Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 5, 31-32

31También fue dicho: ‘El que repudia a su mujer, que le dé acta de divorcio’. 32Pero yo os digo: todo el que repudia a su mujer, excepto en caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.

 

La expresión introductoria de la tercera antítesis es formulada muy brevemente, porque se relaciona estrechamente con la anterior, mediante la doble referencia a «hacer ser adúltera» y «cometer adulterio»; se trata siempre de comprender el sexto precepto del decálogo.

 

  • La tesis del v. 31 contiene una norma del AT muy especial: la regulación del divorcio en Dt 24,1. En este pasaje se trata del divorcio legal con acta de divorcio, que se menciona sólo a propósito de la prohibición, para el varón, de contraer segundas nupcias con su antigua esposa (Dt 24,4). A esta regulación contrapone Mateo otra: la calificación, por Jesús, del divorcio como adulterio, excepto en caso de «fornicación» (porneía). Con la posibilidad de divorcio en caso de «fornicación» queda aún un caso en que se pueden escribir las actas de divorcio en el sentido de Dt 24,1. Sólo en Mt 19,3-9 aclara el evangelista lo que piensa acerca de la relación entre la voluntad de Jesús y la norma del AT sobre el acta de divorcio: el postulado de Jesús responde a la voluntad originaria de Dios, y la norma de Moisés sobre el acta de divorcio es una mera concesión cuya validez perdura en forma limitada. La concesión de Moisés queda subordinada a la proclamación de la voluntad de Dios originaria.
  • En el v. 32 el dicho de Jesús sólo afecta, como en la antítesis anterior, al marido, ya que sólo él podía, en el judaísmo, repudiar a su mujer. No se tiene en cuenta la situación de las mujeres, que son objeto del casamiento, del divorcio y del adulterio; aparecen sólo «pasivamente». No es fácil interpretar la prohibición del divorcio en el marco de la predicación de Jesús. Los exegetas suelen relacionarla con la atención de Jesús a las mujeres, menospreciadas «en todos los sentidos»: concibiendo el matrimonio como «unidad que no puede derogarse con la ley», Jesús libera a la mujer de su dependencia como posesión del marido y descubre «la realidad de la relación interhumana» del matrimonio. La prohibición del divorcio sería, pues, expresión del amor de Jesús y de Dios a la mujer postergada. Pero hay algo que aconseja cautela: Jesús se sitúa en la perspectiva del matrimonio y no del amor a la mujer postergada. Se sitúa así en una tradición bíblica y judía que se oponía radicalmente al divorcio: «Odio el divorcio, dice el Señor» (Mal 2,16). En Qumrán también se rechazaba absolutamente el divorcio; Jesús también abogó en principio por la indisolubilidad del matrimonio.
  • Queda la «cláusula» de excepción. En la comunidad de Mateo el divorcio sólo era lícito en caso de «fornicación» (porneía). Esta palabra sólo puede designar un desorden sexual. En nuestro texto significa actividad sexual de la mujer fuera del matrimonio, es decir, prácticamente adulterio. En la comunidad mateana rige, pues, la prohibición del divorcio establecida por Jesús, a menos que se trate de un caso de adulterio. De ese modo la comunidad asume una creencia judía: la fornicación es una infamia que profana la tierra de Israel; el adulterio y la fornicación son una mancha que destruye el matrimonio. Con el adulterio, el matrimonio está ya destruido. Por eso, el divorcio en caso de adulterio es un deber para el judaísmo. La cláusula mateana sobre la fornicación deja abierta la cuestión de si en caso de fornicación el matrimonio debe disolverse o sólo puede disolverse. Tanto el trasfondo judío como la historia de la exégesis cristiana primitiva inclinan a pensar lo primero. Esa cláusula no fue considerada por la comunidad como liberación de una prohibición demasiado severa, sino más bien como precepto de Dios que protegía de la impureza.
  • La historia de la influencia de Mt 5,32 en el derecho canónico católico pone en claro que el recurso al texto bíblico no resuelve por sí solo los problemas. Hay mundos de distancia entre Mt 5,32 y la Iglesia católica actual: el matrimonio es una realidad distinta respecto a la época de Jesús; las experiencias que los hombres han hecho con él, sin olvidar las de las mujeres, son diferentes y la Iglesia misma ha cambiado respecto a la comunidad de Mateo. Tanto Mateo, con su inserción de la cláusula de la fornicación, como también y especialmente Pablo, con sus instrucciones en 1Co 7,10-16 a propósito de problemas concretos, muestran la flexibilidad con que se podía adaptar en el NT el derecho instituido por el propio Señor. ¿Se da esa flexibilidad bíblica y humana del derecho en la Iglesia?