Comentario – Martes VIII de Pascua

(Mc 10, 28-31)

Pedro ha escuchado la invitación de Jesús a dejarlo todo y a no depositar la confianza en las riquezas. Entonces pregunta a Jesús cuál será su recompensa. Jesús se adapta a la mentalidad interesada de Pedro indicando que su entrega no quedará sin recompensa.

La idea del ciento por uno evidentemente no puede tomarse al pie de la letra, como una cuestión matemática. Sólo quiere indicar que las necesidades del creyente quedarán satisfechas de un modo mucho más perfecto que si se apegara a las cosas del mundo alejándose de Dios.

Sin embargo, Jesús no deja de poner límites a esta visión interesada de Pedro, diciéndole en primer lugar que el premio es la vida eterna, y que el premio en esta vida no consiste en poder, gloria humana o posición social. Esto se expresa en el anuncio de las persecuciones y en la invitación a hacerse el último.

Sin embargo, aunque creamos que tenemos muchas obras buenas y sacrificios para ofrecerle a Dios, nunca podemos pensar que con nuestras obras compramos la amistad con Dios, que sólo puede ser un regalo gratuito, porque «esto no proviene de ustedes, sino que es don de Dios, y no es resultado de las obras, para que nadie se enorgullezca» (Ef 2, 8-9). Por la amistad que Dios nos regala gratuitamente y por la iniciativa de su gracia, nosotros podemos poner todo de nuestra parte para crecer y para agradar a Dios, y eso ciertamente produce efectos positivos en nuestra vida, y nos ayuda a vivir mejor, a ser más felices, a enfrentar mejor las dificultades de la existencia.

 

Oración:

«Señor, dame fuerzas y generosidad para entregarte mi vida, sabiendo que entregarla a ti no es perderla ni desperdiciarla, porque en tu amor sabes premiar con abundante bondad, con una vida mejor, aunque muchas veces no consista en lo que nosotros planeamos. Gracias Señor » .

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día