Vísperas – Miércoles V de Pascua

VÍSPERAS

MIÉRCOLES V DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto
lo que el miedo niega.

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador. Aleluya.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda ofreceré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador. Aleluya.

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Aleluya.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Aleluya.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Aleluya.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Aleluya.

LECTURA: Hb 7, 24-27

Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdote que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder a su favor. Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día —como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo—, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, que resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre, y digámosle:

Oh Cristo, siempre vivo para interceder por los hombres, escucha nuestra oración.

Acuérdate, Señor, de los que se han consagrado al ministerio pastoral;
— que sean para tu pueblo ejemplo de santidad.

Concede, Señor, el espíritu de justicia y de paz a los que gobiernan las naciones
— y haz que trabajen para que todos podamos vivir según tu ley.

Concede la paz a nuestros días
— y multiplica los bienes de la tierra, para que los pobres puedan gozar de las riquezas de tu bondad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Cristo, que con tu triunfo has iluminado el mundo entero y has llamado a la vida a toda la creación, que estaba sometida a la frustración,
— concede la luz eterna a nuestros hermanos difuntos.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido, atrae hacia ti el corazón de tus fieles, para que siempre vivan a la luz de tu verdad los que han sido librados de las tinieblas del error. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles V de Pascua

1.-Introduccion

Señor, hoy necesito que me hagas entender vivencialmente esta relación que se da entre la vid y los sarmientos. Una misma sangre de vida divina corre debajo de mi piel. Mi pobre, frágil y menesterosa vida humana está sostenida y alimentada por la Vida, la vida eterna. Sin Ti yo no soy nada. Contigo, tengo la misma vida de Dios. Deja que en esta oración caiga de rodillas y adore “desde el tiempo” tu Eternidad; “desde mi finitud”, tu Infinitud y “desde mi pequeñez” tu Inmensidad.

2.- Lectura reposada del evangelio. Juan 15, 1-8

«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Lo esencial de nuestra vida cristiana no es saber que estamos unidos a Cristo como los sarmientos a la vid. Lo importante es vivirlo, experimentarlo, disfrutarlo. Separarse es arrancarse. Algo duele por dentro cuando me separo de Jesús. Separarse es “secarse”. Algo terrible pasa en mi vida cuando me separo de Jesús. ¿Para qué sirven unos sarmientos separados de la vid? Sólo para alimentar el fuego. Ningún tipo de madera es tan desechable, tan improductible. Sin Cristo, mi vida se va apagando, se va secando, se va muriendo. En cambio, el sarmiento unido a la vid, echa yemas, pámpanos, uvas. ¡Qué vida tan llena! Por otra parte, en la vida práctica, una vid sin sarmientos tampoco produce frutos. ¡Qué responsabilidad tan enorme! Dios ha querido salvar el mundo contando conmigo. Si me separo de Jesús, ¡qué decepción para Dios! Esperaba frutos sazonados y dio agrazones (Is, 5,4). Y el agrazón es la fruta que no ha madurado, la que deja un sabor amargo. ¿Es ése el sabor que voy a dejar a Dios, de mi paso por este mundo? A veces confundo el “fruto” con el “éxito”. El “éxito” es visible y el tener éxito puede llevarme a la vanidad y la soberbia. “El fruto auténtico” es invisible. Sólo lo ve el Padre que ve en lo escondido. Haz que yo siempre me goce de la alegría que produce el poder agradar al Padre.

Palabra del Papa

“Jesús es la vid y a través de Él –como la linfa en el árbol– hace llegar a los sarmientos el amor mismo de Dios, el Espíritu Santo. Es así: nosotros somos los sarmientos, y a través de esta parábola, Jesús nos quiere hacer entender la importancia de estar unidos con Él. Los sarmientos no son autosuficientes, sino que dependen totalmente de la vid, en la cual se encuentra el manantial de la vida de ellos. Así es para nosotros los cristianos. Insertados con el bautismo en Cristo, hemos recibido de Él gratuitamente el don de la vida nueva y podemos quedarnos en comunión vital con Cristo”. (Homilía de S.S. Francisco, 3 de mayo de 2015).

