Vísperas – Santa Catalina de Siena

VÍSPERAS

SANTA CATALINA DE SIENA, virgen y doctora de la Iglesia

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

La gracia de mujer es toda Gracia,
lirios de Dios de eterna primavera,
vosotras sois mujer sin la falacia
de encantos de virtud perecedera.

Bella la creación que dio a estas flores
su cáliz virginal y el dulce encanto
del amor del Señor de sus amores,
eterna melodía de su canto.

Llamó el divino Amor a vuestra puerta,
el corazón de par en par abristeis,
si grande fue la siembra en vuestra huerta,
frondosa es la cosecha que le disteis.

Demos gracias a Dios por las estrellas
que brillan en la noche de la vida,
es la luz de la fe que fulge en ellas
con amor y esperanza sin medida Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Quiero ser solamente tuya, oh Cristo esposo; a ti vengo con mi lámpara encendida. Aleluya.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Quiero ser solamente tuya, oh Cristo esposo; a ti vengo con mi lámpara encendida. Aleluya.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Aleluya.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Aleluya.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Mi alma se siente firme, está cimentada en Cristo, el Señor. Aleluya.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi alma se siente firme, está cimentada en Cristo, el Señor. Aleluya.

LECTURA: 1Co 7, 32. 34

El soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma.

RESPONSORIO BREVE

R/ Llevan ante el rey al séquito de vírgenes; las traen entre alegrías. Aleluya, aleluya.
V/ Llevan ante el rey al séquito de vírgenes; las traen entre alegrías. Aleluya, aleluya.

R/ Van entrando en el palacio real.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Llevan ante el rey al séquito de vírgenes; las traen entre alegrías. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Santa Catalina, siempre y en todas partes, buscaban, encontraba y estaba unida a Dios por medio de un afecto amoroso nunca interrumpido. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Santa Catalina, siempre y en todas partes, buscaban, encontraba y estaba unida a Dios por medio de un afecto amoroso nunca interrumpido. Aleluya.

PRECES
Bendigamos a Dios, solícito y providente para con todos los hombres, e invoquémosle, diciendo:

Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.

Oh Cristo, que como esposo amante colocaste junto a ti a la Iglesia, sin mancha ni arruga,
— haz que esta Iglesia sea siempre santa e inmaculada.

Oh Cristo, a cuyo encuentro salieron las vírgenes santas con sus lámparas encendidas,
— no permitas que falte nunca el óleo de la fidelidad en las lámparas de las vírgenes que se han consagrado a ti.

Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen ha guardado siempre fidelidad intacta y pura,
— concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.

Tú que concedes hoy a tu pueblo alegrase por la festividad de santa Catalina de Siena virgen,
— concédele también gozar siempre de su valiosa intercesión.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas,
— admite benigno a los difuntos en el convite festivo de tu reino.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que hiciste a santa Catalina de Siena arder de amor divino en la contemplación de la pasión de tu Hijo y en su entrega al servicio de la Iglesia, concédenos, por su intercesión, vivir asociados al misterio de Cristo par que podamos llenarnos de alegría con la manifestación de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves IV de Pascua

1.- Oración Introductoria.

Hoy, Señor, quiero que me enseñes a rezar. Yo descubro que en la oración que Tú haces, lo primero que sale de tu boca no es pedir, sino alabar, bendecir, agradecer al Padre. Yo soy un eterno pedigüeño, no hago otra cosa que pedir. Enséñame a ser agradecido, a poner a Dios como centro de mi vida, a saber disfrutar viendo lo grande, lo maravilloso, lo inabarcable que es el Padre. Haz que en la oración lo importante no sea yo ni lo que voy a pedirte, sino Tú, tu belleza, tu encanto, tu cercanía, tu amor.  Dame, Señor, tu Santo Espíritu.

