Vísperas – Miércoles IV de Pascua

VÍSPERAS

MIÉRCOLES IV DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto
lo que el miedo niega.

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

SALMO 138: DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES Y LO VE TODO

Ant. La noche será clara como el día. Aleluya.

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa;
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. La noche será clara como el día. Aleluya.

SALMO 138

Ant. Yo conozco a mis ovejas, y las mías me conocen. Aleluya.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío,, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los dos por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo conozco a mis ovejas, y las mías me conocen. Aleluya.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

LECTURA: Hb 7, 24-27

Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdote que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder a su favor. Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día —como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo—, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Aleluya.

PRECES

Imploremos a Dios Padre, que por la resurrección de su Hijo de entre los muertos nos ha abierto el camino de la vida eterna, digámosle:

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

Dios de nuestros padres, que has glorificado a tu Hijo Jesús resucitándolo de entre los muertos,
— convierte nuestros corazones, para que andemos en una vida nueva.

Tú que, cuando andábamos descarriados como ovejas, nos ha hecho volver al pastor y guardián de nuestras vidas,
— consérvanos en tu felicidad al Evangelio, bajo la guía de los obispos de tu Iglesia.

Tú que elegiste a los primeros discípulos de tu Hijo de entre el pueblo de Israel,
— haz que los hijos de este pueblo reconozcan el cumplimiento de las promesas que hiciste a sus padres.

Acuérdate, Señor, de los huérfanos, de las viudas, de los esposos que viven separados y de todos nuestros hermanos abandonados,
— y no permitas que vivan en la soledad, ya que fueron reconciliados por la muerte de tu Hijo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que llamaste a ti a Esteban, que confesó que Jesús estaba de pie a tu derecha,
— recibe a nuestros hermanos difuntos que esperaron tu venida en la fe y en el amor.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que eres la vida de los fieles, la gloria de los humildes y la felicidad de los santos, escucha nuestras súplicas y sacia con la abundancia de tus dones a los que tienen sed de tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles IV de Pascua

1.- Introducción.

Señor, hoy vengo a rezar con el evangelio de tu discípulo Juan, el discípulo amado, el que quiere que vayamos a ti por el camino del amor. Ya desde el principio te pido que me des un corazón grande para poder entender sus palabras que son tuyas. Dame la fuerza de tu Espíritu para poder llegar a la verdad plena. 

2.- Lectura reposada de tu evangelio. Juan 12, 44-50

En aquel tiempo Jesús exclamó: El que cree en mí, no cree en mí sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

“El que me ve a mí ve al Padre”. Jesús es la cara de Dios vuelta al hombre, manifestación de Dos, espejo de Dios, epifanía de Dios. Toda la vida de Jesús sólo tuvo una intención: revelarnos el rostro del Padre. Si acaricia a los niños, es para decirnos: así de cariñoso es el Padre. Si mira a los jóvenes con amor, es para indicarnos: así de bondadoso es el Padre. Si cura a un enfermo, si perdona a un pecador, si resucita a un muerto, siempre es para gritarnos: Así de bueno, así de cariñoso, así de derrochador de amor es el Padre. Jesús no ha venido a este mundo para juzgarnos, ni menos para condenarnos, sino para enseñarnos el verdadero rostro del Padre que nosotros, los hombres, teníamos desdibujado.Y esa hermosa tarea de Jesús, debemos continuar hoy nosotros, los cristianos. A través de nuestras palabras, nuestros gestos, nuestros silencios, debemos trasparentar el rostro maravilloso del Padre, tal y como lo hizo Jesús. Por eso cabe preguntarnos: Nosotros, con nuestras palabras y acciones, ¿“re-velamos” o más bien “velamos” “ocultamos” “estropeamos” el rostro de Dios?  Bellas las palabras de los cristianos de Ginebra cuando estaba de Obispo San Francisco de Sales: ¡Qué bueno debe ser Dios que ha creado a hombres tan buenos como nuestro Obispo!

