Vísperas – Miércoles VII de Pascua

VÍSPERAS

MIÉRCOLES VII DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en alegría. Aleluya.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en alegría. Aleluya.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. En la vida y en la muerte somos del Señor. Aleluya.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En la vida y en la muerte somos del Señor. Aleluya.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Aleluya.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Aleluya.

LECTURA: 1Co 2, 9-10

Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman. Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Espíritu Santo Aleluya, aleluya.
V/ El Espíritu Santo Aleluya, aleluya.

R/ Será quien os lo enseñe todo.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Espíritu Santo Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cristo os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Aleluya.

PRECES

Unidos a los apóstoles y a todos los que poseen las primicias del Espíritu Santo, glorifiquemos a Dios y supliquémosle, diciendo:

Escúchanos, Señor.

Padre todopoderoso, que has glorificado a Cristo en el cielo,
— haz que todos lo reconozcan presente en tu Iglesia.

Padre santo, que dijiste de Cristo: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle»,
— haz que todos atiendan su voz y se salven.

Envía tu Espíritu al corazón de tus fieles,
— para que purifique lo inmundo y fecunde lo que es árido.

Que venga, Señor, tu Espíritu, rija el devenir de la historia,
— y renueve la faz de la tierra.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Te pedimos, Señor, por los difuntos: admítelos en tu reino,
— y acrecienta nuestra esperanza en la resurrección futura.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Padre, lleno de amor, concede a tu Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, dedicarse plenamente a tu servicio y vivir unida en el amor, según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles VII de Pascua

1.- Oración introductoria.

Señor, hay cosas que me rebasan, que me superan, que me trasladan a un mundo maravilloso, tu propio mundo. ¿Cómo podría yo soñar que me ibas a introducir en tu propia vida trinitaria? ¿Cómo me podría imaginar que me ibas a comunicar tu misma verdad, tu misma alegría, tu propia e íntima unidad? Hoy no necesito palabras sino silencio. Un silencio ancho, profundo y prolongado.

2.- Lectura reposada del texto evangélico: Juan 17, 11-19

Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Quiero arrancar de esta oración de Jesús al Padre, esta bella frase: “Como Tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado”. El envío de los apóstoles es prolongación del envío del Padre a Jesús. Para entender bien esta frase hay que completarla con otra correlativa de Juan: “Como el Padre me ha amado a mí así yo también os he amado” (Juan 15,9). Jesús ha venido a este mundo con todo el cariño infinito del Padre, con la ternura del Padre, con el corazón entrañable del Padre. Cuando Jesús envía a sus discípulos al mundo, les dice que no lleven nada para el camino:” ni dos túnicas, ni dinero, ni alforjas” (Mt.10,10) Naturalmente que se trata de alforjas materiales. Porque las alforjas espirituales están bien repletas de la ternura y del amor desbordado del Padre.

Con estas alforjas espirituales bien llenas, Jesús les puede hablar a sus discípulos de “verdad”, “de alegría”, y de unidad. La verdad no es la de los filósofos y los sabios. Es la verdad de Jesús. Todo Él es verdad. Es el auténtico, el veraz, el fiel. De esa coherencia debe estar revestido el discípulo. La alegría no es la que da el mundo. Es alegría colmada. Tan honda que es difícil explicar. Y tan fuerte que es capaz de superar los peores momentos de la vida. Y, sobre todo, “la unidad”. No una unidad conseguida a base de esfuerzos humanos, sino la unidad que tiene el Padre con el Hijo y el Hijo con el Padre. Unidad regalada. A esta unidad debo acudir cuando fallen las comunidades de corte humano, cuando sienta el fracaso de los amigos, cuando no me vea querido por nadie. La unidad trinitaria no puede fallar nunca. Jesús ha querido que yo en Él, sea “uno con el Padre y el Espíritu Santo”. Y este regalo de Jesús nadie me lo puede robar. Por eso el cristiano nunca está solo.

