Vísperas – Martes IV de Pascua

VÍSPERAS

MARTES IV DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Quédate con nosotros;
la noche está cayendo.

¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo
del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa. Amén.

SALMO 136: JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA

Ant. Cantadnos un cantar de Sión. Aleluya.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los cauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirnos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cantadnos un cantar de Sión. Aleluya.

SALMO 137: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. En medio de los peligros me conservaste la vida. Aleluya.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre:

por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.

Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.

El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En medio de los peligros me conservaste la vida. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

LECTURA: 1P 2, 4-5

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo conozco a mis ovejas, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo conozco a mis ovejas, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna. Aleluya.

PRECES

Invoquemos a Cristo que con su resurrección ha reanimado la esperanza de su pueblo y digámosle:

Señor Jesús, tú que siempre vives para interceder por nosotros, escúchanos.

Señor Jesús, de cuyo costado traspasado salió sangre y agua,
— haz de la Iglesia tu Esposa inmaculada.

Pastor supremo de la Iglesia, que después de tu resurrección encomendaste a Pedro, que te profesó su amor, el cuidado de tus ovejas,
— concede a nuestro papa Francisco un amor ardiente y celo apostólico.

Tú que concediste a los discípulos que pescaba en el mar una pesca abundante,
— envía operarios que continúen su trabajo apostólico.

Tú que preparaste a la orilla del mar pan y pescado para los discípulos,
— no permitas que nuestros hermanos mueran de hambre por culpa nuestra.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor Jesús, nuevo Adán que nos das la vida, transforma a nuestros difuntos a imagen tuya,
— para que compartan contigo la alegría de tu reino.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor todopoderoso, que la celebración de las fiestas de Cristo resucitado aumente en nosotros la alegría de sabernos salvados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes IV de Pascua

1.- Introducción.

Señor, hoy quiero acercarme al evangelio con un corazón “ensanchado” porque eres Tú mismo el que me invitas a pedir no sólo vida, sino “vida eterna”. Yo pequeño, yo frágil, yo caduco, yo mortal, puedo atreverme a pedirte “vida eterna”. Si lo hago es porque Tú, Señor, me invitas a hacerlo. Gracias, Señor, por esta gran oferta que me haces: vivir para siempre, amar para siempre, gozar para siempre, ser feliz para siempre.

2.- Lectura reposada del evangelio. Jn, 10, 22-30

Se celebraba por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: «¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente». Jesús les respondió: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión.

¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Es una bonita definición de Jesús la que hoy nos ofrece el evangelio: Jesús es aquel que es capaz de mantenernos en vilo. Jesús no pasa nunca indiferente ante nosotros. Él mantiene un interés, una búsqueda, una inquietud. Su misma vida nos invita a preguntarnos: ¿Quién es éste? El mismo evangelio de hoy nos da la respuesta: Es aquel que es capaz de ofrecer a los mortales una “vida eterna”. En realidad la vida siempre es una vida en relación. Uno está muerto cuando sólo vive para sí mismo. Y tratándose de Jesús es relación con quien es “la fuente de la vida”. Por eso los místicos que se habían acercado de un modo especial a esa fuente, sentían sed insaciable. “Del agua de la vida mi alma tiene sed insaciable…desea la salida de este cuerpo para beber del agua perdurable” (Juan de la Cruz) La vida, la vida auténtica, la vida en plenitud, la vida eterna, sólo la tenemos a través de Jesús. Él nos pone en relación con el Padre y con nuestros hermanos. Pero Jesús no tiene la vida para Él solo, sino para entregarla a los demás. Y esta es la verdadera vida: vida en relación:  con Dios y los hermanos. Con relación a Dios, Él es mi fuente; con relación a los demás yo hago de “canal”.

 Palabra del Papa.

“Estoy delante de la Puerta Santa y pido: «Señor, ¡ayúdame a abrir la puerta de mi corazón!». No tendría mucha eficacia el Año Santo si la puerta de nuestro corazón no dejara pasar a Cristo que nos empuja a ir hacia los demás, para llevarlo a Él y su amor. Por lo tanto, igual que la Puerta santa permanece abierta, porque es el signo de la acogida que Dios mismo nos reserva, así también nuestra puerta, la del corazón, ha de estar siempre abierta para no excluir a ninguno. Ni siquiera al que o a la que me molesta: a ninguno. (Homilía de S.S. Francisco, 16 de diciembre de 2015).

