Vísperas – Martes V de Pascua

VÍSPERAS

MARTES V DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Quédate con nosotros;
la noche está cayendo.

¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo
del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa. Amén.

SALMO 19: ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Ahora se estableció el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo. Aleluya.

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión.

Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo. Aleluya.

SALMO 20: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Has asumido, Señor, el poder y comenzaste a reinar. Aleluya.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuanto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has asumido, Señor, el poder y comenzaste a reinar. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Que te sirva toda la creación, porque tú lo mandaste, y existió. Aleluya.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que te sirva toda la creación, porque tú lo mandaste, y existió. Aleluya.

LECTURA: 1P 2, 4-5

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre. Aleluya.

PRECES

Aclamemos alegres a Cristo, que después de ser sepultado en el seno de la tierra resucitó gloriosamente a vida nueva, y digámosle confiados:

Rey de la gloria, escúchanos.

Te rogamos, Señor, por los obispos, los presbíteros y los diáconos: que sirvan con celo a tu pueblo
— y lo conduzcan por los caminos del bien.

Te rogamos, Señor, por los que sirven a la Iglesia con el estudio de tu palabra:
— que escudriñen tu doctrina con pureza de corazón y deseo de adoctrinar a tu pueblo.

Te rogamos, Señor, por todos los fieles de la Iglesia: que combatan bien el combate de la fe,
— y, habiendo corrido hasta la meta, alcancen la corona merecida.

Tú que en la cruz clavaste y borraste el protocolo que nos condenaba,
— destruye también en nosotros toda clase de esclavitud y líbranos de toda tiniebla.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que al bajar al lugar de los muertos abriste las puertas del abismo,
— recibe a nuestros hermanos difuntos en tu reino.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que en la resurrección de Jesucristo nos has engendrado de nuevo para que renaciéramos a una vida eterna, fortifica la fe de tu pueblo y afianza su esperanza, a fin de que nunca dudemos que llegará a realizarse lo que nos tienes prometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes V de Pascua

1.-Introduccion

Señor, hoy necesito que me hagas entender vivencialmente esta relación que se da entre la vid y los sarmientos. Una misma sangre de vida divina corre debajo de mi piel. Mi pobre, frágil y menesterosa vida humana está sostenida y alimentada por la Vida, la vida eterna. Sin Ti yo no soy nada. Contigo, tengo la misma vida de Dios. Deja que en esta oración caiga de rodillas y adore “desde el tiempo” tu Eternidad; “desde mi finitud”, tu Infinitud y “desde mi pequeñez” tu Inmensidad.

2.- Lectura reposada del evangelio. Juan 15, 1-8

«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Lo esencial de nuestra vida cristiana no es saber que estamos unidos a Cristo como los sarmientos a la vid. Lo importante es vivirlo, experimentarlo, disfrutarlo. Separarse es arrancarse. Algo duele por dentro cuando me separo de Jesús. Separarse es “secarse”. Algo terrible pasa en mi vida cuando me separo de Jesús. ¿Para qué sirven unos sarmientos separados de la vid? Sólo para alimentar el fuego. Ningún tipo de madera es tan desechable, tan improductible. Sin Cristo, mi vida se va apagando, se va secando, se va muriendo. En cambio, el sarmiento unido a la vid, echa yemas, pámpanos, uvas. ¡Qué vida tan llena! Por otra parte, en la vida práctica, una vid sin sarmientos tampoco produce frutos. ¡Qué responsabilidad tan enorme! Dios ha querido salvar el mundo contando conmigo. Si me separo de Jesús, ¡qué decepción para Dios! Esperaba frutos sazonados y dio agrazones (Is, 5,4). Y el agrazón es la fruta que no ha madurado, la que deja un sabor amargo. ¿Es ése el sabor que voy a dejar a Dios, de mi paso por este mundo? A veces confundo el “fruto” con el “éxito”. El “éxito” es visible y el tener éxito puede llevarme a la vanidad y la soberbia. “El fruto auténtico” es invisible. Sólo lo ve el Padre que ve en lo escondido. Haz que yo siempre me goce de la alegría que produce el poder agradar al Padre.

