Vísperas – San Felipe Neri

VÍSPERAS

SAN FELIPE NERI, presbítero

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 14

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios. Aleluya.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y práctica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios. Aleluya.

SALMO 111

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amor ha puesto al frente de su servidumbre. Aleluya.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amor ha puesto al frente de su servidumbre. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Aleluya.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Aleluya.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que, por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego con que abrasó el corazón de san Felipe Neri. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles VIII de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria

Señor, al leer el evangelio de este día, he descubierto la inmensa paciencia que tuviste con aquellos apóstoles que, viendo cómo subías a Jerusalén para encontrarte con el sufrimiento y con la muerte, ellos se dedicaban a pensar en quién sería más importante. Es la paciencia que has tenido también conmigo. Yo me he apartado de Ti precisamente cuando estaba recibiendo más favores tuyos. Me arrepiento y me avergüenzo. Y no te canses de tener paciencia conmigo.

2.- Lectura reposada del texto bíblico. Marcos 10, 32-45

Iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará» Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos». Él les dijo: ¿Qué queréis que os conceda? Ellos le respondieron: Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? Ellos le dijeron: Sí, podemos. Jesús les dijo: La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado. Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

3.- Qué dice este texto evangélico.

Meditación-reflexión

Agradecemos al evangelista San Marcos que haya sido tan noble que no haya ocultado las debilidades y miserias de  los propios apóstoles. Esto nos consuela hoy a nosotros que somos tan débiles, tan frágiles, y tan mezquinos y rastreros con Jesús. ¡Qué paciencia tiene con nosotros! El evangelio nos dice que “Jesús iba delante de ellos”.  Jesús siempre nos lleva la delantera. Jamás nos exige nada que Él  no haya realizado; jamás nos empuja por un camino que Él no haya recorrido; jamás nos invitaría a llevar con paciencia nuestras pequeñas cruces de la vida si antes Él no hubiera llevado en sus espaldas el pesado leño. Él ha subido a la Cruz libremente y por amor. Por eso pudo decir: “Cuando sea elevado en alto atraeré a todos hacia Mí” (Jn. 12,32). Jesús atrae, Jesús cautiva; pero no desde el dolor, sino desde el amor. Por eso los cristianos debemos hacer lo mismo. La gente, el mundo, se deja seducir  por el egoísmo, por los primeros puestos, por el dinero. Pero Jesús nos advierte en este evangelio: “No ha de ser así entre vosotros”. Nosotros, los cristianos, desde que hemos conocido a Jesús, debemos tener un talante distinto, un comportamiento diferente, un estilo de vida basado en el amor. A los primeros cristianos les solían llamar “hombres inéditos”. Con la Resurrección de Jesús se instaura en el mundo una “raza nueva”, una “nueva edición de hombre y de mujer”. Y es precisamente en eso nuevo, distinto, diferente, donde está nuestra identidad cristiana. A nosotros no nos marca una ideología, una idea, un adoctrinamiento, sino la Persona de Jesús que ha muerto y ha resucitado.  

Palabra del Papa

“Juan y Santiago, le piden sentarse, en su gloria, uno a su derecha y otro a su izquierda, lo que provocó una discusión entre los demás sobre quién era el más importante en la Iglesia. La tentación de los discípulos es la misma de Jesús en el desierto, cuando el demonio se había acercado para proponerle otro camino. […] Una Iglesia que solo piensa en los triunfos, en los éxitos, que no sabe aquella regla de Jesús: la regla del triunfo a través del fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la Cruz. Y esta es una tentación que todos tenemos. Recuerdo que una vez, que estaba en un momento oscuro de mi vida espiritual y le pedía una gracia al Señor. Luego me fui a predicar los ejercicios a unas religiosas y el último día se confiesan. Y vino a confesarse una monja anciana, con más de ochenta años, pero con los ojos claros y brillantes: era una mujer de Dios. Al final vi en ella a una mujer de Dios, a la que le dije: «Hermana, como penitencia, ore por mí, porque necesito una gracia. Si usted se lo pide al Señor, me la concederá con toda seguridad». Se detuvo un momento, como si orara, y me dijo: «Claro que el Señor le dará la gracia, pero no se engañe: lo hará a su divina manera». Esto me hizo muy bien. Sentir que el Señor siempre nos da lo que pedimos, pero a su divina manera. Y la divina manera es hasta el extremo. La divina manera consiste en la cruz, pero no por masoquismo: ¡no, no! Sino por amor. Por amor hasta el extremo». Pidamos al Señor la gracia de no ser una iglesia a mitad de camino, una Iglesia triunfalista, de grandes éxitos, sino de ser una Iglesia humilde, que camina con decisión, como Jesús. Adelante, adelante, adelante… Un corazón abierto a la voluntad del Padre, como Jesús. Pidamos esta gracia. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 29 de mayo de 2013, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto bíblico ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito: Cuando una cosa me cueste, miraré a Jesús que me lleva la delantera.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración

