Comentario al evangelio – Jueves V de Pascua

En este breve texto del Evangelio de hoy se nos indica el itinerario espiritual que debe caracterizar a los discípulos de Jesús, partiendo del amor como centro iluminador y vital: “Como el Padre me amó, así os amo yo. Permaneced en mi amor”. Es un amor que pide como respuesta la observancia de los mandamientos de Jesús como Él ha observado los mandamientos del Padre. Un amor que tiene como modelo el ejemplo de vida de Jesús en la obediencia radical al Padre hasta el sacrificio supremo de sí mismo. Los discípulos, llamados a practicar con fidelidad lo que Jesús ha realizado durante su vida, testimonian con su vida el amor de Jesús por los demás.

Es difícil amar si antes uno no se ha sentido amado. Se aprende a amar desde la propia experiencia de vida. Nos tenemos que dejar amar primero por Jesús y aceptar el amor que desde el Padre, a través de Jesús, desciende sobre nosotros. Como dice la primera carta de Juan: “No es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Dios nos amó primero”. Y el Papa Francisco dice: “Dios nos primerea siempre”.  Hay que dejarse amar; hay que abrirse a la acción amorosa de Dios Padre que en Jesús nos ha demostrado cómo y cuánto nos ama. Jesús nos pide que le amemos dejándole a Él la iniciativa sin poner trabas y dificultades. “No habría aprendido yo a amar al Señor / si Él no me hubiera amado/ ¿Quién puede comprender el amor / sino quien es amado?” (De las Odas de Salomón).

Así como el Padre entrega por amor a su Hijo, y Jesús se da totalmente por los demás, nosotros debemos hacer otro tanto. Y este darse totalmente garantiza la “felicidad”, pues “hay más alegría en dar que en recibir”.  Y la alegría es mayor, cuanto más nos damos y entregamos.  La perseverancia en un servicio exento de gratificaciones es fuente de felicidad, porque estamos poseídos por la felicidad que viene de Jesús; esa felicidad que  prometió a los que aman como Él. Dice Blase Pascal: “Cuando no se ama demasiado, no se ama lo suficiente”.  Y el refrán dice: “la medida del amor, es un amor sin medida”.

José Luis Latorre, cmf

Meditación – Jueves V de Pascua

Hoy es jueves V de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 15, 9-11):

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado».

Hoy escuchamos nuevamente la íntima confidencia que Jesús nos hizo el Jueves Santo: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros» (Jn 15,9). El amor del Padre al Hijo es inmenso, tierno, entrañable. Lo leemos en el libro de los Proverbios, cuando afirma que, mucho antes de comenzar las obras, «yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo» (Prov 8,30). Así nos ama a nosotros y, anunciándolo proféticamente en el mismo libro, añade que «jugando por el orbe de su tierra, mis delicias están con los hijos de los hombres» (Prov 8,31).

El Padre ama al Hijo, y Jesús no deja de decírnoslo: «El que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él» (Jn 8,29). El Padre lo ha proclamado bien alto en el Jordán, cuando escuchamos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido» (Mc 1,11) y, más tarde, en el Tabor: «Éste es mi Hijo amado, escuchadle» (Mc 9,7).

Jesús ha respondido, «Abbá», ¡papá! Ahora nos revela, «como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros». Y, ¿qué haremos nosotros? Pues mantenernos en su amor, observar sus mandamientos, amar la Voluntad del Padre. ¿No es éste el ejemplo que Él nos da?: «Yo hago siempre lo que le agrada a Él».

Pero nosotros, que somos débiles, inconstantes, cobardes y —por qué no decirlo— incluso, malos, ¿perderemos, pues, para siempre su amistad? ¡No, Él no permitirá que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas! Pero si alguna vez nos apartásemos de sus mandamientos, pidámosle la gracia de volver corriendo como el hijo pródigo a la casa del Padre y de acudir al sacramento de la Penitencia para recibir el perdón de nuestros pecados. «Yo también os he amado —nos dice Jesús—. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado» (Jn 15,9.11).

Rev. D. Lluís RAVENTÓS i Artés

Liturgia – Jueves V de Pascua

JUEVES V DE PASCUA, feria

Misa de feria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio de Pascua

Leccionario: Vol. II

  • Hch 15, 7-21. A mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios.
  • Sal 95.Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
  • Jn 15, 9-11. Permaneced en mi amor para que vuestra alegría llegue a la plenitud.

Antífona de entrada           Cf. Ex 15, 1-2
Cantemos al Señor; gloriosa es su victoria. Mi fuerza y mi alabanza es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, reunidos para cantar al Señor, porque gloriosa es su victoria; y recordar que nuestra fuerza y alabanza es el Señor, pues él fue nuestra salvación; comencemos la celebración de los sagrados misterios reconociendo que estamos necesitados de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.

