Comentario Domingo V de Pascua

Oración preparatoria

Señor y Hermano nuestro Jesús, Tú dirigiste palabras inefables a tus discípulos en tu última cena. Gracias por habernos mostrado a tu propio Padre como “Padre nuestro” y por habernos regalado tu propia oración, la oración que sólo Tú podías pronnciar. Concédenos:

– orar a Dios con la misma confianza que Tú tenías en Él,
– y “muéstranos al Padre”, revélanos su rostro y su corazón, para vivir, en medio de todo, confiados en Él como un niño en brazos de su Padre.

Tú que vives y reinas con el Padre por los siglos de los siglos. AMEN

 

Jn 15, 1-8

«Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia para que dé más fruto.
3Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he hablado; 4permaneced en mí como yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí no podéis hacer nada.
6Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

7Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis y se realizará para vosotros.

8Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis mucho fruto y seáis discípulos míos».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 
CONTEXTO

“Levantaos, vámonos de aquí”: ésta es la frase inmediatamente anterior al capítulo 15, cuyos primeros versículos son el evangelio de este domingo pascual. En los capítulos 13 y 14 Jesús está despidiéndose de sus discípulos y les promete la venida del Espíritu y la Paz. Se acerca la Pasión, pero no será el final. Llega el tiempo de los discípulos. La frase de levantarse e irse es una llamada al compromiso discipular, que tiene en el evangelio de hoy su concreción: permanecer en Cristo y dar fruto. Al “discurso de la vid” (15,1-8) continúa el “discurso del amor” (15,9-17). Esta larga sección de discursos de Jesús (capítulos 13-17) no sólo prepara la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús (que no es el final de nada), sino la futura misión de sus discípulos, de nosotros.

 
TEXTO

El discurso de la vid forma parte de “los discursos de despedida” y tiene una estructura en tres partes. Como ocurría el domingo pasado con la imagen del Pastor, Jesús se presenta ahora por dos veces como la vid (verdadera): vv. 1 y 5, marcando así una estructura en dos partes, más la conclusión del v. 8. La primera parte (vv. 1-4) tiene como centro (único imperativo del verbo “permanecer”) la orden de Jesús de permanecer en él (v. 4a). La segunda parte (vv. 5-7) tiene como centro el destino infértil del que no permanece en Jesús (v. 6). La conclusión (v. 8) presenta la finalidad de la enseñanza de Jesús: la gloria del Padre, que se basa en los frutos de los discípulos de Jesús. La inclusión “mi Padre” abre y cierra un evangelio cen- trado temáticamente en “permanecer en Cristo” (7 veces) para poder “dar frutos” (6 veces).

 
ELEMENTOS A DESTACAR

• Jesús se presenta por dos veces como la vid, la primera vez como la vid verdadera. La vid era, en el Antiguo Testamento, una imagen de Israel como Pueblo de Dios. De modo que en Jesús nace una comunidad que es el verdadero Pueblo de Dios. Esta imagen se suma a otras (la puerta, el pastor) que aparecen en este contexto de Juan y que realzan la figura de Jesús y su importancia en la vida de la comunidad cuando ésta quiere responder a la voluntad de Dios. La vida creyente (personal y comunitaria) tiene que estar radicada en la persona y el proyecto de Jesús. La Palabra nos pide otra vez considerar el papel que Jesús juega en nuestra vida y hasta qué punto nuestras opciones vitales, de todo tipo, están fundamenta- das en Él.

• Por eso observamos la insistente repetición del verbo “permanecer” (en Jesús). Quien permanece bien fundado en Él, da fruto; al contrario, cuando Jesús no juega un papel fundamental en la vida de los creyentes, los frutos languidecen y la vida cristiana se seca y se hace estéril. A la luz de la experiencia pascual, permanecer en Jesús es perseverar en su proyecto de Reino, comprometerse más y más con el proyecto de Jesús. ¿En qué aspectos de nuestra vida discipular tendríamos que estar más comprometidos y perseverar con mayor ahínco?

• De la permanencia en Jesús depende el “dar frutos”. No está dicho en qué consisten esos frutos, pero un poco más adelante el texto habla repetidamente del amor mutuo, que es nuestro fruto y nuestra misión. Sería bueno pensar en nuestraresponsabilidad para con todos los hermanos, la importancia de una mirada com- pasiva que mueve a la solidaridad efectiva.

• La “gloria de Dios”, ni más ni menos, depende de y se manifiesta en la actividad de los discípulos de Jesús. Es grande nuestro encargo: en un mundo en el que la “fama” de Dios no es precisamente buena, ¿qué hacemos, qué podemos hacer y qué debemos hacer para que el verdadero rostro de Dios Padre sea contemplado y experimentado por quienes nos rodean?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?