Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 5, 33-37

33También habéis oído que fue dicho a los antiguos: ‘No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos’. 34Pero yo os digo: no juréis en absoluto; por el cielo no, porque es el trono de Dios; 35por la tierra tampoco, porque es el estrado de sus pies; por Jerusalén tampoco, porque es la ciudad del gran rey; 36no jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco ni negro un solo pelo. 37Sea vuestro lenguaje ‘sí, sí’, ‘no, no’; lo que sobrepasa de ahí viene del mal.

La tesis evoca el v. 21: como allí, hay aquí una fórmula introductoria completa, y un desarrollo bimembre. Introduce la segunda mitad de la serie de antítesis. La tesis (v. 33) no contiene ninguna cita directa de un texto bíblico. Por primera vez aparece la antítesis formulada como prohibición (como en el v. 39). La prohibición general («en absoluto») se desarrolla mediante cuatro breves frases introducidas con la partícula méte («no»). Tres de ellas son simétricas: el cielo, la tierra y Jerusalén se implican entre sí; cada una de las frases contiene una alusión al AT y concluye con una referencia a Dios. La cuarta frase (v. 36) se sale de la serie en el contenido, por la argumentación no teológica, y en la forma, por la alocución en segunda persona de singular y la ausencia de una cita bíblica. El v. 37 es una nueva oración principal con alocución en segunda persona de plural, como el v. 34.

  • En el v. 34 Jesús prohíbe radical y absolutamente («en absoluto») el juramento. Es el primero en extraer de la actitud crítica, difundida en la antigüedad, ante el juramento la consecuencia de una prohibición radical. La crítica al juramento fue muy frecuente en el helenismo: el juramento es contrario a los principios éticos; la persona debe inspirar confianza por sí misma; el juramento es indigno de una persona libre. Para el judío Filón jurar significa mancillar y profanar el nombre divino. Los esenios rechazaban el juramento, pero de hecho no sólo se practicaba entre ellos el juramento al entrar en la secta, sino también el juramento ante los tribunales. También Jesús reprueba el abuso del juramento como expresión cotidiana. Sabemos por Filón que en aquella época se juraba en las ocasiones más triviales, mucho más a menudo que en la actualidad. Los ejemplos concretos «ni por el cielo ni por la tierra ni por Jerusalén» refuerzan la prohibición: ésta rige en todas las circunstancias.
  • Jesús exige la veracidad absoluta de la palabra humana. El ser humano está ligado a Dios en toda su vida cotidiana sin restricción alguna; por eso su mera palabra debe ser absolutamente veraz. Pero esto no abarca todavía la totalidad de lo exigido por Jesús. Las concreciones de los vv. 34-35 muestran que su preocupación era la santidad del nombre de Dios y la majestad de Dios. En otros términos, a Jesús no le importa sólo la veracidad como principio ético, le preocupa el juramento porque en él se apela al nombre de Dios. La «veracidad humana» nace y se sostiene para Jesús únicamente en la relación con Dios. Y esta relación no determina sólo el caso especial del juramento, sino cualquier «sí» o «no» humano.
  • Como otros postulados categóricos de Jesús, también éste tiene una dimensión irreal: Jesús no tiene en cuenta lo que traería consigo una prohibición absoluta del juramento, consecuencias muy problemáticas, como tampoco las tiene en cuenta en el tema de su postulado de renuncia a la violencia o de la prohibición del divorcio. La voluntad de Dios prevalece sobre todo lo demás. Quizá se puede ver en esta radicalidad un signo del reino de Dios escatológico, al que Jesús se sintió ligado, aunque el texto no lo mencione explícitamente.
  • La duplicación del «sí» y del «no» (que se ha interpretado erróneamente como un sustitutivo del juramento y, en ese sentido, como expresión de una atenuación incipiente de la prohibición del juramento) es un elemento intensivo: «Sí, sí» significa un «sí» real, un «sí» que es válido y tiene consistencia. La frase final «lo que pasa de ahí viene del mal» parece indicar que Mateo entendió literalmente la prohibición y el precepto: cuando Jesús es «conjurado» por el sumo sacerdote a declarar su filiación divina, Jesús no contesta con ningún juramento, sino con un «tú dices» (26,63).
  • La verdad es siempre una verdad situacional. En nuestros países de la Europa poscristiana y pluralista, ampliamente secularizada, la cuestión es muy diferente a la del pasado en lo que atañe al juramento prohibido por Jesús. El nombre de Dios ha desaparecido de la vida pública a gran escala. Dios no cuenta, según convicción de muchas personas, ni como explicación de acontecimientos históricos ni como legitimación de decisiones y actos personales ni como garante o fundamento de derecho o de constituciones. En total contraste con la época de Jesús, lo que vemos hoy no es el uso inflacionario del nombre de Dios, sino su desaparición de la sociedad. Cumplir la cuarta antítesis es hoy incomparablemente más fácil que en cualquier otra época. En la situación actual que Dios obligue a los humanos a una veracidad absoluta es tan importante y fundamental como en cualquier otra época. En nuestro mundo secularizado y descreído hay que decir explícitamente que es Dios quien obliga y habilita a cristianas y cristianos a practicar esta veracidad.