Lectio Divina – Viernes IV de Pascua

1.- Introducción.

Señor, vengo a Ti, a estar contigo. Y lo hago de mañana, con la frescura del amanecer, con la limpieza de la tierra, con la caricia del viento, con el encanto de lo nuevo, lo no usado, lo no manchado, lo no estropeado. Y te pido tener la mente fresca y los oídos bien abiertos para escuchar de Ti unas palabras enternecedoras: “No tengáis miedo, no os turbéis, confiad”- Haz que estas dulces palabras se metan en mi cabeza y sepa guardarlas en mi corazón.

2.- Lectura reposada de la Palabra. Juan 14, 1-6

«No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino». Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión.

“No se turbe vuestro corazón”. Palabras consoladoras de JESÚS, sobre todo si tenemos en cuenta el momento en que las pronunció: antes de su partida. La ausencia de Jesús iba a abrir una honda herida en el corazón de sus discípulos. Durante varios años Él ha sido para ellos su amigo, su defensor, su apoyo, su fortaleza. Ahora se marcha y les acecha la tristeza, la angustia, la soledad. Jesús les anima a perder el miedo, a superar la tristeza. Llega el momento de la fe, es decir, de la confianza en Él, del fiarse plenamente de su persona. Y les consuela diciendo que se va porque les interesa a ellos, porque así les puede preparar una casa bonita en el cielo. Es una casa grande, con muchas mansiones. Que nadie pase apuros por dudar si habrá sitio para él. Después volverá, pero no para seguir viviendo aquí en este “valle de lágrimas” sino en un lugar maravilloso donde ya no habrá “ni luto, ni llanto, ni dolor”. Una casa donde el gozo será vivir en el amor: en el amor del Padre, en el amor de Jesús y en el amor de los hermanos. Es el fruto de la redención llevada a cabo por Jesús y hecha realidad en nosotros por la fuerza del Espíritu, no por nuestros propios méritos.  

Palabra del Papa

Hoy me quiero centrar en la acción que el Espíritu Santo realiza en la guía de la Iglesia y de cada uno de nosotros a la Verdad. Jesús mismo dice a sus discípulos: el Espíritu Santo «les guiará en toda la verdad», siendo él mismo «el Espíritu de la Verdad». Vivimos en una época en la que se es más bien escéptico con respecto a la verdad. Benedicto XVI ha hablado muchas veces de relativismo, es decir, la tendencia a creer que no hay nada definitivo, y a pensar que la verdad está dada por el consenso general o por lo que nosotros queremos. Surge la pregunta: ¿existe realmente «la» verdad? ¿Qué es «la» verdad? ¿Podemos conocerla? ¿Podemos encontrarla? Aquí me viene a la memoria la pregunta del procurador romano Poncio Pilato cuando Jesús le revela el sentido profundo de su misión: «¿Qué es la verdad?». Pilato no llega a entender que «la» Verdad está frente a él, no es capaz de ver en Jesús el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios. Y, sin embargo, Jesús es esto: la Verdad, la cual, en la plenitud de los tiempos, «se hizo carne», habitó entre nosotros para que la conociéramos. La verdad no se aferra como una cosa, la verdad se encuentra. No es una posesión, es un encuentro con una Persona.  (S.S. Francisco, catequesis del 15 de mayo de 2013)

4.- ¿Qué me dice hoy a mí esta palabra ya reflexionada? (Silencio)

5.-Propósito. Vivir todo este día con mucha paz. Sin miedos, sin sobresaltos, sin inquietudes. El Padre Dios me ama y está al tanto de todo.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Al acabar este rato de oración, de nuevo quiero agradecerte este momento por las luces que me has concedido. Te digo que al escuchar tus palabras he sentido que me ha desaparecido el miedo a la muerte. Nuestra situación allá arriba, en tu propia casa, será inmensamente mejor que todo lo vivido aquí en este mundo. Tu casa será mi casa; tu mesa será mi mesa; tu jardín será mi jardín; tu felicidad será también la mía. ¡Gracias, Señor!

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén