Vísperas – San Isidoro

VÍSPERAS

SAN ISIDORO, Fiesta

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

HIMNO

Padre y maestro espiritual, pastor
de la mirada que penetra en Dios,
salva mi mente en tu hontanar de luz.

Adre de España, fortifícame
en la sabiduría del Señor;
dame la ciencia de la eternidad.

Abre, Isidoro, la prisión mortal
de las tinieblas; resucítame
en el deslumbramiento del amor.

Hazme palabra y resplandor en ti;
salva mi lengua y mi ceguera en ti;
hazme vivir y comprender en Dios.

Por Jesucristo, que reposa en ti,
enarbolado en Sacramento: Dios,
pan y alegría de mi juventud. Amén.

 

SALMO 14: ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Ant. En caso de que alguno de vosotros se vea falto de sabiduría, que se la pida a Dios, que da generosamente. Aleluya.

Señor, ¿quién puede hospedarse en su tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.

El que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En caso de que alguno de vosotros se vea falto de sabiduría, que se la pida a Dios, que da generosamente. Aleluya.

 

SALMO 111:

Ant. Mi señor es prudente como el ángel de Dios, y sabe todo cuanto sucede en la tierra. Aleluya.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos,
su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor,
su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.

La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi señor es prudente como el ángel de Dios, y sabe todo cuanto sucede en la tierra. Aleluya.

 

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Los pueblos proclaman su sabiduría, y la asamblea pregona su alabanza. Aleluya.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los pueblos proclaman su sabiduría, y la asamblea pregona su alabanza. Aleluya.

 

LECTURA: St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia.

 

RESPONSORIO BREVE

R/ En la asamblea le da la palabra. Aleluya, aleluya.
V/ En la asamblea le da la palabra. Aleluya, aleluya.

R/ Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ En la asamblea le da la palabra. Aleluya, aleluya.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor dio a Isidoro sabiduría y ciencia y el poder de discernir, y le reveló honduras y secretos. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor dio a Isidoro sabiduría y ciencia y el poder de discernir, y le reveló honduras y secretos. Aleluya.

 

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, enviado a los hombres como luz del mundo, y supliquémosle, diciendo:

Ilumina a tu pueblo, Señor

Tú que por medio de san Isidoro iluminaste a la iglesia de España,
— haz que los cristianos de nuestra patria resplandezcan por su virtud.

Tú que por medio de san Isidoro nos has llamado a vivir de una manera digna, buscando siempre tu beneplácito,
— ayúdanos a dar fruto de buenas obras.

Tú que llenaste de espíritu de sabiduría e inteligencia a san Isidoro,
— haz que los hombres de ciencia, exploradores del universo y de la historia, caminen hacia la verdad, hasta llegar a ti.

Tú que fuiste el lote y la heredad de san Isidoro,
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que hiciste de san Isidoro ministro de reconciliación,
— perdona a los pecadores sus delitos y admite a los difuntos en tu reino, para que puedan contemplar tu rostro.

 

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:

Padre nuestro…

 

ORACION

Seño, Dios todopoderoso, tú elegiste a san Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia, para que fuese testimonio y fuente del humano saber; concédenos, por su intercesión, una búsqueda atenta y una aceptación generosa de tu eterna verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Lunes IV de Pascua

1.- Oración introductoria.

Señor, el evangelio de hoy se presta para hacer una bonita oración con las dos imágenes tan bellas que pones en la vida de un buen cristiano: Ha de ser sal y ha de ser luz. No dices que los cristianos debemos tener sal y luz. Debemos “ser” sal y luz. La sal y la luz no es un añadido a nuestra vida cristiana sino su esencia. Cristianos apagados hay muchos. Cristianos sosos todavía más. Haz, Señor, que yo sea un cristiano “luminoso” y un cristiano “saleroso”.   

2.- Lectura reposada del evangelio. Mateo 5, 13-16

«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Aunque la sal y la luz no tienen nada en común, hay un aspecto en el que coinciden. Ninguna de las dos es provechosa por sí misma. La sal sola no sirve de nada para la salud, solo es útil cuando acompaña a los alimentos. La luz no se puede ver, es absolutamente oscura hasta que tropieza con un objeto. ¡Qué interesante! Resulta que cada uno de nosotros separados de los demás, no somos absolutamente nada. Mi existencia solo tendrá sentido en la medida que pase a formar parte de los demás disolviéndome en ellos. ¡Bonita tarea la de los cristianos! Existimos no para nosotros mismos sino para los demás. Lo nuestro es iluminar  un mundo envuelto en tinieblas, totalmente desorientado,  sin saber adónde va. Un mundo que ha perdido el norte y el sentido de la vida. Lo nuestro es sazonar un mundo demasiado soso, demasiado cansado y aburrido.  Lo nuestro no es ser fuegos artificiales que deslumbran un momento y se apagan. Lo nuestro tampoco es decir cuatro chistes para entretener a los demás. Lo nuestro es descubrir en Jesús la belleza y el sentido profundo de la vida. Lo nuestro es reivindicar para los hombres y mujeres de este mundo el derecho a ser felices.

