Lectio Divina – Jueves IV de Pascua

1.- Oración Introductoria.

Hoy, Señor, quiero que me enseñes a rezar. Yo descubro que en la oración que Tú haces, lo primero que sale de tu boca no es pedir, sino alabar, bendecir, agradecer al Padre. Yo soy un eterno pedigüeño, no hago otra cosa que pedir. Enséñame a ser agradecido, a poner a Dios como centro de mi vida, a saber disfrutar viendo lo grande, lo maravilloso, lo inabarcable que es el Padre. Haz que en la oración lo importante no sea yo ni lo que voy a pedirte, sino Tú, tu belleza, tu encanto, tu cercanía, tu amor.  Dame, Señor, tu Santo Espíritu.

2.- Lectura reposada del Evangelio, Mt. 11, 25-30

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

En este evangelio Jesús nos va a revelar algo muy íntimo, muy personal. Se trata de la relación con su Padre. El Padre le ha entregado todo a Jesús y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien se lo quiera revelar. Esta íntima e inefable manifestación no lo puede revelar a cualquiera, sino a los pequeños, a los que tienen alma y corazón de niño. No se manifiesta a los “sabios y entendidos”. Estos están tomados en sentido peyorativo. Son los “sabiondos”, los que tanto saben que sólo aceptan a Dios si lo pueden entender y demostrar. Dios es sólo objeto de su ciencia. A éstos el libro de la Sabiduría los califica de “insensatos”. Vieron las maravillas de la Creación y no se toparon con el Creador. A los pequeños Jesús les manifiesta el misterio de la Trinidad. Un Dios que arde en tres llamaradas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres llamaradas de amor. Por otra parte, Jesús les invita a descansar en Él “Yo seré vuestro descanso”. En este mundo sólo descansamos cuando estamos con las personas que amamos. Como todos somos muy limitados, nuestro descanso siempre es insuficiente. Pero cuando nos encontramos con Jesús, nuestro descanso llega a plenitud.

Palabra del Papa

La verdadera sabiduría viene también del corazón, no es solamente entender ideas, la verdadera sabiduría entra también en el corazón y si tú sabes tantas cosas, pero tienes el corazón cerrado, tú no eres sabio”, destacó el Santo Padre.

En este sentido, el Papa invitó a tener “el corazón abierto y confiado hacia el Señor” ya que “Jesús dice que los misterios de su Padre han sido revelados a los ‘pequeños’, a los que se abren con confianza a su Palabra de salvación, abren el corazón a la palabra de salvación, sienten la necesidad de Él y esperan todo de Él”.

Luego, el Pontífice resaltó que “Jesús explica que ha recibido todo del Padre” y que “lo llama ‘mi Padre’, para afirmar la unicidad de su relación con Él” y agregó que “de hecho, solo entre el Hijo y el Padre hay total reciprocidad: el uno conoce al otro, el uno vive en el otro. Pero esta comunión única es como una flor que brota, para revelar gratuitamente su belleza y su bondad. Y de aquí? la invitación de Jesús: ‘Ven a mí…’”. (Roma, 5-Julio-2020) Papa francisco.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Silencio)

5.- Propósito: Hoy haré una oración de alabanza y acción de gracias. No pensaré en mí ni en mis cosas, sino en Dios y en lo que a Él le agrada.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, por tantas cosas bonitas que me has manifestado en este encuentro contigo. Me has llevado de la mano hasta el mismo corazón del Padre y he quedado sorprendido y entusiasmado por ese amor tan grande y maravilloso. Y también te doy gracias porque he experimentado que la verdadera sabiduría está en el corazón. Dame un corazón sencillo, humilde, lo más parecido al corazón de tu Madre.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén