Vísperas – Sumo y Eterno Sacerdote

VÍSPERAS

JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE

INVOCACIÓN INICIAL

V./ Dios mío, ven en mi auxilio
R./ Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

A ti, sumo y eterno Sacerdote
de la nueva alianza,
se ofrecen nuestros votos y se elevan
los corazones en acción de gracias.

Desde el seno del Padre, descendiste
al de la Virgen Madre;
te haces pobre, y así nos enriqueces;
tu obediencia, de esclavos libres hace.

Tú eres el Ungido, Jesucristo,
el Sacerdote único;
tiene su fin en ti la ley antigua,
por ti la ley de gracia viene al mundo.

Al derramar tu sangre por nosotros,
tu amor complace al Padre;
siendo la hostia de tu sacrificio,
hijos de Dios y hermanos tú nos haces.

Para alcanzar la salvación eterna,
día a día se ofrece
tu sacrificio, mientras, junto al Padre,
sin cesar por nosotros intercedes.

A ti, Cristo pontífice, la gloria
por los siglos de los siglos;
tú que vives y reinas y te ofreces
al Padre en el amor del Santo Espíritu. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. El Señor le ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno».

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno».

SALMO 110

Ant. Dios, rico en misericordia, nos ha hecho vivir con Cristo.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios, rico en misericordia, nos ha hecho vivir con Cristo.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Cristo es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

El nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

El es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura

LECTURA: Hb 10, 19-23

Hermanos, teniendo entrada libre al santuario, en virtud de la sangre de Jesús, contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina, o sea, de su carne, y teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura. Mantengámonos firme en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien nos hizo la promesa.

RESPONSORIO BREVE

R/ Estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
V/ Estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

R/ Y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.
V/ Por medio de nuestro Señor Jesucristo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Padre, te ruego por ellos, que son tuyos, y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Padre, te ruego por ellos, que son tuyos, y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.

PRECES

Dirijámonos confiadamente a Cristo, nuestro sumo sacerdote, y presentémosle nuestros deseos y peticiones, diciendo con humildad:

            Escúchanos, Señor, te suplicamos con fe.

Cristo, tú eres la Palabra del Padre,
— pon en nuestros labios lo que hemos de pedir.

Cristo sacerdote, tú que eres el pan de la vida,
— haz que los que tú has elegido vivan el don de su sacerdocio, consumando en ti su propia oblación.

Cristo glorioso, que vives siempre para interceder ante el Padre en favor nuestro,
— haz que seamos fieles en la oración por tu Iglesia.

Cristo Señor, que fuiste enviado por el Padre,
— haz que todos encuentren en ti la vida y el camino del reino.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cristo, Hijo de Dios vivo, que con tu muerte venciste a la muerte,
— haz que la oblación final de nuestros difuntos los lleve al gozo eterno de la gloria.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste a tu Hijo único sumo y eterno sacerdote, concede a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V./ El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R./ Amén.

Lectio Divina – Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

1.- Introducción.

Señor, en este día de la fiesta de Cristo Sacerdote, quiero pedirte que des al mundo sacerdotes que se parezcan a ti, Buen Pastor. Sacerdotes que pisen en las huellas que Tú dejaste; sacerdotes que no busquen su gloria sino la tuya; sacerdotes que “van delante de las ovejas” cumpliendo con sus obras lo que predican con los labios; sacerdotes que cargan con las ovejas débiles y enfermas, sacerdotes que llegan a amar tanto a sus ovejas  que están dispuestos a dar la vida por ellas. 

2.- Lectura reposada de la Palabra. Marcos 14,12-25

         «El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua? Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí. Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua. Y cuando llegó la noche, vino él con los doce. Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar. Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo? El, respondiendo, le dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.»

3.- ¿Qué dice el texto?

Meditación-reflexión.