Palabra del Papa.

¿Quiénes eran aquellos discípulos? Eran pescadores, gente sencilla… Pero Jesús los mira con los ojos de Dios, y su afirmación se entiende precisamente como consecuencia de las Bienaventuranzas. Él quiere decir: si seréis pobres de espíritu, si seréis mansos, si seréis puros de corazón, si seréis misericordiosos… ¡Ustedes serán la sal de la tierra y la luz del mundo! Para comprender mejor estas imágenes, tengamos en cuenta que la ley judía prescribía poner un poco de sal sobre cada oferta presentada a Dios, como un signo de alianza. La luz, entonces, para Israel era el símbolo de la revelación mesiánica que triunfa sobre las tinieblas del paganismo. Los cristianos, el nuevo Israel, reciben, entonces, una misión para con todos los hombres: con la fe y la caridad pueden orientar, consagrar, hacer fecunda la humanidad. Todos los bautizados somos discípulos misioneros y estamos llamados a convertirnos en un Evangelio vivo en el mundo: con una vida santa daremos «sabor» a los diferentes ambientes y los defenderemos de la corrupción, como hace la sal; y llevaremos la luz de Cristo a través del testimonio de una caridad genuina. Pero si los cristianos perdemos sabor y apagamos nuestra presencia de sal y de luz, perdemos la efectividad.» (Ángelus de S.S. Francisco, 9 de febrero de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Silencio)

5.-Propósito: Hoy me comprometo a no pensar en mí mismo sino a pensar sólo en los demás.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, cada vez que estoy contigo me doy cuenta  de que la vida es breve y la debo aprovechar al máximo. No me puedo permitir una vida mediocre, vulgar, vacía. Estando contigo y escuchando el evangelio descubro lo maravilloso que debe ser vivir como Tú has vivido. Tú sí que has sido LUZ Y SAL. Luz para alumbrar a las naciones y sal para dar sabor y alegría a todo el mundo. Haz que yo sea una pequeña lamparita encendida y un granito de sal bien sazonada.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador

La fe es encuentro personal con Cristo. No es una idea, ni una opinión, ni un sentimiento, que quito y pongo a conveniencia, que siento o no, ahora tengo fe y ante cualquier circunstancia se va; tampoco es el remedio para vivir pacificado y sin sobresaltos, por el mero hecho de seguir ciertos comportamientos morales y normas; ni es una herencia, aunque puede ayudar y otras veces entorpecer el camino de la fe verdadera, al dar por hecho lo que nunca hemos asimilado o personalizado.

Nacemos a la fe por medio de la Palabra

“Vosotros ya estáis limpios por la Palabra que os he dado”, dice Jesús a sus discípulos. Les está hablando de una “limpieza inicial”, una opción que han hecho al aceptar el mensaje de Jesús (su Palabra), que les ha separado del orden injusto, de las leyes inhumanas, de las tendencias racionales y sensitivas sin más. Esta opción es punto de partida, de inserción, de enraizamiento, regalo que necesita crecimiento. Como cristianos tenemos una historia de salvación que nos empuja a renovar cada pascua esa opción y a comprometernos en su concreción y crecimiento.

Siguiendo la imagen de la vid y los sarmientos, Jesús es la savia que corre por toda la planta; que hace que el verdor de las hojas de los sarmientos, que visibilizan y trasparentan toda la raíz y el tronco de la vid , preconicen frutos; que aporta en la vida cristiana luz, alegría, creatividad y fuerzas para vivir como él. Es la relación profunda, necesaria, fundante entre lo que se ve y lo más importante que sustenta y mantiene la expresión y la visibilidad cristiana.

Se había identificado la viña con el pueblo de Israel y con el reino de Dios. Es nuevo en Juan identificar a Jesús con la vid, pero no sin sentido, pues una comunidad pascual, el pueblo de Dios es visible si se constituye con Jesús, creciendo y cumpliendo en cada momento concreto de la historia su misma misión. Si el Padre es el viñador, Jesús responde verdaderamente al Padre y cumple sus expectativas de fidelidad, él mismo y comunicando capacidad para dar vida a los sarmientos, a la comunidad cristiana. Somos fieles si aceptamos a Jesús con nosotros.

