Va de plantas

1.- Me figuro que la mayoría de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, no tenéis ocupaciones agrícolas, pero, sin duda, habréis tenido en vuestras manos alguna semilla, por lo menos de las que son comestibles. También sabréis que las simientes hay que sembrarlas, que han de germinar, brotar y madurar, antes de que uno pueda aprovecharse de ellas. Este proceso a veces es bastante rápido, otras, sumamente lento. Hay vegetales que se reproducen con facilidad, en otros el éxito es más problemático. Me propuse un día plantar junto a mi casa una encina procedente de Tierra Santa. Este árbol fue considerado antiguamente como sagrado y bajo uno de ellos, en Siquem, Abraham ofreció al Señor, que acababa de mostrarse su amigo, un sacrificio. Pues bien, de uno de mis viajes me traje un centenar de bellotas, ninguna germinó. Volví a repetirlo y tampoco obtuve resultado alguno. Encargué que me seleccionaran algunas y me las guardaran, nuevo fracaso. Finalmente telefoneé al P. Bárcena, amigo y director de la revista que dirige y en la que colaboro. Le pedí que cogieran con esmero algunas bellotas, las envolvieran en un trapo húmedo y me las enviaran de inmediato. Un buen franciscano las seleccionó de entre las encinas del monte Tabor y cumplió mis indicaciones. De unas treinta semillas, he conseguido finalmente cuatro o cinco arbolitos, que cuido delicadamente y contemplo ilusionado como prosperan.

2.- Algo semejante me ha ocurrido con la mandrágora, vegetal que es mencionado dos veces en la Biblia. En este caso las semillas procedían de Italia primero, repetí solicitándolas a Alemania y finalmente a Jaén. Entre ilusiones y fracasos, tengo ahora una planta que crece mucho, pero todavía no he podido notar su problemático aroma, del que habla el Cantar de los Cantares. No me desanimo. Si no es este año, será el próximo.

3.- En el fragmento de la misa de hoy, Jesús no se refiere a los vegetales de mis desvelos. Él habla del trigo y de la mostaza. En el primer caso, nos resulta fácil entender el ejemplo. Lo que quizá no sepáis es que escoger el momento de sembrar el cereal, es una incógnita. El régimen climático es un riesgo. El labrador mira al firmamento, esperando oportunas lluvias y posterior cálido sol, que madure la mies. Pese a que la agrícola es una profesión que no exija trabajo constante, ser labriego es aceptar el misterio de la naturaleza, observar el lunático comportamiento de vientos y nubes, adaptarse a sus caprichos y colaborar con estos fenómenos, sin darles prisa.

4.- Es preciso aprender del labrador, para dar una respuesta correcta a Dios. No ser olvidadizos, no precipitarse, aceptar el riesgo de fracasar, sin perder la Esperanza. Nunca abandonar, ni dejarse vencer por frustraciones pasajeras. Pertenecemos a unos tiempos en los que decimos que un PC es lento, porque un archivo tarda unos minutos en llegarnos. Hasta hace muy poco, una carta lo hacía en quince días y no nos enojábamos. Somos una civilización de apretar botones y desechar un objeto al menor fallo. Tal vez esta inmediatez que exigimos a lo que nos proponemos, es un grave obstáculo para la evangelización. No hay que olvidar que Dios dispone de la Eternidad para sus planes y nosotros estamos llamados a serle fieles servidores y nunca caer en la exigencia impertinente.

5.- Del otro ejemplo que pone Jesús os puedo hablar largamente. La primera vez que fui a Tierra Santa, me enseñaron un arbusto y me dijeron que era la mostaza evangélica. Sacamos las correspondientes fotografías, publicamos en sistema audiovisual y en artículos, escritos que así lo afirmaban. Comprobé más tarde, que no correspondía a la planta que se refería Jesús (la que os hablo es la nicotiana glauca). Otros autores, desde biblistas ilustres a botánicos expertos, dicen que es del género “sinapis”, la de la famosa salsa de Dijon. Tampoco es verdad. En los textos antiguos, la mostaza solo aparece en el Evangelio y en el Talmud. Seguramente en tiempos del Señor, significaría arbusto común, zarza corriente, hierbajo… Deduzco esto de los informes que he recibido de especialistas en botánica y Biblia del mismo Israel.

6.- La referencia exacta poco importa. Ya lo sabéis, de una semilla tan pequeña como lo es un piñón, puede salir un árbol con el que construir un barco o una mansión familiar. De una patata, por grande que sea, brota una planta de a lo sumo tres palmos, sin que se pueda sacar madera ni para un palillo. De once varones y cuatro o cinco mujeres, apoyados por un centenar de discípulos, surgió la Iglesia, barnizada de cultura judía y rodeada de normas romanas que la ahogaban. De unos cuantos de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, puede nacer una generosa empresa, que ayude a pobres, anime a desempleados, enseñe a marginados ignorantes, estimule incipientes vocaciones de entrega a Dios. Un chiquillo menudo como Tarsicio puede ser un modélico mártir. Domingo Savio, un ejemplar santo, discípulo de Don Bosco. Dominguito de Val, un osado monaguillo, mártir del siglo XIII. Cualquiera de vosotros, pues, está capacitado para ser santo, no os olvidéis de esta valoración que os dicta, no un sicólogo, sino el mismo Maestro. De esta enseñanza debe derivar vuestra autoestima.

Pedrojosé Ynaraja