Señor, qué bueno, qué delicado, qué paciente eres con todos nosotros. Te ofendemos y nos perdonas. Volvemos a caer y nos levantas. Ni una queja, ni  una mala contestación, ni una amenaza. Nos dejas con nuestra libertad para que hagamos con ella lo que queramos. Y Tú, siempre nos esperas con las puertas abiertas. Y, a pesar de todo, nunca te cansas de nosotros. ¡Qué maravilla!

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 5, 43-48

43Habéis oído que fue dicho: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. 44Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, 45para que lleguéis a ser hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir el sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos.
46Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen lo mismo los publicanos? 47y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de sobreabundante? ¿no hacen lo mismo los paganos?

48Así pues, seréis perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto».

A la tesis y la antítesis (vv. 43-45) sigue una doble sentencia como fundamentación complementaria (vv. 46- 47) y el versículo final 48. Este fragmento (vv. 46-48) toma importantes términos de los versículos «perseguir» (vv. 10.11.44), «hijos de Dios» (v. 19), «padre celestial» (v. 16), «recompensa» (v. 12) y «sobreabundar» (v. 20). Esto indica que la antítesis recoge lo anterior. También se interrumpe en el último versículo (48) la tripartición de miembros característica de los versículos precedentes. Esto muestra que el versículo 48 ocupa una posición especial: es un versículo de transición recapitulador. La expresión «vuestro Padre celestial» (vv. 16.45) lleva a la siguiente sección sobre la oración 6,1-18, donde este calificativo de Dios pasa a ser el centro.

El precepto del amor a los enemigos es uno de los textos cristianos fundamentales. Se considera como lo propio y nuevo en el cristianismo. El puesto central que ocupa el amor a los enemigos en la Iglesia primitiva está en consonancia con la intención de Mateo, que le asignó un puesto relevante en su antítesis conclusiva. Mateo estableció así el precepto del amor como precepto de la justicia «sobreabundante» de los cristianos, resumido por él en el v. 48 con el término «perfección». La extendida opinión, según la cual el precepto de Jesús sobre el amor a los enemigos es la novedad, no es del todo correcta. Afirmaciones similares hay en el judaísmo, en el mundo griego estoico, en la India, en el budismo, en el taoísmo. Pero en Jesús se produce una absolutización extrema de una posibilidad presente en otras religiones.

