Comentario al evangelio – Santa Catalina de Siena

Hoy celebramos la memoria de Santa Catalina de Siena, virgen y doctora. Patrona de Europa. Las lecturas propias que nos ofrece la liturgia en este día nos ayudan para captar el sentido profundo de su figura y de su obra. La primera lectura de la carta del apóstol San Juan nos ofrece una clave importante de interpretación para comprender en qué consiste la santidad. Quien «camina en la luz» y «practica la verdad» (vv. 7-8) vive en comunión con Dios y con los hermanos y es purificado de sus pecados por la sangre de Jesús. Este es el testimonio que encontramos en Catalina de Siena. Una mujer que en su tiempo supo caminar en la luz y practicar la verdad.

El texto de la carta de Juan también nos interpela. Continúa diciendo: quien «camina en las tinieblas» y «no practica la verdad» (vv.6.8) se engaña a sí mismo, no vive en comunión con Cristo y sus hermanos y está lejos de la salvación. De hecho, el creyente auténtico sabe reconocer su pecado delante de Dios, lo confiesa, y confía en el perdón del Señor siempre «fiel y justo». Este es el itinerario de santidad que todos los bautizados estamos llamados a recorrer, para dejarnos transformar por la gracia de Dios que se nos ha dado en la vida entregada de su Hijo, Jesucristo.

En el evangelio de Mateo encontramos el llamado «Magnificat de Jesús». Nos permite conocer el corazón del Hijo y nos invita a poner en Él nuestra morada. Jesús alaba a Aquel que es «Señor del cielo y de la tierra», llamándolo familiarmente «Padre», lo alaba por la sabiduría, que insondable en su simplicidad, no puede ser conquistada por el esfuerzo humano de perspicacia o erudición. La sabiduría de Dios es siempre puro don, es un regalo a aquellos que abren su corazón con absoluta simplicidad. (v.25). Solo estos «pequeños» son capaces de recibir con naturalidad los grandes misterios del Reino de los Cielos anunciado por Jesús. Considero que en esta misma perspectiva debemos ver los santos y santas de la Iglesia.

Jesús afirma que esta es la voluntad del Padre. En esta afirmación descubrimos su propio rostro interior definido por su total adhesión a la voluntad del Padre, de quien todo lo recibe y a quien todo lo entrega en una «obediencia de amor». Esta experiencia es la que nos abre a la comunión perfecta con Dios, que en el lenguaje bíblico se expresa con el término: «conocimiento», no como un conocer racional, sino como una relación vital, en la cual Jesús nos puede llevar. De ahí la invitación a cargar con su yugo y a aprender de Él, a hacer nuestro su modo de ser y actuar, para sabernos ubicar en nuestro mundo. De esto también nos da testimonio Catalina de Siena, a quien le pedimos que interceda por nosotros.

Edgardo Guzmán, cmf.