Palabra del Papa

“Caminad cada día en la luz de Cristo mediante la fidelidad a la oración personal y litúrgica, alimentados por la meditación de la Palabra inspirada por Dios. […] Que la plegaria y la meditación de la Palabra de Dios sean lámpara que ilumina, purifica y guía vuestros pasos en el camino que os ha indicado el Señor. Haced de la celebración diaria de la Eucaristía el centro de vuestra vida. En cada Misa, cuando el Cuerpo y la Sangre del Señor sean alzados al final de la liturgia eucarística, elevad vuestro corazón y vuestra vida por Cristo, con Él y en Él, en la unidad del Espíritu Santo, como sacrificio amoroso a Dios nuestro Padre. (Benedicto XVI, 19 de julio de 2008).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Durante todo este día me estaré preguntando: esto que estoy haciendo, ¿“revela” o “vela” el rostro de Dios?

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, quiero agradecerte, un día más, la luz que siempre me arroja tu evangelio. Procuraré durante este día y durante toda la vida, manifestar lo mejor que pueda, el rostro del Padre. Te pido, Señor, para ello, que me envíes la fuerza de tu Espíritu para que haga de mí otro Cristo.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 5, 27-30

27Habéis oído que fue dicho: ‘No cometerás adulterio’. 28Pero yo os digo: todo el que mire a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

29Si tu ojo derecho te escandaliza, sácalo y arrójalo de ti; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna.

30Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala de ti; porque más te vale que uno de tus miembros se pierda que no que todo tu cuerpo vaya a parar a la gehenna.

Esta segunda antítesis es de construcción similar a la primera: a la verdadera antítesis (vv. 27-28) sigue un añadido (vv. 29-30) con extensa alocución en segunda persona de singular (¡12 veces!). La expresión introductoria y la tesis misma son más breves que en el v. 21. La tesis y la antítesis se relacionan estrechamente en el plano lingüístico: el nexo acontece con ayuda del adulterio (vv. 27 y 28).

  • La «mujer» de la que habla el texto se refiere a la «mujer casada», no a cualquier mujer, porque el verbo presente en el precepto significa «cometer adulterio», no «fornicar». Se usa en el contexto judío únicamente para el varón; así que esta antítesis -y la siguiente- se dirige sólo a varones. “Deseándola” traduce una expresión mateana que designa la intención y no la consecuencia: se trata de miradas intencionadas que tienden a romper un matrimonio ajeno.
  • La forma antitética debe interpretarse de modo similar a los vv. 21-22: Jesús considera tan importante, para el reino de Dios, la integridad de la mujer y la santidad del matrimonio instituido por Dios, que ya la mirada concupiscente de un hombre a una mujer casada constituye un adulterio. Esto significa un endurecimiento extremo del sexto mandamiento: afecta a los impulsos más íntimos del corazón humano (masculino).
  • El añadido de los vv. 29-30 confirma que Mateo entiende el v. 28 como una exigencia de obediencia radical. Aquí no se advierte ninguna tendencia a la atenuación de las exigencias hasta un nivel tolerable. Mateo habla primero de la seducción por el «ojo» porque eso conecta directamente con los vv. 27-28. Pero también la mano es considerada en textos rabínicos como instrumento de adulterio y lascivia. En la historia de la exégesis se ha rechazado la interpretación literal casi unánimemente, por el añadido de «derecho»: ¿por qué el ojo derecho ha de tener una relevancia especial en la inducción al pecado? Lo «derecho» significa simbólicamente «bueno», «valioso», «importante». La doble sentencia es un aviso contra el pecado; para evitarlo hay que ponerlo todo, aun lo más importante y valioso. Porque la limitación a las faltas sexuales fue algo ajeno a la sentencia original. Mateo trata de inducir con estos dichos a una praxis vital radical, sin componendas, en la línea de la segunda antítesis. Para él tenía especial importancia la advertencia sobre la condenación en el juicio final (cf. vv. 25-26). No es casual que en la primera y la segunda antítesis aparezca la palabra «gehenna» y que ambas concluyan con una visión de la posibilidad de condena.
  • La tradición eclesial ha explicado los dichos alegóricamente: «ojo» y «mano» han sugerido el espíritu codicioso, el mal pensamiento, los fines torcidos de la voluntad. San Juan Crisóstomo los aplicaba a los falsos amigos, también parientes y allegados, que es preciso dejar por causa del evangelio, aunque se los quiera como a la niña de los ojos. Estos campos de aplicación son importantes, porque apuntan a la apertura de ambos dichos. Son además interesantes, porque muestran que la Iglesia antigua consideraba los textos bíblicos como textos abiertos.
  • La explicación no logra despojar a este texto de sus efectos ambivalentes, sobre todo en el terreno de una ética sexual de la Iglesia marcada por la hostilidad al sexo. No se logra interpretar de modo convincente a partir de la nueva apertura que Jesús muestra en otros pasajes en sus relaciones con mujeres. Texto ambivalente: junto al espanto por las sombras que arrojó sobre la historia de la Iglesia, no debemos pasar por alto sus potenciales de sentido positivo. Entre ellos, su noción integral del ser humano, que no permite una separación entre lo de dentro y lo de fuera; también la exhortación a los varones, «favorecidos» en aquella época, a no olvidar que también a ellos se les exige la plena obediencia del corazón.