  • Jesús habla con énfasis sobre el amor a los enemigos. No aparece la insinuación latente de que el enemigo pueda convertirse en amigo gracias al amor: Jesús no niega en absoluto la crueldad y la maldad de los enemigos, y aun así exige -no también, sino precisamente- amarlos. Esto tiene que ver con la idea de Dios que profesa Jesús. Jesús conoce a un Dios personal que actúa de modo singular en la historia. Su precepto del amor a los enemigos no responde a la armonía del mundo, sino a la voluntad de Dios. El postulado extremo del amor a los enemigos responde al amor extremo de Dios a pecadores y desclasados. Por eso Jesús combina su postulado con una promesa escatológica: llegaréis a ser hijos de Dios.
  • El amor a los enemigos es la «sobreabundancia», que forma parte de la justicia superior (cf. 5,20). La recompensa consiste en la promesa de que aquellos que practican una justicia superior a la de los fariseos y letrados podrán entrar en el reino de los cielos. El contrapunto negativo son los publicanos y pecadores. La comunidad se distingue de «los otros» por su amor a los enemigos. Después de que el término «sobreabundante» (v. 47) remitió claramente al v. 20, el v. 48 pone fin a toda la serie de antítesis. En este último versículo, la clave de comprensión es la palabra «perfecto» (teleios). Este concepto no se debe interpretar partiendo de la doctrina griega de la virtud, sino de su trasfondo judío: «perfecto» es el que observa los preceptos de Dios sin omitir nada. Mateo pensó concretamente en el amor a los enemigos, y al hablar de la perfección de Dios hace referencia, desde el v. 45, a la bondad de Dios. Subraya el pronombre «vosotros»: la comunidad debe distinguirse de los paganos (v. 47) por su perfección. Mateo destaca con el término «perfecto» la relevancia fundamental del amor a los enemigos. Este amor no es un concepto entre otros, sino el centro y la cima de todos los mandamientos que conducen a la perfección.
  • Sorprende la naturalidad con que la Iglesia antigua supuso que esta «ley fundamental» de la fe era practicable y se practicaba de hecho. Pero pronto aparece la tendencia a suavizar el precepto, que recorre toda la historia de la exégesis. Todo esto plantea la cuestión de si el amor a los enemigos no es una sobreexigencia para el ser humano. El NT nos presenta también a un Pablo nada delicado con sus adversarios, por no hablar del autor de la segunda Carta de Pedro y su modo de tratar a los enemigos (cf. 2Pe 2,12-22). El propio evangelio de Mateo es especialmente ilustrativo del problema: el mismo autor que coloca el amor a los enemigos en el ápice de su serie de antítesis no se limitó a tomar de la tradición las grandes imprecaciones contra los fariseos en Mt 23 como palabras de Jesús, sino que además las redondeó por su cuenta: ese discurso no es, desde luego, un testimonio de amor a los enemigos ejercido con los fariseos y escribas. Reflexionemos: ¿es el amor a los enemigos un postulado utópico porque se opone a ciertas premisas antropológicas y psicológicas fundamentales? ¿es una «pretensión que avasalla a la naturaleza»? H. Heine formula el problema en estos términos: «Cuando el buen Dios quiere hacerme totalmente feliz, me proporciona la alegría de ver a seis o siete de mis enemigos colgados de este árbol. Yo les perdonaré de corazón todas sus iniquidades antes de su muerte… Sí, hay que perdonar a los enemigos, mas no antes de ser ahorcados». Para F. Nietzsche, el amor a los enemigos supone debilidad e insinceridad: «Al no poder vengarse se le llama no querer vengarse… también se habla de ‘amor a los enemigos’».
  • En cualquier caso, el balance de la historia de la Iglesia es ambivalente. No hay sólo cruzadas, guerras de religión, evangelización forzada y antijudaísmo; aunque también eso existió. ¿Qué tiene que ver todo esto con el precepto del amor a los enemigos? Las indagaciones de la historia y de la psicología son indispensables y plantean tres puntos de reflexión. 1) El primero es de tipo autocrítico: Jesús se refirió al enemigo con toda crudeza y ferocidad. No ligó el amor a ninguna finalidad. El amor a los enemigos no era una oportunidad para ver si el enemigo se enmendaba. El hecho de que se haya ligado tan a menudo el amor a los enemigos con la finalidad de la misión es una expresión del fracaso cristiano en este precepto. El amor «para un fin» no es amor ni es lo que Jesús propuso. 2) La segunda reflexión deriva de la historia efectual del precepto de amar a los enemigos, una historia más que ambigua, una historia de instrumentalizaciones del amor para «fines cristianos» y de pura negligencia… también para «fines cristianos». Esa historia debe enseñamos que la oportunidad para un amor auténtico sólo se da si la religión cristiana se pone al servicio del amor, y no cuando el amor está al servicio de la religión cristiana. El amor sólo puede prosperar siendo lo último y el todo: compendio de la fe y don de la vida; pero no cuando es utilizado por el cristianismo como medio de auto-presentación y auto-imposición. 3) La tercera reflexión lleva al estrato profundo: Jesús, Mateo y los críticos del precepto del amor a los enemigos coinciden en que este precepto no es un postulado «natural». ¿Cómo iba a serlo? Jesús lo formuló en contraste palmario con la conducta «natural». No es táctica de un luchador, ni magnanimidad de un vencedor, ni resignación de un vencido, ni lucidez de un sabio. Jesús propuso su postulado desde el presupuesto absolutamente «antinatural» de que el reino de Dios había comenzado y el ser humano debía darle respuesta. Por eso no puede considerarse, como se ha hecho muchas veces, como culminación del amor «natural» a los semejantes. Mateo no lo propuso porque fuese razonable o natural o prometedor, sino porque aquel que lo impuso está, como Señor resucitado, cerca de su comunidad todos los días hasta el fin del mundo. La cuestión no es, directamente, saber si ese precepto es realista a nivel táctico o psíquico, sino saber si la experiencia de gracia que él presupone es tan fecunda que el ser humano pueda liberarse en dirección a ese amor. La fe cristiana intenta, en un mundo marcado por la lucha, poner siempre signos del sí incondicional de Dios al ser humano partiendo de la perspectiva del reino de Dios. Esto es lo que significa el amor a los enemigos.

