Comentario – Sábado IV de Pascua

(Jn 14, 7-14)

Jesús nos refleja la gloria del Padre, en él encontramos todo el amor y la luz del Padre Dios. Pero Jesús nos promete aquí algo desconcertante. Dice que los creyentes harán obras mayores que las que hizo él. ¿Cómo podemos entender esta promesa? ¿Acaso todos los creyentes podemos hacer algo más grande que resucitar muertos y curar ciegos?

En realidad no, porque cuando el evangelio de Juan usa la palabra “mayores” se refiere a cosas de un nivel superior. ¿Pero qué sería un nivel superior que resucitar a un muerto? Hay algo superior a eso: comunicar a los demás algo sobrenatural.

Porque la resurrección de Lázaro fue devolverle la vida física, natural; pero cuando una persona abre su corazón a Dios y recibe su gracia y su luz, entonces entra en otra dimensión, en la vida sobrenatural, en una vida que vale mucho más que la vida física y natural.

De hecho, veamos que Jesús antes de su resurrección logró muy poco, porque pocos creyeron realmente en él, y lo abandonaron en la cruz. En cambio, luego de su resurrección la fe cristiana creció de una manera admirable, una multitud abrió el corazón a Jesús en poco tiempo.

Por lo tanto, cuando Jesús antes de morir promete que los creyentes harán obras mayores que las que él hizo, está diciendo que los creyentes unidos a él, a partir de su resurrección lograrían difundir la fe y el amor de una manera admirable, pero no por su propio poder, sino por el poder de Cristo resucitado actuando a través de ellos.

¿Somos capaces de dejarnos tomar por Jesús resucitado para hacer esas obras superiores, o nos conformamos con poco?

 

Oración:

“Señor, no quisiera encerrarme en una vida mediocre, sin fecundidad. Quisiera lograr algo maravilloso, algo grande con las fuerzas que me diste. Y tú me enseñaste que lo más grande que puedo hacer es llevarte a los demás, para que ellos te conozcan y te amen. Tómame con tu poder para cambiar el corazón de los que te rechazan”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día