Palabra del Papa

“Jesús es la vid y a través de Él –como la linfa en el árbol– hace llegar a los sarmientos el amor mismo de Dios, el Espíritu Santo. Es así: nosotros somos los sarmientos, y a través de esta parábola, Jesús nos quiere hacer entender la importancia de estar unidos con Él. Los sarmientos no son autosuficientes, sino que dependen totalmente de la vid, en la cual se encuentra el manantial de la vida de ellos. Así es para nosotros los cristianos. Insertados con el bautismo en Cristo, hemos recibido de Él gratuitamente el don de la vida nueva y podemos quedarnos en comunión vital con Cristo”. (Homilía de S.S. Francisco, 3 de mayo de 2015).

4.- Qué me dice este texto hoy a mí. (Guardo silencio).

5.- Propósito. Detenerme, a lo largo del día, y quedar sorprendido al constatar que por mis venas circula la misma vida de Dios.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, quiero agradecerte el que me hayas hecho partícipe de tu misma vida. Lo único que me interesa es disfrutar de ese divino don que Tú me has dado. Y lo único que pretendo es dar buenos frutos, frutos sazonados de buenas obras. Quisiera morir como Tú: Con serenidad, con paz, tomando entre las manos el libro de la vida para cerrarlo diciendo: ¡Misión cumplida! Y después descansar para siempre en los brazos del Padre.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

6.- PARÁBOLA DE LOS SIERVOS

Mt 24, 45-51; Lc 12, 35-40

Tened ceñidas vuestras cinturas y las lámparas encendidas, y estad como quienes aguardan a su amo cuando vuelve de las nupcias, para abrirle al instante en cuanto venga y llame.

Tener ceñida la cintura es una metáfora basada en las costumbres de los hebreos, y en general de todos los habitantes de Oriente Medio, que ceñían sus amplias vestiduras antes de emprender un viaje, para caminar con comodidad. En el relato del Éxodo se narra la prescripción de Dios a los israelitas de celebrar el sacrificio de la Pascua con la ropa ceñida, las sandalias calzadas y el bastón en mano, porque iba a comenzar el itinerario hacia la tierra de promisión. Del mismo modo, tener las lámparas encendidas indica la actitud atenta, propia del que espera la llegada de alguien.

El Señor enseña una vez más que la actitud del discípulo ha de ser como la de aquel que está a punto de emprender un viaje, o de quien espera a alguien importante. Su actitud no puede ser de somnolencia y de descuido. Y esto, por dos razones: porque el enemigo está siempre al acecho, como león rugiente, buscando a quién devorar[1], y porque quien ama no duerme, está vigilante.

Es tan grata a Dios la actitud del alma que día tras día y hora tras hora aguarda la llegada de su Señor, que Jesús exclama en esta parábola: Dichosos aquellos siervos a los que al volver su amo los encuentre vigilando. Y, olvidando quién es el criado y quién el señor, sienta a la mesa al criado y él mismo lo sirve. Es el amor infinito que no teme invertir los puestos que a cada uno corresponden: En verdad os digo que se ceñirá la cintura, les hará sentar a la mesa y acercándose les servirá. Las promesas de intimidad con Dios van más allá de lo que podemos imaginar.

El corazón que ama está alerta, como el centinela en la trinchera.


[1] Cfr. 1 P 5, 8.

Comentario – Martes V de Pascua

(Jn 14, 27-31)

Jesús ofrece su paz, y más adelante prometerá también la alegría (16, 22). La paz y la alegría son dos necesidades profundas del corazón humano: la seguridad y la intensidad, la serenidad y el entusiasmo.

