Meditación – Miércoles IV de Pascua

Hoy es miércoles IV de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 12, 44-50):

En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí».

Hoy leemos que creer en Jesús y verle es creer y ver al Padre. Si el texto dijera solamente: “el que cree en mí, no cree en mí”, sería contradictorio. Si dijera: “el que cree en mí, cree en aquel que me ha enviado”, remitiría a la vez a Jesús y al Padre que le envía, y sería muy claro. 

¿Por qué, pues, Jesús intercala una afirmación negativa (“no cree en mí”) que, de entrada, dificulta la comprensión de lo que transmite? La respuesta es: porque Jesús, si bien no es diferente del Padre, sí que es “distinto” del Padre: nos hallamos ante una de las expresiones del misterio trinitario. Así pues, Jesús, a la vez, no es el Padre (es el Hijo); es lo mismo que el Padre (es Dios) y es criatura como nosotros (es hombre).

—Señor, dame una fe profunda y una empatía totalmente amorosa para amarte como Hombre perfecto, como el santo de Dios.

+ Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret

Liturgia – Miércoles IV de Pascua

MIÉRCOLES IV DE PASCUA, feria

Misa de la feria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Pascual.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 12, 24 – 13, 5a. Apartadme a Bernabé y a Saulo.
  • Sal 66.Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
  • Jn 12, 44-50.Yo he venido al mundo como luz.

Antífona de entrada           Cf. Sal 17, 50; 21, 23
Te daré gracias entre las naciones, Señor; contaré tu fama a mis hermanos. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
De nuevo nos hemos reunido para dar gracias al Señor en la celebración de la Eucaristía, para recibir de ella la fuerza para contar a nuestros hermanos la fama del Señor. Ahora, al comenzar la celebración de los sagrados misterios, le pedimos su gracia salvadora reconociendo que estamos necesitados de su misericordia para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.

• Tú, que has venido al mundo como luz. Señor, ten piedad.
• Tú, que riges el mundo con justicia. Cristo, ten piedad.
• Tú, que hablas lo que te ha ordenado el Padre. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios, vida de los fieles,
gloria de los humildes
y felicidad de los justos,
escucha con bondad nuestras súplicas,
para que se vean siempre colmados de tus dones
los que tienen sed de las promesas de tu generosidad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Unamos ahora, hermanos, nuestras peticiones a Cristo, que está a la derecha del Padre intercediendo por nosotros.

1.- Por el Papa y los obispos, por los que en este tiempo pascual serán incorporados más plenamente al pueblo de Dios; para que, como Jesús, pasemos haciendo el bien. Roguemos al Señor.

2.- Por los jóvenes cristianos; para que no hagan oídos sordos a la voz de Jesús, que les llama a consagrar su vida a ser otros Cristos en el sacerdocio. Roguemos al Señor.

3.- Por los gobernantes de las naciones y cuantos se ocupan del crecimiento de los bienes de esta tierra; para que respeten los derechos de los ciudadanos y trabajen por lo que conduce a la dignidad de la persona. Roguemos al Señor.

4.- Por los enfermos y angustiados, por todos los que sufren; para que su experiencia de dolor llegue a ser una puerta a la esperanza de la resurrección. Roguemos al Señor.

5.- Por cuantos participamos con gozo en esta celebración; para que, alimentados por Cristo, seamos verdaderos testigos de su vida. Roguemos al Señor.

Tú, Señor, que nos has salvado por el misterio pascual de tu Hijo, escucha nuestra oración y continúa favoreciendo al pueblo que te suplica y se dispone a gustar en el cielo la alegría que ya participa en la tierra. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios,
que nos haces partícipes de tu única y suprema divinidad
por el admirable intercambio de este sacrificio,
concédenos alcanzar en una vida santa
la realidad que hemos conocido en ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual I

Antífona de comunión          Cf. Jn 15, 16. 19
Dice el Señor: «Yo os he escogido sacándoos del mundo y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca». Aleluya.

