Meditación – Miércoles V de Pascua

Hoy es miércoles V de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 15, 1-8):

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».

Hoy vemos a Jesús en el cenáculo, rodeado por los Apóstoles, en un clima de especial intimidad. Él les da las últimas recomendaciones antes de la Pasión. Escuchamos ahora la exhortación a la unidad alrededor de la Palabra que les ha anunciado. De nuevo, Jesús se refiere a su Padre del cielo. Un Padre que nos quiere reunir alrededor de su Hijo.

Jesucristo, como buen Hijo, es un reflejo perfecto del Padre. Es el “Verbo” (Imagen) de Dios, su “Palabra”. Al Padre llegamos a través de esta Palabra. Cristo nos ha hablado de sí mismo, del Padre, del Espíritu Santo, de su Reino… ¡Y del hombre! La Iglesia no cesa de enseñarnos esta Palabra. Lo hace guiada por el Espíritu de la Verdad, que asiste muy particularmente al Papa, Vicario de Cristo.

—Señor, Tú te nos has dado a conocer. Quisiera agradecerte tu confianza con una fiel atención a las enseñanzas de la Iglesia, al Magisterio y al Papa.

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

Liturgia – Miércoles V de Pascua

MIÉRCOLES V DE PASCUA, feria

Misa de la feria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Pascual.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 15, 1-6. Se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia.
  • Sal 121.Vamos alegres a la casa del Señor.
  • Jn 15, 1-8.El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.

Antífona de entrada           Cf. Sal 70, 8. 23
Llena estaba mi boca de tu alabanza para poder cantar. Te aclamarán mis labios, Señor. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, sabiendo que nuestra boca siempre tiene que estar llena de la alabanza y de la gloria del Señor, y nuestros labios siempre tienen que aclamarlo; comencemos la celebración de los sagrados misterios reconociendo que estamos necesitados de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.

• Tú, que eres la vid verdadera. Señor, ten piedad.
• Tú, que quieres que permanezcamos en ti. Cristo, ten piedad.
• Tú, que nos llamas a dar fruto abundante. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios, que amas la inocencia
y la devuelves a quien la ha perdido,
atrae hacia ti los corazones de tus siervos,
para que nunca se aparten de la luz de tu verdad
los que han sido liberados de las tinieblas del error.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Pidamos ahora a Dios que unidos a Él demos frutos abundantes y que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad y se salven.

1.- Para que la Iglesia, a impulsos del Espíritu, mantenga siempre firme su opción preferencial por Jesucristo, y sea signo vital de la presencia de Dios entre los hombres. Roguemos al Señor.

2.- Para que Cristo, el Ungido del Padre, configure con Él a todos los consagrados y dé generosidad a cuantos llama a su seguimiento. Roguemos al Señor.

3.- Para que el don de la paz sea una realidad en los que viven atormentados a causa de la guerra, el egoísmo, el pecado y la explotación entre los hombres y los pueblos. Roguemos al Señor.

4.- Para que todos los difuntos sean asumidos por el triunfo de Cristo glorioso. Roguemos al Señor.

5.- Para que los que celebramos esta Eucaristía manifestemos en nuestras vidas que sólo Dios es el Señor y que Él es nuestra esperanza y nuestro gozo. Roguemos al Señor.

Señor y Padre nuestro, escucha nuestras oraciones, danos tu gracia para que vivamos una caridad sincera sin tensiones ni divisiones, y concédenos vivir injertados en la vid de Cristo como sarmientos vivos que den frutos abundantes. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,
alegrarnos siempre por estos misterios pascuales,
y que la actualización continua de tu obra redentora
sea para nosotros fuente de gozo incesante.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual I

Antífona de comunión
Ha resucitado el Señor e ilumina a los que hemos sido redimidos con su sangre. Aleluya.

Oración después de la comunión
E
SCUCHA, Señor, nuestras oraciones

para que el santo intercambio de nuestra redención
nos sostenga durante la vida presente
y nos dé las alegrías eternas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
TE pedimos, Señor,

que guardes a tu familia concédele en tu bondad incesante,
para que se encuentre libre de toda adversidad
bajo tu protección y viva entregada a ti con sus buenas obras.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 5 de mayo

SAN PÍO V, Papa (1572 d.C)

Miguel Ghislieri nació en 1504, en Bosco, en la diócesis de Tortona y tomó el hábito de Santo Domingo a los catorce años, en el convento de Voghera. Después de su ordenación sacerdotal, fue profesor de filosofía y teología durante dieciséis años. Además, ejerció los cargos de maestro de novicios y superior de varios conventos. En 1556, fue elegido obispo de Nepi y Sutri y al año siguiente, fue nombrado inquisidor general y cardenal. Como él lo hacía notar, con cierta ironía, esos cargos eran como grillos con que la Iglesia le ataba los pies para impedirle volver a la paz del claustro. El Papa Pío IV le trasladó a la sede piamontesa de Mondovi, que estaba prácticamente en ruinas a causa de las guerras. El nuevo prelado consiguió, en poco tiempo, restablecer la calma y la prosperidad; pero pronto fue llamado a Roma a ejercer otros cargos. Aunque las opiniones del cardenal Ghislieri no siempre coincidían con las de Pío IV, jamás dejó de manifestarlas abiertamente.