Comentario – Miércoles IV de Pascua

(Jn 12, 44-50)

El evangelio de Juan está dividido en dos grandes partes. Con estos versículos concluye la primera parte del evangelio que se llama “sección de los signos”, donde Jesús hace prodigios maravillosos.

Pero esta conclusión de la primera parte es más bien negativa: a pesar de signos tan grandes, como dar la vista a un ciego de nacimiento y resucitar un muerto, no terminaban de aceptarlo y preferían quedarse en la oscuridad.

Pero Jesús aclara que él no juzga a nadie, sino que los incrédulos son juzgados por las propias palabras de Jesús que son las que el Padre le indicó. Es decir: esas palabras tienen una profundidad, una verdad y una belleza tan grandes, son tan auténticas y profundas, que no hay excusa para rechazarlas. El que las rechaza se priva de la luz de Dios, de su vida divina, elige la oscuridad y la muerte, se autocondena privándose de tanta hermosura, y por eso no es necesario que Cristo lo juzgue.

Porque el que se aparta de la luz no necesita ser enviado a las tinieblas como un castigo, ya que él mismo opta por privarse de la luz y sumergirse en las tinieblas.

Sin embargo, cuando termina la segunda parte del evangelio (20, 3031 ) se dice que los signos que Jesús realizó habían despertado la fe, habían dado frutos. Y eso significa que es necesaria la fuerza de la resurrección de Jesús, su presencia resucitada en el corazón del hombre, para que el hombre pueda abrirse a la fe. No bastan las cosas externas, aunque sea la lectura de la Palabra de Dios, aunque sea una predicación bella y motivadora, porque es indispensable la acción del Señor en nuestros corazones. Por eso no basta hacer cosas para tratar de cambiar; también hay que invocar al Señor para que nos toque en nuestro interior con su divina gracia.

Oración:

“Señor, toca mi corazón con la luz y el poder de tu resurrección para que yo pueda reconocer los signos de tu presencia en mi vida, para que pueda creer cada vez más en ti y llenar mi vida de tu resplandor”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

SEGUNDA PARTE

ALGUNOS PROBLEMAS MÁS URGENTES

Introducción

46. Después de haber expuesto la gran dignidad de la persona humana y la misión, tanto individual como social, a la que ha sido llamada en el mundo entero, el Concilio, a la luz del Evangelio y de la experiencia humana, llama ahora la atención de todos sobre algunos problemas actuales más urgentes que afectan profundamente al género humano.

Entre las numerosas cuestiones que preocupan a todos, haya que mencionar principalmente las que siguen: el matrimonio y la familia, la cultura humana, la vida económico-social y política, la solidaridad de la familia de los pueblos y la paz. Sobre cada una de ellas debe resplandecer la luz de los principios que brota de Cristo, para guiar a los cristianos e iluminar a todos los hombres en la búsqueda de solución a tantos y tan complejos problemas.

Comentario Domingo V de Pascua

Oración preparatoria

Señor y Hermano nuestro Jesús, Tú dirigiste palabras inefables a tus discípulos en tu última cena. Gracias por habernos mostrado a tu propio Padre como “Padre nuestro” y por habernos regalado tu propia oración, la oración que sólo Tú podías pronnciar. Concédenos:

– orar a Dios con la misma confianza que Tú tenías en Él,
– y “muéstranos al Padre”, revélanos su rostro y su corazón, para vivir, en medio de todo, confiados en Él como un niño en brazos de su Padre.