Pero no hay que confundir esta paz con un estado de ánimo en que nada nos inquieta, cuando en realidad no nos interesa nada de nadie, porque estamos cómodos en nuestro propio egoísmo. Esa es en realidad la paz de los cementerios, es la paz de los que han dejado morir su capacidad de amor, lo más valioso que llevaban dentro.

No podemos pensar, por ejemplo, que una mujer angustiada por su hijo enfermo no tenga la paz de Jesús sólo porque le falta la serenidad psicológica. La paz de Jesús es otra cosa, es la seguridad que dan su presencia y su amor en medio de las angustias y preocupaciones.

De hecho, el mismo Jesús experimentó angustia y alteraciones interiores (11, 33; 13, 21). Por eso Jesús aclara cómo nos da su paz: “No la doy como la da el mundo” (14, 27). Su paz es de otro nivel, más profundo y valioso, no brota de las seguridades del mundo, sino del amor: “Si me amaran…” (14, 28).

El que se deja amar por Jesús y reacciona amándolo y sirviendo al prójimo, encuentra la verdadera paz de su corazón, la paz que los intereses del mundo no nos pueden dar, la paz del que siente que su vida vale la pena.

 

Oración:

“Busco tu paz Señor, necesito tu paz, porque este mundo no me permite alcanzar armonía y fortaleza, sino temores, angustias, insatisfacción. Dame tu paz, Señor, la paz que brota de tu amor”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

El progreso del matrimonio y de la familia, obra de todos

52. La familia es escuela del más rico humanismo. Para que pueda lograr la plenitud de su vida y misión se requieren un clima de benévola comunicación y unión de propósitos entre los cónyuges y una cuidadosa cooperación de los padres en la educación de los hijos. La activa presencia del padre contribuye sobremanera a la formación de los hijos; pero también debe asegurarse el cuidado de la madre en el hogar, que necesitan principalmente los niños menores, sin dejar por eso a un lado la legítima promoción social de la mujer. La educación de los hijos ha de ser tal, que al llegar a la edad adulta puedan, con pleno sentido de la responsabilidad, seguir la vocación, aun la sagrada, y escoger estado de vida; y si éste es el matrimonio, puedan fundar una familia propia en condiciones morales, sociales y económicas adecuadas. Es propio de los padres o de los tutores guiar a los jóvenes con prudentes consejos, que ellos deben oír con gusto, al tratar de fundar una familia, evitando, sin embargo, toda coacción directa o indirecta que les lleve a casarse o a elegir determinada persona.

Así, la familia, en la que distintas generaciones coinciden y se ayudan mutuamente a lograr una mayor sabiduría y a armonizar los derechos de las personas con las demás exigencias de la vida social, constituye el fundamente de la sociedad. Por ello todos los que influyen en las comunidades y grupos sociales deben contribuir eficazmente al progreso del matrimonio y de la familia. El poder civil ha de considerar obligación suya sagrada reconocer la verdadera naturaleza del matrimonio y de la familia, protegerla y ayudarla, asegurar la moralidad pública y favorecer la prosperidad doméstica. Hay que salvaguardar el derecho de los padres a procrear y a educar en el seno de la familia a sus hijos. Se debe proteger con legislación adecuada y diversas instituciones y ayudar de forma suficiente a aquellos que desgraciadamente carecen del bien de una familia propia.

Los cristianos, rescatando el tiempo presente y distinguiendo lo eterno de lo pasajero, promuevan con diligencia los bienes del matrimonio y de la familia así con el testimonio de la propia vida como con la acción concorde con los hombres de buena voluntad, y de esta forma, suprimidas las dificultades, satisfarán las necesidades de la familia y las ventajas adecuadas a los nuevos tiempos. Para obtener este fin ayudarán mucho el sentido cristiano de los fieles, la recta conciencia moral de los hombres y la sabiduría y competencia de las personas versadas en las ciencias sagradas.

Los científicos, principalmente los biólogos, los médicos, los sociólogos y los psicólogos, pueden contribuir mucho al bien del matrimonio y de la familia y a la paz de las conciencias si se esfuerzan por aclarar más a fondo, con estudios convergentes, las diversas circunstancias favorables a la honesta ordenación de la procreación humana.