Pío IV murió en diciembre de 1565. El cardenal Ghislieri fue elegido para sucederle, gracias, sobre todo, a los esfuerzos de San Carlos Borromeo, quien veía en él al reformador que la Iglesia necesitaba. Miguel Ghislieri tomó el nombre de Pío V. Desde el primer momento de su pontificado, puso de manifiesto que estaba decidido a aplicar no sólo la letra, sino también el espíritu del. Concilio de Trento. Con motivo de la coronación de un nuevo Papa, solían distribuirse regalos a la multitud; Pío V ordenó que se diesen dichos regalos a los pobres de los hospitales y que se repartiese, entre los conventos más necesitados de la ciudad, el dinero que estaba destinado a cubrir los gastos de un banquete que solía ofrecerse a los cardenales, embajadores y otras altas personalidades. Uno de los primeros decretos del nuevo Pontífice fue para que los obispos residiesen en sus diócesis y los párrocos en sus parroquias, so pena de severos castigos. San Pío V se ocupó con el mismo celo de purificar la curia, que de acabar con los bandoleros en los Estados Pontificios; de promulgar leyes contra la prostitución, que de prohibir las corridas de toros. En una época de escasez, importó de Francia y Sicilia grandes cantidades de grano y mandó distribuir gratuitamente la mayor parte y vender el resto a un precio inferior al de costo. Resuelto a acabar con el nepotismo, mantuvo a sus parientes a distancia; aunque continuando la tradición tuvo que elevar a uno de sus sobrinos al cardenalato, le concedió poderes muy reducidos. El nuevo Breviario fue publicado en 1568; en él se omitían las fiestas y extravagantes leyendas de algunos santos y se daba a las lecciones de la Sagrada Escritura su verdadero lugar. El nuevo Misal, que apareció dos años más tarde, restableció muchas costumbres antiguas y adaptó la vida litúrgica a las necesidades de la época.[1] A San Pío V debió la Iglesia la mejor edición que se había hecho hasta entonces de las obras de Santo Tomás de Aquino, quien fue titulado Doctor de la Iglesia por el mismo Papa. Las penas que decretó San Pío V contra las violaciones del orden moral eran tan severas, que sus enemigos le acusaron de que quería convertir a Roma en un monasterio. El éxito del Papa se debió, en gran parte, a la veneración que el pueblo le profesaba por su santidad. Ayunaba en el adviento y durante la cuaresma, aun en sus últimos años de vida, a pesar de sus achaques. Su oración era tan fervorosa, que el pueblo aseguraba que obtenía cuanto pidiese a Dios.

Frecuentemente visitaba los hospitales y asistía personalmente a los enfermos. Las reformas que hemos enumerado, habrían consumido todas las energías de un hombre común y corriente; en el caso de San Pío V no eran siquiera su principal preocupación. Los dos grandes problemas de su pontificado fueron la divulgación del protestantismo y las invasiones de los turcos. Contra ambas amenazas trabajó incansablemente; dio nuevo impulso a la Inquisición, de suerte que el sabio Bayo, cuyos escritos fueron condenados, sólo pudo salvar la vida al retractarse. Pero no todos los éxitos del Papa contra el protestantismo se debieron a métodos tan drásticos, ya que, por ejemplo, San Pío V convirtió a un inglés, simplemente con la santidad y dignidad que trashumaban de él. Durante su pontificado, se terminó el catecismo que el Concilio de Trento había mandado redactar y el santo Pontífice mandó traducirlo inmediatamente a varias lenguas. Igualmente impuso a los párrocos la obligación de impartir instrucción religiosa a los niños y jóvenes. Aunque San Pío V era más bien conservador, se adelantó a la mayoría de sus contemporáneos en la importancia que atribuía a la instrucción en el caso del bautismo de los adultos.

