Comentario al evangelio – Martes IV de Pascua

En el texto de los Hechos de los Apóstoles de hoy encontramos esta afirmación sugerente: «Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos». Es interesante, bien por la forma como nos presenta una comunidad cristiana que por su estilo de vida ha sido capaz de dar a conocer que pertenece a Cristo; o bien porque esta pertenencia transparente se realiza también por la presencia y la obra de Bernabé y Saulo.

¿Cómo sería la vida de esta comunidad? ¿Cómo debió ser la presencia y la misión de Bernabé y Saulo? Nos cuestionamos no por una simple curiosidad, sino porque anhelamos reavivar también hoy esa fuerte experiencia de los cristianos de Antioquía: ser reconocidos por el mundo como cristianos. Tener esos pastores capaces de generar ese amor apasionado por el Señor y dar la vida por una comunidad cristiana así de fervorosa.

El diálogo entre Jesús y los judíos en el texto del Evangelio (10,22-30) tiene un tono particular. Los judíos le piden a Jesús que diga con claridad si es o no es el Mesías. Jesús responde diciendo que ellos no creen porque no escuchan su voz. ¡No escuchan su voz! Sin embargo, se da un diálogo muy intenso y cerrado entre Jesús y los judíos. ¿Qué significan las palabras de Jesús? Los judíos escuchan, pero no son capaces de acoger el mensaje de Jesús. Su corazón está cerrado por los prejuicios que les imposibilitan una comprensión auténtica de su mensaje. Esto nos les permite llegar a la fe y al conocimiento del misterio de Jesucristo.

Esto que vale para los judíos tiene también validez para nosotros hoy. Nuestra fe y la comprensión del evangelio de Jesús crece en la medida en que escuchamos con sinceridad y con total apertura de corazón sus palabras. Nos podemos cuestionar si esto se realiza en nosotros; si escuchamos con atención, prontitud, disponibilidad, si nos dejamos cuestionar por la voz de Jesús. También hoy tenemos el riesgo de ser parte de ese grupo hostil a Jesús e incapaces de ponernos en sintonía con su palabra.

Edgardo Guzmán, cmf.