Palabra del Papa.

“Un aspecto esencial del testimonio del Señor Resucitado es la unidad entre nosotros, sus discípulos, como la que existe entre Él y el Padre. Y la oración de Jesús en la víspera de su pasión ha resonado hoy en el Evangelio: «Que sean una sola cosa como nosotros». De este eterno amor entre el Padre y el Hijo, que se extiende en nosotros por el Espíritu Santo, toma fuerza nuestra misión y nuestra comunión fraterna; de allí nace siempre nuevamente la alegría de seguir al Señor”. (Homilía de S.S. Francisco, 17 de mayo de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Sentirme desbordado por el amor del Padre manifestado en su Hijo Jesús. Y agradecerlo.

 6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, cuando pienso en lo poco que valgo, en lo poco que tengo y en lo poco que soy, no puedo por menos que agradecer a Dios Padre el regalazo que me ha hecho con su Hijo Jesús. Sin Él no sabría nada del Padre ni hubiera tenido idea de la maravillosa presencia del Espíritu Santo. Con Jesús tengo acceso directo al Padre, a la vida del Padre, al beso y al abrazo del Padre. Incluso a la misma unidad del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. ¡Gracias, mi Dios!

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 5, 38-42

38Habéis oído que fue dicho: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. 39Pero yo os digo: no resistáis al mal.

Al contrario, al que te abofetea en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40y al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, déjale también la capa; 41y a quien te fuerza a caminar una milla, acompáñalo dos; 42al que te pide, da; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda.

La expresión introductoria aparece abreviada, al igual que en 5,43. La prohibición de Jesús se formula con «no» + infinitivo, como en 5,34. Así, la quinta antítesis aparece ligada a lo anterior y a lo posterior. Después de la verdadera antítesis (vv. 38-39a), se produce una transición a la segunda persona de singular con cuatro exhortaciones a modo de ejemplos, unos (1o y 3o) introducidos con «al que» y otros (2º y 4º) con participio. Todo el texto es formalmente muy perfecto; sólo el v. 42 escapa a la simetría de los ejemplos: contiene un doble imperativo como conclusión: de este modo el v. 42 adquiere un énfasis especial.

En el v. 38 Mateo, siguiendo Dt 19,21, subraya el principio bíblico del talión, difundido mucho más allá de la Biblia (también aparece en el código de Hammurabi). En el v. 39 Mateo resume las exigencias ejemplares en su lema de «no ofrecer resistencia al mal». El lema pone de manifiesto que los siguientes preceptos aparecen como ejemplos de una conducta radical que los rebasa. En la comunidad mateana rige el principio de renuncia a la violencia. Su historia es de sufrimiento, persecuciones, torturas y muerte (cf. 23,34), tiene una experiencia real de la violencia en la persecución y vive con la consigna concreta de renunciar a la resistencia: la conducta de Jesús en la pasión es su modelo. Mateo orienta la no violencia y la renuncia al derecho en dirección al amor. El amor significa negativamente la renuncia a la violencia y a la resistencia (vv. 39-41). Los v. 44-47 aclararán lo que el amor significa positivamente. Esta antítesis del v. 39a necesita ser complementada por la sexta antítesis.

