Comentario al evangelio – Miércoles VI de Pascua

      Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Eso es lo que nos dice Jesús en el evangelio de hoy. Es importante leer bien esta frase. Porque no dice que ya, hoy, aquí y ahora, tengamos la verdad plena. Lo que nos dice es que el Espíritu nos guiará hacia ella. La conclusión es fácil: estamos en camino. Esa verdad plena se sitúa como el horizonte hacia el que nos dirigimos pero no como algo que poseamos ya. 

      Es importante tener esto en cuenta. Porque tengo la impresión de que hay cristianos que se creen en posesión de la verdad. Y están convencidos de que nuestra misión es iluminar al mundo que vive en el error. Es como si el Espíritu nos hubiese iluminado y entregado esa verdad en propiedad exclusiva. Y nosotros fuésemos los encargados de administrarla y distribuirla, y a veces imponerla, a los demás que viven en las tinieblas del error. 

      La realidad es un poco diferente. Hay una imagen que nos puede ayudar a entender mejor nuestra posición. Es la de una peregrinación donde el que va por delante tiene un farolillo que le sirve para iluminar vagamente el camino. Los que caminan saben a dónde quieren ir pero el camino lo tienen que ir buscando un poco a tientas porque la oscuridad les rodea. Así somos los hombres y mujeres de este mundo, de todas las generaciones, caminando y buscando lo mejor, con muchas equivocaciones y errores a lo largo del camino. Pero siempre con la mirada en el horizonte, en el destino al que se quiere llegar: el Reino. Los que trabajan por la justicia, los científicos que buscan remedios y soluciones que hagan más fácil la vida de las personas, los políticos que son honestos y quieren servir a la sociedad, los cristianos y no cristianos, los miembros de otras religiones, todos estamos buscando lo mejor para este mundo, para la humanidad.

      Nosotros no tenemos más que un farolillo y el Espíritu que anima nuestros pasos y nos anima a colaborar con todos para hacer de este mundo un lugar mejor para los hijos e hijas de Dios, donde no se excluya ni se condene a nadie. Siempre abiertos al diálogo, siempre llenos de esperanza porque, como Jesús, como Dios, nosotros creemos en la humanidad y en que Dios va trabajando en nuestra historia su plan de salvación. 

Fernando Torres, cmf

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