Pertenece a los sacerdotes, debidamente preparados en el tema de la familia, fomentar la vocación de los esposos en la vida conyugal y familiar con distintos medios pastorales, con la predicación de la palabra de Dios, con el culto litúrgico y otras ayudas espirituales; fortalecerlos humana y pacientemente en las dificultades y confortarlos en la caridad para que formen familias realmente espléndidas.

Las diversas obras, especialmente las asociaciones familiares, pondrán todo el empeño posible en instruir a los jóvenes y a los cónyuges mismos, principalmente a los recién casados, en la doctrina y en la acción y en formarlos para la vida familiar, social y apostólica.

Los propios cónyuges, finalmente, hechos a imagen de Dios vivo y constituidos en el verdadero orden de personas, vivan unidos, con el mismo cariño, modo de pensar idéntico y mutua santidad, para que, habiendo seguido a Cristo, principio de vida, en los gozos y sacrificios de su vocación por medio de su fiel amor, sean testigos de aquel misterio de amor que el Señor con su muerte y resurrección reveló al mundo.

Misa de la comunidad

DOMINGO VI DE PASCUA

SALUDO

Que Dios Padre bueno, que acoge a todas las personas, nos muestra su Rostro en Jesús y nos ayuda con su Espíritu, esté con nosotros.

ENTRADA

De nuevo nos reunimos para celebrar la Eucaristía. Y si nos hemos apartado del Buen Pastor y de la Vid verdadera, vuelve con fuerza la Pala­bra del Padre que nos sigue animando para vivir con esperanza y para que proclamemos su gloria, su grandeza, una grandeza que no esta en los tem­plos, ni en las grandes reflexiones sino en la vida humana, para todos y con dignidad. Dios es Amor, un Amor que se hace realidad, se hace his­toria y entrega en Jesús, sin reservas de ningún tipo, hasta dar la vida. Una Vida que ni siquiera la muerte nos ha podido arrebatar.

Deseando hacer nuestro el mandato de Jesús  amaros unos a otros-. comenzamos nuestra Eucaristía.

ACTO PENITENCIAL

Dios Padre acepta al que lo tome y practica la justicia, nos dice cl apóstol; pidamos su gracia y su perdón:

  • Tú, que no haces distinciones porque a todos nos quieres por igual. SEÑOR, TEN PIEDAD.
  • Tú, que nos revelas el rostro amoroso del Padre. CRISTO, TEN PIE­DAD.
  • Tú, que alientas cl deseo humano de vivir en tu amor. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Oración: Concédenos, Señor, rechazar cl atractivo del mal y la violencia, y ser artífices del bien y la fraternidad. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACIÓN COLECTA

Dios Padre nuestro, que nos has elegido por amor y nos das a conocer tu rostro en Jesús Resucitado; míranos con bondad y haznos capaces de responder a tu amor con el nuestro, y a tu entrega con nuestro esfuerzo para que tu Reino esté cada día más presente entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.

LECTURA NARRATIVA

En este texto que vamos a escuchar veremos la conversión do Corne­lio, que es una figura que nos habla de cómo el cristianismo rompe mol­des y fronteras y se va abriendo al mundo de los gentiles; el Espíritu hace posible el crecimiento de la Comunidad.

LECTURA APOSTÓLICA

El amor consiste en que Dios nos ha amado primero y nos da su vida por medio de Jesús. Todo lo que hagamos es sólo respuesta a la invitación de Dios: amaros unos a otros. Esta llamada de Dios a las personas forma parte central del mensaje cristiano que, con nuestro estilo de vida, tene­mos que hacer creíble en medio del mundo.

