Comentario al evangelio – Miércoles IV de Pascua

Hay dos detalles que llaman mucho la atención en el texto de los Hechos de los Apóstoles de este día. En primer lugar, es significativo que Bernabé y Saulo, después de haber regresado a la comunidad de una misión, sean enviados de nuevo por el Espíritu del Señor a una nueva e importante misión de evangelización. De este modo el texto de los Hechos de los Apóstoles nos hace ver la fuerza y el estímulo que infunde, sin interrupción, el Espíritu Santo en el corazón de los discípulos de Jesús. No hay espacio para detenerse, para lo estático. La misión urge y hay necesidad de salir. De la misma forma la vida cristiana de cada uno, si es vivida en «complicidad con el Espíritu», está en un dinamismo continuo, en fidelidad creativa, impulsada al anuncio del Evangelio.

Esta lectura de los Hechos subraya dos modos a través de los cuales la comunidad y cada cristiano pueden realizar un verdadero discernimiento de la voluntad de Dios. Estos dinamismos espirituales son la oración y el ayuno. Justamente, a través de la oración y el ayuno la comunidad cristiana puede tomar una mayor conciencia del proyecto de Dios. En este hecho encontramos una preciosa indicación válida también para nosotros hoy. Cuando nos disponernos para una búsqueda consciente de la voluntad de Dios tenemos en nuestras manos estos medios: la oración asidua y el ayuno. De esta manera la misión de la Iglesia es fruto de su discernimiento eclesial, esto la edifica y hace que su obrar sea más conforme a la acción del Espíritu.

El evangelista introduce las palabras pronunciadas por Jesús diciendo que gritó con fuerza. Juan en este texto quiere abrirnos al mensaje de salvación de Jesús. Representa la conclusión última de su ministerio público. Es una llamada vehemente a escuchar y guardar su Palabra. Jesús enviado por el Padre, está íntimamente unido a Él, quien lo ve a Él ve al Padre. Su venida al mundo constituye nuestra salvación, lo que ilumina nuestra existencia y humaniza nuestro mundo. ¡Su palabra nos da vida! Por eso, en la actitud que tenemos hacia Él y su Evangelio nos jugamos la plenitud de nuestra vida cristiana. ¿Qué es lo que se expresa en este grito de Jesús? Nos manifiesta el fuerte deseo del corazón de Jesús de ser escuchado, seguido, amado. Este es el sentido del grito de Jesús: él grita para que lo escuchemos, grita para que sigamos su palabra, grita para que dejemos nuestra mediocridad e indiferencia, grita para que finalmente nos decidamos por Él y su evangelio.

Edgardo Guzmán, cmf.