Los términos que empleó el Pontífice en la reedición de la bula “In Caena Domini” (1568), dejaban ver claramente que, en cuanto Papa, defendía cierta soberanía sobre los príncipes. Durante muchos años acarició la esperanza de ganar a la fe a Isabel de Inglaterra; pero, en 1570, publicó contra ella una bula de excomunión (“Regnans in Excelsis”), por la que dispensaba a sus súbditos de la obligación de prestarle obediencia y les prohibía reconocerla como soberana. Fue éste un error de juicio, ciertamente, pero se explica por el desconocimiento de las circunstancias reales de Inglaterra y de los sentimientos del pueblo. Esta medida no hizo más que aumentar las dificultades de los católicos ingleses y dar cierta apariencia de verdad a la acusación de traición que se les hacía tan frecuentemente; por otra parte, agudizó las controversias sobre los juramentos y pruebas de fidelidad que tanto molestaron y debilitaron a los católicos, desde el “Juramento de Obediencia”, en 1606, hasta la emancipación, en 1829. Aun actualmente no ha desaparecido del todo la sospecha que la bula despertó acerca de la lealtad cívica de los católicos. Algunos mártires ingleses murieron protestando de su lealtad a la reina y, cuando la Armada Invencible, apoyada por Pío V, quien esperaba que el dominio español en Inglaterra contribuyese a aplicar sus sanciones, zarpó en 1588, los católicos ingleses no se mostraron menos prontos a combatirla, que el resto de sus compatriotas. Europa había cambiado mucho; la época de las luchas entre Gregorio VII y Enrique IV, Alejandro III y Barbarroja, Inocencio III y Juan de Inglaterra, la época de la “Unam Sanctam” de Bonifacio VIII, habían pasado a la historia. Se acercaba el momento en que otro Sumo Pontífice, Pío IX, iba a declarar: “Actualmente ya nadie piensa en el derecho de deponer a los príncipes, que la Santa Sede ejerció antiguamente y el Sumo Pontífice menos que nadie.”

Pío V olvidó su fracaso ante los ingleses, al año siguiente, cuando Don Juan de Austria y Marcantonio Colonna, apoyados política y económicamente por la Santa Sede, acabaron con el poder de los turcos en el Mediterráneo. Al mando de un ejército de veinte mil soldados, zarparon de Corfú y encontraron a la flota turca en el Golfo de Lepanto. Ahí derrotaron a los turcos en una de las más famosas batallas navales. El Papa había orado por la flota cristiana —frecuentemente con los brazos en cruz—, desde que ésta zarpó. Además, había decretado oraciones públicas y ayunos privados. Precisamente a la hora de la batalla, se llevaba a cabo en la iglesia de la Minerva una procesión del santo rosario para pedir por la victoria de los cristianos. El Papa se hallaba tratando algunos negocios con varios cardenales; súbitamente interrumpió la conversación, abrió la ventana y permaneció unos minutos con los ojos clavados en el cielo. Después cerró la ventana y dijo a los cardenales: “No es el momento de hablar de negocios; demos gracias a Dios por la victoria que ha concedido a los ejércitos cristianos.” Para conmemorar dicha victoria, incluyó más tarde, en las Letanías de la Virgen, la invocación “Auxilio de los cristianos” e instituyó una fiesta en honor del santo rosario. El día de la gran victoria fue el 7 de octubre de 1571. Al año siguiente, el Papa sufrió el violento ataque de una dolorosa enfermedad de la que había sufrido mucho tiempo y que sus austeridades habían agravado. Dicha enfermedad le llevó a la tumba el lo de mayo de 1572, a los sesenta y ocho años de edad.

San Pío V —el último de los Papas que alcanzó el honor de los altares hasta el advenimiento de San Pío X— fue canonizado en 1712. El santo Pontífice practicó durante toda su vida la austeridad monacal de su juventud. Su bondad y fervor eran proverbiales: no se contentaba con ayudar económicamente a los pobres y a los enfermos, sino que los asistía personalmente. Cierto que en el carácter de San Pío V había también un aspecto de rudeza, que muchos historiadores se han encargado de subrayar; pero durante su pontificado, en el que no le faltó el apoyo y el ejemplo de hombres de la talla de un San Felipe Neri, Roma empezó a percibir los resultados del Concilio de Trento y volvió a merecer el título de Ciudad Apostólica y Primera Sede del mundo. Un pariente de San Francisco Javier, el Doctor Martín de Azpilcueta, dejó un interesante testimonio del ambiente que reinaba en Roma, en una carta que escribió a su familia. El Doctor Azpilcueta, que había viajado mucho, se hace lenguas de los habitantes de Roma, de su buena conducta y de su espíritu religioso. Ciertamente los viajeros de la época de León X y Paulo III no se expresaban en los mismos términos y el cambio se debió, sobre todo, a San Pío V.