• Tú, que nos amas como el Padre te ama. Señor, ten piedad.
• Tú, que nos llamas a guardar tus mandamientos. Cristo, ten piedad.
• Tú, que quieres que permanezcamos en tu amor. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que, por tu gracia,
nos has hecho pasar de pecadores a justos
y de infelices a dichosos,
hazte presente con tus obras y dones,
para que no nos falte la fuerza de la perseverancia
a quienes hemos sido justificados por la fe.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos hermanos, a Dios Padre, que quiere que permanezcamos en su amor y supliquémosle por el mundo y por la Iglesia.

1.- Para que el Espíritu Santo guíe, fortalezca y consuele al papa, a los obispos, a los sacerdotes y a los evangelizadores del pueblo de Dios. Roguemos al Señor.

2.- Para que Jesús llame a muchos jóvenes al ministerio sacerdotal, y éstos no teman seguirlo con generosidad. Roguemos al Señor.

3.- Para que dé a nuestro mundo la paz, el bienestar para todos, el espíritu de fraternidad, de servicio y de justicia, a fuerza para amar y perdonar. Roguemos al Señor.

4.- Para que derrame su amor sobre los pobres, los débiles, los que son tratados injustamente, los que sufren discriminaciones o violencia. Roguemos al Señor.

5.- Para que el amor mutuo sea el distintivo de los seguidores de Jesucristo. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre bueno, nuestros ruegos, purifica nuestros corazones e infunde en ellos el fuego de tu amor, para que permaneciendo en Él no hagamos acepción de personas, antes bien nos amemos los unos a los otros como Tú nos amas. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios,
que nos haces partícipes de tu única y suprema divinidad
por el admirable intercambio de este sacrificio,
concédenos alcanzar en una vida santa
la realidad que hemos conocido en ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual

Antífona de comunión          Cor 5, 15
Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Aleluya.

Oración después de la comunión
A
SISTE, Señor, a tu pueblo

y haz que pasemos del antiguo pecado
a la vida nueva
los que hemos sido alimentados
con los sacramentos del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
C
ONCEDE, Señor,

que tus fieles, por la fuerza de tu bendición,
se dispongan interiormente al bien,
para que realicen todas sus obras
fortalecidos y movidos por tu amor.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Santoral 6 de mayo

SAN JUAN ANTE PORTAM LATINAM (¿94? d.C)

El primer párrafo del Martirologio Romano, el 6 de mayo, dice lo siguiente: “En Roma, la conmemoración de San Juan ante Portam Latinam, el cual, por orden de Domiciano, fue llevado prisionero de Éfeso a Roma. El senado le condenó a morir en un caldero de aceite hirviente, frente a dicha Puerta; pero el santo salió de la prueba más fuerte y joven que antes.” La frase “más fuerte y joven” (“purior atque vegetior”) se halla en el Adversus Jovinianum (i, 26) de San Jerónimo, quien la tomó, a su vez, de Tertuliano (De praescriptionibus c. 36). Alban Butler, que sigue en esto a los bolandistas y a los críticos de su tiempo, como Tillemont, no discute la historicidad del hecho y considera a San Juan como mártir. Resumimos a continuación su artículo.

Cuando Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, que no habían comprendido aún el misterio de la cruz y la naturaleza del Reino de Cristo, se valieron de su madre para pedir al Señor que les colocase en el sitio de honor el día de su triunfo, Jesucristo les preguntó si estaban dispuestos a beber su cáliz. Ambos hermanos aseguraron audazmente al Señor que estaban prontos a sufrirlo todo por su causa. Entonces, Jesucristo les predijo que su sinceridad sería puesta a prueba y que compartirían con El su cáliz de la Pasión. En el caso de Santiago, que murió a manos de Herodes, la profecía se cumplió literalmente. La iglesia celebra el día de hoy la manera especial como se cumplió la profecía en el caso de San Juan. A decir verdad, el discípulo amado, que quería tanto a su Maestro, había participado ya del cáliz del Señor en el Calvario. Pero la profecía de Cristo iba a cumplirse, todavía, de un modo especial, que le valdría el mérito y la corona del martirio. El instrumento del que el Señor se sirvió para cumplir su palabra, cincuenta años más tarde, fue Domiciano, el último de los doce cesares Domiciano, que se distinguió entre los emperadores romanos por la crueldad de su tiranía, desató la segunda persecución. San Juan era el último superviviente de los Apóstoles y era objeto de la más grande veneración de parte de los cristianos de Éfeso, desde donde gobernaba las iglesias de Asia. Ahí fue arrestado y enviado prisionero a Roma, hacia el año 94. Sin tener en cuenta la avanzada edad y la bondad de la víctima, el emperador le condenó a una forma de muerte especialmente salvaje. Probablemente los verdugos, de acuerdo con la costumbre romana, azotaron a San Juan antes de echarle en el caldero de aceite hirviente. Sin duda que el santo estaba lleno de gozo ante la perspectiva de dar su vida por la fe y de ir a reunirse con su Maestro. Dios aceptó su sacrificio y, en cierto sentido, cumplió su deseo, concediéndole el mérito del martirio, pero suspendió el efecto del fuego, como lo había hecho en el caso de los tres jóvenes que fueron arrojados al horno en Babilonia. El aceite hirviente se transformóen un baño refrigerante. Viendo esto, Domiciano, que era muy dado a la magia y que, según la tradición, había tenido ya la ocasión de presenciar otro milagro, cuando Apolonio de Tiana compareció ante él, se contentó con desterrar al Apóstol a la isla de Patmos. Según parece, durante el reinado de Nerva, quien fue mucho más benigno que su predecesor, San Juan volvió a Éfeso, donde murió apaciblemente.