Necesitamos permanecer, centrarnos en la vida de Jesús

Es el “yo soy” de Jesús, que actúa en todo cristiano quien da fuerza al “vosotros sois”,  a los discípulos. Lo que está verde tiene que dar fruto expandiendo el amor de Cristo, con el dinamismo de su Espíritu. Hay una repetición machacona de esta permanencia en Jesús: “en mi”, “sin mi no podéis hacer nada” “si permanecéis en mi”, …..Un permanecer que se identifica con una relación de comunión no esporádica, ni puntual, sino que es intercambio vital constante, como opción ya hecha, que lleva a una actitud de vida creciente (escuchando la Palabra, con la oración, los sacramentos, …); que descalifica otros métodos que no sean como él quiere e hizo: la entrega, el servicio, la fraternidad, la justicia.

Permanecer en su Palabra es escuchar el evangelio y vivir de él. Las comunidades cristianos no pueden olvidarlo: sin la savia de Jesús no hay vida. Gracias a los relatos evangélicos, que nos narran los que le conocieron, vivieron con él y siguieron su proyecto y pretensión, tenemos presente a Jesús, su Espíritu, su estilo de vida. La verdadera pascua se regenera en la escucha del evangelio, puesto que es la manera de identificarnos con Jesús, volviendo a Galilea, donde le encontraremos, como lo discípulos. El contacto con las palabras de Jesús es vital, no basta creer que le conocemos por lo que nos han dicho, de oídas, sino de enraizarnos por medio de ellas en él. Esta carencia es el motivo de la crisis de la vida cristiana. La ausencia de contacto con la vida del evangelio nos esteriliza, nos incapacita para vivir humanamente en comunidad e inhibe del compromiso y creatividad propias del Resucitado. Se trata de activar la necesidad mayor del hombre y la mujer de hoy: su vida interior.

El porvenir de quien no escucha o se sale de la comunidad, tanto de la comunión con Jesús, como de la comunión entre los hermanos es secarse, es carecer de vida, pues renunciar al amor es en el fondo renunciar a la vida.

Y dejarnos podar para dar frutos

Se poda lo seco y los chupones, lo que desgasta y chupa la savia, pero no da fruto. Por los sarmientos secos no corre la savia de Jesús. Podar es clarificar, eliminar los factores de muerte, para que el sarmiento sea más auténtico y más libre. Esta trasformación, que realiza el Padre es para que el cristiano y la comunidad pascual asimilen mejor la vida de Jesús, su amor asimétrico, no racional y así poder dar frutos.

La poda hace que en los frutos tome fuerza lo bueno. Nosotros lo interpretamos como una prueba, una cruz, un obstáculo, pero es para nuestro bien y el de los demás. Se trata de frutos concretos de amor, con las obras, no solo con confesiones verbales. Frutos de permanencia en la comunidad con  una vida coherente, peregrina en la tierra, … como Jesús y el pueblo de Israel.

Fr. Pedro Juan Alonso O.P.

Comentario – Lunes IV de Pascua

(Jn 10, 11-18)

Ahora Jesús se presenta como el buen pastor, y da dos motivos por los cuales él es el buen pastor: porque da la vida por sus ovejas (11-13), y porque las conoce íntimamente y se da a conocer, se une a ellas en una íntima comunión (14-16).

Es interesante advertir que este capítulo habla repetidamente de los falsos y malos pastores. De hecho, Jesús pronuncia este discurso en la fiesta de la dedicación del templo (v. 22), donde se recordaba también a las malas autoridades judías que, por sus intereses personales, habían provocado la profanación del templo (2 Mac 4, 7). Esas autoridades judías se habían convertido en un símbolo de los jefes que no saben cuidar a las ovejas, que traicionan a su pueblo. En la época de Jesús esos falsos pastores eran sobre todo algunos fariseos, a los que Jesús llamaba ciegos (9, 3941). Ellos pretendían defender la Ley de Dios, pero en realidad sólo querían cuidar su poder y usar a la gente al servicio de sus necesidades. Jesús en cambio es el buen pastor, él no tiene más interés que dar la vida por las ovejas; él no las mira como una masa que puede dominar para saciar su ego, sino que conoce a cada una en particular, la llama por su nombre, tiene intimidad con cada una de ellas, porque todas son importantes y sagradas para él.