2.- Lectura reposada del Evangelio, Mt. 11, 25-30

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

En este evangelio Jesús nos va a revelar algo muy íntimo, muy personal. Se trata de la relación con su Padre. El Padre le ha entregado todo a Jesús y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien se lo quiera revelar. Esta íntima e inefable manifestación no lo puede revelar a cualquiera, sino a los pequeños, a los que tienen alma y corazón de niño. No se manifiesta a los “sabios y entendidos”. Estos están tomados en sentido peyorativo. Son los “sabiondos”, los que tanto saben que sólo aceptan a Dios si lo pueden entender y demostrar. Dios es sólo objeto de su ciencia. A éstos el libro de la Sabiduría los califica de “insensatos”. Vieron las maravillas de la Creación y no se toparon con el Creador. A los pequeños Jesús les manifiesta el misterio de la Trinidad. Un Dios que arde en tres llamaradas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres llamaradas de amor. Por otra parte, Jesús les invita a descansar en Él “Yo seré vuestro descanso”. En este mundo sólo descansamos cuando estamos con las personas que amamos. Como todos somos muy limitados, nuestro descanso siempre es insuficiente. Pero cuando nos encontramos con Jesús, nuestro descanso llega a plenitud.

Palabra del Papa

La verdadera sabiduría viene también del corazón, no es solamente entender ideas, la verdadera sabiduría entra también en el corazón y si tú sabes tantas cosas, pero tienes el corazón cerrado, tú no eres sabio”, destacó el Santo Padre.

En este sentido, el Papa invitó a tener “el corazón abierto y confiado hacia el Señor” ya que “Jesús dice que los misterios de su Padre han sido revelados a los ‘pequeños’, a los que se abren con confianza a su Palabra de salvación, abren el corazón a la palabra de salvación, sienten la necesidad de Él y esperan todo de Él”.

Luego, el Pontífice resaltó que “Jesús explica que ha recibido todo del Padre” y que “lo llama ‘mi Padre’, para afirmar la unicidad de su relación con Él” y agregó que “de hecho, solo entre el Hijo y el Padre hay total reciprocidad: el uno conoce al otro, el uno vive en el otro. Pero esta comunión única es como una flor que brota, para revelar gratuitamente su belleza y su bondad. Y de aquí? la invitación de Jesús: ‘Ven a mí…’”. (Roma, 5-Julio-2020) Papa francisco.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Silencio)

5.- Propósito: Hoy haré una oración de alabanza y acción de gracias. No pensaré en mí ni en mis cosas, sino en Dios y en lo que a Él le agrada.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, por tantas cosas bonitas que me has manifestado en este encuentro contigo. Me has llevado de la mano hasta el mismo corazón del Padre y he quedado sorprendido y entusiasmado por ese amor tan grande y maravilloso. Y también te doy gracias porque he experimentado que la verdadera sabiduría está en el corazón. Dame un corazón sencillo, humilde, lo más parecido al corazón de tu Madre.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Sólo el amor construye (Amor)

Me convencí de que sólo el amor aproxima lo que es diferente y realiza la unión en la diversidad. Las palabras de Cristo: Un precepto nuevo os doy: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado (Jn 13, 34), me parecían entonces, por encima de su inigualable profundidad teológica, como germen y principio de la única transformación lo suficientemente radical como para ser apreciada por un joven. Germen y principio de la única revolución que no traiciona al hombre Sólo el amor verdadero construye (Juan Pablo II, Alocución I-VII-1980).

Cada uno de los hombres -y toda la humanidad- vive “entre” el amor y el odio. Si no acepta el amor, el odio encontrará fácilmente acceso a su corazón y comenzará a invadirlo cada vez más, trayendo frutos siempre más venenosos (Juan Pablo II, Homilía 3-II-1980).

Jesús es el Hijo único de María. Pero la maternidad espiritual de María se extiende a todos los hombres, a los cuales Él vino a salvar: “Dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el Primogénito entre muchos hermanos (Rm 8, 29), es decir, de los creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de madre” (LG 63).