Ciertamente, la localización del pretendido milagro frente a la Puerta Latina, es inexacta, ya que dicha Puerta pertenecía a la muralla que construyó Aureliano dos siglos después. La mención más antigua de esta fiesta es la del Sacramentario del Papa Adriano, a fines del siglo VIII. Existe una iglesia de San Juan ante Portam Latinam, en el sitio en que el Papa Adriano construyó la primera, cuya dedicación tuvo lugar probablemente en la fecha de hoy. Mons. Duchesne piensa que la elección del 6 de mayo para celebrar esta fiesta está relacionada con la conmemoración que hace el calendario bizantino de un milagro de San Juan, en Éfeso, el 8 de mayo. En el Missale Gothicum hay una misa de San Juan Evangelista que se celebraba seguramente en mayo, poco después de la festividad de la Invención de la Cruz. Según parece, el dato del aceite hirviente proviene de las “Actas de San Juan”, apócrifas, pero muy antiguas, de las que sólo han llegado hasta nosotros algunos fragmentos.

Por un Motu Proprio de Juan XXIII, del 25 de julio de 1960, esta fiesta fue suprimida en el Calendario Romano.

Ver L. Duchesne, Liber Pontificalis, vol. I, pp. 508, 521, y Christian Worship (1920), pp. 281-282. Sobre el problema de conjunto, ver K. A. Kellner, Heortology (1908), p. 298.

Alban Butler

Laudes – Jueves V de Pascua

LAUDES

JUEVES V PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso”.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

La noche y el alba, con su estrella fiel,
se gozan con Cristo, Señor de Israel,
con Cristo aliviado en el amanecer.

La vida y la muerte luchándose están.
Oh, qué maravilla de juego mortal,
Señor Jesucristo, qué buen capitán.

En él se redimen todos los pecados,
el árbol caído devuelve su flor,
oh santa mañana de resurrección.

Qué gozo de tierra, de aire y de mar,
qué muerte, qué vida, qué fiel despertar,
qué gran romería de la cristiandad. Amén.

SALMO 56: ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO

Ant. Elévate sobre el cielo, Dios mío. Aleluya.

Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Elévate sobre el cielo, Dios mío. Aleluya.

CÁNTICO de JEREMÍAS: FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO

Ant. El Señor redimió a su pueblo. Aleluya.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.»

Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a desfallecer.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con enjundia,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor redimió a su pueblo. Aleluya.

SALMO 47: HIMNO A LA GLORIA DE DIOS EN JERUSALÉN

Ant. Este es nuestro Dios por siempre jamás. Aleluya.

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
+ su monte es santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra:

el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.

Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;

allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.

Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para siempre.

Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios, tu alabanza
llega al confín de la tierra;

tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se alegra,
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.

Dad la vuelta en torno a Sión,
contando sus torreones;
fijaos en sus baluartes,
observad sus palacios,

para poder decirle a la próxima generación:
«Éste es el Señor, nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Este es nuestro Dios por siempre jamás. Aleluya.

LECTURA: Rm 8, 10-11

Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo resucitado y siempre presente en su Iglesia y supliquémosle, diciendo:

Quédate con nosotros, Señor

Señor Jesús, vencedor del pecado y de la muerte,
— permanece en medio de nosotros, tú que vives por los siglos de los siglos.

Señor, ven a nosotros con tu poder salvador
— y muéstranos la bondad de Dios Padre.

Señor, ayuda al mundo abrumado por las discordias
— ya que solo tú tienes el poder de salvar y reconciliar.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Confírmanos en la fe de la victoria final,
— y arraiga en nosotros la esperanza de tu manifestación gloriosa.

Fieles a la recomendación del Salvador, digamos con filial confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Oh, Dios, que, por tu gracia, nos ha hecho pasar de pecadores a justos y de infelices a dichosos, hazte presente con tus obras y dones, para que no nos falte la fuerza de la perseverancia a quienes hemos sido justificados por la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.