Los tres dichos de los vv. 39b-41 deben interpretarse en sí mismos. La bofetada (v. 39b) era expresión de odio o de ofensa; es más importante en ella la infamia que el dolor que produce. No se advierte una situación especial: se trata de cualquier disputa en la vida cotidiana. La precisión «derecha» (el golpe en la mejilla derecha no es lo corriente: hay que ser zurdo o pegar con el revés de la mano) podría significar una ofensa muy especial, pero es más probable que la precisión se produzca por razones retóricas. El v. 40 presenta la situación de un proceso de embargo. Tener que dar también la capa (cf. Ex 22,26-27; Dt 24,1) significa una exigencia extremada, ya que la capa es mucho más valiosa que la túnica. El dicho declara que no hay que dejarse implicar en procesos e incluso el deudor ha de renunciar voluntariamente al mínimo del beneficio de pobreza. Aparece aquí clara la formulación hiperbólica: una persona a la que se le sustrae en un proceso tanto la camisa como la capa quedaría desnuda. ¡El v. 40 no puede ser una invitación a eso! El v. 41 habla de prestaciones reclamadas por la fuerza. El verbo traducido por «forzar» designa los servicios, vehículos y acompañamiento de viaje impuestos por el ejército o por funcionarios, pero también el abastecimiento y, en fin, todo tipo de trabajo forzado por otros. El versículo puede implicar una invectiva contra el poder romano de ocupación. Los tres dichos reflejan el mundo real de la «gente humilde» que es apaleada, expuesta a procesos de embargo y que sufre bajo tropas de ocupación.

  • Los postulados de Jesús son poco esclarecedores como consejos sabios para la práctica de un «amor de deshostilización». Las exigencias de Jesús no tienen en cuenta sus consecuencias, a veces ambivalentes: podría ocurrir que el que pega una vez vuelva a pegar, que el pobre tenga que aterirse de frío sin la capa y que la fuerza de ocupación extreme su dureza. Estos dichos contienen una cierta dosis de provocación deliberada. Tratan de causar extrañeza, de sacudir, de protestar simbólicamente contra el círculo de la violencia. Son expresión de una protesta contra cualquier tipo de espiral de violencia deshumanizadora, o de la esperanza en otra conducta del ser humano diferente a la que se da en la vida cotidiana. Pero no quedan ahí, porque invitan a una conducta activa. En esta conducta puede haber un factor de protesta y un factor provocativo contra la violencia que impera en el mundo. Pero las exigencias de Jesús (cf. imperativos) sugieren más de lo que exigen concretamente: son imágenes condensadas para una conducta que hay que descubrir y realizar en todos los ámbitos. En ese sentido estos preceptos deben observarse, no literalmente, sino «inventando constantemente» en nuevas situaciones lo que ellos exigen, en libertad, pero con una radicalidad similar. Por algo están formulados en segunda persona de singular: tal conducta sólo pueden descubrirla, inventarla y arriesgarla personas individuales.
  • En estos dichos falta cualquier referencia directa al reino de Dios. Pero aflora en ellos el contraste entre reino de Dios y mundo. Sólo así se puede comprender su carácter conscientemente protestatario, modificador de la conducta normal. Si esto es así, se podrá añadir algo más: la llegada del reino de Dios se manifiesta, para Jesús, como amor ilimitado de Dios a los hombres, que posibilita el amor de los hombres incluso a sus enemigos. La renuncia provocativa a la violencia ha de ser entendida, entonces, como expresión del amor, que incluye una protesta contra la violencia que domina el mundo y contra los mecanismos de conducta determinados por ella.
  • La exhortación a dar y prestar del v. 42 es mucho más general y hace olvidar la tensión extrema de los vv. 39b-41. Se orienta en la tradición de las exhortaciones judías a la beneficencia.
  • La renuncia a la violencia es un signo de contraste del reino de Dios y un elemento del nuevo camino de justicia abierto por Jesús. Por eso, cualquier aplicación de nuestro texto tendrá que poner de manifiesto que la violencia -cualquier violencia, cualquier participación en ella: criminal, política, económica, militar o preparatoria- es contraria a Dios y mala, como parte de un mundo aún irredento. Una exégesis del texto tiene que decir claramente que es contrario a toda tendencia humana resignarse a la violencia, aceptarla como parte de la existencia y vivir en las condiciones marco puestas por ella. Se necesitan unos signos de contraste del reino de Dios para poner en claro que no hay ninguna forma de violencia, guerra «justa» o pena de muerte «justa» que sea legítima a los ojos de Dios. Por eso se requieren en la situación actual dos aspectos: pacifistas radicales que, como «fundamentalistas del reino de Dios», recuerden a la Iglesia y al mundo, con la praxis y la proclamación, que Dios no aprueba en modo alguno la violencia, y pragmáticos que, mediante avances políticamente responsables hacia la minimización de la violencia, nos ayuden a ser un poco más humanos en este mundo violento.