4.- Qué nos dice hoy a nosotros este texto que hemos meditado. (Guardo silencio).

5.- Propósito. Tener una mirada de observación y caer en la cuenta de la estrechez de vida de tantas personas.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, Tú eres para nosotros como un “sol mañanero”. Nace y se va extendiendo más y más. Cada día me ofreces nuevas perspectivas, nuevos horizontes. Ayer me hablabas de plenitud de vida y hoy me hablas de “vida eterna”. No te satisface que vivamos bien sino que te preocupas de que nadie nos quite este bienestar, ni en esta vida ni en la otra.  Gracias, Dios mío.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

5.- EL RICO NECIO

Lc 12, 16-21

Se acercó uno al Señor para pedirle que interviniera en un asunto de herencias. Por las palabras de Jesús, parece que este hombre estaba más preocupado por aquel problema de bienes que por la predicación del Maestro. La cuestión planteada da la impresión de ser al menos inoportuna. Jesús le responderá: Hombre, ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros? A continuación, aprovecha la ocasión para advertir a todos: Estad alerta y guardaos de toda avaricia, porque, si alguien tiene abundancia de bienes, su vida no depende de aquello que posee. Y para que quedara bien claro les expuso una parábola.

Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha, hasta tal punto que no cabía en los graneros. Entonces, el propietario pensó que sus días malos se habían acabado y que tenía segura su existencia. Decidió destruir los graneros y edificar otros más grandes, que pudieran almacenar aquella abundancia. Su horizonte terminaba en esto; se reducía a descansar, comer, beber y pasarlo bien, puesto que la vida se había mostrado generosa con él. Se olvidó de unos datos fundamentales: la inseguridad de la existencia aquí en la tierra y su brevedad. Puso su esperanza en estas cosas pasajeras y se olvidó de que todos estamos en camino hacia el Cielo.

Dios se presentó de improviso en la vida de este rico labrador que parecía tener todo asegurado, y le dijo: Insensato, esta misma noche te reclaman el alma; lo que has preparado, ¿para quién será? Así ocurre al que atesora para sí y no es rico ante Dios, concluyó el Señor.

El hombre rico de esta parábola es sin duda inteligente: conoce sus propios asuntos. Sabe calcular las posibilidades del mercado; tiene en consideración los factores de inseguridad tanto de la naturaleza como del comportamiento humano. Sus reflexiones están bien pensadas, y el éxito le da la razón. Si se me consiente ampliar un tanto la parábola, podríamos decir que este hombre era, con seguridad, demasiado inteligente como para ser ateo. Pero ha vivido como un agnóstico: «como si Dios no existiera». Un hombre así no se ocupa de cosas inciertas, como la existencia de un Dios. Él trata con asuntos seguros, calculables.

La necedad de este hombre consistió en haber puesto su esperanza, su fin último y la garantía de su seguridad en algo tan frágil y pasajero como son los bienes de la tierra, por abundantes que sean. La legítima aspiración de poseer lo necesario para la vida, para la familia y su normal desarrollo no debe confundirse con el afán de tener más a toda costa. El corazón del discípulo ha de estar en el Cielo, y la vida es un camino que ha de recorrer. Si el Señor es su esperanza, sabrá ser feliz con muchos bienes o con pocos.

Nuestras capacidades técnicas y económicas han crecido de modo antes inimaginable. La precisión de nuestros cálculos es casi perfecta. Junto a todos los horrores de nuestro tiempo se consolida cada vez más la opinión de que estamos próximos a realizar la mayor felicidad posible para el mayor número posible de hombres, y a iniciar finalmente una nueva fase de la historia, una civilización de la humanidad en la que todos podrán comer, beber y disfrutar. Pero precisamente en este aparente acercamiento a la “autorredención” aparece con toda su fuerza una realidad que parecía escondida en el fondo del corazón humano, que no se sacia con los bienes de la tierra. El agnosticismo de nuestro tiempo, en apariencia tan razonable, no deja que Dios sea Dios para hacer del hombre simplemente un hombre. Denota una gran miopía y una necedad[1].

El hombre, que todos conocían como inteligente y afortunado, es un idiota a los ojos de Dios: «Insensato», le dice, y, frente a lo verdaderamente auténtico, aparece con todos sus cálculos extrañamente necio y corto de vista, porque en esos cálculos había olvidado lo auténtico y verdadero: que su alma deseaba algo más que bienes y alegrías terrenas, y que algún día se iba a encontrar frente a Dios. Este hombre, inteligente y necio a la vez, parece una imagen del comportamiento de muchos hombres de nuestros días. El evangelio es completamente actual.