Ningún ser humano podrá cuidarnos en todo sentido, en todo momento, en todo lo que nos toque vivir, ninguno puede llegar a nuestra vida interior para cuidarnos allí donde también se introducen tantas cosas que nos hacen daño. Por eso sólo Jesús puede ser el buen pastor de nuestras vidas siempre amenazadas. Y recordemos que la peor amenaza para nuestras vidas no viene de la inseguridad externa, de la violencia de las armas, sino de los rencores y envidias que nos dominan, de las tristezas, de los egoísmos, de los miedos, de los recuerdos que nos obsesionan, de los pensamientos vanos que nos atontan.

Oración:

“Señor Jesús, tú eres mi buen pastor; tú me miras con verdadero aprecio, me conoces personalmente y me tratas con respeto y delicadeza. Para ti soy realmente importante, y no me buscas por interés, por codicia o por vanidad. Gracias Señor”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Ayuda que la Iglesia recibe del mundo moderno

44. Interesa al mundo reconocer a la Iglesia como realidad social y fermento de la historia. De igual manera, la Iglesia reconoce los muchos beneficios que ha recibido de la evolución histórica del género humano.

La experiencia del pasado, el progreso científico, los tesoros escondidos en las diversas culturas, permiten conocer más a fondo la naturaleza humana, abren nuevos caminos para la verdad y aprovechan también a la Iglesia. Esta, desde el comienzo de su historia, aprendió a expresar el mensaje cristiano con los conceptos y en la lengua de cada pueblo y procuró ilustrarlo además con el saber filosófico. Procedió así a fin de adaptar el Evangelio a nivel del saber popular y a las exigencias de los sabios en cuanto era posible. Esta adaptación de la predicación de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda la evangelización. Porque así en todos los pueblos se hace posible expresar el mensaje cristiano de modo apropiado a cada uno de ellos y al mismo tiempo se fomenta un vivo intercambio entre la Iglesia y las diversas culturas. Para aumentar este trato sobre todo en tiempos como los nuestros, en que las cosas cambian tan rápidamente y tanto varían los modos de pensar, la Iglesia necesita de modo muy peculiar la ayuda de quienes por vivir en el mundo, sean o no sean creyentes, conocen a fondo las diversas instituciones y disciplinas y comprenden con claridad la razón íntima de todas ellas. Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada.

La Iglesia, por disponer de una estructura social visible, señal de su unidad en Cristo, puede enriquecerse, y de hecho se enriquece también, con la evolución de la vida social, no porque le falte en la constitución que Cristo le dio elemento alguno, sino para conocer con mayor profundidad esta misma constitución, para expresarla de forma más perfecta y para adaptarla con mayor acierto a nuestros tiempos. La Iglesia reconoce agradecida que tanto en el conjunto de su comunidad como en cada uno de sus hijos recibe ayuda variada de parte de los hombres de toda clase o condición. Porque todo el que promueve la comunidad humana en el orden de la familia, de la cultura, de la vida económico-social, de la vida política, así nacional como internacional, proporciona no pequeña ayuda, según el plan divino, también a la comunidad eclesial, ya que ésta depende asimismo de las realidades externas. Más aún, la Iglesia confiesa que le han sido de mucho provecho y le pueden ser todavía de provecho la oposición y aun la persecución de sus contrarios.

Homilia – Domingo V de Pascua

1

La Pascua sigue creciendo

Los domingos 5 y 6 de Pascua (y, allí donde la Ascensión no se celebra en domingo, también el 7 ), escuchamos en el evangelio, distribuidas en los tres ciclos, palabras de Jesús en su Cena de despedida, con las que da a sus discípulos consignas para cuando él falte.

Hoy escuchamos su afirmación: “yo soy la verdadera vid y vosotros los sarmientos”. En la lectura de los Hechos de los Apóstoles, aparece un personaje que será protagonista en toda la segunda parte de este libro: Pablo, que, después de su conversión, se presenta a la comunidad en Jerusalén.

Han transcurrido ya cuatro semanas de Pascua y hoy inauguramos la quinta. Las lecturas bíblicas nos van ayudando a entrar cada vez con mayor fuerza en la vida nueva del Resucitado y las consecuencias que tiene para la comunidad cristiana. No debemos cansarnos de celebrar nuestra fiesta principal, que dura siete semanas: nuestra fe cristiana es fundamentalmente alegría y visión optimista.

Ya en dirección a Pentecostés, a muchos les ayudará también el recuerdo de la Virgen María, en el mes de mayo. Ella es el mejor modelo que tenemos para sumarnos a la Pascua de Jesús, ella, que la vivió muy de cerca y se dejó llenar otra vez por el Espíritu, junto con la comunidad.