Comentario – Miércoles VII de Pascua

(Jn 17, 11-19)

La palabra “mundo” suele tener un sentido negativo. Se refiere al mundo que no conoce a Cristo, que lo rechaza, o está sumergido en el poder del mal y de las tinieblas. En este sentido, los discípulos “no son del mundo, como Jesús no es del mundo” (v. 16).

Sin embargo, eso no implica un aislamiento o una huida del mundo. Advirtamos que Jesús dice con claridad al Padre que él no quiere pedirle que los retire del mundo, sino que los cuide del Maligno (v. 15); y además los envía al mundo (v. 18), para que el mundo crea (v. 21).

Está claro entonces que el deseo de Jesús no era crear un grupo de selectos, aislados del mundo para evitar todo tipo de contagio.

Es cierto que Jesús quiere a sus discípulos libres del mal, y por eso ruega al Padre, pero su deseo es que estén insertos en el mundo, sumergidos en él para iluminarlo y rescatarlo.

Porque Jesús no se detiene a contemplar el mal del hombre sino sus posibilidades de bien, para poder llenar al hombre de su poder de salvación a través de la acción de sus discípulos.

Cuando Jesús dice “por ellos me santifico a mí mismo” (v. 19), no se refiere a una santidad moral, como si él necesitara ser santificado; se refiere a una consagración. Jesús consagra su vida para ofrecerla en sacrificio, para santificarnos a nosotros (Heb 10, 10.14). La comunidad podrá contagiar al mundo y comunicarle el bien divino por el poder de esa consagración de Cristo que se difunde.

Oración:

“Señor, tu me enviaste al mundo, al mundo lleno de ofertas y atractivos que a veces parecen opacar el atractivo de tu luz. Pero confío en ti Señor, me lanzo a ese mundo donde quieres derramarte, sabiendo que has orado por mí al Padre”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Sección 2.- Algunos principios reguladores del conjunto de la vida económico-social

Trabajo, condiciones de trabajo, descanso

67. El trabajo humano que se ejerce en la producción y en el comercio o en los servicios es muy superior a los restantes elementos de la vida económico, pues estos últimos no tienen otro papel que el de instrumentos.

Pues el trabajo humano, autónomo o dirigido, procede inmediatamente de la persona, la cual marca con su impronta la materia sobre la que trabaja y la somete a su voluntad. Es para el trabajador y para su familia el medio ordinario de subsistencia; por él el hombre se une a sus hermanos y les hace un servicio, puede practicar la verdadera caridad y cooperar al perfeccionamiento de la creación divina. No sólo esto. Sabemos que, con la oblación de su trabajo a Dios, los hombres se asocian a la propia obra redentora de Jesucristo, quien dio al trabajo una dignidad sobre eminente laborando con sus propias manos en Nazaret. De aquí se deriva para todo hombre el deber de trabajar fielmente, así como también el derecho al trabajo. Y es deber de la sociedad, por su parte, ayudar, según sus propias circunstancias, a los ciudadanos para que puedan encontrar la oportunidad de un trabajo suficiente. Por último, la remuneración del trabajo debe ser tal que permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo presentes el puesto de trabajo y la productividad de cada uno, así como las condiciones de la empresa y el bien común.