Lo que caracteriza el sacerdocio de Jesús es que rompe con el esquema de los sacerdocios antiguos. En el  sacerdocio antiguo se hacía todo por “separaciones”.  De la tribu de Leví, se separaba una familia, la de Aarón, de la familia se escogía una persona y se la separaba del pueblo  para dedicarse plenamente al culto. Jesús, en cambio, está siempre con el pueblo, muy cerca de los problemas de la gente, su sacerdocio no es “cultual sino existencial”. En Jesús el sacerdote no es distinto de la víctima. Él mismo se ofrece. Y a la hora de celebrar la Cena Pascual e instituir el Sacerdocio, toma un pan y “lo parte”. Y lo que nos entrega es un “pan partido”. El pan roto alude al cuerpo destrozado del Viernes Santo. Y el vino que se derrama, tiene relación con la sangre derramada en la Cruz.   En el sacerdocio no podemos separar el jueves del viernes. Lo que cada día celebramos en el Altar hemos de vivirlo después en la vida de entrega a los demás. El sacerdote que cada día toma el pan en sus manos y dice: “Esto es mi cuerpo que se rompe por  vosotros” debe estar dispuesto a darse, a entregarse, a romperse por los demás. De lo contrario el sacerdote vivirá toda la vida  en una esquizofrenia existencial. En este tiempo que nos toca vivir el sacerdote debe vivir dos pasiones: “la pasión por Dios” y la “pasión por el hombre, sin mirar etiquetas. Amará apasionadamente a todos sean del color que sean; de opción política que sean y de la religión que libremente hayan elegido. “Un hermano entre hermanos”. 

Palabra del Papa.

“No será así entre vosotros —precisamente el lema de vuestra Asamblea, «entre vosotros no será así»—, el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo» (Mt 20, 25-27). Pensemos en el daño que causan al pueblo de Dios los hombres y las mujeres de Iglesia con afán de hacer carrera, trepadores, que «usan» al pueblo, a la Iglesia, a los hermanos y hermanas —aquellos a quienes deberían servir—, como trampolín para los propios intereses y ambiciones personales. Éstos hacen un daño grande a la Iglesia (Papa Francisco) Asamblea de Superioras Generales, 8-5-13).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto comentado. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Rezar un rato para que haya sacerdotes al estilo de Jesús.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, veo que es muy serio eso de ser sacerdote. Creo que los hay muy buenos y te siguen con fidelidad; pero me da la impresión de que otros no tienen idea de lo que llevan en sus manos. Consagran todos los días, rompen el pan eucarístico, pero en sus personas no se les ve ni la más pequeña magulladura en el servicio sacrificado a los demás. Danos, Señor, sacerdotes para nuestro tiempo.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Los “grandes amigos” del hombre (Ángeles Custodios)

La tradición cristiana describe a los Angeles Custodios como a unos grandes amigos, puestos por Dios al lado de cada hombre, para que le acompañen en sus caminos. Y por eso nos invita a tratarlos, a acudir a ellos (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 63).

Envía a sus ángeles cerca de ti, dice el Salmo, para que te guarden en todos tus caminos. Por eso mismo hemos de velar con más cuidado, ya que no habría tanta solicitud por nosotros en el cielo si no nos viesen tan necesitados. No pondrían tantos guardianes si no fuera tanta la asechanza (SAN BERNARDO, Serm. 11, sobre el Salmo 90).

Comentario – Jueves VIII de Tiempo Ordinario

(Mc 10, 46-52)

Bartimeo, el mendigo ciego, estaba sentado junto al camino, sin esperanzas en la vida, despojado, humillado; ni siquiera podía pedir ayuda porque lo hacían callar. Era un excluido sin voz en la sociedad.

Pero Jesús escucha el grito, y a aquellos mismos que lo hacían callar les ordena que lo llamen, como invitándolos a revertir su actitud despectiva e indiferente.

La actitud de los discípulos, que contrasta con la de Jesús, no deja de ser una advertencia para nosotros. Porque cuando nos habituamos a una vida cómoda, o nos obsesionamos con los planes que queremos realizar, preferimos hacer callar a los que nos molestan, hacer desaparecer la voz de los que perturban nuestra falsa paz, eliminar el reclamo de los que pueden privarnos de la comodidad y de las estructuras que nos hemos creado para sobrevivir.

El reclamo del ciego es una verdadera confesión de fe que reconoce a Jesús como el Mesías esperado, el descendiente de David que venía a reinar con justicia. Es más, todo el relato indica que el ciego estaba esperando a Jesús con el corazón confiado; y Jesús se acercó a él en actitud dialogante, a preguntarle qué quería de él. Además, Jesús declara que la fe del ciego ha tenido mucho que ver con su curación.

Pero la fe del ciego se expresó luego de la curación, siguiendo a Jesús por el camino. Ese ciego que ansió tanto recobrar la vista, habría podido dedicarse a tantas cosas que podría haber soñado en su larga ceguera, y sin embargo su reacción es simplemente seguir a Jesús por el camino. Sabía que no había nadie ni nada más importante para sus ojos, que no valía la pena empeñarse en ver otras cosas cuando había encontrado al que le devolvía un sentido a su vida.

