Lectura continuada del evangelio de Mateo

Mateo 6, 7-15

«7Pero, al orar, no charléis demasiado, como los gentiles, porque se figuran que por su palabrería serán escuchados. 8Así que no seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe que tenéis necesidad antes de pedírselo vosotros.

9Vosotros, pues, orad así:

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; 10venga tu Reino; hágase tu voluntad, como en el cielo también sobre la tierra.

11Nuestro pan del mañana danos hoy; 12y perdónanos nuestras deudas, que también nosotros perdonamos a nuestros deudores; 13y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal”.

14Pues si perdonáis a los hombres sus ofensas, también vuestro Padre celestial os perdonará. 15Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

Los vv. 7-8 forman un dicho lingüísticamente tan independiente que resulta difícil considerar al evangelista como su autor. Su contenido podría proceder directamente de Jesús.
El Padrenuestro, la oración del Señor nos ha llegado en tres variantes (Mateo, Lucas y la Didajé). Esta versión de Mateo presenta una mayor simetría, un lenguaje litúrgicamente más pleno y un ritmo más claro. Lo más sencillo es dividir el Padrenuestro en dos partes principales: las tres peticiones en la segunda persona de singular (vv. 9c-10) y las tres peticiones en primera persona de plural, algo más extensas (vv. 11-13). Las tres peticiones en segunda persona de singular comienzan con un imperativo en tercera persona y muestran en griego una rima final (3 veces sou, «de ti»). Las peticiones en primera persona de plural se caracterizan por el pronombre personal correspondiente («nosotros, nos, nuestro» 7 veces). Desde el v. 11 cambia la estructura de la frase; después del final armonioso del v. 10c, la petición de pan aparece como una novedad.

El dicho de los vv. 14-15 presenta un hermoso paralelismo. Concuerda en el contenido con la petición sobre el perdón en el Padrenuestro y resulta lógico atribuirlo a Jesús.

• El sentido y la etimología del término, muy raro, traducido por «charlar» (battalogeo) son discutidos. Lo más probable es que el término guarde relación con el sustantivo «tartamudo» y puede referirse a la repetición de sílabas sin sentido. El término «palabrería» se refiere a ciertas oraciones paganas que acumulan adjetivos de Dios o fórmulas mágicas. Mateo destaca, en cambio, positivamente el Padrenuestro como oración breve. Si el dicho se refiere a la exhortación sobre la brevedad en la oración, coincidiría con muchos textos judíos y con muchas opiniones helenísticas. Pero su intención va más lejos. Ya la proposición del v. 7b muestra que no se rechazan las oraciones ampulosas per se, sino como medio para obtener la escucha de Dios. Esto tiene también su fundamento en el v. 8b: el tema central de nuestro dicho no es la extensión, sino la escucha de la oración: no se precisan largas oraciones, porque Dios sabe lo que los humanos necesitan antes de que se lo pidan. Se trata de que Dios lo sabe todo, de que Dios, en su amor, asiste al ser humano antes de que este se lo pida, y le libra así de la necesidad de la larga oración. El texto guarda relación con otros que hablan de la certeza de ser escuchados incondicionalmente y de la proximidad de Dios al ser humano (cf. Mt 7,7-11; Lc 11,5-8; 18,2- 7 y la invocación del Padrenuestro). Esta certeza absoluta de ser escuchado en la oración constituye una singularidad de Jesús. Es obvio que Jesús no pretende declarar superflua la oración, sino estimular a hacerla.

• Tertuliano considera el Padrenuestro como un «resumen de todo el evangelio»: es el nuevo odre que ha de contener el vino nuevo. Así es comprensible que la oración del Señor no sólo pase a ser la oración cristiana básica, sino también uno de los textos dogmáticos más fundamentales. San Cipriano lo considera «compendio de la doctrina celestial». En la Iglesia antigua se le «confiaba» solemnemente al bautizando antes del bautismo, y después se recitaba. Esta idea fundamental y el uso constante del Padrenuestro han hecho que apenas exista un texto cristiano con tanta influencia en la espiritualidad, el culto divino, la instrucción y la dogmática.

