Gestos de amor fraterno

Cenar con los amigos,
abrirles el corazón sin miedo,
lavarles los pies con mimo y respeto,
hacerse pan tierno compartido

y vino nuevo bebido.
Embriagarse de Dios,

e invitar a todos a hacer lo mismo.

Visitar a los enfermos,
cuidar a ancianos y niños,

dar de comer a los hambrientos
y de beber a los sedientos;
liberar a presos y cautivos,
vestir a los desnudos,
acoger a emigrantes y perdidos,
sepultar dignamente a los muertos.
No olvidarse de los vivos,

e invitar a todos a hacer lo mismo.

Enseñar al que no sabe,
dar buen consejo al que necesita,
corregir al que se equivoca,
perdonar injurias y torpezas,
consolar al triste,

tener paciencia con las flaquezas del prójimo.
Pedir a Dios por amigos y enemigos,

e invitar a todos a hacer lo mismo.

Trabajar por la justicia,
empeñarse en una paz duradera,
decir «no» a las armas,
desvivirse en proyectos solidarios,
reducir nuestras cuentas y carteras,
superar las limosnas.

Amar hasta el extremo,
e invitar a todos a hacer lo mismo.

Ofrecer un vaso de agua,
brindar una palabra de consuelo,
denunciar leyes injustas,

parar el viaje de los negocios propios,
cargar con el herido

aunque no sea de la familia,
salir de mi casa y círculo
-chiringuito, grupo o castillo-.
Construir una ciudad para todos,

e invitar a todos a hacer lo mismo.

Realizar el trabajo debidamente.
No defraudar a Hacienda.
Respetar la dignidad de todos.
Defender los Derechos Humanos.
Romper fronteras y guetos.
Dudar de fortunas y privilegios.
Crear desconcierto evangélico.
Amar como Él nos ama,

e invitar a todos a hacer lo mismo.

Un gesto sólo, uno solo
desborda tu amor,

que se nos ofrece como manantial de vida.
Si nos dejamos alcanzar y lavar,
todos quedamos limpios,

como niños recién bañados,
para descansar en tu regazo.
¡Lávame, Señor!

¡Lávanos, Señor!

Florentino Ulibarri

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