 

Hechos 9, 26-31. Les contó cómo había visto al Señor en el camino

La presencia de Saulo o Pablo en Jerusalén es recibida con una lógica desconfianza. Pero hay una persona, Bernabé, que sabe descubrir la acción del Espíritu y que le hace de “padrino”, presentándolo a la comunidad.

Entonces la comunidad escucha cómo Pablo cuenta su gran experiencia de Damasco y le admite en su seno. Más tarde, ante las amenazas de los judíos de lengua griega, le defiende y le facilita su marcha hacia Tarso.

El salmo, de carácter claramente “misionero”, está escogido como para hacer eco a este episodio, de anuncio por parte de Pablo y de acogida de la acogida: “contarán su justicia al pueblo que ha de nacer… el Señor es mi alabanza en la gran asamblea… hasta los confines del orbe”.

 

1 Juan 3, 18-24. Este es su mandamiento: que creamos y que amemos

Para Juan, en su carta, el amor verdadero no se demuestra “con palabras y de boca”, sino “con obras”: “quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él”.

¿Cuáles son esos mandamientos que hay que guardar?: “que creamos en su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros”.

 

Juan 15, 1-8. El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante

Además de las expresivas metáforas de la puerta, del pastor o del pan, Jesús se compara a sí mismo con la vid, y a sus discípulos con los sarmientos: “yo soy la verdadera vid y vosotros, los sarmientos”.

Jesús, en su conversación de la Ultima Cena, compara a sus discípulos con los sarmientos: el sarmiento que no permanece unido a la cepa se seca y no da fruto. Mientras que si se mantiene unido, sí puede dar fruto abundante.

 

2

Cristo, la vid a la que debemos unirnos

Cristo Resucitado sigue siendo el centro de nuestra fiesta, hoy con el sencillo pero profundo símil de la “vid verdadera”, a la que hay que estar unido para poder participar de su vida. Es una comparación que expresa muy bien la importancia de Cristo Jesús para nosotros.

Aunque no vivamos en el campo y no hayamos visto muchos viñedos de cerca, todos podemos comprender lo que quiere decir Jesús cuando afirma que “el sarmiento no puede dar fruto por sí si no permanece en la vid: así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí”. Ya en el AT se empleaba esta metáfora para designar al pueblo de Israel y los disgustos que dio a Dios por su esterilidad. Es famoso el poema de Isaías 5: “mi amigo tenía una viña…”. Ahora se aplica a Jesús y sus discípulos.

Si en domingos pasados se nos invitaba a considerarnos “hijos” y “ovejas del redil de Cristo”, esta vez la comparación es más profunda: somos “sarmientos” unidos a la cepa principal que es Cristo, de la cual recibimos vida. En este pasaje aparece siete veces un verbo que gusta mucho a Juan: “permanecer”, el mismo que empleaba en el capítulo 6 referido a la Eucaristía. También aparece siete veces la expresión “en mí”, “en la vid”. Si queremos tener vida y dar fruto tenemos que “permanecer en él”. Nos lo dice claramente: “sin mí no podéis hacer nada”. Estar unidos a Cristo como los sarmientos a la vid supone también ese aspecto que recuerda Jesús: “mi Padre, al sarmiento que da fruto lo poda, para que dé más fruto”.

El Catecismo de la Iglesia Católica, citando este mismo pasaje de Juan, nos dice en qué o en quién consiste esa vida que Cristo, la verdadera vid, comunica a los suyos: “el Espíritu Santo es como la savia de la vid del Padre que da su fruto en los sarmientos” (CCE 1108).

A veces nos quejamos del poco “éxito” pastoral que tienen nuestros esfuerzos. Tal vez se debe a que no cuidamos suficientemente nuestra unión “vertical” con Cristo Jesús y con su Espíritu. ¿Cómo no vamos a debilitarnos y convertirnos en viña estéril si descuidamos esta unión?

 

Cuándo es verdadero el amor

¿En qué se tiene que notar que estamos verdaderamente unidos a Jesús? Si el domingo pasado leíamos la hermosa página de Juan en que nos aseguraba nuestro carácter de hijos en la familia de Dios, hoy quiere asegurarse de que eso no se quede en poesía y en palabras.

El amor verdadero no se demuestra “de palabra y de boca”, sino “de verdad y con obras”. Es fácil “decir” que somos hijos y que creemos en Cristo Jesús y permanecemos unidos a Dios. Pero no basta con “decir”: “quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él”. Es sincera nuestra fe cuando “guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada”.

¿Cuáles son esos mandamientos? Para Juan, son dos: “que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros”. La fe y el amor. Las dos cosas. La recta doctrina y la práctica del amor fraterno. Lo que se puede llamar la “ortodoxia” y la “ortopraxis”.