Comentario – Jueves IV de Pascua

(Jn 13, 16-20)

Jesús ha lavado los pies de sus Apóstoles, se ha inclinado humildemente ante sus servidores, se puso a los pies de sus criaturas para lavarlas. Él, que se dejó lavar los pies por su amiga María (12, 3), que se dejó amar y servir por sus amigos, no aparece como un rey que busca honores y comodidades, porque él mismo realizó el gesto de ponerse de rodillas ante los demás. El es un rey que reina sirviendo.

Al terminar este gesto, Jesús les hace notar que si ellos son sus discípulos no pueden obrar de otra manera, no pueden pretender honores, gloria, puestos y lugares destacados. Su misión es la misma que la del Maestro, inclinarse a servir a los demás con humildad y sencillez. Lo dice claramente: “Les di ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes” (13, 15). Pero también enseña que esta humildad no produce tristeza, debilidad, no es anularse a sí mismo, sino que produce la verdadera felicidad, es una liberación, es gozo y vida nueva: “Si lo saben y lo cumplen, serán felices” (v. 17).

Sin embargo uno de los apóstoles no acepta esa humillación, quiere un Mesías dominante, y quiere reinar al lado de un triunfador mundano, y por eso renuncia a ese camino de felicidad que Cristo propone.

No basta admirar a Jesús, no basta ser sus discípulos; es necesario permitirle también que transforme nuestras opciones y nuestra forma de actuar, que sane nuestro deseo de dominio y de apariencia y nos infunda deseos de servir humildemente, que nos haga vivir esa alegría del servicio desinteresado que nunca podremos encontrar buscándonos a nosotros mismos. Por eso decía un pensador: “Si no tomamos la responsabilidad de servir a los demás, el sufrimiento será ilimitado. Pero cuando desarrollamos una mente amplia y sentimos compasión por los otros, eso es altamente beneficioso para nosotros mismos… Cuanto más nos ocupemos de la felicidad de los demás, mayor será nuestra sensación de bienestar”.

Oración:

“Jesús, te doy gracias por tu ejemplo de humildad y de servicio, porque no buscaste la gloria mundana, y me propones un camino de libertad interior y de alegría, sin las ataduras de la vanidad, la apariencia y la sed de poder”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

CAPÍTULO I

DIGNIDAD DEL MATRIMONIO Y DE LA FAMILIA

El matrimonio y la familia en el mundo actual

47. El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar. Por eso los cristianos, junto con todos lo que tienen en gran estima a esta comunidad, se alegran sinceramente de los varios medios que permiten hoy a los hombres avanzar en el fomento de esta comunidad de amor y en el respeto a la vida y que ayudan a los esposos y padres en el cumplimiento de su excelsa misión; de ellos esperan, además, los mejores resultados y se afanan por promoverlos.

Sin embargo, la dignidad de esta institución no brilla en todas partes con el mismo esplendor, puesto que está oscurecida por la poligamia, la epidemia del divorcio, el llamado amor libre y otras deformaciones; es más, el amor matrimonial queda frecuentemente profanado por el egoísmo, el hedonismo y los usos ilícitos contra la generación. Por otra parte, la actual situación económico, social-psicológica y civil son origen de fuertes perturbaciones para la familia. En determinadas regiones del universo, finalmente, se observan con preocupación los problemas nacidos del incremento demográfico. Todo lo cual suscita angustia en las conciencias. Y, sin embargo, un hecho muestra bien el vigor y la solidez de la institución matrimonial y familiar: las profundas transformaciones de la sociedad contemporánea, a pesar de las dificultades a que han dado origen, con muchísima frecuencia manifiestan, de varios modos, la verdadera naturaleza de tal institución.

Por tanto el Concilio, con la exposición más clara de algunos puntos capitales de la doctrina de la Iglesia, pretende iluminar y fortalecer a los cristianos y a todos los hombres que se esfuerzan por garantizar y promover la intrínseca dignidad del estado matrimonial y su valor eximio.