4.- Qué me dice este texto hoy a mí. (Guardo silencio).

5.- Propósito. Detenerme, a lo largo del día, y quedar sorprendido al constatar que por mis venas circula la misma vida de Dios.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, quiero agradecerte el que me hayas hecho partícipe de tu misma vida. Lo único que me interesa es disfrutar de ese divino don que Tú me has dado. Y lo único que pretendo es dar buenos frutos, frutos sazonados de buenas obras. Quisiera morir como Tú: Con serenidad, con paz, tomando entre las manos el libro de la vida para cerrarlo diciendo: ¡Misión cumplida! Y después descansar para siempre en los brazos del Padre.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 5, 31-32

31También fue dicho: ‘El que repudia a su mujer, que le dé acta de divorcio’. 32Pero yo os digo: todo el que repudia a su mujer, excepto en caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.

 

La expresión introductoria de la tercera antítesis es formulada muy brevemente, porque se relaciona estrechamente con la anterior, mediante la doble referencia a «hacer ser adúltera» y «cometer adulterio»; se trata siempre de comprender el sexto precepto del decálogo.

 

  • La tesis del v. 31 contiene una norma del AT muy especial: la regulación del divorcio en Dt 24,1. En este pasaje se trata del divorcio legal con acta de divorcio, que se menciona sólo a propósito de la prohibición, para el varón, de contraer segundas nupcias con su antigua esposa (Dt 24,4). A esta regulación contrapone Mateo otra: la calificación, por Jesús, del divorcio como adulterio, excepto en caso de «fornicación» (porneía). Con la posibilidad de divorcio en caso de «fornicación» queda aún un caso en que se pueden escribir las actas de divorcio en el sentido de Dt 24,1. Sólo en Mt 19,3-9 aclara el evangelista lo que piensa acerca de la relación entre la voluntad de Jesús y la norma del AT sobre el acta de divorcio: el postulado de Jesús responde a la voluntad originaria de Dios, y la norma de Moisés sobre el acta de divorcio es una mera concesión cuya validez perdura en forma limitada. La concesión de Moisés queda subordinada a la proclamación de la voluntad de Dios originaria.
  • En el v. 32 el dicho de Jesús sólo afecta, como en la antítesis anterior, al marido, ya que sólo él podía, en el judaísmo, repudiar a su mujer. No se tiene en cuenta la situación de las mujeres, que son objeto del casamiento, del divorcio y del adulterio; aparecen sólo «pasivamente». No es fácil interpretar la prohibición del divorcio en el marco de la predicación de Jesús. Los exegetas suelen relacionarla con la atención de Jesús a las mujeres, menospreciadas «en todos los sentidos»: concibiendo el matrimonio como «unidad que no puede derogarse con la ley», Jesús libera a la mujer de su dependencia como posesión del marido y descubre «la realidad de la relación interhumana» del matrimonio. La prohibición del divorcio sería, pues, expresión del amor de Jesús y de Dios a la mujer postergada. Pero hay algo que aconseja cautela: Jesús se sitúa en la perspectiva del matrimonio y no del amor a la mujer postergada. Se sitúa así en una tradición bíblica y judía que se oponía radicalmente al divorcio: «Odio el divorcio, dice el Señor» (Mal 2,16). En Qumrán también se rechazaba absolutamente el divorcio; Jesús también abogó en principio por la indisolubilidad del matrimonio.
  • Queda la «cláusula» de excepción. En la comunidad de Mateo el divorcio sólo era lícito en caso de «fornicación» (porneía). Esta palabra sólo puede designar un desorden sexual. En nuestro texto significa actividad sexual de la mujer fuera del matrimonio, es decir, prácticamente adulterio. En la comunidad mateana rige, pues, la prohibición del divorcio establecida por Jesús, a menos que se trate de un caso de adulterio. De ese modo la comunidad asume una creencia judía: la fornicación es una infamia que profana la tierra de Israel; el adulterio y la fornicación son una mancha que destruye el matrimonio. Con el adulterio, el matrimonio está ya destruido. Por eso, el divorcio en caso de adulterio es un deber para el judaísmo. La cláusula mateana sobre la fornicación deja abierta la cuestión de si en caso de fornicación el matrimonio debe disolverse o sólo puede disolverse. Tanto el trasfondo judío como la historia de la exégesis cristiana primitiva inclinan a pensar lo primero. Esa cláusula no fue considerada por la comunidad como liberación de una prohibición demasiado severa, sino más bien como precepto de Dios que protegía de la impureza.
  • La historia de la influencia de Mt 5,32 en el derecho canónico católico pone en claro que el recurso al texto bíblico no resuelve por sí solo los problemas. Hay mundos de distancia entre Mt 5,32 y la Iglesia católica actual: el matrimonio es una realidad distinta respecto a la época de Jesús; las experiencias que los hombres han hecho con él, sin olvidar las de las mujeres, son diferentes y la Iglesia misma ha cambiado respecto a la comunidad de Mateo. Tanto Mateo, con su inserción de la cláusula de la fornicación, como también y especialmente Pablo, con sus instrucciones en 1Co 7,10-16 a propósito de problemas concretos, muestran la flexibilidad con que se podía adaptar en el NT el derecho instituido por el propio Señor. ¿Se da esa flexibilidad bíblica y humana del derecho en la Iglesia?