LECTURA EVANGÉLICA

Estamos llamados a vivir y a permanecer en cl amor; por eso Dios nos hace sus hijos y nos destina a dar fruto abundante; el mundo nos necesita para que el amor del Padre Ilegue a todas las personas; la prueba de que permanecemos unidos a Jesús son los frutos: no es posible vivir con Jcsús y quc esa unidad no se traduzca en amor y justicia

ORACIÓN DE LOS FIELES

A Jesús resucitado, vida y esperanza de la humanidad entera, orémosle diciendo:  

1.- Por la Iglesia, por todos los que la formamos. Para que experimentemos cada día que Dios es amor y demos testimonio de Él con nuestra vida. OREMOS:

2.- Por todos los cristianos que viven en países donde son perseguidos. Para que el Señor resucitado les dé fuerza para mantenerse fieles en la fe. OREMOS:

3.- Por los enfermos. Para que encuentren fortaleza y consuelo en Dios y en los que están a su lado. OREMOS:

4.- Por los que cuidan a los enfermos, en casa o en los hospitales. Para que lo hagan con mucho cariño y sepan transmitir paz y confianza. OREMOS:

5.- Por los agricultores, en la proximidad de la fiesta de su patrono, san Isidro. Para que puedan vivir dignamente de su trabajo y sea más reconocida su función social. OREMOS:

6.- Por nosotros. Para que cumplamos la misión que nos ha confiado el Señor de ir por todo el mundo dando testimonio del Evangelio, y que esta misión dé fruto. OREMOS:

Escucha, Señor Jesús, nuestra oración, y danos tu Espíritu Santo. Tú, que vives y reinas por los siglos.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Con el pan y el vino traemos al altar, Señor, los esfuerzos de las personas buenas por crear paz y fraternidad; acoge estos dones que de Ti mismo hemos recibido y haz que, santificados por tu Espíritu, sean para nosotros comida y bebida de salvación. Por Jesucristo.

PREFACIO

Te damos gracias y te bendecimos, Señor, con nuestra vida que se desvía con las dificultades, pero que nos gustaría orientar una y otra vez hacia Ti. Con la luz de la pascua nos sentimos renovados y felices, abier­tos para asumir la tarca de ser luz en medio de la oscuridad del mundo, participando de modo activo en la tarea de hacer que cese el sufrimiento de las personas.

Tú, Señor. nos haces comprender que la Iglesia está destinada a dar testimonio de la resurrección de Jesús, y que este testimonio sólo cs real cuando llevamos el Evangelio a la vida diaria.

Unidos a quienes te glorifican con su vida, te decimos: Santo, Santo. Santo…

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIóN

Te damos gracias, Dios del amor, por esta celebración que nos ha unido, y te rogamos que sigas haciéndote presente en nuestra vida, pues andamos necesitados de un Padre que nos acoja, nos anime y nos dé la esperanza que haga posible la verdad y la justicia. Por Jesu­cristo.

BENDICIÓN FINAL

  • Que nos bendiga Dios Padre en esta pascua, y que su amor fiel nos guarde de todo mal, Amén.
  • Dios Padre, que nos ha salvado por la Resurrección de Jesús, nos enri­quezca con la nueva vida. Amén.
  • Y a nosotros, que hemos celebrado con gozo la fiesta de pascua, Dios Padre nos conceda alegrarnos con la pascua eterna. Amén.
  • Y la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y siempre nos acompañe. Amén.

Música – Domingo VI de Pascua

Entrada: Cristo resucitó, Aleluya (Apéndice); Nuestra Pascua inmolada CLN 203Este es el día CLN 522El Señor ha resucitado CLN 217
En Latin: Introito: Vocem  iucunditatis  
Aspersión del agua: Vida Aquam. CLN.  A82  Canto Gregoriano
Misa de pascua: Lux et origo.
Salmo y Aleluya: El Señor revela al naciones su justicia (Propio)  
Ofertorio: O filii et filiae. CLN. 232: o Bendito seas, Señor  CLN-H5  
Comunión: Aleluya. Psallite (Canto Gregoriano) Unidos en ti CLN 031; Tú eres nuestra Pascua CLN 011 ; Veante mis ojos CLN 272
Final: Regina coeli. CLN. 303; o Reina del Cielo  CLN 324; Cantos para la misa con Niños de primera Comunión.