Oración después de la comunión
A
SISTE, Señor, a tu pueblo

y haz que pasemos del antiguo pecado
a la vida nueva
los que hemos sido alimentados
con los sacramentos del cielo
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
TE pedimos, Señor,

que guardes a tu familia concédele en tu bondad
la abundancia de tu misericordia,
para que se multiplique con las enseñanzas
y los dones del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 28 de abril

SAN PABLO DE LA CRUZ, Fundador de los Clérigos Descalzos de la Santa Cruz y Pasión (1775 d.C)

 

San Pablo de la Cruz, fundador de los pasionistas, nació en Ovada, en la República de Génova, en 1604,casi al mismo tiempo que Voltaire. Pablo Francisco era el hijo mayor de Lucas Danei, hombre de negocios de buena familia. Tanto éste como su esposa eran excelentes cristianos. Siempre que Pablo empezaba a llorar por cualquier motivo, su madre le mostraba el crucifijo y le hablaba de los sufrimientos de Cristo. Así, fue formando poco a poco en el niño, la gran devoción a la Pasión, que había de distinguirle toda su vida. El padre de Francisco leía en familia las vidas de los santos y exhortaba a sus hijos a guardarse de los peligros del juego y de los pleitos. Aunque Pablo era una de esas almas selectas que se entregan a Dios desde la infancia, a los quince años, un sermón que oyó le dejó convencido de que no correspondía suficientemente a la gracia. Así pues, luego de hacer una confesión general, emprendió una vida de austeridad: dormía en el suelo, pasaba varias horas de la noche en oración y tomaba severas disciplinas. En estas prácticas le imitaba su hermano, Juan Bautista, dos años menor que él. También fundó una especie de sociedad de santificación mutua con sus amigos, varios de los cuales entraron más tarde en la vida religiosa. En 1714, Pablo partió a Venecia para responder al llamado del Papa Clemente XI, quien había pedido voluntarios para la guerra contra los turcos; pero un año después se dio de baja, convencido de que no estaba hecho para la vida militar. Sintiendo que Dios no le llamaba tampoco a una vida ordinaria en el mundo, rechazó una cuantiosa herencia y un matrimonio brillante. Pero antes de que él o sus directores lograsen descubrir su verdadera devoción, vivió varios años en casa de sus padres, en Castellazzo de Lombardía, donde mediante la práctica constante de la oración, alcanzó un alto grado de contemplación.

En tres extraordinarias visiones que tuvo, en 1720, observó un hábito negro sobre el que estaba grabado el nombre de Jesús, en caracteres blancos, bajo una cruz, a la altura del pecho. En la tercera de esas visiones, la Santísima Virgen, vestida con el hábito negro, le ordenó que fundase una congregación cuyos miembros vistiesen ese hábito y sufriesen constantemente por la pasión y muerte de Cristo. Pablo presentó por escrito un relato de sus visiones al obispo de Alejandría, el cual consultó con varias personas de autoridad, entre las que se contaba el capuchino Columbano de Génova, antiguo director espiritual de Pablo. Conociendo la heroica vida de virtud y oración que el joven había llevado desde niño, todos declararon que se trataba, realmente, de una vocación señalada por Dios. Entonces, el obispo autorizó a Pablo a seguir el divino llamamiento y le confirió el hábito negro. La insignia de la cruz la reservó hasta que el Papa aprobase la nueva fundación. Pablo empezó inmediatamente a redactar las reglas de la futura congregación. Durante cuarenta días se retiró a una oscura y húmeda celda triangular, contigua a la sacristía de la iglesia de San Carlos de Castellazzo, donde vivió a pan y agua y durmió en un lecho de paja. Las reglas que redactó entonces, sin consultar ningún libro, son sustancialmente las mismas que observan actualmente los pasionistas.

Después de ese retiro, permaneció algún tiempo con Juan Bautista y otro discípulo, en las cercanías de Castellazzo, ayudando al clero en la catequesis y dando misiones con gran éxito. Pero pronto comprendió que, para cumplir plenamente su misión, necesitaba la aprobación de Roma. Así pues, descalzo, con la cabeza descubierta y sin un centavo en la bolsa, emprendió el viaje a la Ciudad Eterna. En Génova dejó a su hermano Juan Bautista. En cuanto llegó a Roma, se presentó en el Vaticano; pero, como no tenía credenciales, no pudo entrar. Pablo vio en ello una señal de que todavía no sonaba la hora de Dios y emprendió tranquilamente el viaje de vuelta. Pasó por las solitarias laderas de Monte Argentaro, que el mar separa casi enteramente de la península. El sitio le impresionó tanto, que poco después volvió con Juan Bautista, decidido a llevar en una de las ermitas abandonadas en aquel lugar, una vida tan austera como la de los padres del desierto. Más tarde, pasaron algún tiempo en Roma, donde recibieron las órdenes sagradas; pero en 1727, retornaron a Monte Argentaro, con la intención de fundar el primer noviciado, para el cual habían recibido ya la autorización pontificia.

