Comentario Domingo VI de Pascua

Oración preparatoria

Señor y Hermano nuestro Jesús, Tú estás con tu Padre y estás con nosotros cada vez que “nos reunimos en tu nombre”, concédenos:

  • vivir siempre de las Palabras que dirigiste a los tuyos en la última cena,

  • y permanecer siempre pidiendo y esperando tu Espíritu que nos haga amarte a ti, amar a tu Padre, y cumplir tu mandamiento de amar a nuestros hermanos los seres humanos. AMEN

 

Jn 15, 9-17

«9Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor.

10Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

11Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. 12Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.

13Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. 14Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

16No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé.

17Esto os mando: que os améis unos a otros».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 
CONTEXTO

Continuamos con la lectura del cap. 15 de Juan, y continúan algunos términos claves del evangelio del domingo pasado: permanecer en Jesús, dar frutos, pedir al Padre y ser concedido. En el pasaje de hoy, emerge la idea del amor entre el Padre y el Hijo, entre el Hijo y los discípulos y entre los discípulos. Además, otros temas significativos son el guardar los mandamientos de Jesús, la alegría, la amistad, la elección y el envío. Se crea así un itinerario espiritual impresionante, cuyo origen está en la experiencia de amor teologal, que conlleva un adecuado planteamiento ético de la vida, que produce una alegría insospechada cuando la vida está bien fundamentada en Jesús (cuando nos considera ‘amigos’ suyos), que elige, llama y envía a sus seguidores a producir fruto, un fruto que haga patente aquí y ahora el amor teologal, un estado de cosas que los sinópticos llaman ‘Reino de Dios’.

 
TEXTO

El evangelio tiene dos partes: a) la primera parte (vv. 9-11), centrada en “permanecer en el amor” (vv. 9-10) y una conclusión sobre el gozo. Se advierte una cadena de doble dirección: el amor del Padre al Hijo y del Hijo a sus discípulos; la permanencia de los discípulos en el Hijo y del Hijo en el Padre. Todo, ¡para que nuestro gozo sea colmado! b) La unidad de la segunda parte (vv. 12-17) viene garantizada por la inclusión “que os améis” (vv. 12 y 17). El amor mutuo tiene su fuente en el amor que Jesús nos tiene, que le lleva a dar la vida por nosotros, a elegirnos y a destinarnos a dar frutos. El amor recíproco es, entonces, expresión y consecuencia obligada de una experiencia teologal: la experiencia de Dios no la expresan nuestras palabras sino el amor que seamos capaces de desplegar hacia los demás. Es el mandamiento para quienes nos decimos seguidores de Jesús.

 
ELEMENTOS A DESTACAR

• El amor del Padre es la fuente de todo. Dios ama al mundo inmensamente y su amor se manifiesta en el envío de su Hijo, para que tengamos vida por medio de Él. Los mandamientos de Jesús y del Padre son expresión de amor y camino de vida. Se permanece en Jesús recorriendo su camino, abrazando su proyecto, igual que Jesús permanece en el Padre siendo el heraldo de su Reino. Permanecer es perseverar.

• La alegría cristiana no es superficial e inestable, no depende de circunstancias internas o externas. Es el don del Señor Resucitado, el signo de la presencia del Espíritu que nos ha sido dado. Se atribuye a Nietzsche la frase: “No creo que Cristo sea salvador, porque no veo a los cristianos cara de salvados”. ¿La podría decir por nosotros? ¿En qué basamos nuestra alegría?

• Si experimentamos el amor del Padre, estamos urgidos a compartir este don con los demás. El discípulo de Jesús hace del amor “la marca de la casa”, pero hacer concreto y efectivo ese amor, y más en estos tiempos tan difíciles, no lo encontramos en un “recetario”: exige profundidad y discernimiento, empatía y decisión; exige tener a Jesús como modelo: por amor verdadero hacia los otros, entrega su propia vida. Por amor verdadero hacia los otros, nosotros…

• Jesús pide a sus elegidos, a los discípulos, a nosotros, obras concretas (frutos) que surgen de la acogida de su Palabra. Nuestro discipulado no es sólo de escucha, sino que debe tener consecuencias en y para la vida. Elección (v. 16), vocación (v. 15), misión (v. 16)… son palabras huecas, es decir, palabras que cada cristiano y cada comunidad tiene que saber rellenar en respuesta al amor de Dios.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?