[1] Cfr. J. RATZINGER, Mirar a Cristo, pp. 20-21.

Comentario – Martes IV de Pascua

(Jn 10, 22-30)

En esta discusión con las autoridades judías Jesús se presenta como Mesías y como Hijo de Dios. En realidad Jesús estaba diciendo que él es el buen pastor, pero eso no preocupaba a las autoridades judías, porque todo maestro que tuviera un grupito de discípulos podía ser considerado un pastor.

Lo que ellos no podían aceptar es que Jesús se considerara el Mesías, y sabían que si Jesús lo decía públicamente eso preocuparía a las autoridades romanas, despertaría el temor a la revolución, y terminarían con él.

Pero Jesús no sólo reconoce que es el Mesías, sino que además se presenta como Hijo del Padre Dios, y finalmente afirma “el Padre y yo somos uno”. Esto era intolerable para los judíos, porque ellos no conocían el misterio de la Trinidad, un solo Dios en tres Personas, y entonces la afirmación de Jesús sonaba a politeísmo, era un insulto a su fe en un solo Dios, y el peor atrevimiento que podían escuchar es que un hombre se considerara Yavé.

Por eso lo tratan de blasfemo e intentan apedrearlo. Sin embargo, a pesar de esta tremenda oposición de la mentalidad judía, que no podía tolerar una idea semejante, la fe en la divinidad de Jesús se fue extendiendo, y es la fe de la Iglesia extendida por toda la tierra.

Nosotros no nos apoyamos en Jesús porque es un ser humano maravilloso, sino porque es el mismo Dios hecho hombre, y por eso puede ser el Señor de nuestras vidas y sostenernos con su gracia.

Oración:

“Señor Jesús, que en tu corazón humano ofreces también tesoros infinitos de tu amor divino, quiero glorificarte, adorarte y enaltecerte como Hijo de Dios, perfecto igual que el Padre. Me postro ante ti mi Señor y mi Dios, mi Pastor divino”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Cristo, alfa y omega

45. La Iglesia, al prestar ayuda al mundo y al recibir del mundo múltiple ayuda, sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la salvación de toda la humanidad. Todo el bien que el Pueblo de Dios puede dar a la familia humana al tiempo de su peregrinación en la tierra, deriva del hecho de que la Iglesia es “sacramento universal de salvación”, que manifiesta y al mismo tiempo realiza el misterio del amor de Dios al hombre.

El Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarnó para que, Hombre perfecto, salvará a todos y recapitulara todas las cosas. El Señor es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones. El es aquel a quien el Padre resucitó, exaltó y colocó a su derecha, constituyéndolo juez de vivos y de muertos. Vivificados y reunidos en su Espíritu, caminamos como peregrinos hacia la consumación de la historia humana, la cual coincide plenamente con su amoroso designio: “Restaurar en Cristo todo lo que hay en el cielo y en la tierra” (Eph 1,10).

He aquí que dice el Señor: “Vengo presto, y conmigo mi recompensa, para dar a cada uno según sus obra. Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin” (Apoc 22,12-13).

Misa de la familia – Domingo V de Pascua

DOMINGO V DE PASCUA

1.- ACOGIDA

   Hermanos y hermanas:

En este domingo 5º de Pascua Jesús nos dice que él es la vid verdadera y que nosotros somos los sarmientos o ramas que recibimos de él la savia para dar fruto. Y por eso estamos aquí: porque queremos recargar nuestra VIDA de gracia, de fe y de amor al orar, al escuchar su Palabra y al comulgar su Cuerpo en la Eucaristía. Amigos, vivamos conectados a Jesús y así daremos buen fruto y fruto abundante. (Traemos unos racimos de uvas y una frase: “Queremos vivir conectados a ti, Jesús, para dar fruto”).

En el nombre… Jesús que nos invita a vivir unido a él para tener vida, está con vosotros.

2.- PETICIONES DE PERDÓN o ASPERSIÓN

       Dios es amor, conoce nuestras debilidades, le pedimos perdón.

• Porque conectamos poco con Dios para llenarnos de su vida. Señor, ten piedad.

• Porque nuestra vida está marcada por la rutina, por el ir tirando. Cristo, ten piedad.