Recursos – Ofertorio Domingo VI de Pascua

PRESENTACIÓN DEL CONSEJO PASTORAL

(En el caso de que lo hubiere, el Presidente debe hacer un resumen de sus actividades y de los grupos representados en dicho Consejo. De no existir, valdría el que representantes de los grupos que trabajan en la parroquia o la comunidad hicieran ese resumen de actividades. Al final, o bien el Presidente o uno de los que han intervenido, hace la ofrenda, y dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, ahí tienes un pálido reflejo de los dones que Tú has regalado, por la presencia de tu Espíritu, a esta comunidad. Somos distintos/as y trabajamos en campos diversos, por eso no nos faltan tensiones, e incluso enfrentamientos. Sin embargo, somos conscientes de que Tú nos los has dado en orden al bien común y a la unidad de la Iglesia. Precisamente esa unidad es tarea del Espíritu, al que nos abrimos como Comunidad.

PRESENTACIÓN DEL GRUPO DE LA PASTORAL DE LA SALUD DE LA COMUNIDAD

(Podría hacerlo una representación del Grupo o incluso todos/as los/as participantes en el grupo, como un signo en este día tan específico en tantos lugares y comunidades. Una de las personas del grupo podría presentar el PROYECTO del mismo y las acciones pastorales que ejercen en medio del mundo de los Enfermos/as. Termina realizando esta oración explicación)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, aquí tienes lo que el Grupo de Pastoral de la Salud de nuestra Comunidad intenta llevar a cabo en favor de los Enfermos y Enfermas que hay entre nosotros. Te ofrecemos todo el esfuerzo que supone esta labor. Te pedimos que bendigas a cada uno/a de los Enfermos y Enfermas y a cada una de las personas que ejercen este servicio entre ellos y ellas. Que estas acciones, cada día, se parezcan más a las que realizaba el mismo Cristo Jesús a favor de los y las más débiles y necesitados y necesitadas.

PRESENTACIÓN DE UNAS MEDICINAS

(Puede hacer la ofrenda una de las personas que, en la comunidad, cuide a un/a enfermo/a o sea un profesional de la sanidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te ofrezco hoy estas medicinas, que son símbolo de nuestros cuidados y atenciones a los enfermos y enfermas. Bien sabes que hago de corazón y que quiero ser un instrumento de tu amor. No permitas que caiga nunca en el desánimo ni en el cansancio a causa de lo duro que me resulta a veces mi trabajo. Dame tu Espíritu de fortaleza y da también a tu Iglesia entrañas de amor, para que sepa expresar con ellos y ellas las preferencias de las que gozan en tu corazón.

PRESENTACIÓN DE LOS ÓLEOS SAGRADOS

(Los puede presentar el mismo Presidente de la Comunidad o un miembro de la Pastoral de la Salud. Especialmente si ese día hay una celebración específica de la Unción de los/as Enfermos/as COMUNITARIA. De todas maneras, es una hermosa ocasión para realizar una catequesis sobre la Unción de los/as Enfermos/as)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, Tú bien sabes que la enfermedad se va a hacer presente en nuestras vidas, como ya lo ha hecho en la de tantos miembros de este Comunidad. Te damos gracias por el sacramento de la Unción de los/as Enfermos y Enfermas que nos has dejado y que nos acompaña durante la enfermedad. Te pedimos que nosotros y nosotras, tu comunidad, nunca dejemos de recibir este sacramento por miedo o por respetos humanos, sino que, con conciencia plena, lo acojamos con paz y serenidad, seguros/as de que Tú vas a caminar con nosotros/as en esta situación complicada. Gracias, Señor, por tu presencia y compañía.