El desplante a Dios

1.- En una expedición a la montaña, el responsable, ordenó encender una gran hoguera para hacer más visible el grupo y para que, la noche, resultará confortable. En un momento dado, y debido a una ráfaga de viento, el fuego comenzó a propagarse con fuerza. Todos, sin pensarlo, cogieron agua de un riachuelo cercano y comenzaron a lanzarla con fuerza. Uno de ellos, ante la gravedad del momento, exclamó: ¡al humo no! ¡al fuego¡ ¡al fuego!

Estamos en la V Semana de la Pascua. Dios, hace dos mil años, que plantó una vid en la tierra, para alegría y deleite del hombre.

Desde esa vid que es Jesús, la Iglesia ha ido dando sus frutos. En torno a ese “fuego” ha ido calentando motores, ilusionando vidas heroicas, levantando templos, creando comunidades cristianas y saliendo victoriosa de numerosas pruebas como las que, por ejemplo, nos narran los Hechos en la primera lectura.

2.-“A mal tiempo, buena cara” dice el viejo refrán. Una por una, y sobre todo en época de debilidad, hay que agarrarse a lo fundamental. Apuntar a ese fuego que da calor en medio de nuestra frialdad y que pone a punto el gran cocido de nuestra vida cristiana.

¡Al humo no¡ ¡Al fuego! Hemos escuchado la anécdota ilustrativa del principio. Y es verdad; ¡Al palo seco no! ¡A Jesús sí! A El nos tenemos que aferrar.

La perseverancia en nuestras acciones, en el afán evangelizador etc., no nos viene asegurado por pertenecer a un determinado grupo; por elegir una orientación X para nuestra pastoral; por exponer que, una visión o concepción de la iglesia, es más pura y más auténtica que otra. El éxito evangélico, el buen fruto de nuestro ser y obrar nos viene por la comunión con Jesucristo. Si ponemos a Jesús en el centro, y no nos dejamos cegar por el humo de lo pasajero, no habrá empresa que se nos resista; ideal inalcanzable; prueba que no pueda ser combatida.

¿Peligros actuales? Muchos. Dentro y fuera de la iglesia. No podemos conformarnos con lamentarnos de que, los problemas del exterior, nos condicionan. A veces, incluso, decir eso, puede quedar bonito pero ser una buena excusa para seguir igual.

En el fondo, lo más resbaladizo para que la Iglesia no fructifique en la cantidad y en la calidad que el Evangelio nos exige, es que muchos de nosotros pensamos que somos vid (cuando somos sarmientos); nos creemos fuego (cuando a veces sólo echamos humo) y nos creemos tan perfectos y tan seguros de la verdad que, normalmente, la poda de la cual nos habla el evangelio de hoy, la encargamos para el vecino de enfrente y no para cada uno de nosotros.

3.- Muchos hermanos nuestros han caído en una tentación: pensar que fuera de la iglesia se puede vivir con más libertad. Que, el estar dentro de ella, conlleva más morir que vivir. Luego, pasa lo que pasa; el mundo los olvida y, lejos de darles respuestas, los dejan a la intemperie de una sociedad donde el materialismo todo lo consume y hace arder hasta lo más santo y noble que teníamos. ¿Resultado? Una sociedad calcinada de valores.

Sí, amigos. Un riesgo actual, como dicen los jóvenes de hoy, es “el ir a nuestra bola”. Intentar empezar de cero sin ayuda de nadie. Creer que todo lo pasado es falso y que, sólo lo que hago yo, es lo verdaderamente válido. Que sin Dios, todo y con El, secos.

Por eso, hay que agarrarse a lo fundamental. Y el principio esencial y básico es, ni más ni menos, ese Jesús transfusión de vida, de fuerza, de amor, de perdón y de ganas de batallar –en medio de nuestro mundo- para promover unos valores muy distintos a los que dominan o quieren regir y hacernos digerir en esta sociedad nuestra.

