La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

6.- PARÁBOLA DE LOS SIERVOS

Mt 24, 45-51; Lc 12, 35-40

Tened ceñidas vuestras cinturas y las lámparas encendidas, y estad como quienes aguardan a su amo cuando vuelve de las nupcias, para abrirle al instante en cuanto venga y llame.

Tener ceñida la cintura es una metáfora basada en las costumbres de los hebreos, y en general de todos los habitantes de Oriente Medio, que ceñían sus amplias vestiduras antes de emprender un viaje, para caminar con comodidad. En el relato del Éxodo se narra la prescripción de Dios a los israelitas de celebrar el sacrificio de la Pascua con la ropa ceñida, las sandalias calzadas y el bastón en mano, porque iba a comenzar el itinerario hacia la tierra de promisión. Del mismo modo, tener las lámparas encendidas indica la actitud atenta, propia del que espera la llegada de alguien.

El Señor enseña una vez más que la actitud del discípulo ha de ser como la de aquel que está a punto de emprender un viaje, o de quien espera a alguien importante. Su actitud no puede ser de somnolencia y de descuido. Y esto, por dos razones: porque el enemigo está siempre al acecho, como león rugiente, buscando a quién devorar[1], y porque quien ama no duerme, está vigilante.

Es tan grata a Dios la actitud del alma que día tras día y hora tras hora aguarda la llegada de su Señor, que Jesús exclama en esta parábola: Dichosos aquellos siervos a los que al volver su amo los encuentre vigilando. Y, olvidando quién es el criado y quién el señor, sienta a la mesa al criado y él mismo lo sirve. Es el amor infinito que no teme invertir los puestos que a cada uno corresponden: En verdad os digo que se ceñirá la cintura, les hará sentar a la mesa y acercándose les servirá. Las promesas de intimidad con Dios van más allá de lo que podemos imaginar.

El corazón que ama está alerta, como el centinela en la trinchera.


[1] Cfr. 1 P 5, 8.