Oración:

“Señor, yo también estoy un poco al borde del camino, ciego y solitario, necesitado y a oscuras. Yo también tengo mis cegueras y me cuesta ver la luz de tu verdad y el sentido de mi vida. Por eso te ruego que abras mis ojos y me hagas ver la luz”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Gaudium et Spes – Documentos Vaticano II

Colaboración de todos en la vida pública

75. Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y con perfección creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno de la cosa pública, en la determinación de los campos de acción y de los límites de las diferentes instituciones y en la elección de los gobernantes. Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común. La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio.

Para que la cooperación ciudadana responsable pueda lograr resultados felices en el curso diario de la vida pública, es necesario un orden jurídico positivo que establezca la adecuada división de las funciones institucionales de la autoridad política, así como también la protección eficaz e independiente de los derechos. Reconózcanse, respétense y promuévanse los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, así como su ejercicio, no menos que los deberes cívicos de cada uno. Entre estos últimos es necesario mencionar el deber de aportar a la vida pública el concurso material y personal requerido por el bien común. Cuiden los gobernantes de no entorpecer las asociaciones familiares, sociales o culturales, los cuerpos o las instituciones intermedias, y de no privarlos de su legítima y constructiva acción, que más bien deben promover con libertad y de manera ordenada. Los ciudadanos por su parte, individual o colectivamente, eviten atribuir a la autoridad política todo poder excesivo y no pidan al Estado de manera inoportuna ventajas o favores excesivos, con riesgo de disminuir la responsabilidad de las personas, de las familias y de las agrupaciones sociales.

A consecuencia de la complejidad de nuestra época, los poderes públicos se ven obligados a intervenir con más frecuencia en materia social, económica y cultural para crear condiciones más favorables, que ayuden con mayor eficacia a los ciudadanos y a los grupos en la búsqueda libre del bien completo del hombre. Según las diversas regiones y la evolución de los pueblos, pueden entenderse de diverso modo las relaciones entre la socialización y la autonomía y el desarrollo de la persona. Esto no obstante, allí donde por razones de bien común se restrinja temporalmente el ejercicio de los derechos, restablézcase la libertad cuanto antes una vez que hayan cambiado las circunstancias. De todos modos, es inhumano que la autoridad política caiga en formas totalitarias o en formas dictatoriales que lesionen los derechos de la persona o de los grupos sociales.

Cultiven los ciudadanos con magnanimidad y lealtad el amor a la patria, pero sin estrechez de espíritu, de suerte que miren siempre al mismo tiempo por el bien de toda la familia humana, unida por toda clase de vínculos entre las razas, pueblos y naciones.

Los cristianos todos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común, así demostrarán también con los hechos cómo pueden armonizarse la autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la necesaria solidaridad del cuerpo social, las ventajas de la unidad combinada con la provechosa diversidad. El cristiano debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales discrepantes y debe respetar a los ciudadanos que, aun agrupados, defienden lealmente su manera de ver. Los partidos políticos deben promover todo lo que a su juicio exige el bien común; nunca, sin embargo, está permitido anteponer intereses propios al bien común.

Hay que prestar gran atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y, sobre todo para la juventud, a fin de que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política. Quienes son o pueden llegar a ser capaces de ejercer este arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal. Luchen con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política, al servicio de todos.

La Trinidad: misterio de comunión

1.- Cuando queremos referirnos a un tema sumamente complicado, o aparentemente inescrutable, decimos con frecuencia que se trata de un tema tan difícil de explicar como el misterio de la Santísima Trinidad. Y es porque, al hablar de la Santísima Trinidad, nos estamos refiriendo al misterio teológico del Dios Uno y Trino. San Agustín se pasó veinte años meditando y escribiendo, interrumpidamente, sobre este misterio. Así publicó, al fin, el amplio tratado –catorce libritos—sobre la Trinidad, un libro que, según él mismo nos dice, lo comenzó de joven y lo terminó siendo viejo. Durante esos veinte años, más de una vez interrumpió el trabajoso y fatigoso estudio, porque pensaba que debía ocuparse en otros trabajos que eran más útiles para un número mayor de personas y porque creía que rara es la persona que cuando habla de la Santísima Trinidad sepa de qué cosa habla.

2.- Yo, que intento ser buen agustino, pienso que hoy, en nuestro trabajo pastoral, no debemos fijarnos tanto, o nada, en el misterio estrictamente teológico y debemos hablar y predicar sobre la Trinidad insistiendo en el aspecto y la dimensión pastoral y vivencial de este misterio. Porque estoy convencido que nuestra vida espiritual o es una vida trinitaria, o no es vida espiritual. La Trinidad es antes que nada, comunicación y comunión. Una comunicación basada en el amor y una comunicación de amor. Dios es amor, nos dijo ya San Juan y repetirían después muchas veces San Agustín y otros muchos santos; el fruto del amor del Padre es el Hijo y el cordón umbilical que une al Padre con el Hijo –el Espíritu Santo– es el Amor. El misterio de la Santísima Trinidad es, pues, un misterio de Amor y así debe ser el misterio de la vida de todo y cualquier cristiano. Cuando yo amo a Dios, me comunico con Dios, comulgo con Él.