PRESENTACIÓN DE UN/A ENFERMO/A

(Un enfermo o una enferma, o un impedido o impedida, o un anciano o anciana de la comunidad da testimonio, inicialmente, de su situación y hace ofrenda, después, de sus sufrimientos y padecimientos)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Aquí me tienes a mí, Señor. He contado mi situación y mi experiencia de dolor y enfermedad. No es fácil estar enfermo o enferma en una sociedad de sanos y que siente el fracaso por la enfermedad o la muerte. Sin embargo, soy consciente de tu amor y noto la cercanía de tu Espíritu y la caridad de los hermanos y hermanas. Te ofrezco hoy todos mis sufrimientos y te pido los unas a los de tu Hijo Jesucristo, como una semilla plantada en favor de los demás.

PRESENTACIÓN DE LAS CAJITAS PARA LLEVAR LA COMUNION A LOS ENFERMOS/AS

(Lo pueden hacer entre dos personas, en nombre de todos/as, y que en la Comunidad hayan recibido este ministerio o servicio. Se presentan las diversas CAJITAS que se utilizan, se ofrecen al Presidente de la Comunidad y una persona realiza esta oración-explicación)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, Tú nos invitas, especialmente cada domingo, a participar de la MESA de la Eucaristía, y desde la misma parten nuestros Agentes de pastoral para llevar la comunión a nuestros/as Enfermos y Enfermas. Te damos GRACIAS por este hermoso don y por esta posibilidad que nos das. Te pedimos que el Cuerpo de tu Hijo amado sea un alimento real para nosotros y nosotras que acudimos en comunidad y para cuantos/as se sienten imposibilitados/as para estar presentes en este encuentro concreto. Aliméntanos a todos y a todas para que podamos ser pan para nuestros hermanos y hermanas.

Oración de los fieles – Domingo VI de Pascua

Dirijamos a Dios Padre nuestra oración y siguiendo el camino de Jesús que curaba a todos los enfermos que se le presentaban, pidamos a Dios la curación física y espiritual de cuerpos y almas. Respondemos

SEÑOR, SI TU QUIERES PUEDES CURARNOS

1.- Para que toda la Iglesia – el Papa, los prelados, los presbíteros, los diáconos, los laicos—haga efectivo el mensaje de amor del Hijo de Dios y que su fuerza lleve la salud, la paz y la alegría a todos. OREMOS

2.- Para que junto a Cristo, atendamos a los pobres, a los enfermos, a los que sufren dolor de cuerpo y alma, a los alejados, a los solitarios. Y que ellos, una vez consolados, hagan presente la Buena Nueva en otros que sufren de dolor, de soledad, de desencanto. OREMOS

3.- Para que el ejemplo del buen samaritano presida todos nuestros pensamientos y actos en este tiempo duro, insolidario e inflexible. Que a ningún hermano le falte sobre sus heridas el aceite y el vino de nuestro amor OREMOS

4.- Y roguemos muy especialmente por los que sufren, por quienes están en los hospitales o bajo tratamiento medico de larga duración, por las mujeres y niños maltratados, por los heridos por cualquier violencia o acción injusta o criminal, para que su sufrimiento, alineado con el de Cristo, nos sirva de perdón. OREMOS

5.- Por los profesionales de la medicina y de la sanidad, por los religiosos y religiosas que trabajan con los enfermos, por nuestros hermanos aquí en esta parroquia que trabajan con los enfermos y marginados, para que Dios les ayude y les acompañe en todas las horas y no pierdan la muestra del amor que Dios tiene a todos los hermanos, y especialmente a los que sufren. OREMOS

6.- Por todos nosotros, aquí reunidos, para que Jesús, médico de cuerpos y almas, sane nuestras culpas, termine con nuestros egoísmos y nos haga pacíficos, tiernos, amorosos y sacrificados con los demás. OREMOS

Escucha, Dios Padre Nuestro, estas plegarias que te hacemos en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Amen.