La actividad económica es de ordinario fruto del trabajo asociado de los hombres; por ello es injusto e inhumano organizarlo y regularlo con daño de algunos trabajadores. Es, sin embargo, demasiado frecuente también hoy día que los trabajadores resulten en cierto sentido esclavos de su propio trabajo. Lo cual de ningún modo está justificado por las llamadas leyes económicas. El conjunto del proceso de la producción debe, pues, ajustarse a las necesidades de la persona y a la manera de vida de cada uno en particular, de su vida familiar, principalmente por lo que toca a las madres de familia, teniendo siempre en cuanta el sexo y la edad. Ofrézcase, además, a los trabajadores la posibilidad de desarrollar sus cualidades y su personalidad en el ámbito mismo del trabajo. Al aplicar, con la debida responsabilidad, a este trabajo su tiempo y sus fuerzas, disfruten todos de un tiempo de reposo y descanso suficiente que les permita cultivar la vida familiar, cultural, social y religiosa. Más aún, tengan la posibilidad de desarrollar libremente las energías y las cualidades que tal vez en su trabajo profesional apenas pueden cultivar.

Comentario Solemnidad de Pentecostés

Oración preparatoria

Señor y Hermano Jesús, Tú dijiste a los tuyos: “Recibid el Espíritu Santo”. Tu mayor anhelo es dárnoslo; entregaste tu vida en la cruz para entregarnos tu Espíritu: abre nuestros corazones para recibirlo como aliento y gozo en el corazón, y fortaleza para la vida; y así podamos transformar este mundo en un mundo según tu corazón. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. AMEN.

 

Jn 20, 19-23

«19Así que, al atardecer de aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas donde estaban los discípulos, por el miedo a los judíos, vino Jesús y se puso en medio y les dice: “Paz a vosotros”.

20Y dicho esto, les mostró las manos y el costado. Así que los discípulos se alegraron al ver al Señor.

21Así que Jesús les dijo de nuevo: “Paz a vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío”.

22Y dicho esto, sopló y les dice: “Recibid Espíritu Santo. 23A quienes perdonéis los pecados, les han sido perdonados; a quienes se los retengáis, les han sido retenidos”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 
CONTEXTO

Estamos ante el primer final del evangelio de Juan. Antes de nuestro texto, el evangelio ha relatado la escena del sepulcro vacío (Jn 20,1-10) y la aparición de Jesús a María Magdalena (20,11-18). Después, se nos relatará la reacción de Tomás (20,24-29), la aparición de Jesús en el lago de Tiberíades (21,1-23) y el segundo final del evangelio, que concluye con una impresionante hipérbole acerca de las acciones del Resucitado, que deja abierta para el creyente la puerta de una relación abierta e interminable con Jesús, Señor de la Vida (21,24-25).

 
TEXTO

En este texto evangélico la acción se sitúa en “el primer día de la semana”, nombre clásico para indicar el día de la resurrección, el domingo; el día por excelencia de la asamblea cristiana.

Tiene dos momentos: la presencia de Jesús con los discípulos sin Tomás (vv. 19- 23) y el diálogo de estos con Tomás (vv. 24-25).

La escena siguiente es “ocho días después”, cuando Jesús vuelve a estar con los discípulos y habla con Tomás (vv. 26-29). Después, la primera conclusión del evangelio (vv. 30-31).

 
ELEMENTOS A DESTACAR

• A nivel eclesiológico (discipular), básicamente es un texto de movimientos, de avances, de transformación: del miedo a la alegría, de estar cerrados a estar enviados. Nada queda igual después de la Resurrección, se inicia un nuevo itinerarioradicalmente transformado y transformador. ¿Sentimos esa nueva fuerza ahora que pasó la Pascua?

• A nivel cristológico, se remarca la bondad de Cristo Jesús, que no solo no reprocha a sus amigos el abandono y la soledad en que le dejaron, sino que les regala las primicias de su Pascua: la paz y el Espíritu Santo con el perdón de los pecados. Jesús es el mismo Jesús crucificado pero también el Mesías, el Señor, el Hijo de Dios, Dios mismo. ¿Tiene el papel que sin duda merece en nuestra vida?