Y, como cada vez que amo a Dios amo en Él al prójimo y cada vez que amo al prójimo amo a Dios en el prójimo, resulta que siempre que amo con amor cristiano estoy participando en un amor trinitario. En este sentido tiene plena validez y fuerza la conocida frase de San Agustín; ama y haz lo que quieras. Porque cuando amas a Dios y al prójimo con un amor trinitario es siempre Dios –el Dios Amor– el vínculo de unión, y el fruto de ese amor sólo puede ser Dios mismo, el Dios Amor. Esto debemos realizarlo y vivirlo en nuestras relaciones de cada día: con nuestros padres y familiares, con nuestros amigos, con todas las personas con las que tratamos y convivimos, con las personas con las que nos comunicamos y con las que comulgamos. Los frutos de mi amor con el prójimo deben ser los mismos dones del Espíritu Santo, es decir, la paz, la bondad, la generosidad, el amor…

3.- En esta fiesta de la Santísima Trinidad, nuestro propósito debe ser un propósito sencillo y nada misterioso: el propósito de amar y de dejarnos amar con el amor de Dios. Un amor de comunión que me lleve a comulgar diariamente con los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren (Gaudium et Spes). Así podremos celebrar dignamente la fiesta que hoy celebramos, sin perdernos ni marearnos en los oscuros senderos y laberintos del misterio teológico de la Santísima Trinidad.

Gabriel González del Estal

Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Mateo 18, 16-20

COMENTARIO AL EVANGELIO

Jesús vuelve a estar con los apóstoles. Les vuelve a insistir en que nuestra misión es hacer discípulos en todo el mundo, en todos los pueblos. Jesús no quiere que la fe se quede sólo entre los judíos.

Y les dice que les bauticen en el nombre de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Por eso hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. Es el bautismo lo que nos convierte en seguidores de Dios, en creyentes y, por lo tanto, personas con la misión de acercar la fea muchas otras personas.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Jesús vuelve a estar con los apóstoles para animarles y recordarles que Él siempre estará con ellos. Piensa en una situación de tu vida que hayas sentido cerca a Jesús.
  • ¿Podemos ser creyentes por libre, sin necesitar a nadie con nosotros? ¿Qué nos dice Jesús que demos hacer?
  • Piensa en una persona que esta semana veas que está con algún problema o se siente un poco sola. Hazle sentir que estás con ella como Jesús hace con nosotros.

ORACIÓN

De mano en mano…
me ha llegado la Buena Noticia,
y no la retengo en mi regazo,
sino que dejo mi refugio
y voy a las plazas, rincones y caminos,
pues anhelo que llegue y meza
nuevos campos aunque no los conozca.
Hoy me siento agraciado
y hondamente agradecido al sentirme enviado
para ser testigo
de lo que Tú nos has dicho
y nosotros hemos visto del Dios abierto y compartido.

De mano en mano

De mano en mano,
a través de muchos años
y generaciones de cristianos,
me ha llegado la Buena Noticia,
cubierta de polvo,

como un regalo inesperado.

Ella me anima a vivir
y a unirme a esa brisa
que ha recorrido valles y cumbres,
desiertos y praderas

a través de generaciones de apóstoles
dando vida a tantos corazones.

Hoy, para celebrarlo,
lo cuento y comparto,
extiendo mis brazos,

me siento agarrado y agarro,
sumo mis manos, y salgo

para que esta brisa
llegue a donde todavía no ha llegado.

De mano en mano…
me ha llegado la Buena Noticia,
y no la retengo en mi regazo,
sino que dejo mi refugio
y voy a las plazas, rincones y caminos,
pues anhelo que llegue y meza
nuevos campos aunque no los conozca.

Hoy me siento agraciado
y hondamente agradecido
al sentirme enviado
para ser testigo

de lo que Tú nos has dicho
y nosotros hemos visto
del Dios abierto y compartido.

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el Evangelio

• Esta escena del Evangelio es un relato de misión que tiene la misma forma que los relatos de vocación del Antiguo Testamento. Por ejemplo, la escena de la zarza ardiendo en la que Dios envía a Moisés a liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto (Ex 3,6.9.12).