En la empresa tuvieron que hacer frente a numerosas dificultades. Todos los primeros candidatos encontraron demasiado duro el régimen de vida y se volvieron atrás. Por otra parte, a causa de la amenaza de la guerra, los bienhechores no pudieron cumplir sus promesas. Finalmente, se desató una grave epidemia en los pueblos de los alrededores. Pablo y Juan Bautista, que habían recibido en Roma facultades de misioneros, se consagraron a dar los últimos sacramentos a los agonizantes, a cuidar a los enfermos y a reconciliar con Dios a los pecadores. Las misiones que predicaron por entonces tuvieron tal éxito, que pronto empezaron a llamarles de otros pueblos. Igualmente, solicitaron la admisión varios nuevos novicios (de los que no todos perseveraron) y, en 1737, se acabó de construir el primer “retiro” o monasterio pasionista. A partir de entonces, la congregación empezó a florecer, aunque las pruebas y decepciones no escasearon. En 1741, Benedicto XIV aprobó las reglas, un tanto mitigadas, e inmediatamente aumentó el número de vocaciones para la congregación. Seis años después, cuando los pasionistas tenían ya tres casas, se reunieron en capítulo general. Ya para entonces, la fama de sus misiones y de la austeridad de su vida se había divulgado por toda Italia. San Pablo en persona evangelizó casi todas las ciudades de los Estados Pontificios y la región de Toscana. El tema constante de su predicación era la Pasión de Cristo. Con una cruz en la mano y los brazos extendidos, el santo hablaba de los sufrimientos del Señor, en forma que conmovía aun a los más duros. Cuando se disciplinaba violentamente en público por los pecados del pueblo, hacía llorar aun a los soldados y a los bandoleros. Uh oficial que asistió a una de las misiones confesó al santo: “Padre, yo he estado en muchas batallas, sin pestañear siquiera al tronar del cañón, pero la voz de vuestra reverencia me hace temblar de pies a cabeza”. El apóstol trataba tiernamente a los penitentes en el confesionario, confirmándolos en sus buenos propósitos, exhortándolos a cambiar de vida y sugiriéndoles medios prácticos para perseverar en el buen camino.

Dios colmó a San Pablo de la Cruz de dones extraordinarios. El santo predijo el futuro, curó a muchos enfermos y, aun en su vida mortal, se apareció en varias ocasiones a personas que se hallaban muy distantes del sitio en que él se encontraba. En las ciudades, las gentes se arremolinaban a su alrededor, tratando de tocarle y de arrancarle un fragmento del hábito para guardarlo como reliquia, a pesar de que él desechaba toda muestra de veneración. En 1765, San Pablo tuvo la pena de perder a su hermano Juan Bautista, del que nunca se había separado y con quien le unía un cariño extraordinario. De temperamento muy diferente, ambos hermanos se completaban el uno al otro y luchaban juntos por adquirir la perfección. Desde que habían recibido la ordenación sacerdotal, se había confesado el uno con el otro, ejerciendo por turno el oficio de jueces. La única vez en que no estuvieron de acuerdo fue el día que Juan Bautista se atrevió a alabar a su hermano en su presencia. Ello hirió tan profundamente la humildad de San Pablo, que prohibió a su hermano que le dirigiese la palabra, lo cual resultó ser una penitencia tan dura para uno como para el otro. La nube de la desavenencia se esfumó finalmente al tercer día, cuando Juan Bautista pidió de rodillas perdón a su hermano. Jamás volvió a haber una dificultad entre ellos. En memoria de la amistad que los había unido, el Papa Clemente XIV confió, muchos años más tarde, a San Pablo de la Cruz, la basílica romana de San Juan y San Pablo.

En 1769, Clemente XIV aprobó definitivamente la nueva congregación. San Pablo hubiese querido retirarse entonces a la soledad, pues su salud se había debilitado mucho y el siervo de Dios consideraba terminada su tarea. Pero sus hijos se resistieron a cambiar de superior, y el Papa, que tenían gran cariño por el santo, quiso que pasase en Roma una temporada. Durante sus últimos años, San Pablo de la Cruz se consagró a la fundación de las religiosas pasionistas. Después de muchas dificultades, se inauguró en 1771 el primer convento, en Corneto; pero la mala salud del fundador le impidió asistir a la ceremonia y nunca llegó a ver a sus hijas espirituales vestidas con el hábito. Sintiéndose ya muy enfermo, mandó pedir al Papa su bendición, pero el Pontífice le respondió que la Iglesia necesitaba que viviese algunos años más. San Pablo mejoró un poco y vivió todavía tres años. Su muerte ocurrió el 18 de octubre de 1775, cuando tenía ochenta años. Su canonización tuvo lugar en 1867, cuando se estableció la fecha del 28 de abril para su fiesta.