Tú que vives y reinas con el Padre por los siglos de los siglos. AMEN

 

Jn 15, 1-8

«Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia para que dé más fruto.
3Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he hablado; 4permaneced en mí como yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí no podéis hacer nada.
6Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

7Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis y se realizará para vosotros.

8Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis mucho fruto y seáis discípulos míos».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 
CONTEXTO

“Levantaos, vámonos de aquí”: ésta es la frase inmediatamente anterior al capítulo 15, cuyos primeros versículos son el evangelio de este domingo pascual. En los capítulos 13 y 14 Jesús está despidiéndose de sus discípulos y les promete la venida del Espíritu y la Paz. Se acerca la Pasión, pero no será el final. Llega el tiempo de los discípulos. La frase de levantarse e irse es una llamada al compromiso discipular, que tiene en el evangelio de hoy su concreción: permanecer en Cristo y dar fruto. Al “discurso de la vid” (15,1-8) continúa el “discurso del amor” (15,9-17). Esta larga sección de discursos de Jesús (capítulos 13-17) no sólo prepara la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús (que no es el final de nada), sino la futura misión de sus discípulos, de nosotros.

 
TEXTO

El discurso de la vid forma parte de “los discursos de despedida” y tiene una estructura en tres partes. Como ocurría el domingo pasado con la imagen del Pastor, Jesús se presenta ahora por dos veces como la vid (verdadera): vv. 1 y 5, marcando así una estructura en dos partes, más la conclusión del v. 8. La primera parte (vv. 1-4) tiene como centro (único imperativo del verbo “permanecer”) la orden de Jesús de permanecer en él (v. 4a). La segunda parte (vv. 5-7) tiene como centro el destino infértil del que no permanece en Jesús (v. 6). La conclusión (v. 8) presenta la finalidad de la enseñanza de Jesús: la gloria del Padre, que se basa en los frutos de los discípulos de Jesús. La inclusión “mi Padre” abre y cierra un evangelio cen- trado temáticamente en “permanecer en Cristo” (7 veces) para poder “dar frutos” (6 veces).

 
ELEMENTOS A DESTACAR

• Jesús se presenta por dos veces como la vid, la primera vez como la vid verdadera. La vid era, en el Antiguo Testamento, una imagen de Israel como Pueblo de Dios. De modo que en Jesús nace una comunidad que es el verdadero Pueblo de Dios. Esta imagen se suma a otras (la puerta, el pastor) que aparecen en este contexto de Juan y que realzan la figura de Jesús y su importancia en la vida de la comunidad cuando ésta quiere responder a la voluntad de Dios. La vida creyente (personal y comunitaria) tiene que estar radicada en la persona y el proyecto de Jesús. La Palabra nos pide otra vez considerar el papel que Jesús juega en nuestra vida y hasta qué punto nuestras opciones vitales, de todo tipo, están fundamenta- das en Él.

• Por eso observamos la insistente repetición del verbo “permanecer” (en Jesús). Quien permanece bien fundado en Él, da fruto; al contrario, cuando Jesús no juega un papel fundamental en la vida de los creyentes, los frutos languidecen y la vida cristiana se seca y se hace estéril. A la luz de la experiencia pascual, permanecer en Jesús es perseverar en su proyecto de Reino, comprometerse más y más con el proyecto de Jesús. ¿En qué aspectos de nuestra vida discipular tendríamos que estar más comprometidos y perseverar con mayor ahínco?

• De la permanencia en Jesús depende el “dar frutos”. No está dicho en qué consisten esos frutos, pero un poco más adelante el texto habla repetidamente del amor mutuo, que es nuestro fruto y nuestra misión. Sería bueno pensar en nuestraresponsabilidad para con todos los hermanos, la importancia de una mirada com- pasiva que mueve a la solidaridad efectiva.