Cristo nos asegura que la actitud del cristiano es el Amor. Amor que nos viene del Padre, amor que da fruto y fruto que dura. Pedimos a Dios que nos aumente la capacidad de amar al prójimo diciendo:

SEÑOR, AYÚDANOS A AMAR A LOS DEMÁS

1. – Por el Papa, para que siga incansable en su labor de esparcir Amor por todo el mundo. OREMOS

2. – Por los que viven lejos de su familia por necesidades de trabajo o por enfermedad para que encuentren en su entorno el Amor que Dios nos brinda en los hermanos. OREMOS

3. – Por los que viven solos, desamparados, por los que se sienten faltos de cariño, para que encuentren un corazón que les brinde ese amor que nos viene de lo alto. OREMOS

4. – Por los que dedican su vida a los demás, para que no desfallezca en su esfuerzo y encuentren en su trabajo frutos de los que duran. OREMOS

5. – Por los habitantes de la tierra que aún no conocen al Señor, para que descubran que Cristo también murió por ellos y se vean dentro de la corriente de Amor que brotó de su costado. OREMOS

6. – Pidamos que llegue pronto la Paz a los pueblos necesitados de ella y puedan crecer y desarrollarse sin odios ni resentimientos. OREMOS

7. – Pidamos por todos los que nos reunimos ante el altar de Cristo a compartir su cuerpo y sangre, para que esa unión este fundamentada en el verdadero Amor que es nuestro distintivo. OREMOS.

Señor, atiende con presteza y largueza estas súplicas que ante ti presentamos y no dejes de atender aquellas que llevamos en nuestro corazón. Por Jesucristo nuestro Señor

Amen.

Comentario al evangelio – Martes V de Pascua

Jesús ha comenzado diciendo: “Os dejo la paz. La paz os doy”. La paz que Jesús nos deja no es solo ausencia de conflictos armados. La paz de Jesús es Bendición, Don que contiene todos los dones. Es el don de la Resurrección a su Iglesia, el principio de la nueva creación. La paz de Jesús es una paz universal, pero no hay recetas rápidas y seguras para ella. Se construye en el día a día, y se halla en la fraternidad y en la delicadeza del encuentro con los hermanos. Es una paz que es don y conquista permanente.

El Señor ha derramado su paz en nuestros corazones. Una paz que es seguridad y fuerza. Una paz que nos asegura: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” Una paz que nos da tranquilidad y esperanza. Una paz que nos acompaña siempre. Una paz que es motivo de constante alegría, porque Jesús ha dicho: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”. Sin embargo en este tiempo de pandemia han hecho acto de presencia la inquietud y el temor. Dios parece callarse dentro de nosotros, no responde como quisiéramos. Este silencio nos espanta, hace saltar las dudas y la paz parece estar asediada. Estamos inquietos, nerviosos, preocupados… Quisiéramos respuestas rápidas y contundentes.  En estos momentos tenemos que recordar que Dios está presente en la luz oscura de la fe; que debemos ejercitar la fe para oír aquello que no oímos, ver aquello que no vemos, agarrarnos a lo que buscamos en la niebla. No podemos olvidar que Dios está presente, pero no poseído en plenitud; que la fe madura en el tiempo de la ausencia; que la fe se perfecciona en la búsqueda; que la fe se purifica a través de los acontecimientos más duros y difíciles.

Jesús también ha dicho: “Me voy, pero volveré a vosotros”. El Señor promete su presencia y su acompañamiento. No nos deja huérfanos. Él será quien nos defienda del Malo, quien nos consuele en las luchas y dificultades, quien haga que nada temamos aunque caminemos por cañadas oscuras, y quien nos tranquilice en los momentos de mayor riesgo. La paz que Él nos da está asegurada. Solo hay que tener fe y confianza. En esta clave tenemos que leer el libro de los Hechos de los Apóstoles; un ejemplo es la lectura de hoy: nada ni nadie les impidió seguir anunciando el Mensaje de Salvación y en ese ir y venir a las diferentes ciudades les acompañaba el Señor con su paz. 

José Luis Latorre, cmf