Comentario – Miércoles V de Pascua

(Jn 15, 1-8)

Jesús se compara a una vid, una parra, y los discípulos son las ramas; ellos son los sarmientos, que reciben de él la savia, la vida, el alimento que los sostiene. Por eso Jesús nos invita a permanecer en él, de manera que no terminemos secos y muertos.

De él viene la vida espiritual, la vida sobrenatural. Pero en realidad la insistencia de este texto está en la invitación a dar frutos, a producir algo que valga la pena, y nos dice que sólo unidos al Señor podemos dar frutos.

Jesús toca con estas palabras una de las necesidades más profundas del ser humano, que es el deseo de sentirse fecundo, de ser útil, el anhelo de desarrollar las propias capacidades para producir algo bueno en este mundo, para que nuestros años no vayan pasando sin que podamos regalarle algo bueno a este mundo. Esta fecundidad da gloria al Padre (15, 8), porque él ama que la vida se difunda, se multiplique, se derrame cada vez más. Él nos quiere vivos produciendo fruto, no muertos y estériles.

Y este Padre que recibe gloria cuando damos frutos, es el viñador, el que poda las ramas para que produzcan más fruto. Y esa limpieza de las ramas se realiza a través de la palabra de Jesús (15, 3). Se trata de las purificaciones que debe recibir nuestro corazón cuando se está esclavizando, cuando se está apegando demasiado a las cosas y vanidades del mundo, y cuando al escuchar la palabra de Jesús descubre su miseria. Entonces puede entregar, dolorosamente, las cosas y los proyectos que lo esclavizaban. Pero ese dolor es liberador, y permitirá que la rama pueda ser fecunda, que pueda ofrecer fruto abundante de vida, de amor, de alegría para Dios y para los demás.

Oración:

“Señor, dame la gracia de dejarme purificar con tu Palabra, de permitir que tú me purifiques y me limpies para que mi vida sea fecunda, para que no me encierre en una búsqueda egoísta de placer y comodidad que no me permite dar fruto”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

CAPÍTULO II

EL SANO FOMENTO DEL PROGRESO CULTURAL

Introducción

53. Es propio de la persona humana el no llegar a un nivel verdadera y plenamente humano si no es mediante la cultura, es decir, cultivando los bienes y los valores naturales. Siempre, pues, que se trata de la vida humana, naturaleza y cultura se hallen unidas estrechísimamente.

Con la palabra cultura se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano.