¡Qué evangelio tan globalizantemente bueno! ¡Permaneced unidos a mí! Mientras la tierra se disecciona y se rompe por tantos motivos (con tantos podadores sin profesionalidad y sin criterio) Jesús nos invita a poner nuestras raíces en El. El fruto y el futuro estarán garantizados.

Y, mientras Dios, planta y vuelve a plantar su vid en medio de la tierra, el hombre, erre que erre, intentando hacer un desplante a ese intento amoroso de Dios: ¿Contigo? ¡Ni agua! Luego, eso sí, se quejarán de que tienen sed. De que el mundo, en vez de vino añejo, les reservó –al final de todo- una buena dosis de vinagre.

¿En qué se puede notar que estamos unidos –de verdad- al Señor? En la forma de pedir. Quien pide con fe y con comunión verdadera, todo lo consigue.

Y no lo digo yo, lo dice el evangelio.

QUIERO SER SARMIENTO

Sarmiento con savia; para sentir que te pertenezco, Señor.
Sarmiento con cuerpo; para sostener abundancia de fruto
Sarmiento que se doble; para que pueda ofrecer el perdón
Sarmiento que sea fuerte; para que pueda resistir los vientos del combate
Sarmiento dócil; para que entre en mi casa, quien llame a mi puerta
Sarmiento humilde; para purificarme de las yemas que no dan fruto
Sarmiento limpio; para que todo lo que haga sea digno de Ti
Sarmiento sencillo; para que no pretenda lo que no pueda dar
Sarmiento unido a la vid; para que no muera en la soledad
Sarmiento reconociendo a la vid; para que sea siervo suyo
Sarmiento viviendo de la vid; para que no me lo crea demasiado
Sarmiento explotando en yemas; para que me sienta útil
Sarmiento dejándome cuidar; para que busque la perfección
Sarmiento con el abono de la oración; para que me des lo que pida
Sarmiento con el agua de la fe; para que no me impaciente
Sarmiento con el vino de la esperanza; para que no desespere
Sarmiento en compañía de otros; para que viva en familia cristiana
Sarmiento flexible; para que el Espíritu me moldee
Sarmiento firme; para que los caprichos no me seduzcan
Sarmiento recio; para que pueda sostener los racimos del amor
Sarmiento prudente; para que otros encuentren en mí serenidad
Sarmiento alegre; para que transforme la tristeza en alegría
Sarmiento mirando al cielo; para que nadie me corte y me deje tirado en la tierra
Sarmiento mirando a la tierra; para que no olvide de dar el grano necesario

Javier Leoz

El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante

«Yo soy la vid verdadera y mi Padre el viñador. Él corta todos los sarmientos que no dan fruto en mí, y limpia los que dan fruto para que den más. Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he dicho. Seguid unidos a mí, que yo lo seguiré estando con vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la vid, así tampoco vosotros si no estáis unidos a mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo en él, da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no está unido a mí se lo echa fuera, como a los sarmientos, que se los amontona, se secan y se los prende fuego para que se quemen. Si estáis unidos a mí y mis enseñanzas permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y se os concederá». «Mi Padre es glorificado si dais mucho fruto y sois mis discípulos.

Juan 15, 1-8

COMENTARIO AL EVANGELIO

Si no estamos unidos a Jesús, no podemos dar fruto. Esto es fácil de entender. Debemos estar siempre unidos a Jesús para poder dar fruto. Muchas veces, cuando nos van mal las cosas, no queremos escuchar a nadie y queremos resolver los problemas nosotros solos.

Pues Jesús nos dice que permanezcamos unidos entre nosotros y que estemos siempre unidos a Él.

Nos cuesta demasiado entender que no podemos ir por libre, que evangelizar es algo que debemos hacer en comunidad. Y a veces vivimos en un mundo que nos anima a solucionar los problema solos. Pero la fe se vive con otros, en comunión.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Seguro que conoces cosas que hacemos en la Iglesia que dan mucho fruto como quiere el Señor. Escribe algunas.
  • ¿Por qué nos dice Jesús que no nos podemos separar de Él? ¿Podemos vivir la fe en solitario, sin estar con otros creyentes?
  • Piensa en algo que podéis hacer en vuestra parroquia para vivir la fe más juntos unos con otros. Puedes proponerlo en tu grupo parroquial.