• Porque nos falta creatividad, pasión, amistad y unión con Jesús. Señor, ten piedad.

(En vez del momento de perdón se puede realizar la aspersión):

ASPERSIÓN: En este tiempo de Pascua, con la aspersión del agua, recordamos aquel momento en el que nos unimos definitivamente a Jesús resucitado, el momento de nuestro bautismo. Y renovamos así nuestro compromiso de andar en una vida nueva. (Aspersión)

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su reino. Amén.

 

3.- MONICIÓN A LAS LECTURAS

Pablo, perseguidor de los cristianos, ha tenido una importante experiencia camino de Damasco: su encuentro con Cristo resucitado. Este acontecimiento cambia radicalmente su vida y de perseguidor de Jesús se convierte en un gran apóstol. Esta conversión es lo que vamos a escuchar en la primera lectura. -San Juan, en la segunda lectura, nos dice que viviremos en la verdad cristiana si cumplimos el mandamiento nuevo del Señor: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. -El evangelio nos recuerda que para vivir y actuar en cristiano hemos de estar unidos a Jesús como los sarmientos a la vid; sin Jesús no podemos dar los frutos que Él espera.

 

4.- PETICIONES

Necesitamos de Dios, como los sarmientos de la vid;  pidamos al Padre que atienda las necesidades que ahora le presentamos, diciendo: -Que vivamos unidos a ti, Señor.

1.- Para que la Iglesia afronte el reto de la evangelización de un mundo que prescinde de Dios. Oremos.

2.- Para que nuestra parroquia (o comunidad) viva la alegría que nos trae Jesús Resucitado. Oremos.

3.- Para que la Iglesia afronte el reto de la evangelización de un mundo que prescinde de Dios. Oremos.

4.- Por los que en estos días reciben el bautismo, la confirmación o hacen la primera comunión. Oremos.

5.- Para que cuidemos la amistad con Jesús, el trato personal con él en la oración. Oremos.

6.- Para que nos convenzamos de que la unión con Jesús es garantía de una vida con sentido, una vida fructífera. Oremos.

Ayúdanos a vivir unidos a Ti, Señor, y a dar frutos de amor y justicia. Por Jesucristo…

 

5.- OFRENDAS (escoger)

-UN UN MÓBIL CON CARGADOR: Jesús, queremos vivir conectados a ti.  Sólo así tendremos luz, energía, fuerza. Sólo así viviremos la alegría de ser de los tuyos y de ser tu testigo en nuestro colegio, en la familia, en las diversiones o en el trabajo.

-EVANGELIOS: Hoy para vivir en contacto con los otros tenemos los móviles. Pero si queremos conectarnos a ti basta abrir unos evangelios a través de los que tú nos hablas, meditar en el silencio del corazón o participar con toda atención en la eucaristía. Ellos nos dan la cobertura para recibir tu amor y tus mensajes.

-PAN Y VINO: También te ofrecemos este pan y este vino, son el mejor fruto que tú, Señor, nos ha dejado. Con ellos, tú sigues viviendo en nosotros.

Música – Domingo V de Pascua

Entrada: Cristo resucitó, Aleluya (Apéndice); El Señor ha resucitado CLN 217; Cristo alegría del mundo CLN 654
En Latin. Introito: Cantate Domino
Aspersión del agua: Vida Aquam. CLN .  A82  Canto Gregoriano
Misa de pascua: Lux et origo.
Salmo Responsorial y Aleluya: El Señor es mi alabanza…
Ofertorio: O filii et filiae. CLN. 232: o Bendito seas, Señor  CLN-H5
Comunión: Aleluya. Psallite (Canto Gregoriano) Quédate con nosotros CLN-028; El Señor resucitó, CLN 204; Cantad al Señor CLN 757
Final: Regina coeli. CLN. 303; o Reina del Cielo  CLN 324; Cantos para la misa con Niños de primera Comunión.

Recursos – Ofertorio Domingo V de Pascua

PRESENTACIÓN DE UN RAMO DE FLORES DE ALMENDRO

(El ramo puede ser de flores de cualquier árbol y lo puede ofrecer cualquier persona adulta de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este hermoso ramo de flores, que es símbolo, sin embargo, de lo que les sucede a quienes no están unidos y unidas a Cristo, pues su belleza desaparece en breve tiempo. Las flores se marchitan y quedan desnudas las ramas, que entran también en un proceso de muerte. Señor, nosotros y nosotras no queremos ser tan hermosos y hermosas como este ramo de flores, pero sí queremos, si Tú así nos lo concedes, vivir como tu Hijo lo hizo, por la gracia que nos concedes a través de El.