• La invocación inicial (v. 9b): parece que el término originario, pater, corresponde a la forma aramea ’abba’. Procede del lenguaje familiar y era el tratamiento dado por niños y adolescentes a su padre y el tratamiento respetuoso a personas mayores. Las oraciones judías ofrecen múltiples formas de invocación de Dios como Padre, pero no la palabra ’abba’. Por eso sorprende la elección de este tratamiento de Dios. El Padrenuestro invita a pensar sobre todo en la cercanía de Dios y en su amor: encaja aquí la simplicidad de la invocación, el contexto real de la predicación de Jesús sobre el Dios cercano, con su amor a los pobres, pecadores y desclasados; concuerda también con las parábolas sobre el Padre (cf. Lc 11,11-13; 15,11-32). El tratamiento de pater dado a Dios hace que el Padrenuestro comience con una promesa de salvación: es una oración de los hijos de Dios. Así piensa también la comunidad mateana, que llama al Padre de Jesús «Padre nuestro que estás en los cielos» y adopta así el lenguaje judío de la época, consagrado en la sinagoga. Mateo se distancia de la sinagoga, no de su Dios. La expresión «en los cielos» señala la diferencia respecto al padre terreno, pero no supone una reflexión sobre la trascendencia de Dios. El posesivo «nuestro» liga al orante con la comunidad, algo también corriente en las oraciones judías.

• El Padrenuestro comienza con tres peticiones en torno a Dios mismo. Las tres peticiones en torno a Dios no dejan de lado al ser humano, sino que incluyen lo que es fundamento de su vida: Dios no está nunca sin el ser humano, más bien es siempre su creador, fundamento de su vida, socio y acompañante amoroso. 1) La inclusión del ser humano queda clara al interpretar la primera petición «santificado sea tu nombre». Si se interpreta en sentido escatológico (una acción para el final de los tiempos), el pasivo será un pasivo divino: se pedirá que Dios haga algo por su nombre en su propia manifestación del tiempo final. El sentido de las dos primeras peticiones sería el mismo. Pero es igualmente posible que a Dios se le pida la santificación de su nombre aquí y ahora. Cabe preguntar, también, si el pasivo es realmente un pasivo divino o si no podrían ser los seres humanos el sujeto de la santificación del nombre. Entonces se pediría a Dios que los hombres santificaran su nombre. Cotejando los paralelos judíos y considerando todos los aspectos, se sugiere una interpretación «abierta». La petición es tan general y está formulada en términos tan escuetos que permite evocar tanto la acción del hombre como la acción de Dios. 2) La interpretación escatológica tiene su base más fuerte en la segunda petición: «venga tu reino». En las oraciones judías se implora a menudo la venida del reino de Dios. Jesús entiende el Reino de Dios como algo dinámico, poderoso; la extrema concisión de la petición encaja bien en el estilo de Jesús: él no suele describir en forma concreta la llegada del reino de Dios, no lo fija temporalmente y deja de lado sus dimensiones políticas y nacionales. Es indudable el elemento escatológico de esta petición. 3) La tercera petición, «hágase tu voluntad», plantea problemas similares. ¿Se refiere la petición a la acción humana («hágase tu voluntad por los hombres»)? ¿O se refiere a la acción de Dios («haz tu voluntad en los hombres»)? Esta última posibilidad es más clara si interpretamos la petición con sentido escatológico: Dios hará su voluntad en el tiempo final (esjaton). La proposición siguiente «así en la tierra como en el cielo» presupone que la voluntad de Dios se cumple ya en el cielo y pide que se cumpla, como en el cielo, también en la tierra.

• La petición relativa al «pan» sigue siendo de difícil interpretación, sobre todo por el término traducido por «del mañana» (epiousios), una palabra nueva y (casi) desconocida. Se ha entendido como «(pan) que se une a nuestra sustancia» (y entonces sería la comunión eucarística), como «(pan) necesario para la existencia», como «(pan) para el día de hoy», como «(pan) para el futuro» y como «(pan) para mañana»; esta última es la más probable tomando como criterio la terminología y el contexto de todo el Padrenuestro: «Danos hoy nuestro pan del mañana». La cuarta petición del Padrenuestro corresponde a una situación de agobio social en la cual se vive con la preocupación del alimento para el día siguiente. El «pan» puede traducirse por «alimento», pero no puede ampliarse a cualquier necesidad vital. La petición es restrictiva: se pide la supervivencia, no riquezas. El adverbio «hoy» expresa la urgencia de la petición.

