Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 5, 27-30

27Habéis oído que fue dicho: ‘No cometerás adulterio’. 28Pero yo os digo: todo el que mire a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

29Si tu ojo derecho te escandaliza, sácalo y arrójalo de ti; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna.

30Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala de ti; porque más te vale que uno de tus miembros se pierda que no que todo tu cuerpo vaya a parar a la gehenna.

Esta segunda antítesis es de construcción similar a la primera: a la verdadera antítesis (vv. 27-28) sigue un añadido (vv. 29-30) con extensa alocución en segunda persona de singular (¡12 veces!). La expresión introductoria y la tesis misma son más breves que en el v. 21. La tesis y la antítesis se relacionan estrechamente en el plano lingüístico: el nexo acontece con ayuda del adulterio (vv. 27 y 28).

  • La «mujer» de la que habla el texto se refiere a la «mujer casada», no a cualquier mujer, porque el verbo presente en el precepto significa «cometer adulterio», no «fornicar». Se usa en el contexto judío únicamente para el varón; así que esta antítesis -y la siguiente- se dirige sólo a varones. “Deseándola” traduce una expresión mateana que designa la intención y no la consecuencia: se trata de miradas intencionadas que tienden a romper un matrimonio ajeno.
  • La forma antitética debe interpretarse de modo similar a los vv. 21-22: Jesús considera tan importante, para el reino de Dios, la integridad de la mujer y la santidad del matrimonio instituido por Dios, que ya la mirada concupiscente de un hombre a una mujer casada constituye un adulterio. Esto significa un endurecimiento extremo del sexto mandamiento: afecta a los impulsos más íntimos del corazón humano (masculino).
  • El añadido de los vv. 29-30 confirma que Mateo entiende el v. 28 como una exigencia de obediencia radical. Aquí no se advierte ninguna tendencia a la atenuación de las exigencias hasta un nivel tolerable. Mateo habla primero de la seducción por el «ojo» porque eso conecta directamente con los vv. 27-28. Pero también la mano es considerada en textos rabínicos como instrumento de adulterio y lascivia. En la historia de la exégesis se ha rechazado la interpretación literal casi unánimemente, por el añadido de «derecho»: ¿por qué el ojo derecho ha de tener una relevancia especial en la inducción al pecado? Lo «derecho» significa simbólicamente «bueno», «valioso», «importante». La doble sentencia es un aviso contra el pecado; para evitarlo hay que ponerlo todo, aun lo más importante y valioso. Porque la limitación a las faltas sexuales fue algo ajeno a la sentencia original. Mateo trata de inducir con estos dichos a una praxis vital radical, sin componendas, en la línea de la segunda antítesis. Para él tenía especial importancia la advertencia sobre la condenación en el juicio final (cf. vv. 25-26). No es casual que en la primera y la segunda antítesis aparezca la palabra «gehenna» y que ambas concluyan con una visión de la posibilidad de condena.
  • La tradición eclesial ha explicado los dichos alegóricamente: «ojo» y «mano» han sugerido el espíritu codicioso, el mal pensamiento, los fines torcidos de la voluntad. San Juan Crisóstomo los aplicaba a los falsos amigos, también parientes y allegados, que es preciso dejar por causa del evangelio, aunque se los quiera como a la niña de los ojos. Estos campos de aplicación son importantes, porque apuntan a la apertura de ambos dichos. Son además interesantes, porque muestran que la Iglesia antigua consideraba los textos bíblicos como textos abiertos.
  • La explicación no logra despojar a este texto de sus efectos ambivalentes, sobre todo en el terreno de una ética sexual de la Iglesia marcada por la hostilidad al sexo. No se logra interpretar de modo convincente a partir de la nueva apertura que Jesús muestra en otros pasajes en sus relaciones con mujeres. Texto ambivalente: junto al espanto por las sombras que arrojó sobre la historia de la Iglesia, no debemos pasar por alto sus potenciales de sentido positivo. Entre ellos, su noción integral del ser humano, que no permite una separación entre lo de dentro y lo de fuera; también la exhortación a los varones, «favorecidos» en aquella época, a no olvidar que también a ellos se les exige la plena obediencia del corazón.