PRESENTACIÓN DE UNAS TIJERAS DE PODAR

(Otro de los adultos presenta unas tijeras de podar. Puede ser de sexo distinto al que ha hecho la ofrenda anterior)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te traigo estas tijeras de podador. Todos y todas conocemos cuál es su finalidad y cómo, matando lo superfluo, generan nueva y más vigorosa vida. También sabemos que la permanencia en tu Hijo Jesucristo nos pone en situación de poda, de morir para resucitar. Que las dificultades de la poda no nos hagan desistir de vivir en Jesucristo, de imitarle y de identificarnos con Él.

PRESENTACIÓN DE UN BEBÉ

(Esta ofrenda la debe hacer la propia madre del niño o de la niña)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy el fruto de mis propias entrañas. Permaneció en ellas durante nueve largos meses, dependiendo en todo y por todo de mí. Aún sigue dependiendo, pues es un ser tan frágil que sin mí no sería capaz de sobrevivir. Soy consciente, sin embargo, de que el niño (la niña) es un proyecto de persona diferente, a la que hay que favorecer su desarrollo. Así queremos nosotros y nosotras, Señor, ser en unión a tu Hijo Jesucristo. De él recibimos la vida, pero nosotros y nosotras hemos de ser protagonistas y libres para vivirla. Edúcanos, Señor, en la libertad y la responsabilidad.

PRESENTACIÓN DE UN MAPA O PLANO DE UNA CIUDAD

(Da lo mismo que sea un mapa de carreteras que un plano de una ciudad, y que haga la ofrenda cualquier miembro de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te ofrezco hoy este mapa (plano), ayuda para los y las que no encuentran los caminos. También los hombres y mujeres de hoy, nosotros mismos, buscamos con ansiedad el sentido de nuestras personas y de nuestras vidas; muchos de ellos y ellas ni siquiera lo encuentran.

Al ofrecerte hoy este signo, nosotros queremos hacer pública confesión de que tu Hijo, Jesucristo, es nuestro mejor y único mapa para saber cuáles son los caminos de nuestra vida, pues Él los recorrió primero. Te pedimos hoy, sin embargo, que si se hace la oscuridad en nuestras vidas o surgen la duda y la tentación, Tú nos ilumines para recuperar, en y por tu Hijo Jesucristo, nuestro sentido.

PRESENTACIÓN DE UNA PIEDRA

(Sin exagerar en el tamaño, sí que debiera verse que es un material de construcción. Debe hacer la ofrenda alguien de la comunidad que esté relacionado con esa actividad humana)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, por mi trabajo sé bien lo que te traigo y para lo que sirve. Es una piedra, y la usamos para construir con solidez. Como ella, y aún más porque es la clave, es tu Hijo Jesucristo para nuestra comunidad y para la Iglesia. Gracias a Él se sostiene todo el edificio y, en él, encuentra su sentido.

Al hacerte hoy esta ofrenda, quiero, en nombre de toda la comunidad, ofrecerte nuestro edificio espiritual, el Cuerpo de tu Hijo que se «encarna» en nuestra parroquia (comunidad). Y con ella, va nuestro compromiso de ser testigos de tu Hijo resucitado en medio de este mundo. Nuestra experiencia de unidad entre nosotros y nosotras y de servicio al mundo quiere ser nuestro ofrecimiento.

Oración de los fieles – Domingo V de Pascua

Oramos a Dios Padre, única vid, de quien proceden todos los bienes recibidos, para que nos llene con sus dones.

AYÚDANOS SEÑOR, A DAR FRUTOS DE AMOR.