Comentario – Miércoles VIII de Tiempo Ordinario

(Mc 10, 32-45)

Los discípulos comienzan a tomar conciencia de que Jesús está marchando hacia el final de su vida terrena. Perciben ya que la oposición a Jesús se va recrudeciendo, y por eso se sorprenden ante la decisión y el coraje de Jesús que marcha a la cabeza, y comienzan a sentir miedo.

Jesús anuncia por tercera vez su pasión, confirmando la preocupación de los discípulos. Pero los discípulos piensan sobre todo en la gloria que Jesús alcanzará y la entienden como un reinado glorioso en la tierra. Por eso Santiago y Juan piden un lugar destacado en ese nuevo Reino.

Jesús, con admirable paciencia, quiere hacerles notar que compartir su Reino implica también compartir los sufrimientos propios de la pasión, pero ellos responden que están dispuestos a acompañarlo en todo. Sin embargo, Jesús indica que eso no basta, porque el que asigna los puestos es el Padre.

Además, en la nueva comunidad, la autoridad será más servicio que gloria, donde no se tratará de imponer la autoridad sino de usarla para servir como esclavo de los demás. Y al mismo tiempo que Jesús destaca ese nuevo estilo, lo contrapone a los poderes políticos, sobre todo imperiales, que dominan despóticamente y hacen sentir el rigor de la autoridad.

Oración:

“Jesús, ayúdame a convencerme de que mi grandeza está en el servicio humilde y desinteresado; libérame de estar pendiente de puestos y lugares de gloria, para entregarme con un corazón despojado a servirte en los hermanos”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Naturaleza y fin de la comunidad política

74. Los hombres, las familias y los diversos grupos que constituyen la comunidad civil son conscientes de su propia insuficiencia para lograr una vida plenamente humana y perciben la necesidad de una comunidad más amplia, en la cual todos conjuguen a diario sus energías en orden a una mejor procuración del bien común. Por ello forman comunidad política según tipos institucionales varios. La comunidad política nace, pues, para buscar el bien común, en el que encuentra su justificación plena y su sentido y del que deriva su legitimidad primigenia y propia. El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección.

Pero son muchos y diferentes los hombres que se encuentran en una comunidad política, y pueden con todo derecho inclinarse hacia soluciones diferentes. A fin de que, por la pluralidad de pareceres, no perezca la comunidad política, es indispensable una autoridad que dirija la acción de todos hacia el bien común no mecánica o despóticamente, sino obrando principalmente como una fuerza moral, que se basa en la libertad y en el sentido de responsabilidad de cada uno.