• La petición sobre el perdón constituye un tema central en la plegaria judía. El pecado se entiende a menudo, no como un delito, sino como «deuda». Lo llamativo en esta petición es la proposición que sigue. Sin duda, la idea de que el perdón divino va ligado al perdón humano está difundida en el judaísmo, pero no hay un solo caso en que el comportamiento humano se inserte de este modo en un texto de oración básico. Aquí resulta ejemplarmente claro que la oración y la acción humana no se excluyen, sino todo lo contrario: la oración es una conversación del ser humano activo con Dios.

• La petición final relativa a la tentación también se ha interpretado escatológicamente: el término «tentación» designaría entonces la tribulación final. Pero casi todos los datos contradicen esa interpretación. Se ha cavilado mucho sobre cómo evitar la afirmación de que sea Dios el que induce a la tentación. Lo obvio es que la plegaria presuponga simplemente el poder incondicional de Dios: esta petición no emite un juicio ideológico sobre la causa del mal en el mundo. Se pide algo que el ser humano determina con su conducta. Sólo en Mateo figura la petición «sino líbranos del mal». El término «mal» debe entenderse con significado neutro «lo malo». Sugiere experiencias cotidianas: enfermedad, dolor, dificultades… La petición final mateana incluye así una intensificación y generalización de la petición relativa a la tentación y redondea el Padrenuestro con un enunciado positivo.

• El Padrenuestro proviene realmente de Jesús, lleva la marca del Jesús hombre y mensajero de Dios. Son elementos jesuáticos la lengua aramea y la formulación sencilla: esta se ajusta a un rasgo fundamental – no ajeno a la idiosincrasia judía- de la predicación y de la actividad de Jesús, que estuvo en contacto con el pueblo, habló su lenguaje y narró historias del reino de Dios tomadas de su mundo vital. Su lenguaje llano fue expresión de la cercanía de Dios, al que Jesús anunciaba e invocaba con la palabra ’abba’. Al poner como centro de la plegaria la petición del pobre, petición del pan de mañana, Jesús expresa concretamente la cercanía de Dios y sintoniza con la primera bienaventuranza. La religiosidad especial de Jesús aparece en el tratamiento de Padre, que sugiere la cercanía y el amor de Dios. También es jesuática la exigencia del perdón incluida en la oración misma. La ausencia de dimensiones nacionales, históricas y políticas en la oración está en consonancia con un rasgo de la predicación de Jesús, cuyo centro fue el reino de Dios y no la historia de la salvación de Israel. Es jesuática, finalmente, la escatología del Padrenuestro; está en la línea de las parábolas del reino de Dios, que no explicitan dicho reino, sino que miran a influir desde él en la vida cotidiana. Para Mateo la oración no es una huida de la praxis, sino su vertiente interna. La oración permite a los discípulos vivir las exigencias de Jesús como voluntad del Padre, con el consiguiente reforzamiento de la conducta. La acción no vuelve superflua la oración, sino que sigue dependiendo permanentemente de ésta. Mateo muestra aquí una profundidad y una plenitud de contenido que vale la pena meditar.

• El dicho final pone de manifiesto que el perdón humano es condición para el perdón divino. El evangelista destaca así la petición que incluía más directamente en el Padrenuestro la acción humana. A diferencia del dicho que introducía al Padrenuestro y subrayaba la cercanía de Dios (vv. 7-8), este dicho que finaliza el Padrenuestro viene a reforzar el nexo de la oración con la acción. Mateo pone en claro que la acción es una parte de la praxis cristiana a la que se referirá en la sección siguiente (6,19-7,27). El precepto del perdón pertenece al núcleo de su ética, que es el precepto del amor.