Comentario – Lunes V de Pascua

(Jn 14, 21-26)

Estas preciosas promesas nos hablan de la intimidad de Dios en nuestros corazones. Los que aman a Dios se convierten en verdaderos templos de la presencia del Padre y de Jesús amándolos.

Sólo esa presencia de amor hace posible cumplir de verdad los mandamientos, vivir lo que el Señor nos pide.

Pero luego aparece alguien más haciéndose presente en la intimidad de los creyentes: el Padre enviará el Espíritu Santo. El es el que enseñará todo a los discípulos para que puedan comprender las enseñanzas de Jesús.

Y en realidad el Espíritu Santo no enseñará cosas que Jesús no haya dicho, sino que “recordará” y hará comprender en profundidad las palabras de Jesús.

El nombre “Paráclito” es una expresión griega que significa “llamado junto a”, es decir, el que uno invoca para que esté a su lado. Como cuando uno grita a un amigo para que lo ayude y acompañe.

Llamarle “consolador” puede reducir su función, ya que el Espíritu Santo viene a estar con nosotros no sólo para consolarnos en la aflicción, sino también para fortalecernos, enseñarnos, acompañarnos, renovarnos, y especialmente para hacer presente a Jesús y recordarnos el verdadero sentido de sus palabras.

El Paráclito es entonces el que viene a estar con nosotros para darnos lo que más necesitamos.

Oración:

‘Ten Espíritu Santo, porque necesito recordar las palabras de Jesús para iluminar mi vida de cada día. Ven a estar conmigo porque sin esa luz mi vida pierde sentido, y se apaga la verdadera alegría”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día