Es, pues, evidente que la comunidad política y la autoridad pública se fundan en la naturaleza humana, y, por lo mismo, pertenecen al orden previsto por Dios, aun cuando la determinación del régimen político y la designación de los gobernantes se dejen a la libre designación de los ciudadanos.

Síguese también que el ejercicio de la autoridad política, así en la comunidad en cuanto tal como en las instituciones representativas, debe realizarse siempre dentro de los límites del orden moral para procurar el bien común -concebido dinámicamente- según el orden jurídico legítimamente establecido o por establecer. Es entonces cuando los ciudadanos están obligados en conciencia a obedecer. De todo lo cual se deducen la responsabilidad, la dignidad y la importancia de los gobernantes.

Pero cuando la autoridad pública, rebasando su competencia, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rehuir las exigencias objetivas del bien común; les es lícito, sin embargo, defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de tal autoridad, guardando los límites que señala la ley natural y evangélica.

Las modalidades concretas por las que la comunidad política organiza su estructura fundamental y el equilibrio de los poderes públicos pueden ser diferentes, según el genio de cada pueblo y la marcha de su historia. Pero deben tender siempre a formar un tipo de hombre culto, pacífico y benévolo respecto de los demás para provecho de toda la familia humana.

Comentario Santísima Trinidad

Oración preparatoria

Señor y Hermano nuestro Jesús, por haberte rebajado hasta la muerte por nosotros, tu Padre te exaltó y te dio su misma gloria y poder junto a Sí: tu destino es nuestro destino, gloria será nuestra gloria, haz que, creyendo en Ti, vivamos siempre en la esperanza en medio de todos los aprietos de la vida, y si tú quieres, seamos testigos tuyos en el mundo, comunicando a los hombres y mujeres de hoy todo lo que nos aportas de vida, de perdón, de confianza. AMÉN.

 

Mt 28, 16-20

«16Pero los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

17Y, al verlo, lo adoraron, pero algunos dudaron.

18Y, acercándose, Jesús les habló diciendo: “Me ha sido dada toda autoridad en el cielo y sobre la tierra. 19Así pues, yendo, haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 
CONTEXTO

Este evangelio es el punto final del evangelio de Mateo. El evangelio, que había comenzado bien enraizado en el pueblo de Israel (cf. la genealogía de Jesús: Mt 1,1-17) termina con una apertura universal para que la salvación de Dios, mediante el seguimiento de Jesús, abrace a todos los pueblos de la tierra. Sin embargo, la promesa de que en Jesús está Dios-con-nosotros (Mt 1,23), continúa vigente para todo este tiempo: Yo estoy con vosotros (Mt 28,20). Final extraordinariamente solemne y majestuoso que, no obstante, no cae en fáciles triunfalismos: la mención de los Once (no Doce) y de la duda de algunos discípulos evita una interpretación ‘gloriosa’. Por lo demás, el texto queda abierto, de modo que la orden de Jesús se mantiene activada para todo tiempo y todo discípulo.

 
TEXTO

Tiene dos partes: una pequeña introducción narrativa (vv. 16-17) y una parte discursiva, las últimas palabras de Jesús (vv. 18-20).

En la introducción narrativa sobresalen tres elementos: la mención a los Once hace recordar que ya no eran ‘los Doce’, es decir, nos hace recordar que la herida provocada por la traición de Judas permanece abierta en el recuerdo del evangelista; la mención del monte de Galilea es una referencia al monte en el que Jesús pronunció su primer discurso, el Sermón de la Montaña, con toda su significatividad como ‘nuevo Moisés’ que trae una Alianza nueva; la mención a la duda nos indica que la resurrección de Jesús no sofoca las dificultades para verle presente en la vida de cada día y nos hace ser conscientes de la fragilidad y pequeñez de nuestra fe.

En la parte discursiva destacan otros tres elementos: la autoridad sobresaliente de Jesús, que la ha recibido de Dios; el cuidado juego del adjetivo todo, presente en cada frase del discurso de Jesús, como señalando que la totalidad de la existencia y la misión está habitada por la fuerza misteriosa de Dios Trinitario; la presencia específica de Jesús, que acompaña cada momento de nuestra vida: él es el Dios-con-nosotros que se nos había prometido al comienzo del evangelio.