• La “gloria de Dios”, ni más ni menos, depende de y se manifiesta en la actividad de los discípulos de Jesús. Es grande nuestro encargo: en un mundo en el que la “fama” de Dios no es precisamente buena, ¿qué hacemos, qué podemos hacer y qué debemos hacer para que el verdadero rostro de Dios Padre sea contemplado y experimentado por quienes nos rodean?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo V de Pascua

Domingo V de Pascua

Hechos 9, 26-31; Salmo 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32; 1 Juan 3:18-24; Juan 15:1-8

La Vid Verdadera

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva. Si una de mis ramas no da uvas, la corta; pero si da uvas, la poda y la limpia, para que dé más. Ustedes ya están limpios por las palabras que les he dicho. Sigan unidos a mí, como yo sigo unido a ustedes. Una rama no puede dar uvas de sí misma, si no está unida a la vid; de igual manera, ustedes no pueden dar fruto, si no permanecen unidos a mí. Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece unido a mí, será echado fuera y se secará como las ramas que se recogen y se queman en el fuego. Si ustedes permanecen unidos a mí, y si permanecen fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará. Mi Padre recibe honor cuando ustedes dan mucho fruto y llegan así a ser verdaderos discípulos míos. Reflexión

¿Qué necesita un árbol o una vid para dar muchos frutos? (Agua, sol, buena tierra, podarse, limpiarse…) ¿Qué pasa si se separa una rama del árbol o la vid?(La rama y sus frutas se mueren porque no reciben agua y nutrición.) Jesús compara su Reino a una vid, donde Él es la vid, nosotros las ramas y nuestro Padre en el Cielo el cultivador. ¿Qué representan las frutas en esta comparación? (El amor que compartimos para construir el Reino de Dios: orando por otros o haciendo obras de misericordia para ayudar a nuestro prójimo… Jesús depende de nosotros para que seamos su voz y sus manos para los demás.) ¿Cómo nos poda nuestro Padre Celestial para que demos más fruto? (Dios quita obstáculos que paran nuestro crecimiento espiritual o nos deja experimentar las consecuencias de nuestras malas decisiones para enseñarnos que es mejor seguir el camino bueno que nos lleva a Él.) Dar ejemplos cuando Dios los ha podado. Compartir. Jesús pide que sigamos unidos a Él para poder dar frutos y para recibir todo lo que necesitamos del Padre. ¿Cómo nos mantenemos unidos a Él? (Orando, participando en la misa y en los otros sacramentos, obedeciendo sus mandamientos de amor…)

Actividad

En la página siguiente hay una vid con tallos y frutas. Escribir en algunas uvas maneras que pueden dar fruto por Jesús. En las otras uvas, dibujar caras de niños. Colorear. En la otra página, completar el crucigrama.

actividad

actividad2

Oración

Señor, a veces nos separamos de ti o nos olvidamos de tu presencia en nosotros. Entonces nos parece que la vida no tiene sentido, ni alegría. Recuérdanos siempre que, para vivir y dar fruto tenemos que estar unidos a ti, cómo las ramas a la vid. Amen

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

La vid verdadera – Juan 15, 1-8

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: – Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto. Vosotros estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí, lo tiran fuera, como al sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará

Explicación

Otro día Jesús utilizó un ejemplo muy acertado para decir a sus amigos cómo deben estar muy unidos a él. Les dijo: Si los sarmientos tienen muchos racimos de uvas es porque están unidos a la cepa. Del mismo modo, vosotros, estaréis cargados de racimos de bondad y alegría si os mantenéis unidos a mí por la confianza y el cariño.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

JESÚS: ¿Queréis que os cuente una parábola? Debo deciros algo importante y me parece que así lo entenderéis mejor.

DISCÍPULO1: Algunas parábolas son un poco complicadas. ¡Menudo lío se hicieron el otro día los fariseos con lo del Buen Pastor!

DISCÍPULO2: Pero como el Maestro tiene mucha paciencia y nos lo explica, nosotros nos aclaramos siempre.¡Empieza, Maestro, empieza!

JESÚS: Yo soy la verdadera vid. ¿Sabéis lo que es la vid?

DISCÍPULO1: Sí, Maestro, lo sabemos. Es una planta con tallos y hojas que nos da uvas.

