionary of the Bible de Hastings. Acerca de las reliquias de San Marcos, cf. G. Pavanello, en Revista della Citta di Venezia, agosto de 1928; y Moroni, Dizionario di Erudizione, vol. XC, pp. 265-268.

Alban Butler

[1] Confessio: Parte o sitio del templo donde se guardaban las reliquias de los santos en el altar. Nota del Editor.