Comentario – Martes X de Tiempo Ordinario

(Mt 5, 13-16)

Luego de las bienaventuranzas, San Mateo nos presenta estas palabras de Jesús sobre la sal y la luz, y así vemos que la sal y la luz que los discípulos deben ofrecer al mundo son ese testimonio de un estilo de vida diferente, el estilo de las bienaventuranzas.

Al invitarnos a ser sal para el mundo, Jesús nos muestra que debemos ofrecerle algo al mundo, que debe preocuparnos aportarle un poco de sabor a esta tierra, que no nos puede ser indiferente la sociedad, que la fe no puede vivirse en el aislamiento, el resentimiento y la huida del mundo.

Al invitarnos a ser una luz que brille para todos, una luz que no pretenda ocultarse, una luz que sea visible como una ciudad sobre una montaña, nos está diciendo que nuestra vida cristiana no puede reducirse a un pequeño grupo escondido y aislado del mundo y nos exhorta a no avergonzarnos de nuestra fe.

De hecho, los que están sumergidos en el pecado, en la injusticia y en el odio, prefieren que los creyentes no los cuestionen con su estilo de vida, prefieren un cristianismo encerrado en los templos, que no moleste ni interpele; y una manera de perseguir la fe es pretender relegarla a la oscuridad, al encierro. Porque impedir que la fe tenga influencia en la sociedad es la mejor manera de debilitarla. Pero la sal y la luz no se inventan, se reciben del encuentro con Cristo.

Por eso mismo, el testimonio de vida y de fe en medio de la sociedad no tiene como finalidad alcanzar poder, ganarle una batalla a los opositores, demostrar que somos más; la finalidad es darle gloria al Padre, permitir que su gracia y su luz se difundan en el mundo, lo iluminen y lo transformen. Decía también Tomas. Merton: «No se trata de ganar el mundo, sino de sumirnos en las profundidades de nuestra humildad con el fin de hallar a Cristo en todas partes y amarlo en todas las criaturas».

Oración:

«Señor, no dejes que pierda el sabor de tu evangelio, no dejes que esconda la luz que me regalas. Tú has salvado mi vida, tú me has iluminado, pero te ruego que me impulses para que pueda comunicar a los demás tu amor y tu luz».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día