Dada la importancia del papel histórico de San Pío V, resulta imposible dar una bibliografía completa. En la obra de Emilio Calvi, Bibliografía di Roma, se hallará una lista de los libros y artículos antiguos. También Pastor, en el tomo VIII de la Historia de los Papas, consagrado exclusivamente al pontificado de Pío V, cita las principales obras. Aquí mencionaremos únicamente el Summarium de Virtutibus, impreso durante el proceso de canonización para uso de la Sagrada Congregación de Ritos, y las biografías de Catena y Gabutius. Dichas biografías pueden verse en Acta Sanctorum, mayo, vol. I, junto con otros documentos de muy diverso valor. En Analecta Bollandiana, vol. XXXIII (1914), pp. 187-215, hay un excelente artículo del P. Van Ortroy, en el que se halla el esbozo biográfico más antiguo que se conoce de San Pío V. La biografía de G. Grente (1914) en la colección Les Saints es muy buena, as! como la obrita inglesa de C. M. Antony (1911). Es curioso notar que la primera obra que se menciona en la bibliografía sobre San Pío V de la Catholic Encyclopedia es la biografía de Joseph Mendham (1832). Ahora bien, dicha obra es un violento ataque contra San Pío V y la Iglesia católica en general; el autor afirma, por ejemplo, que el oficio parvo de Nuestra Señora, sancionado por San Pío V, “es la más repugnante mezcla de blasfemias e idolatrías de la liturgia papista” y condena “la brutal beatería y la intolerancia sanguinaria de ese Pontífice”.

Alban Butler

[1] La nueva liturgia fue obligatoria en toda la Iglesia de occidente excepto en los casos en que existían costumbres locales que databan de más de doscientos años, como por ejemplo, en la Orden de Predicadores, a la que pertenecía el Papa.

Laudes – Miércoles V de Pascua

LAUDES

MIÉRCOLES V DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 23: ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cristo,
alegría del mundo,
resplandor de la gloria del Padre.
¡Bendita la mañana
que anuncia tu esplendor al universo!

En el día primero,
tu resurrección alegraba
el corazón del Padre.
En el día primero,
vio que todas las cosas eran buenas
porque participaban de tu gloria.

La mañana celebra
tu resurrección y se alegra
con claridad de Pascua.
Se levanta la tierra
como un joven discípulo en tu busca,
sabiendo que el sepulcro está vacío.

En la clara mañana,
tu sagrada luz se difunde
como una gracia nueva.
Que nosotros vivamos
como hijos de luz y no pequemos
contra la claridad de tu presencia. Amén.

SALMO 35: DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS

Ant. En ti, Señor, está la fuente viva. Aleluya.

El malvado escucha en su interior
un oráculo del pecado:
«No tengo miedo a Dios,
ni en su presencia».
Porque se hace la ilusión de que su culpa
no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición,
renuncia a ser sensato y a obrar bien;
acostado medita el crimen,
se obstina en el mal camino,
no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las nubes;
tu justicia hasta las altas cordilleras,
tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva,
y tu luz nos hace ver la luz.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio,
que no me eche fuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores;
derribados no se pueden levantar.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En ti, Señor, está la fuente viva. Aleluya.

CÁNTICO de JUDIT: DIOS, CREADOR DEL MUNDO Y PROTECTOR DE SU PUEBLO

Ant. Enviaste tu Espíritu, Señor, y existió la creación. Aleluya.

¡Alabad a mi Dios con tambores,
elevad cantos al Señor con cítaras,
ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,
ensalzad e invocad su nombre!
Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras,
su nombre es el Señor.

Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor, tú eres grande y glorioso,
admirable en tu fuerza, invencible.

Que te sirva toda la creación,
porque tú lo mandaste y existió;
enviaste tu aliento, y la construiste,
nada puede resistir a tu voz.

Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tu presencia se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Enviaste tu Espíritu, Señor, y existió la creación. Aleluya.

SALMO 46: EL SEÑOR ES REY DE TODAS LAS COSAS

Ant. Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. Aleluya.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.

Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. Aleluya.

LECTURA: Rm 6, 8-11

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo soy la verdadera vid, aleluya; vosotros, mis sarmientos. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy la verdadera vid, aleluya; vosotros, mis sarmientos. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación, y aclamémosle, diciendo:

Por tu victoria, sálvanos, Señor.

Salvador nuestro, Señor Jesús, que con tu victoria sobre la muerte nos has alegrado y con tu resurrección nos has exaltado y nos has enriquecido,
— ilumina hoy nuestras mentes y santifica nuestra jornada con la gracia de tu Espíritu Santo.

Tú que en el cielo eres glorificado por los ángeles y en la tierra eres adorado por los hombres,
— recibe la adoración que en espíritu y verdad te tributamos en esta fiesta de tu resurrección.

Sálvanos, Señor Jesús, muestra tu amor y tu misericordia al pueblo que confía en tu resurrección
— y, compadecido de nosotros, defiéndenos hoy de todo mal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Rey de la gloria y vida nuestra, haz que, cuando aparezcas,
— podamos aparecer también nosotros, juntamente contigo, en la gloria.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido, atrae hacia ti el corazón de tus fieles, para que siempre vivan a la luz de tu verdad los que han sido librados de las tinieblas del error. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.