De aquí se sigue que la cultura humana presenta necesariamente un aspecto histórico y social y que la palabra cultura asume con frecuencia un sentido sociológico y etnológico. En este sentido se habla de la pluralidad de culturas. Estilos de vida común diversos y escala de valor diferentes encuentran su origen en la distinta manera de servirse de las cosas, de trabajar, de expresarse, de practicar la religión, de comportarse, de establecer leyes e instituciones jurídicas, de desarrollar las ciencias, las artes y de cultivar la belleza. Así, las costumbres recibidas forman el patrimonio propio de cada comunidad humana. Así también es como se constituye un medio histórico determinado, en el cual se inserta el hombre de cada nación o tiempo y del que recibe los valores para promover la civilización humana.

Comentario Domingo VI de Pascua

Oración preparatoria

Señor y Hermano nuestro Jesús, Tú estás con tu Padre y estás con nosotros cada vez que “nos reunimos en tu nombre”, concédenos:

  • vivir siempre de las Palabras que dirigiste a los tuyos en la última cena,

  • y permanecer siempre pidiendo y esperando tu Espíritu que nos haga amarte a ti, amar a tu Padre, y cumplir tu mandamiento de amar a nuestros hermanos los seres humanos. AMEN

 

Jn 15, 9-17

«9Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor.

10Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

11Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. 12Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.

13Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. 14Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

16No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé.

17Esto os mando: que os améis unos a otros».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 
CONTEXTO

Continuamos con la lectura del cap. 15 de Juan, y continúan algunos términos claves del evangelio del domingo pasado: permanecer en Jesús, dar frutos, pedir al Padre y ser concedido. En el pasaje de hoy, emerge la idea del amor entre el Padre y el Hijo, entre el Hijo y los discípulos y entre los discípulos. Además, otros temas significativos son el guardar los mandamientos de Jesús, la alegría, la amistad, la elección y el envío. Se crea así un itinerario espiritual impresionante, cuyo origen está en la experiencia de amor teologal, que conlleva un adecuado planteamiento ético de la vida, que produce una alegría insospechada cuando la vida está bien fundamentada en Jesús (cuando nos considera ‘amigos’ suyos), que elige, llama y envía a sus seguidores a producir fruto, un fruto que haga patente aquí y ahora el amor teologal, un estado de cosas que los sinópticos llaman ‘Reino de Dios’.

 
TEXTO

El evangelio tiene dos partes: a) la primera parte (vv. 9-11), centrada en “permanecer en el amor” (vv. 9-10) y una conclusión sobre el gozo. Se advierte una cadena de doble dirección: el amor del Padre al Hijo y del Hijo a sus discípulos; la permanencia de los discípulos en el Hijo y del Hijo en el Padre. Todo, ¡para que nuestro gozo sea colmado! b) La unidad de la segunda parte (vv. 12-17) viene garantizada por la inclusión “que os améis” (vv. 12 y 17). El amor mutuo tiene su fuente en el amor que Jesús nos tiene, que le lleva a dar la vida por nosotros, a elegirnos y a destinarnos a dar frutos. El amor recíproco es, entonces, expresión y consecuencia obligada de una experiencia teologal: la experiencia de Dios no la expresan nuestras palabras sino el amor que seamos capaces de desplegar hacia los demás. Es el mandamiento para quienes nos decimos seguidores de Jesús.

 
ELEMENTOS A DESTACAR

• El amor del Padre es la fuente de todo. Dios ama al mundo inmensamente y su amor se manifiesta en el envío de su Hijo, para que tengamos vida por medio de Él. Los mandamientos de Jesús y del Padre son expresión de amor y camino de vida. Se permanece en Jesús recorriendo su camino, abrazando su proyecto, igual que Jesús permanece en el Padre siendo el heraldo de su Reino. Permanecer es perseverar.

• La alegría cristiana no es superficial e inestable, no depende de circunstancias internas o externas. Es el don del Señor Resucitado, el signo de la presencia del Espíritu que nos ha sido dado. Se atribuye a Nietzsche la frase: “No creo que Cristo sea salvador, porque no veo a los cristianos cara de salvados”. ¿La podría decir por nosotros? ¿En qué basamos nuestra alegría?