ORACIÓN

Nos poda el Padre, eso dices Tú.
Poda a los que dan fruto, para que den más.
Nos podan los amigos, el grupo, la comunidad,
a través de las relaciones claras y fraternales;
a través de la ayuda, la crítica
y la experiencia.
La mayoría de las podas vienen sin buscarlas.
Las trae la vida cuando menos
lo esperas;
son podas involuntarias, imprevistas,
a veces duras y dolorosas,
y no siempre las aceptamos como algo positivo.
Involuntaria o voluntaria, a tiempo o a destiempo,
asumida o rechazada,
la poda es el secreto de las personas
que se han hecho fuertes,
de quienes tienen vida.

¡Pódanos, Señor!

Nos poda el Padre, eso dices Tú.
Poda a los que dan fruto,
para que den más.
Nos podan los amigos, el grupo,
la comunidad,
a través de las relaciones claras y fraternales;
a través de la ayuda, la crítica
y la experiencia.
Nos podan cuando ponen en crisis
nuestro estilo de vida y escala de valores;
cuando nos hacen afrontar
las incoherencias

y zonas oscuras de nuestro ser.
Algunos se podan a sí mismos
para dar más fruto.
Saben decir no a ciertas cosas.
La mayoría de las podas
vienen sin buscarlas.
Las trae la vida cuando menos
lo esperas;
son podas involuntarias, imprevistas,
a veces duras y dolorosas,
y no siempre las aceptamos
como algo positivo.
Involuntaria o voluntaria, a tiempo
o a destiempo,
asumida o rechazada,
la poda es el secreto de las personas
que se han hecho fuertes,
de los hombres y mujeres que dan fruto,
de quienes tienen vida.

¡Pódanos, Señor! ¡Pódame, Señor!

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el evangelio

• Con esta imagen, “yo soy la vid…” (1.5) Jesús habla no sólo de su identidad; también dice cuál es la relación entre Él y los discípulos.

• Con respecto a la identidad, aplicándose a si mismo la imagen de la “vid-cepa” (1.5), Jesús se está identificando con el Pueblo de Dios (Israel, en el AT; la Iglesia, en el NT). Pero hay una novedad: el Pueblo no había dado nunca los frutos que se esperaban –se esperaba buena uva; pero dio agrazones (Is 5,1-7) –; ahora, en cambio, Jesús es “la vid verdadera” (1), la cepa que dará “fruto” (2.5.8).

• Y sobre la relación Jesús–discípulos –“los sarmientos” (5)–, se planteada como la unión a la persona de Jesús, sin distancias. Es una relación personal.

• Y se da mucha importancia a la necesidad de mantener esta unión (4.5.7). De tal manera que esta página del Evangelio nos habla de la identidad del “discípulo” de Jesús (8): es “discípulo” quien está unido íntimamente a Él en una relación personal y, estando unido, vela-trabaja –“poda-limpia” (2)– por mantener esta unión, que se puede romper (6). Sólo así dará “mucho fruto” (5). Del mismo modo que Jesús no puede hacer nada sin el Padre (Jn 5,19- 20), el creyente no puede hacer nada sin Jesús. La vida del discípulo es dejarse modelar según Jesús. Ha de amar como Él (Jn 13,34) y debe dar la vida como Él (Jn 13,1ss; 1Jn 3,16).

