Meditación – Jueves IV de Pascua

Hoy es jueves IV de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio Juan (Jn 13, 16-20):

Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado».

Hoy estamos sumergidos en el ambiente íntimo de la Última Cena. Cristo, consciente de la prueba que se avecina, fortalece a los Apóstoles y, de nuevo, les da muestras de su divinidad. Se les presenta como el “Yo Soy”, con conocimiento divino: predice la traición de Judas “antes de que suceda”.

¡Es hombre!; de nadie más se escribió tanto en la antigüedad. Sabemos su nombre, dónde y cuándo nació; conocemos sus hechos y palabras. Padeció hasta morir (una lanzada certificó su muerte sin “paliativos”). ¡Y es Dios! Sólo Dios puede llamarse “Yo soy” (ante Moisés, ya había usado este “nombre propio”). Dios “es”, sin necesidad de calificativos, porque su infinitud no admite acotación. Jesús lo ve todo como en un “eterno presente”. Sus saberes divino y humano cooperan sin confundirse. Un misterio no imposible para el Ser Infinito, potente para “incorporarse” la naturaleza humana creada a su imagen por Él mismo.

—Jesús: porque eres Dios, tu Humanidad sabía de antemano que sufriría mucho. ¡Te amo!

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench