Pentecostés

1.- No podemos olvidar la historia de esta fiesta. En la antigüedad muy antigua, los hombres ofrecían al llegar estos días a sus dioses, las primeras espigas de trigo (como habían ofrecido antes las espigas de cebada). Pasó el tiempo y a estas fiestas agrícolas, se le añadió en el pueblo hebreo, el recuerdo del paso por el Sinaí y la entrega en el monte santo del Código de la Alianza. Se la llamaba a la jornada la Fiesta de las Semanas, porque se celebraba una semana de semanas después de la de Pascua. Eso es lo que significa la palabra griega pentecostés.

2.- Jesús había enseñado su doctrina durante su vida histórica. Pasada la crucifixión, muerte y resurrección, había ido dando posteriores instrucciones. Alentaba y animaba en los encuentros, trasmitía poderes y hablaba de un visitante que les llegaría. Un visitante nada molesto, alguien que les convenía viniese, que sería un eficaz tónico para sus espíritus debilitados. Les hablaba del Espíritu Santo, de alguien personal, pero ellos no lo entendían. Acabó sus encuentros solemnemente, fue su ascensión a los cielos, pero ni aun así se libraron del miedo. Permanecían encerrados en casa. Eran los Apóstoles, Santa María y las otras santas mujeres, léase María Magdalena, cuyo nombre está tan en boga. (Si nos olvidamos de ellas no es porque la Santa Escritura no lo diga, es porque los artistas las han ignorado).

La tradición nos ha legado que el lugar donde vivían refugiados era el mismo donde habían celebrado aquella última Cena de tan alto significado. De aquel recinto hoy solo queda el ámbito, las paredes no son de época, y para colmo de desgracias, está sumamente desangelado, y es propiedad arrebatada, donde a los cristianos sólo nos permiten entrar, sin poder celebrar la liturgia.

3.- ¿De qué hablarían? ¿De qué discutirían? ¿Se disputarían el rango que cada uno pretendería ostentar? Unas veinte personas en tales circunstancias daría pie al más insólito y agresivo ambiente, si no fuera porque, en aquel grupo tan heterogéneo, estaba Santa María, aquella que había descubierto la falta de vino antes de que los novios se dieran cuenta, la que acudió a acompañar a los parientes que querían llevarse al Señor a casa, porque decían que estaba loco, la que no le dejó solo en el trance de la cruz. En aquella circunstancia, entre aquellas personas tan diferentes de edad y cultura, María, más que de moderadora, ejercería de Madre.

Por más que muchas veces Jesús les había hablado de un Defensor, ellos continuaban sintiendo miedo. Cuando uno vive en encerrona, cuando se deja vencer por el pánico, el hombre olvida el paso del tiempo, Dios no. Dios es eterno, siempre actual, pero no ignora el calendario y en aquella fiesta judía de Pentecostés, quiso que llegara a aquella minúscula comunidad el Espíritu Santo.

4.- La santísima Trinidad es un misterio, de aquí que no pueda darse una explicación inteligible, sería vano pretenderlo, pero digamos algo aproximado. Parecería como si se tratara de una carrera de relevos. El Equipo Divino empezó la tarea de la Creación, pasó el testigo a la Redención, llegó el turno de la Santificación. Y empezó a operarse sobre la tierra una ingente trasformación que todavía perdura. Aquel puñadito de personas, minúscula levadura, continúa obrando maravillas.

Lamentablemente aun quedan personas que del Cristianismo solo sabe unas cuantas cosas de la historia y doctrina de Jesús. Ignora Pentecostés, ignora el Espíritu, no se deja impregnar por Él. Por eso hay gente que lee, discute, vocifera, pero su vida es bastante estéril, cristianamente hablando. Asombrados nosotros por el sacrificio de Cristo y su resurrección, pidamos a la Divinidad que nos envíe los Dones, dones que darán agilidad, clarividencia, vigor, a nuestro obrar.

Hoy es una buena ocasión para que repasemos los llamados Dones del Espíritu Santo que señala nuestro catecismo, los meditemos, nos demos cuenta de la falta que nos hacen, los solicitemos humildemente y nos dejemos empapar de ellos, como las plantas reciben la lluvia que las trasforma.

Reconocemos en Pentecostés el origen de la Santa Iglesia, nuestra madre. Es hoy, para los cristianos, el “día de la Madre”, sin que nos achuchen los grandes almacenes con sus ofertas comerciales, no obstante no estaría mal que hoy le ofreciéramos nuestra oración sincera.

Pedrojosé Ynaraja