• En este Evangelio encontramos, en el centro, el envío de los Once por parte de Jesús (19- 20a). Este envío es precedido de la manifestación de la “autoridad” de quien envía: en la persona de Jesús es Dios quien actúa (18). Al envío lo sigue la promesa de la presencia y acompañamiento de quien envía (20b).

• “Galilea” (16) es dónde el Resucitado había dicho que lo encontrarían los discípulos (Mt 28,7.10) como ya había anunciado en la Pasión (Mt 26,32).

• La adoración o postración ante Jesús por parte de los discípulos (17) es la misma de los sabios de Oriente (magos) del comienzo del Evangelio (Mt 2,2.11). El término griego indica a la vez el homenaje tributado al rey que acaba de nacer y la adoración que se merece por ser Hijo de Dios (Mt 14,33): Jesús es el Emmanuel (Mt 1,23), adorado como resucitado (Mt 28,9) y Señor (17).

• Las “dudas” o vacilaciones de los discípulos mezclados con la confesión de fe y la adoración (17) no son nuevas en el Evangelio: a la duda de Pedro (Mt 14,31) le sigue la adoración y confesión de fe (Mt 14,33). En otros lugares encontramos expresada la poca fe de los discípulos (Mt 6,30; 8,26; 16,8; 17,20).

• “Pleno poder en el cielo y en la tierra” (18) quiere decir que es Señor; hace referencia al hijo de Hombre de Dn 7,14; Cristo ha vencido el mal por su fidelidad al Padre. Su condición divina no sólo se manifestará a finales de los tiempos, en la hora del juicio, sino que, ahora y aquí, puesto que es invocado como Señor por los discípulos, es decir, por la Iglesia (Mt 8,25; 14,28.30). Su “autoridad-poder” se ha manifestado en la enseñanza (Mt 7,29), el perdón (Mt 9,6) y las curaciones (Mt 9,8; 10,1).

• La misión de Jesús y la de los discípulos (19) es universal, “para todos los pueblos”, como también lo es el denominado “juicio final” (Mt 25,32): entra todo el mundo, sin exclusión.

• Esta misión consiste en “bautizar” y “enseñar” (19 y 20), dos acciones que van juntas, que son inseparables. El bautismo pone en relación personal el discípulo con el Señor Jesús y con “el Padre” y con “el Espíritu Santo”. La “enseñanzas” “hace discípulos”: da a conocer Jesús y transmite lo mismo que Él enseñó, no una doctrina sino el anuncio de una vida nueva en Dios. Y pone en contacto personal con el único Maestro.

• “Yo estoy con vosotros” (20) ya se dijo al principio (Mt 1,23) y también a propósito de la Iglesia (Mt 18,20). Esto mismo lo remarca fuertemente de otra manera el cuarto Evangelio (Jn 14,16- 20). Esta presencia de Jesús resucitado “hasta el fin del mundo” asegura que la Buena Noticia que anunció aquel obrero de Nazaret, el hijo del carpintero (Mt 13,55), continuará desperdigándose por todas partes y el mundo se irá transformando en la dirección del Reino de Dios .

Comentario al evangelio – Jueves VIII de Tiempo Ordinario

La primera lectura es exaltación de la obra de Dios, de la creación. Todo lo creado por sus manos habla de su gloria, de su poder y de su bondad., todo lo creado tiene un sentido, responde a un porqué, todo lo creado expresa la belleza de Dios.

En Evangelio de Marcos nos relata la curación del ciego Bartimeo. Al borde del camino le dice a Jesús que pasa: “Hijo de David, ten compasión de mí”. Jesús no pasa de largo sino que le libra de su ceguera, y le éste le seguía por el camino.

En el fondo todos estamos ciegos, la ventaja de Bartimeo respecto a nosotros, es que él lo sabe, es consciente de si ceguera y por eso capaz de clamar al Señor que pasa. Nosotros no somos tan conscientes de nuestra ceguera, creemos que vemos con claridad. Por eso decretamos, juzgamos, sentenciamos, definimos, fijamos, … Tal y como nos decía la Primera Lectura “no vemos más que una chispa”. Sólo Dios conoce el corazón humano y el porqué de las cosas.

Jesús es la luz que todo lo ilumina. En la medida en que nos acercamos a él en esa medida podemos ver la realidad de la cosas, de la vida, de nosotros mismos, y descubrir en ella la bondad y la belleza de la obra de Dios. El es la luz que todo lo ilumina, lo llena de vida y de sentido. Por eso cuando Jesús abre nuestros ojos no podemos sino seguirle por el camino, porque hemos descubierto la luz, “¿quién se saciará de contemplar su hermosura?”