 
ELEMENTOS A DESTACAR

• Ir al monte que Jesús nos indica: ¿cuáles son los lugares en que experimentas los encuentros con Jesús? ¿Hasta qué punto estás dispuesto a ‘moverte’ para encontrar a Jesús?

• Adoraron y dudaron: ¿En qué cosas sigues más a Jesús, más le crees, más le obedeces? ¿En qué otras cosas dudas, evitas el compromiso, prefieres mirar para otro lado?

• ¿Toda la autoridad de Jesús te hace tenerle como guía fundante de tu vida, de tus opciones, de tus planteamientos políticos, sociales, familiares, laborales…?

• El único imperativo en las palabras de Jesús es “haced discípulos”: ¿cómo lo haces realidad en tu vida cristiana? ¿A qué te sientes enviado? ¿En qué eres misionero?

• ‘Yo estoy con vosotros todos los días’: ¿experimentas esto? ¿Qué produce en ti? ¿A qué te mueve? ¿En qué se manifiesta?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Santísima Trinidad

Solemnidad de la Santísima Trinidad

Deuteronomio 4, 32-34.39-40; Salmo 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22; Romanos. 8, 14-17; Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

Reflexión

Jesús dice que Dios le ha dado todo el poder en el cielo y la tierra. ¿Les comunica que tiene el mismo poder de Dios Padre, Por qué? (Jesús es Dios.) ¿Pero tuvo que recibir ese poder del Padre, Por qué? (Jesús es una persona diferente al Padre.) Igual Jesús envió al Espíritu Santo (otra persona) que tiene todo el poder de Dios porque es Dios. Dios es un Dios en tres personas. San Pablo dice: “El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana.” ¿Qué es un misterio? (Algo que no tiene explicación o no se puede entender. Creemos en la Trinidad por la fe que tenemos en las palabras de Jesús.) ¿Jesús les dice a sus discípulos que bauticen a todas las naciones en cual nombre? (En nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.) San Pablo nos recuerda que en el Bautismo entramos en la familia de Dios como hijos adoptivos y Jesús nos llama a participar de la misión de sus discípulos. Jesús promete estar siempre con nosotros para acompañarnos y ayudarnos. ¿Dónde está Jesús? (En la Eucaristía, en los Sacramentos, en la comunidad cristiana, en las escrituras, y en nuestro corazón.) ¿Cómo nos ayuda Jesús? Compartir.

Actividad

En la siguiente página, repasen con los niños la forma de hacer la señal de la cruz y su significado. Escoger actividad de las siguientes. En la 2da página, comparar la Santísima Trinidad (un Dios en 3 personas) al sol (un sol con 3 partes: fuego, calor, y luz). En la 3ra página hacer el crucigrama.

 

Oración

Señor tú eres una comunidad y nos enseñas a ser comunidad y a compartir con otros con amor. Gracias por tu promesa de acompañarnos siempre. Fortalece nuestra familia en el amor de unos por otros. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Aparición en Galilea y misión universal – Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: -Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizádolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo

Explicación

Nosotros los amigos de Jesús sabemos por él, que Dios es su PADRE. Que Jesús estaba confiado en las manos de su Padre, porque era HIJO. Y entre los dos, Padre e Hijo, había un lazo de unidad muy fuerte, que era su AMOR. Así los tres eran uno

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

NARRADOR: Los Once discípulos de Jesús se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

DISCÍPULO1: Ya estamos en el monte Olivete. Era aquí donde Jesús dijo que nos esperaba, ¿verdad?

DISCÍPULO2: Sí. Lo que no sé es para qué nos habrá llamado a todos. Tengo la impresión de que quiere despedirse.

DISCÍPULO1: ¡No digas tonterías, cómo va a dejarnos solos tan pronto!

DISCÍPULO2: Hace ya un poco más de cincuenta días que resucitó; sabemos que tarde o temprano ha de volver a la casa del Padre.