• A nivel teológico, es impresionante la densa riqueza del misterio de Dios: Padre que envía, Hijo y Señor, Espíritu Santo. ¿Tanto dinamismo de amor de Dios no choca con nuestra modorra espiritual?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Solemnidad de Pentecostés

Solemnidad de Pentecostés

Hechos 2, 1-11; Salmo 103; 1Cor 12, 3b-7.12-13; Juan 15, 26-27; 16,12-15 o Juan 20, 19-23

Evangelio: Juan 15,26-27; 16,12-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo. Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anu nciará las cosas que van a suceder. Él me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”.

Primera Lectura: Hechos 2, 1-11
El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse. En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: “¿No son galileos, todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos de Roma, judíos y pros élitos; también hay cretenses y árabes. Y, sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua”.

Reflexión

En el evangelio, Jesús anuncia que les va a mandar al Espíritu Santo. ¿Qué otros nombres le llaman al Espíritu Santo? (el Consolador, el Espíritu de la Verdad) ¿Qué dice Jesús que va hacer el Espíritu Santo cuando llegue? (Dar testimonio de Jesús, guiar a los discípulos a la verdad plena, anunciarles las cosas que van a suceder, glorificar a Jesús comunicando todo lo que Jesús le diga.) Diez días después de que Jesús sube al Cielo, los discípulos estaban reunidos en un cuarto, escondidos de los que los perseguían. ¿Qué paso? (Se oyó un gran ruido como de un viento fuerte; aparecieron lenguas de fuego sobre cada uno de ellos; se llenaron del Espíritu Santo y hablaban otros idiomas para que todos en Jerusalén que fueron a ver lo que pasaba entendieran las maravillas de Dios.) Jesús envía el Espíritu Santo que aleja todo miedo y convierte a los discípulos en proclamadores de la Resurrección de Jesús. Nos explican que los dones y talentos de cada uno son distintos, pero todos estamos llamados a servir a Dios. ¿Qué talentos tienes para poner en el servicio de Dios?

Actividad

Hablar de los símbolos del Espíritu Santo. (página abajo) Actuar la 1ra lectura con los niños. Reúnalos en círculo, empiecen a orar. Darle una lengua de fuego para colorear a cada niño y pegar a una cinta. (Ver siguiente página.) Coloquen una en la cabeza de cada niño. Luego oren sobre cada uno pidiéndole al Espíritu Santo ese don. Poner los frutos en una caja para cada niño escoger uno y orar para recibir ese fruto. Hacer actividad en la última página.

dones

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Oración

Envíanos tu Espíritu, Señor, que nos trae paz y valentía para afrontar los problemas. Danos los frutos de bondad, generosidad, alegría, paz y paciencia, que lleven a nuestra familia y a nuestro grupo a la armonía para que nos impulsen a servir a todos. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Apariciones a los discípulos – Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: – Paz a vosotros. Y diciendo esto, les enseño las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: -Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: – Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Explicación

Cuando mataron a Jesús, sus amigos pasaron mucho miedo y se escondieron. Pero él, para ayudarles, volvió a su lado y les dijo: No tengáis miedo, ni os acobardéis. Al contrario tened en vuestro corazón y en vuestras manos las llaves de la paz, y con ella abrid a todos las puertas de la alegría y la paz. Y diciendo esto les comunicó su Espíritu, es decir su Amor, para que fueran mensajeros de amistad y unidad entre las personas.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

NARRADOR: Al anochecer que aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Escuchemos cuál era su conversación:

DISCÍPULO1: Oye, nos estamos pasando. A qué viene tanto misterio. Parecemos ratones escondidos viviendo en la oscuridad, y encerrados todo el día.

DISCÍPULO2: Mira el valiente. Sal tú y da la cara. Puede que ahora vengan a por nosotros. No lo olvides: somos sus seguidores, estábamos con Él.

DISCÍPULO1: Sí, sí. Ya me doy perfecta cuenta de qué seguidores se rodeó. Somos todos unos cobardicas.