Para Juan van unidas las dos. Si no amamos de verdad y de obra al hermano, es vana nuestra fe. Si decimos que amamos, pero la motivación es sólo humana y no se basa en la fe en Cristo Jesús, ese amor será poco consistente. Quien cree en Jesús y ama al hermano, ese sí que “permanece en Dios y Dios en él”.

 

Una comunidad que sabe acoger

Cuando Pablo llegó a Jerusalén, después de su conversión, y “trataba de juntarse con los discípulos”, era explicable que aquella comunidad le mirara de entrada con recelo.

Menos mal que hubo una persona que supo descubrir en él los valores que harían de él un gran apóstol: fue Bernabé quien le hizo de padrino, “se lo presentó a los apóstoles” y le facilitó la acogida. Como también después iría a buscarle a Tarso, donde se refugió Pablo al verse amenazado, y lo incorporó a la comunidad de Antioquía y emprendió con él los primeros viajes apostólicos, y le acompañó también en el testimonio tan universalista que dieron en el “concilio de Jerusalén”. A Bernabé se debe, por tanto, la recuperación de Pablo para la Iglesia, lo que supuso un cambio importante en su historia inicial.

Los discípulos de Jerusalén, convencidos por Bernabé, cambiaron su actitud y escucharon con interés lo que Pablo tenía que contar de su conversión de Damasco, y vieron en seguida la valentía con que empezó a anunciar a Jesús en la misma Jerusalén.

Por una parte, Pablo fue a la comunidad madre, para confrontar su carisma con los apóstoles, porque no quería ser un francotirador o un apóstol que actúa “por libre”. Nos dio así un hermoso ejemplo de sentido comunitario. También nosotros, no sólo hemos de tener un sentido de unión con Cristo, sino a la vez un sentido de comunión eclesial, sin abandonar la comunidad, como hicieron, por ejemplo, los dos discípulos de Emaús, que, en un momento de desconcierto, abandonaron a los otros discípulos y se fueron a su pueblo de Emaús. No vale decir que estamos unidos a Cristo y a la vez no querer estar unidos a su comunidad. Como no pueden estar los sarmientos unidos a la vid principal sin sentirse unidos los unos con los otros en una misma planta.

Por otra parte, la comunidad también debe saber acoger a cada persona con su carácter, su formación y su mentalidad. Una comunidad cristiana no es un grupo cerrado ni uniforme: es plural y acogedora, con una actitud abierta para con los laicos y las mujeres y los jóvenes, que pueden aportar ideas “nuevas” y diferentes de las que tienen los ya más establecidos.

Ojalá haya también entre nosotros muchas personas como Bernabé que saben descubrir valores más o menos ocultos en una persona o en un movimiento nuevo, y tender puentes, sin dejarse guiar sólo por la fama que uno pueda tener, sino dando un voto de confianza a todos.

Entonces, con este testimonio de comunidad abierta y comprensiva, es más fácil que se pueda decir de la nuestra lo que Lucas dice de la de Jerusalén: “la Iglesia se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo”.

La Eucaristía que celebramos los cristianos, es, ante todo, el sacramento que nos une más íntimamente a Cristo Resucitado. Juan, en el “discurso del Pan de vida” que pone en labios de Jesús en el capítulo 6, emplea los mismos verbos que en el 15 utiliza con la metáfora de la vid y los sarmientos. Es en este sacramento donde vamos creciendo en la unidad misteriosa con él: “el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Lo mismo que yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí”.

Esta unión de cada uno de nosotros con el mismo Cristo es la que nos hará también a nosotros amar a los demás y tener para con ellos los mismos sentimientos de acogida y tolerancia que tuvo Jesús con nosotros y la comunidad de Jerusalén con Pablo.

José Aldazábal
Domingos Ciclo B

Jn 15, 1-8 (Evangelio Domingo V de Pascua)

