Comentario – Domingo XI de Tiempo Ordinario

Comentario, Domingo XI de Tiempo Ordinario

(Mc 4, 26-34)

Jesús habla del Reino de Dios, que es la presencia divina reinando entre los hombres, derramando la fuerza de la justicia, el amor y la paz. Porque donde reina Dios no hay lugar para el mal. Ese Reino ya se hizo presente con la venida de Jesús, y sobre todo ahora, que él está resucitado, el Reino de Dios es una realidad presente.

Pero el Reino de Dios también es algo futuro, algo que estamos esperando, porque este mundo todavía no alcanzó su plenitud, y eso sucederá sólo cuando Jesús regrese glorioso.

Mientras tanto, el Reino está creciendo. Y las parábolas de las semillas, que leemos en este texto, hablan precisamente de ese Reino en crecimiento.

La primera parábola se refiere al poder de la semilla que germina y crece por su propio poder, aun cuando el hombre duerma; porque el Reino de Dios tiene un poder divino que va actuando misteriosamente, más allá de las acciones del hombre, y nadie debe sentir que el Reino de Dios, para poder manifestarse, depende de su actividad.

Cada uno de nosotros pasa, y sin embargo el Reino de Dios sigue desplegando su potencia y su luz.

La segunda parábola destaca el crecimiento del Reino que comienza a manifestarse en cosas simples y pequeñas, pero que por el poder de Dios van creciendo hasta alcanzar grandes dimensiones. Nosotros creemos saber cómo se consiguen las cosas grandes, pero el evangelio nos invita a reconocer que no bastan nuestros esfuerzos, que también se trata de no ponerle obstáculos al Reino y de permitirle que él se desarrolle por su propio poder.

Oración:

«Señor Jesús, quiero adorarte contemplando el poder divino que reina en tu humanidad glorificada, porque has resucitado lleno de fuerza y gloria celestial. Reina en este mundo Señor, transfórmalo y hazlo crecer con tu presencia».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día