1.- Por toda la Iglesia; para que unida a su único Señor por la fe, haga llegar a todos sus miembros la verdad, el amor y la entrega. OREMOS

2.- Por todos los que prestan un servicio en la Iglesia; para que dejándose podar de tantas cosas que los esclavizan lleguen a ser fecundos en su misión y generosos en la entrega. OREMOS

3.- Por las familias que se encuentran pasando momentos de dificultad; para que acudan al Señor con la seguridad de que injertadas en Él les llegará la fuerza para suavizar su dolor. OREMOS

4.- Por los enfermos; para que pongan sus dolores, sus sufrimientos, los pies de Cristo. Él los aliviará y les ayudará a encontrar la persona adecuada para compartirlos. OREMOS

5.- Por todos los que dejamos de dar frutos porque vivimos en la comodidad; para que el Señor nos dé la gracia de comprender que estamos privando a los demás de los beneficios que les pertenecen de los dones que hemos recibido. OREMOS

6.- Por todos los que compartimos esta Eucaristía; para que vivamos en el servicio la manifestación de amor que nos enseñó Cristo. OREMOS

Padre bueno, escucha nuestras súplicas y concédenos permanecer en Ti, único Señor por medio de la fe traducida en obras.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.


Necesitamos permanecer junto a Cristo, injertados en Cristo para dar fruto. Nuestra plegaria estará entonces regada con su sangre que es la savia que nos da la vida a los sarmientos. Respondemos diciendo:

SEÑOR, PERMANECE JUNTO A NOSOTROS

1. – Por el Papa Francisco, para que siga alentando a los corazones de su Iglesia con la fuerza que da el Evangelio de Cristo. OREMOS

2. – Por los gobernantes y los dirigentes de las naciones para que su labor no se quede en palabras y atiendan a su pueblo de verdad y con obras. OREMOS

3. – Pidamos por todos aquellos que aún no han descubierto a Cristo resucitado, para que se haga visible ante ellos a través de la Iglesia. OREMOS

4. – Por los enfermos y necesitados para que llegue a ellos con más urgencia la savia que da la Vida. OREMOS

5. – Por todos los que hemos visto y celebrado la resurrección de Cristo, para que como Pablo, prediquemos públicamente el nombre del Señor. OREMOS

6. – Pidamos que el Espíritu de la paz sople sobre aquellos lugares que tanta necesidad tienen de ella. OREMOS

7.- Por todos nosotros, presentes en la Eucaristía, para que sepamos reconocer que el Padre es el Viñador, Jesús, la Vid y todos nosotros sarmientos con deseos de unión y de vida. OREMOS

Señor, tu nos aseguraste: “si permanecéis en mí, pediréis lo que deseéis, y se realizará”, atiende con tu infinita bondad estas plegarias que te hemos presentado. Por Jesucristo nuestro Señor

Amen.

Comentario al evangelio – Martes IV de Pascua

En el texto de los Hechos de los Apóstoles de hoy encontramos esta afirmación sugerente: «Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos». Es interesante, bien por la forma como nos presenta una comunidad cristiana que por su estilo de vida ha sido capaz de dar a conocer que pertenece a Cristo; o bien porque esta pertenencia transparente se realiza también por la presencia y la obra de Bernabé y Saulo.

¿Cómo sería la vida de esta comunidad? ¿Cómo debió ser la presencia y la misión de Bernabé y Saulo? Nos cuestionamos no por una simple curiosidad, sino porque anhelamos reavivar también hoy esa fuerte experiencia de los cristianos de Antioquía: ser reconocidos por el mundo como cristianos. Tener esos pastores capaces de generar ese amor apasionado por el Señor y dar la vida por una comunidad cristiana así de fervorosa.

El diálogo entre Jesús y los judíos en el texto del Evangelio (10,22-30) tiene un tono particular. Los judíos le piden a Jesús que diga con claridad si es o no es el Mesías. Jesús responde diciendo que ellos no creen porque no escuchan su voz. ¡No escuchan su voz! Sin embargo, se da un diálogo muy intenso y cerrado entre Jesús y los judíos. ¿Qué significan las palabras de Jesús? Los judíos escuchan, pero no son capaces de acoger el mensaje de Jesús. Su corazón está cerrado por los prejuicios que les imposibilitan una comprensión auténtica de su mensaje. Esto nos les permite llegar a la fe y al conocimiento del misterio de Jesucristo.

Esto que vale para los judíos tiene también validez para nosotros hoy. Nuestra fe y la comprensión del evangelio de Jesús crece en la medida en que escuchamos con sinceridad y con total apertura de corazón sus palabras. Nos podemos cuestionar si esto se realiza en nosotros; si escuchamos con atención, prontitud, disponibilidad, si nos dejamos cuestionar por la voz de Jesús. También hoy tenemos el riesgo de ser parte de ese grupo hostil a Jesús e incapaces de ponernos en sintonía con su palabra.

Edgardo Guzmán, cmf.