Cristo, vid donde está la vida

El evangelio de Juan nos ofrece uno de esos discursos llamados de “revelación”, porque en ellos éste evangelista nos muestra quién es El Señor. Se enumera entre los famosos “yo soy” del evangelio de Juan (el Mesías 4,26: el pan de vida 6,35.41.48.51; la luz del mundo 8,12; 9,5; la puerta de las ovejas 10,7.9; el buen pastor 10,11.14; el Hijo de Dios 10,36; la resurrección 11,25; el Señor y el Maestro 13,13; el camino 14,6; la verdad 14,6;la vida 11,25;14:6; el rey de los judíos 19,21. Esto ha planteado, de alguna manera, una “cristología” y un discipulado de exclusividad. Aquí, en este discurso, Jesús se presenta con una imagen que era tradicional en la Biblia, la de la viña. Conocemos un canto de la viña en el profeta Isaías (c.5) que tiene unas constantes muy peculiares: la viña era el pueblo de Dios. Sabemos que la viña está compuesta de muchas cepas, pero la viña no ha dado fruto bueno, es un fracaso, se debe arrancar. Ese es el canto de Isaías. )Lo arrancará Dios? Debemos decir que desde la teología joánica, la respuesta a ese canto es distinta; no es necesario que Dios la arranque: ahora Jesús se va a presentar como la clave curativa para que la viña produzca buenos frutos. Él se presenta como la vid, y todos los hombres como los sarmientos para que sea posible dar buen fruto.

Pero escuchando su “palabra”, los sarmientos tendrán savia nueva, vida nueva, y entonces llevarán a cabo las obras del amor. Porque fuera de El, de su palabra, de sus mandamientos, no podemos permanecer. Se respira, pues, una gran seguridad frente al acecho de cortar y arrasar: Jesús está convencido que permanecer en El es una garantía para dar frutos. El *permanecer+ con El, el vivir de su palabra, de sus mandamientos, de su luz, de su vida, hará que la viña, el pueblo de Dios, vuelva de nuevo a ser el pueblo de la verdadera alianza. Con esto se complementa la enseñanza de la epístola en la que se propone a los discípulos permanecer en Dios. El camino para ello es permanecer en Jesús y en su evangelio.

La fórmula “permaneced en mí y yo en vosotros”, muy típica de este evangelista, define la relación del discípulo con Jesús como una reciprocidad personal. Esa relación personal con Jesús es la condición indispensable para dar fruto. La transformación teológica que se opera desde la imagen de la viña de Israel a esta propuesta simbólica del evangelio de Juan es muy peculiar. Una viña está compuesta de muchas cepas que, una a una, tienen su vida propia y que no tienen comunicación entre si. En el caso de la simbología de la viña de Juan la cepa, que es Jesús, hace que los pámpanos estén unidos a la cepa, a Jesús. Como Jesús es la vida, y la luz, y el Hijo, entonces estar unido a El es tener vida.

Se trata de un discipulado o de una comunidad intimista como algunos han señalado? No podemos negar que el evangelio de Juan es de este tenor. El “seguimiento” de Jesús no se expresa de la misma manera, v.g. que en Lucas, que es seguirle “por el camino”. Los discursos y las fórmulas de revelación del “yo soy” de esta teología joánica no dejan otra opción. Bien es verdad que eso no significa que la “exclusividad” de Jesús, el Hijo de Dios, no permita que esa luz de Jesús y esa vida que El ha traído precisamente, se convierta en un círculo de discípulos elitistas o excluyentes. Esa luz de Jesús y esa vida tienen muchas formas de manifestarse y de hacerse presente. Pero no es cuestión de exclusivismo, sino de confianza; la confianza de que en Jesús y con Jesús, el Señor, encontraremos la vida verdadera.

1Jn 3, 18-24 (2ª lectura Domingo V de Pascua)

El amor a los hermanos criterio de conciencia

La segunda lectura nos habla de la praxis del amor y de la verdad. La vida cristiana no se puede resolver en la ideología que se mantiene en la cabeza, sino en lo que uno vive de corazón. Para la Biblia, el corazón es la sede de todas las cosas, del pensar y del obrar, y es el corazón el que nos juzga, el que dice si nuestro cristianismo es verdadero o pura ideología. Es la sede de la conciencia y no podemos engañarnos. La religión verdadera comienza siendo una cuestión de fe, pero se muestra en la praxis de una vida donde lo que se cree se ha de llevar a efecto; de lo contrario no habría fiabilidad.

Lo principal de esta praxis es que la fe en Jesucristo implica necesariamente el amor a los hermanos como El nos ha pedido, como ha exigido a los suyos en el discurso de la última cena: el mandamiento nuevo. Así es como podremos saber que estamos con Dios y que tenemos su Espíritu. El amor a los hermanos, que en la teología joánica es como el amor a Dios, garantiza la verdad de la vida cristiana. El amor a los hermanos es el criterio de conciencia verdadera.