DISCÍPULO2: Hay momentos, majo, en los que resulta difícil ser valiente.

NARRADOR: Por eso Jesús les prometió enviarles a “alguien”, que les ayudaría a entender mejor sus palabras y estar más preparados.

DISCÍPULO1: Sí, él nos decía que es “alguien” nos quitará el miedo y nos transformará en hombres nuevos.

DISCÍPULO2: Sí, y que nos haría capaces de transformar el mundo.

NARRADOR: En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

JESÚS: ¡Paz a vosotros!

DISCÍPULO1: ¿Eres el Maestro de verdad? ¿No vas a dejarnos solos?

NARRADOR: Jesús les enseñó las manos y el costado y los discípulos se llenaron de alegría al ver a Jesús.

DISCÍPULO2: Pues claro que es el Maestro. Es el Señor.

JESÚS: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. Paz a vosotros. Recibid el Espíritu Santo. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles VII de Pascua

Pablo, en la primera lectura, se dirige a los responsables – presbíteros y obispos – de la Iglesia de Éfeso. A estos pastores, encargados de cuidar la «Iglesia de Dios», Pablo les insiste en el deber de «vigilar». Se perfilan muchos peligros en el horizonte para la Iglesia, peligros que pueden venir del interior de las mismas comunidades. Peligros que le acecharán de fuera. Peligros que vendrán de falsas doctrinas, «de lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño». La «Iglesia de Dios» es algo precioso, porque «fue adquirida con su propia sangre». De ahí, la gran responsabilidad de los que la presiden.

El pastor debe vigilar «de día y de noche», «con lágrimas», primero sobre él mismo y luego sobre los demás. Pablo delinea, con pocas palabras, la gran responsabilidad de la vida del Pastor. Es consciente de que está pidiendo algo grande, por eso confía «en manos de Dios y de su palabra de gracia», a los responsables de la comunidad. En lugar de entregar la Palabra de Dios a los ancianos, «presbíteros», ellos son confiados a la Palabra de Dios, porque ella es la que tiene la fuerza de configurarlos como pastores y de edificar la Iglesia de Dios. Termina haciendo un fuerte llamado al desinterés personal. Con su propio testimonio les invita a no buscarse a sí mismos, a cuidarse de no seguir su propio interés. Pablo concluye de este modo la etapa de evangelización en el mundo griego. Él siente que está por entrar en una fase diferente de su apasionada vida de apóstol.

En el evangelio de este día se nos presenta la segunda parte de la «oración sacerdotal» de intercesión, que Jesús dirige al Padre. Tiene como objeto la custodia de la comunidad de discípulos que permanecen en el mundo. En el texto notamos la preocupación de Jesús por la influencia que puede tener la potencia del mundo sobre sus discípulos. El mismo Jesús ha experimentado este «misterio del mal» presente en nuestro mundo, esta fuerza que opera con su espíritu de mentira, de engaño, de muerte. La posición de los discípulos es delicada: deben permanecer en el mundo, sin contaminarse. También hoy tenemos el peligro, como insiste el Papa Francisco, de «mundanizar la fe. Vivir el Evangelio, pero con criterios mundanos. No, el Evangelio se vive con criterios evangélicos».         

Esto exige en el discípulo un ejercicio permanente de discernimiento. Con mucha facilidad se nos pueden filtrar en nuestra vida cristiana criterios antievangélicos que influyen en nuestro corazón y en nuestro modo de actuar. Necesitamos pedir siempre con insistencia en nuestra oración el don del discernimiento. Tener lucidez para no dejarnos engañar. La honradez para saber reconocer con humildad cuando hemos errado en el camino. En definitiva, se trata de estar atentos al Espíritu de Dios que se manifiesta en su Palabra. De esa forma estaremos en el mundo, sin ser del mundo. Eso sí, amándolo como Dios lo ha amado: «¡Tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo unigénito!»

Edgardo Guzmán, cmf.