Lectio Divina – Viernes IX de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, yo quiero darte gracias porque Tú me caes muy bien y te siento muy cercano. Esos personajes famosos que tanto interesaban a los escribas y fariseos de entonces: un David… un Salomón,… ¡Qué lejos me caen! En cambio, Tú estás ahí, estás cerca, te siento a mi lado y, cuando entras a mí en la comunión, hasta te puedo tocar… Por eso, en este encuentro contigo, te quiero agradecer esa presencia tuya tan cercana, tan intensa, tan gratificante, tan arrolladora.

2.- Lectura reposada de tu evangelio. Marcos 12, 35 – 37

En aquel tiempo mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo? La muchedumbre le oía con agrado.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

A aquellos escribas, siempre con el rollo de la ley en la mano, sólo les interesaba la relación que pudiera tener Jesús con David, o los grandes personajes del A.T. Se habían quedado anclados en el pasado y no podían entender que lo mejor faltaba por llegar. Jesús no es grande con su relación con David sino que David es grande por su relación con Jesús. Por eso le llama: “Mi Señor”. Jesús es grande porque nos habla de Dios-Padre. Nos mete en intimidad con ese Padre, nos hace descubrir su inmensa ternura, y nos hace felices porque podemos hablar con Él diciéndole: Abbá-papá. Jesús nos dice que podemos disfrutar con nuestro Padre Dios como un niño pequeño que juega con su papá, le besa, le abraza, le acaricia y le lleva a pasear. Jesús estaba tan lleno de la ternura del PADRE que esa palabra no caía de sus labios.

También me entusiasma lo que dice de Jesús el evangelio de hoy: la gente sencilla le escuchaba con gusto. En las palabras de Jesús había algo especial que hacía pensar, algo que transportaba a otro mundo maravilloso, el mundo de Dios, tan distinto de nuestro mundo. La gente sencilla “se comía”, se “bebía” las palabras de Jesús. Y se alimentaba de ellas. Por eso se explica que, en el desierto, hasta se olvidaron de comer.

Palabra del Papa.

“El Papa Francisco en su homilía de la misa de hoy en la capilla Santa Marta nos dice que Dios se manifiesta en las cosas sencillas. En los dos textos que la Liturgia nos hace meditar hoy, hay una actitud que atrae la atención, una actitud humana, pero no de buen espíritu: la indignación. Esta gente de Nazaret comenzó a escuchar a Jesús, les gustaba como hablaba, pero entonces alguien dijo: «Pero ¿este, en qué universidad ha estudiado? ¡Este es el hijo de María y José, este era carpintero! (16-Marzo-2020)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Disfrutar un rato con Jesús leyendo un trozo del evangelio.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, he disfrutado mucho meditando esas palabras del evangelio de hoy: “La muchedumbre le oía con agrado”.  ¿Qué tenían tus palabras que tanto encandilaban a la gente? ¿Qué tenían tus palabras que el pueblo te seguía con tanto gusto? Tus palabras eran para ellos la mejor música, el mejor poema, el manjar más exquisito. En tus palabras siempre se hacía presente el puro aliento de Dios.  Ojalá yo hoy disfrute con tus palabras como aquellos humildes campesinos y pescadores de Galilea.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén