Comentario al evangelio – Martes XI de Tiempo Ordinario

En la carta que San Pablo escribe a los cristianos de Corinto les habla de cómo se están comportando los cristianos de la región de Macedonia, en Europa. Y les dice:  ”Queremos que conozcáis, hermanos, la gracia que Dios ha dado a las Iglesias de Macedonia: En las pruebas y desgracias creció su alegría; y su pobreza extrema se desbordó en un derroche de generosidad”.

En el evangelio Jesús nos enseña que «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos”.

Este cambio radical sólo podrá partir de la fuerza creadora del amor y será la única respuesta que pondrá fin a toda  clase de violencia. Y sigue insistiendo el Señor: «Pues yo os digo: amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores». Esta es la máxima aspiración de Jesús: el amor a todos, sin condiciones, tal y como es el amor del «Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos»

Tal vez alguien me diga: “Padre, eso es imposible. No hay nadie que lo practique”. Ciertamente es una meta altísima. En los comienzos  de la comunidad cristiana en Jerusalén, S. Esteban, el primer mártir después de la muerte de Jesús en la cruz,  es apedreado, mientras con voz potente grita: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado».

Es cierto, sí. La historia de la humanidad es un reguero de sangre inocente fruto del odio de las personas y de las naciones, pero también es un reguero de perdón en los millones de mártires que siguieron el ejemplo de S.Esteban.

El Cardenal Narciso Jubany,  que fue arzobispo de Barcelona, España, aseguraba en el traslado de las reliquias del Obispo Mártir Manuel  Irurita: La Iglesia católica existe a lo largo de sus dos mil años de  historia gracias a sus Mártires. Ellos son los discípulos de un Maestro, que, siendo inocente, no sólo fue asesinado, sino además, colgado en una cruz.

La Diócesis donde yo vivo en España, Barbastro-Monzón, es toda ella una Diócesis martirial y gracias a sus mártires  mira con esperanza el futuro.

La casa donde vivo  está construida para conservar  las reliquias de los 51 Misioneros Claretianos, 42 de ellos jóvenes de 21 a 25 años. Durante la guerra civil en España en 1936 prefirieron la muerte antes que pisotear sus compromisos religiosos como Misioneros. Podéis  conocer su historia y hacer una visita virtual al Museo donde se conservan sus reliquias abriendo esta web: www.martiresdebarbastro.org

Carlos Latorre