¡Pódanos, Señor!

Nos poda el Padre, eso dices Tú.
Poda a los que dan fruto,
para que den más.
Nos podan los amigos, el grupo,
la comunidad,
a través de las relaciones claras y fraternales;
a través de la ayuda, la crítica
y la experiencia.
Nos podan cuando ponen en crisis
nuestro estilo de vida y escala de valores;
cuando nos hacen afrontar
las incoherencias

y zonas oscuras de nuestro ser.
Algunos se podan a sí mismos
para dar más fruto.
Saben decir no a ciertas cosas.
La mayoría de las podas
vienen sin buscarlas.
Las trae la vida cuando menos
lo esperas;
son podas involuntarias, imprevistas,
a veces duras y dolorosas,
y no siempre las aceptamos
como algo positivo.
Involuntaria o voluntaria, a tiempo
o a destiempo,
asumida o rechazada,
la poda es el secreto de las personas
que se han hecho fuertes,
de los hombres y mujeres que dan fruto,
de quienes tienen vida.

¡Pódanos, Señor! ¡Pódame, Señor!

Florentino Ulibarri