• Si experimentamos el amor del Padre, estamos urgidos a compartir este don con los demás. El discípulo de Jesús hace del amor “la marca de la casa”, pero hacer concreto y efectivo ese amor, y más en estos tiempos tan difíciles, no lo encontramos en un “recetario”: exige profundidad y discernimiento, empatía y decisión; exige tener a Jesús como modelo: por amor verdadero hacia los otros, entrega su propia vida. Por amor verdadero hacia los otros, nosotros…

• Jesús pide a sus elegidos, a los discípulos, a nosotros, obras concretas (frutos) que surgen de la acogida de su Palabra. Nuestro discipulado no es sólo de escucha, sino que debe tener consecuencias en y para la vida. Elección (v. 16), vocación (v. 15), misión (v. 16)… son palabras huecas, es decir, palabras que cada cristiano y cada comunidad tiene que saber rellenar en respuesta al amor de Dios.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo VI de Pascua

VI DOMINGO DE PASCUA

Hechos 10, 25-26.34-35.44-48; Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4; 1Jn 4, 7-10; Juan 15, 9-17

El Amor más grande da la vida por sus amigos.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena. Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”.


Reflexión

Jesús declara cuanto nos ama. ¡Hasta dar la vida por nosotros! Pero nos pide que no nos separemos de su amor. Dios nos da la libertad de escogerlo o no. ¿Qué nos dice Jesús que debemos hacer para permanecer en su amor? (Cumplir sus mandamientos.) ¿Por qué quiere Jesús que permanezcamos en su Amor? (Para que la alegría plena de Jesús esté en nosotros.) ¿Cuál es el mandamiento que Jesús quiere que sigamos? (Que nos amemos unos a los otros.) Jesús dice que Él nos escogió a nosotros como amigo para hacer algo especial. ¿Qué quiere que hagamos y por qué? (Quiere que demos fruto permanente para poder recibir todo que le pidamos al Padre Celestial en su nombre.) ¿Cómo podemos amar a nuestro prójimo y así dar fruto permanente por Jesús? Compartir

 

Actividad

En la siguiente página, dibujar a Jesús y a ti. Escribir en el corazón como vas a amar a tu prójimo esta semana. En la otra página llenar los espacios con las palabras del Evangelio.

 

Oración

Jesús, Tú me amas con toda Tu vida y me escogiste como amigo(a). Solo pides que comparta ese amor con todos. Ayúdame a nunca separarme de Ti y siempre escoger el amor sobre todas las cosas. Jesús en Ti confió. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

La vid verdadera… Permaneced en mi amor… – Juan 15, 9-17

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos porque todo lo que he oido a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

Explicación

Jesús quiere que sus amigos sean alegres como castañuelas y por eso les dice que desea contagiarles toda su alegría para que la trasmitan y la compartan con otras personas, y la posean tan dentro de ellos que nadie se la pueda quitar. Y les mandó una sola cosa: Amaos unos a otros como yo os he amado. Con eso basta.

 

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

JESÚS: Amigos, hoy también debo deciros algo importante. Debéis poner mucha atención.

DISCÍPULO1: Maestro ¿qué es lo que tienes que decirnos?

JESÚS: Muchas veces os he hablado del amor del Padre y os he contado parábolas para que comprendáis mejor lo grande que es ese amor.

DISCÍPULO2: Sabemos que el Padre nos quiere siempre, aunque a veces no somos muy buenos.

JESÚS: Pues así, con ese amor con que nos ama el Padre, os amo yo a vosotros. Permaneced en mi amor.

DISCÍPULO1: Maestro, sabes que te queremos ¿cómo te lo podemos demostrar?

JESÚS: Sólo si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

DISCÍPULO2: Jesús, eso es un poco difícil de cumplir; tú eres muy valiente, pero nosotros…

JESÚS: Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría será inmensa. No debéis tener miedo.

DISCÍPULO1: Si estás a nuestro lado, ¡todo será más fácil!

DISCÍPULO2: Entonces, ¿qué debemos hacer?, ¿qué nos mandas?

JESÚS: Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

DISCÍPULO1: ¡Eso es muy fácil, todos somos amigos!

