Comentario al evangelio – Miércoles V de Pascua

Comenzamos la lectura del capítulo 15 del Evangelio de Juan. Nos acompañará hasta el lunes próximo. En este capítulo hay una palabra importante: “permanecer”. Hoy el evangelista pone de relieve uno de los sentidos que da a este verbo: estar unido a Jesús como los sarmientos a la vid.

PERMANECER: es unión y comunión profunda, real e indestructible entre Jesús y los que creemos en Él. Jesús es la vid, la fuente de la vida que corre por los sarmientos –los cristianos-. Así como el sarmiento vive de y por la vid, también los cristianos vivimos de y por Jesús. El cristianismo no es solo un mensaje, sino una vida; no es solo luz que ilumina, sino energía que transforma. Es la vida de Cristo derramada en nosotros que vivifica nuestra existencia gracias a nuestra comunión con Él. Con Jesús yo estoy vivo, sin Él estoy muerto; con Jesús somos todo y lo podemos todo; sin Jesús no somos nada ni podemos nada. El sarmiento unido a la vida “da mucho fruto”, separado de la vid, se seca, es estéril, porque la savia le viene de la cepa no de sí mismo.

PERMANECER: es unión y comunión con los demás sarmientos –los cristianos-. La cepa generalmente no es un solo sarmiento, sino varios, y la misma savia de la cepa nutre a todos los sarmientos y los mantiene unidos a la cepa y entre ellos. Los sarmientos unidos expresan la vitalidad de la cepa. Jesús es la vid, los cristianos los sarmientos. La vida de Jesús corre la misma por todos los cristianos y los une a todos. Es la vida de Jesús la que crea la comunión entre todos los cristianos. Comunión que es unión de corazones no estar juntos simplemente; comunión de sentimientos, no solo de palabras y ritos. Comunión que es amistad –“ya no os llamo siervos, sino amigos”-. Los amigos buscan el bien de los amigos, es decir la fraternidad, la justicia, la igual en derechos y deberes, el equilibrio entre el reparto de los bienes, el cuidado de la casa común…

El viñador –el Padre- es el que realiza todos los cuidados de la viña: riega, corta los sarmientos infecundos, poda los fecundos para que den más fruto. El Padre “purifica” la cepa para que cada vez sea más su cepa. Purificación que se realiza en cada uno de nosotros cuando acogemos de corazón la Palabra de Jesús y la dejamos trabajar en nosotros para que poco a poco nos cambie interiormente y podamos decir como San Pablo: “vivo yo, mas no yo, es Cristo quien vive en mí”. Una purificación que dura toda la vida y que tiene diferentes etapas y formas de realizarse.

José Luis Latorre, cmf