• Por tanto “el fruto”, pues, que podemos dar los discípulos no depende sólo de nosotros. La acción de los cristianos, la transformación del mundo que pretendemos, no depende de la técnica con qué podamos actuar, ni de las estrategias, ni –en absoluto– de los medios económicos o del poder que podamos tener en el mundo. Los “verdaderos” (1) “frutos” serán los que resulten de nuestra unión con Jesús, de nuestra atención a su Persona, de nuestra apertura a la acción de su Espíritu que nos envía a los más pobres, a los que no tienen ningún poder ni siquiera los medios para vivir con un mínimo de dignidad.

• El texto remarca especialmente que esta unión con Jesús pasa por retener sus palabras (3.7). Es la fidelidad a la Palabra. Una Palabra que es punto de referencia del que no podemos prescindir. Una Palabra que, esto sí, leemos cada vez desde la novedad que supone la vida de cada cual, la vida del mundo, la vida de cada día.

• También se pone de relieve que la fidelidad a las palabras de Jesús nos abre a la oración-plegaria. Y que la unión entre nosotros alrededor de esta Palabra, hará que nuestra oración-plegaria sea eficaz. Es decir, la eficacia de la plegaria no está en la perfección estética, ni en la pureza personal… La plegaria sólo es eficaz si estamos unidos entre nosotros y si hay unión entre nosotros y Jesús y, por lo tanto, con los pobres.

Comentario al evangelio – Santa Catalina de Siena

Hoy celebramos la memoria de Santa Catalina de Siena, virgen y doctora. Patrona de Europa. Las lecturas propias que nos ofrece la liturgia en este día nos ayudan para captar el sentido profundo de su figura y de su obra. La primera lectura de la carta del apóstol San Juan nos ofrece una clave importante de interpretación para comprender en qué consiste la santidad. Quien «camina en la luz» y «practica la verdad» (vv. 7-8) vive en comunión con Dios y con los hermanos y es purificado de sus pecados por la sangre de Jesús. Este es el testimonio que encontramos en Catalina de Siena. Una mujer que en su tiempo supo caminar en la luz y practicar la verdad.

El texto de la carta de Juan también nos interpela. Continúa diciendo: quien «camina en las tinieblas» y «no practica la verdad» (vv.6.8) se engaña a sí mismo, no vive en comunión con Cristo y sus hermanos y está lejos de la salvación. De hecho, el creyente auténtico sabe reconocer su pecado delante de Dios, lo confiesa, y confía en el perdón del Señor siempre «fiel y justo». Este es el itinerario de santidad que todos los bautizados estamos llamados a recorrer, para dejarnos transformar por la gracia de Dios que se nos ha dado en la vida entregada de su Hijo, Jesucristo.

En el evangelio de Mateo encontramos el llamado «Magnificat de Jesús». Nos permite conocer el corazón del Hijo y nos invita a poner en Él nuestra morada. Jesús alaba a Aquel que es «Señor del cielo y de la tierra», llamándolo familiarmente «Padre», lo alaba por la sabiduría, que insondable en su simplicidad, no puede ser conquistada por el esfuerzo humano de perspicacia o erudición. La sabiduría de Dios es siempre puro don, es un regalo a aquellos que abren su corazón con absoluta simplicidad. (v.25). Solo estos «pequeños» son capaces de recibir con naturalidad los grandes misterios del Reino de los Cielos anunciado por Jesús. Considero que en esta misma perspectiva debemos ver los santos y santas de la Iglesia.

Jesús afirma que esta es la voluntad del Padre. En esta afirmación descubrimos su propio rostro interior definido por su total adhesión a la voluntad del Padre, de quien todo lo recibe y a quien todo lo entrega en una «obediencia de amor». Esta experiencia es la que nos abre a la comunión perfecta con Dios, que en el lenguaje bíblico se expresa con el término: «conocimiento», no como un conocer racional, sino como una relación vital, en la cual Jesús nos puede llevar. De ahí la invitación a cargar con su yugo y a aprender de Él, a hacer nuestro su modo de ser y actuar, para sabernos ubicar en nuestro mundo. De esto también nos da testimonio Catalina de Siena, a quien le pedimos que interceda por nosotros.

Edgardo Guzmán, cmf.