 

Aparte de los testimonios del proceso de beatificación, la aportación más importante que se ha hecho a la historia de San Pablo de la Cruz es la publicación de sus cartas en cuatro volúmenes: Lettere di S. Paolo della Croce, disposte ed annotate dal P. Amedeo della Madre del Buon Pastore (1924). Merece especial atención el diario espiritual de los cuarenta días de retiro en Castellazzo, en 1720, pues revela, más que cualquier otro documento, el trabajo de la gracia en el alma del santo. Existen numerosas biografías en varios idiomas. La primera fue la que escribió San Vicente Strambi, traducida al inglés, en tres volúmenes, en 1853; incluida en la colección del Oratorio. En 1924, apareció una edición corregida de la obra del P. Pío del Espíritu Santo; ver también Hunter of Souh (1946), del P. Edmund, C.P. Habría que citar muchas otras biografías, pero la longitud de los nombres religiosos de sus autores —Pío del Nombre de María, Luis de Jesús Agonizante, Amadeo de la Madre del Buen Pastor, etc.—, harían la lista demasiado larga.

Alban Butler

Laudes – Miércoles IV de Pascua

LAUDES

MIÉRCOLES IV DE PASCUA

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

 

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 23: ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

Cristo,
alegría del mundo,
resplandor de la gloria del Padre.
¡Bendita la mañana
que anuncia tu esplendor al universo!

En el día primero,
tu resurrección alegraba
el corazón del Padre.
En el día primero,
vio que todas las cosas eran buenas
porque participaban de tu gloria.

La mañana celebra
tu resurrección y se alegra
con claridad de Pascua.
Se levanta la tierra
como un joven discípulo en tu busca,
sabiendo que el sepulcro está vacío.

En la clara mañana,
tu sagrada luz se difunde
como una gracia nueva.
Que nosotros vivamos
como hijos de luz y no pequemos
contra la claridad de tu presencia. Amén.

 

SALMO 107: ALABANZA AL SEÑOR Y PETICIÓN DE AUXILIO

Ant. Elévate sobre el cielo, Dios mío. Aleluya.

Dios mío, mi corazón está firme,
para ti cantaré y tocaré, gloria mía.
Despertad, cítara y arpa
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria;
para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos responda.

Dios habló en su santuario;
«Triunfaré, ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;

mío es Galaad, mío Manasés,
Efraín es yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;

Moab, una jofaina para lavarme;
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»

Pero, ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a Edom,
si tú, oh Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas?

Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Elévate sobre el cielo, Dios mío. Aleluya.

 

CÁNTICO de ISAÍAS: ALEGRÍA DEL PROFETA ANTE LA NUEVA JERUSALÉN

Ant. El Señor ha hecho brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos. Aleluya.

Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novio que se pone la corona,
o novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos ante todos los pueblos.

Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia,
y su salvación llamee como antorcha.

Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciando por la boca del Señor.

Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán «Abandonada»,
ni a tu tierra «Devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra «Desposada»,
porque el Señor te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido.

Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará tu Dios contigo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor ha hecho brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos. Aleluya.

 

SALMO 145: FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS

Ant. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión. Aleluya.

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión. Aleluya.

 

LECTURA: Rm 6, 8-11

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

 

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «Yo he venido al mundo como luz —dice el Señor— y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.» Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Yo he venido al mundo como luz —dice el Señor— y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.» Aleluya.

 

PRECES

Dirijámonos a Dios, que hizo ver a Jesús resucitado a los apóstoles, y digámosle suplicantes:

Ilumínanos, Señor, con la claridad de Cristo.

Dios, Padre de los astros, te aclamamos con acción de gracias esta mañana, porque nos has llamado a entrar en tu luz maravillosa
— y te has compadecido de nosotros.

Haz, Señor, que la fuerza del Espíritu Santo nos purifique y nos fortalezca,
— para que trabajemos por hacer más humana la vida de los hombres.

Haz que nos entreguemos de tal modo al servicio de nuestros hermanos
— que logremos hacer de la familia humana una ofrenda agradable a tus ojos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Llénanos, desde el principio de este nuevo día, de tu misericordia,
— para que en toda nuestra jornada encontremos nuestro gozo en alabarte.

 

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

 

ORACION

Señor, tú que eres la vida de los fieles, la gloria de los humildes la felicidad de los santos, escucha nuestras súplicas y sacia con la abundancia de tus dones a los que tienen sed de tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.