JESÚS: ¿Sois capaces de dar la vida por uno de tus amigos?

DISCÍPULOS: ¡Hombre, Jesús, no te pases!

JESÚS: Pues escuchad bien: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. ¿Vosotros sois mis amigos?

DISCÍPULOS: ¡Claro! ¡Desde luego!

JESÚS: ¡Tendréis que hacer lo que yo os mande!

DISCÍPULO2: ¿Igual que si fuésemos tus siervos?

JESÚS: No, amigos, no. Yo no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor.

DISCÍPULOS: Entonces… ¿cómo nos llamas?

JESÚS: A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

DISCÍPULO2: Sabemos que eres el mejor amigo, por eso te elegimos como Maestro.

JESÚS: No, vosotros no me habéis elegido, he sido yo el que os ha elegido a vosotros. ¿Recordáis la parábola de la vid?

DISCÍPULO1: ¡Tú eres la vid y nosotros los sarmientos!

JESÚS: Para eso os he destinado, para que deis fruto y vuestro fruto dure.

DISCÍPULO2: ¿No nos dejarás solos, verdad, Señor?

JESÚS: No os preocupéis, todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá.

DISCÍPULO1: Di, qué nos mandas, Jesús. Con tu ayuda y la del Padre podremos hacer… ¡cualquier cosa!

JESÚS: No os mando más que esto: amaos los unos a los otros.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles V de Pascua

Comenzamos la lectura del capítulo 15 del Evangelio de Juan. Nos acompañará hasta el lunes próximo. En este capítulo hay una palabra importante: “permanecer”. Hoy el evangelista pone de relieve uno de los sentidos que da a este verbo: estar unido a Jesús como los sarmientos a la vid.

PERMANECER: es unión y comunión profunda, real e indestructible entre Jesús y los que creemos en Él. Jesús es la vid, la fuente de la vida que corre por los sarmientos –los cristianos-. Así como el sarmiento vive de y por la vid, también los cristianos vivimos de y por Jesús. El cristianismo no es solo un mensaje, sino una vida; no es solo luz que ilumina, sino energía que transforma. Es la vida de Cristo derramada en nosotros que vivifica nuestra existencia gracias a nuestra comunión con Él. Con Jesús yo estoy vivo, sin Él estoy muerto; con Jesús somos todo y lo podemos todo; sin Jesús no somos nada ni podemos nada. El sarmiento unido a la vida “da mucho fruto”, separado de la vid, se seca, es estéril, porque la savia le viene de la cepa no de sí mismo.

PERMANECER: es unión y comunión con los demás sarmientos –los cristianos-. La cepa generalmente no es un solo sarmiento, sino varios, y la misma savia de la cepa nutre a todos los sarmientos y los mantiene unidos a la cepa y entre ellos. Los sarmientos unidos expresan la vitalidad de la cepa. Jesús es la vid, los cristianos los sarmientos. La vida de Jesús corre la misma por todos los cristianos y los une a todos. Es la vida de Jesús la que crea la comunión entre todos los cristianos. Comunión que es unión de corazones no estar juntos simplemente; comunión de sentimientos, no solo de palabras y ritos. Comunión que es amistad –“ya no os llamo siervos, sino amigos”-. Los amigos buscan el bien de los amigos, es decir la fraternidad, la justicia, la igual en derechos y deberes, el equilibrio entre el reparto de los bienes, el cuidado de la casa común…

El viñador –el Padre- es el que realiza todos los cuidados de la viña: riega, corta los sarmientos infecundos, poda los fecundos para que den más fruto. El Padre “purifica” la cepa para que cada vez sea más su cepa. Purificación que se realiza en cada uno de nosotros cuando acogemos de corazón la Palabra de Jesús y la dejamos trabajar en nosotros para que poco a poco nos cambie interiormente y podamos decir como San Pablo: “vivo yo, mas no yo, es Cristo quien vive en mí”. Una purificación que dura toda la vida y que tiene diferentes etapas y formas de realizarse.

José Luis Latorre, cmf