Hch 9, 26-31 (1ª lectura Domingo IV de Pascua)

El perseguidor es perseguido

La primera lectura nos presenta a Pablo que, después de su conversión, vuelve a Jerusalén. Sabemos, por el mismo Pablo en Gál 1,16-24, que tuvo lugar a los “tres años”, tras una estancia en Arabia (donde se retira a repensar su vida) y su ministerio en Damasco donde había tenido lugar su conversión. Pero Lucas tiene mucho interés en poner pronto en comunicación a Pablo con los Apóstoles (poniendo como anfitrión a su compañero Bernabé) para mostrar la comunión de todos en la predicación del evangelio. Lucas está preparando las cosas para dejar poco a poco a Pablo como protagonista de los Hechos, como aquél que ha de llevar el evangelio hasta los confines de la tierra. El relato de Hechos deja muchos cabos sueltos desde el punto de vista histórico. Pablo -que vino a Jerusalén para “ver” a Pedro según nos confiesa él mismo en el texto de Gálatas-, tiene ocasión de experimentar que los judeo-cristianos no se fían de él. Los judíos helenistas, como sucedió con Esteban, provocaron un altercado que podía haberle costado la vida. Por eso lo encaminaron hacia Tarso (Pablo dice que estaría catorce años en Siria y Cilicia), hasta que vuelve a Jerusalén para la asamblea apostólica (Hch 15). Lucas insiste mucho, quizás demasiado, en la comunión de Pablo con los de Jerusalén.

En el texto de hoy es importante poner de manifiesto que Pablo, el perseguidor, ha tenido en el “camino” una experiencia del Señor resucitado, como la han tenido los apóstoles y otros y está en disposición de anunciar la Resurrección, incluso en la misma sinagoga que fue responsable de la acusación de Esteban. Esto es lo que a Lucas le interesa sobremanera: si Esteban ha sido quitado de en medio por los intereses “religiosos” de los responsables, Dios llama a otro (nada menos que al enemigo anterior del evangelio), a Saulo, para anunciar la resurrección y llevar el mensaje a todos los hombres. La Iglesia, los discípulos -todavía no han recibido el nombre de cristianos, como sucederá en Antioquia-, se fortalecerá en la persecución y el sufrimiento. Pero el mensaje de la vida, como corazón del anuncio de la resurrección, ha de transformar el mundo.

Comentario al evangelio – Lunes IV de Pascua

El evangelio de hoy nos invita a seguir contemplando el rostro de Jesús Buen Pastor. Imagen que caracteriza la liturgia del cuarto domingo de Pascua. El evangelio de Juan nos ofrece en este hermoso texto (10,1-10), cuáles son las características de una auténtica representación de Jesús como Buen Pastor. 

En primer lugar, se nos habla de un pastor que llama sus ovejas una a una porque las conoce por su nombre; luego se nos dice que es un pastor que tiene un cuidado particular por su rebaño. Más aún es un pastor que quiere que sus ovejas tengan vida y la tengan en abundancia. En definitiva, las palabras de Jesús nos muestran que la característica típica del buen pastor es la del amor por su rebaño. En este sentido, estamos llamados a volver nuestra mirada al Pastor que ama sus ovejas, que nos ama uno a uno, que nos tiene en su corazón. Nosotros, tantas veces distraídos y superficiales en nuestra relación con el Señor, somos llamados por él mismo a hacer una memoria grata del inmenso amor que nos tiene. Esta experiencia la podemos cultivar en nuestra cotidianidad, partiendo de la escucha asidua de su Palabra. Con esa apremiante necesidad que expresa el salmista: ¡Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo!

Ese profundo anhelo de encuentro con el Señor, «como busca la cierva corrientes de agua», nos da una pista de interpretación para comprender la primera lectura. En este texto de los Hechos de los Apóstoles (11,1-18) Pedro se refiere al modo como el Espíritu Santo lo inspiró a que llevara el Evangelio a los paganos. La primera comunidad cristiana se abre a la dimensión del mundo entero. El salmo responsorial de hoy nos sugiere que cada ser humano lleva en su corazón una sed insaciable de Dios y de su misterio, del sentido más profundo de la vida; incluso aquellos que pueden parecer más distantes, distraídos, indiferentes, contrarios. De este modo somos invitados a una doble consideración. En primer lugar, a tomar conciencia de que todos somos «una espera viviente» del Señor. En segundo lugar, a alimentar el deseo, que luego es también necesidad, de anunciar a todos con nuestra vida y palabras la buena noticia del Evangelio: porque de hecho todos tenemos necesidad.

El auténtico discípulo del Señor está llamado a encarnar en su historia los rasgos esenciales del Buen Pastor, cuya identidad propia, como hemos visto, es la del amor gratuito por su rebaño. De esta manera, reproduciendo los gestos y actitudes del Buen Pastor, seremos capaces de ofrecer una gota de agua que calme un poco la sed de este desierto que nos está tocando vivir.

Edgardo Guzmán, cmf.