DISCÍPULO1: Ya lo sé; ¡pero me gustaría tanto que el Maestro se quedara siempre!

NARRADOR: En esto entró Jesús, se puso en medio y dijo:

JESÚS: Paz a vosotros.

NARRADOR: Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.

DISCÍPULO2: ¿Es el Maestro, verdad?

DISCÍPULO1: ¿No ves que sí? ¡Bienvenido, Maestro!

NARRADOR: Jesús les dijo:

JESÚS: ¡Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.

DISCÍPULO2: ¿Qué quieres de nosotros?

JESÚS: Id y haced discípulos de todos los pueblos.

DISCÍPULOS: ¿Cómo?

JESÚS: Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del E. Santo.

DISCÍPULO1: ¿Y qué les hemos de enseñar?

JESÚS: Enseñadles a comunicar todo lo que habéis vivido conmigo: a amarse mucho, a ser portadores de la Verdad, a ser transmisores de esperanza… Dad a todos lo que habéis vivido conmigo…

DISCÍPULO2: Pero… ¿Tú estarás con nosotros?

JESÚS: Sí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles VIII de Tiempo Ordinario

Santiago y Juan se presentan ante Jesús y le piden que los siente uno a la derecha y otro a la izquierda en tu gloria. Los seres humanos somos así: todos queremos sobresalir por encima de los demás y ser más que los otros. Son los deseos de grandeza. A esta petición Jesús les da una hermosa catequesis: “el que quiera ser grande que sea vuestro servidor y el que quiera ser primero sea esclavo de todos”. Pero antes les ha dicho que los grandes de este mundo tiranizan y oprimen, y que entre sus discípulos no puede ser así.

¿Hay entre nosotros personas grandes como Jesús nos dice? Normalmente estas personas no aparecen en los medios de comunicación –diario, tv…-, nadie les cede el paso en lugar alguno ni les hace reverencia; no tienen títulos académicos ni poseen muchas riquezas, pero tienen algo que vale más que los bienes materiales: la bondad, la capacidad de acogida, la ternura y la compasión hacia los necesitados. Hombres y mujeres que pasean por nuestras calles, viajan en metro y bus, pero que pasan por la vida dando amor y cariño a su alrededor. Personas sencillas que viven pasando una mano y haciendo el bien. Personas que no conocen el orgullo ni tienen grandes pretensiones, pero que se les encuentra en el momento oportuno cuando se necesita una palabra de ánimo, una mirada cordial, una sonrisa alegre, un favor…

Padres buenos que se toman tiempo, aunque vengan cansados del trabajo del día, para escuchar las mil y una preguntas de sus hijos pequeños, que disfrutan de sus juegos y descubren junto a ellos lo mejor de la vida. Madres incansables que llenan el hogar de amor y alegría; mujeres que no tienen precio, pues saben dar a sus hijos lo que más necesitan en cada instante sin escatimar sacrificio. Esposos que van madurando su amor día a día, aprendiendo a ceder, cuidando generosamente la felicidad del otro, perdonándose mutuamente en los mil pequeños roces de la vida.

Estas personas, desconocidas a los medios de comunicación, son las que hacen más agradable la vida y más habitable el mundo, y descontaminan el aire impuro de nuestras ciudades y pueblos un tanto irrespirable por el aislamiento, la delincuencia, los robos, los asaltos, la violencia, la indiferencia… De ellas ha dicho Jesús que son “grandes” porque viven al servicio de los demás y les ayudan a vivir con esperanza y alegría.

En el desierto de este mundo, donde sólo parece crecer la rivalidad y el enfrentamiento, ellas son pequeños oasisen los que brota la amistad, la confianza y la mutua ayuda. No se pierden en discursos y teorías, porque lo suyo es amar calladamente y prestar ayuda a quien la necesite. Tal vez nunca reciban un homenaje o incluso una palabra de agradecimiento, pero estos hombres y mujeres –“una muchedumbre incontable” como dice el Apocalipsis- son grandes porque son humanos .Y ellos son los mejores seguidores de Jesús, pues viven haciendo un mundo más digno y abriendo caminos al Reino de Dios.