JESÚS: Muy bien.¿Y sabéis cómo se llaman a los tallos y a las hojas de la vid?

DISCÍPULO2: Sí, a las hojas se les llama pámpanos y a los tallos sarmientos.

DISCÍPULO1: Y de los sarmientos sale el fruto, o sea, la uva.

JESÚS: ¡Estupendo! Me alegra mucho que sepáis tanto. Seguro que entendéis bien lo que voy a deciros. Mirad, yo soy la vid, vosotros los sarmientos y mi Padre es el labrador.

DISCÍPULO2: ¿Y los frutos, o sea, las uvas?

JESÚS: Los frutos son todas la cosas buenas que hacéis.

DISCÍPULO1: Y al Padre… no le gustan los sarmientos que no dan fruto.

JESÚS: ¡Claro! A esos los poda, para que den más fruto..

DISCÍPULO2:¿Nosotros somos buenos sarmientos?

JESÚS: Sí; estáis limpios por las palabras que yo os he hablado, pero tenéis que permanecer en mí y yo en vosotros; un sarmiento solo, no puede dar fruto.

DISCÍPULO1: Nosotros también queremos ser sarmientos.

JESÚS: Entonces…¡seguid conmigo y yo seguiré con vosotros! De esa forma vuestros frutos serán abundantes.

DISCÍPULO2: Es cierto, Jesús, sin ti no se puede hacer nada. Y los que no hacen nada son como los sarmientos secos.

DISCÍPULO1: Se recogen, se queman y… ¡cómo arden!

JESÚS: Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se cumplirá.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles IV de Pascua

Hay dos detalles que llaman mucho la atención en el texto de los Hechos de los Apóstoles de este día. En primer lugar, es significativo que Bernabé y Saulo, después de haber regresado a la comunidad de una misión, sean enviados de nuevo por el Espíritu del Señor a una nueva e importante misión de evangelización. De este modo el texto de los Hechos de los Apóstoles nos hace ver la fuerza y el estímulo que infunde, sin interrupción, el Espíritu Santo en el corazón de los discípulos de Jesús. No hay espacio para detenerse, para lo estático. La misión urge y hay necesidad de salir. De la misma forma la vida cristiana de cada uno, si es vivida en «complicidad con el Espíritu», está en un dinamismo continuo, en fidelidad creativa, impulsada al anuncio del Evangelio.

Esta lectura de los Hechos subraya dos modos a través de los cuales la comunidad y cada cristiano pueden realizar un verdadero discernimiento de la voluntad de Dios. Estos dinamismos espirituales son la oración y el ayuno. Justamente, a través de la oración y el ayuno la comunidad cristiana puede tomar una mayor conciencia del proyecto de Dios. En este hecho encontramos una preciosa indicación válida también para nosotros hoy. Cuando nos disponernos para una búsqueda consciente de la voluntad de Dios tenemos en nuestras manos estos medios: la oración asidua y el ayuno. De esta manera la misión de la Iglesia es fruto de su discernimiento eclesial, esto la edifica y hace que su obrar sea más conforme a la acción del Espíritu.

El evangelista introduce las palabras pronunciadas por Jesús diciendo que gritó con fuerza. Juan en este texto quiere abrirnos al mensaje de salvación de Jesús. Representa la conclusión última de su ministerio público. Es una llamada vehemente a escuchar y guardar su Palabra. Jesús enviado por el Padre, está íntimamente unido a Él, quien lo ve a Él ve al Padre. Su venida al mundo constituye nuestra salvación, lo que ilumina nuestra existencia y humaniza nuestro mundo. ¡Su palabra nos da vida! Por eso, en la actitud que tenemos hacia Él y su Evangelio nos jugamos la plenitud de nuestra vida cristiana. ¿Qué es lo que se expresa en este grito de Jesús? Nos manifiesta el fuerte deseo del corazón de Jesús de ser escuchado, seguido, amado. Este es el sentido del grito de Jesús: él grita para que lo escuchemos, grita para que sigamos su palabra, grita para que dejemos nuestra mediocridad e indiferencia, grita para que finalmente nos decidamos por Él y su evangelio.

Edgardo Guzmán, cmf.