Vísperas – Jueves XI de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XI TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Éste es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes,
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos:

Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:

La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo. Amén.

SALMO 131: PROMESAS A LA CASA DE DAVID

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

SALMO 113

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: 1P 3, 8-9

Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor nos alimentó con flor de harina.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

R/ Nos sació con miel silvestre.
V/ Con flor de harina.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Cristo, pastor, protector y ayuda de su pueblo, diciendo:

Señor, refugio nuestro, escúchanos.

Bendito seas, Señor que nos has llamado a tu santa Iglesia;
— consérvanos siempre en ella.

Tú que has encomendado al papa la preocupación por todas las Iglesias,
— concédele una fe inquebrantable, una esperanza viva y una caridad solícita.

Da a los pecadores la conversión, a los que caen, fortaleza,
— y concede a todos la penitencia y la salvación.

Tú que quisiste habitar en un país extranjero,
— acuérdate de los que viven lejos de su familia y de su patria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A todos los difuntos que esperan en ti,
— concédeles el descanso eterno.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, oremos con confianza a Dios, nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas que, por la fragilidad de la condición humana, hemos cometido en este día. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves XI de Tiempo Ordinario

1.-Oración introductoria.

Hoy, Señor, te pido que me enseñes a orar. Los judíos rezaban mucho, pero estaban muy lejos de la oración de Jesús. Yo te pido que me enseñes a orar como Tú orabas:  con aquella sencillez, humildad, confianza y ternura con que un niño habla con su Papá. De esta manera mi oración me llevará hasta el mismo corazón del Padre.

2.- Lectura reposada del texto bíblico. Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Tal vez el haber dejado la oración sea uno de los males peores de nuestro cristianismo actual. La oración cristiana es sumamente fácil: sólo hace falta una cosa: “dejarse querer por Dios”. Cuando Jesús subía al monte a orar se sentía fuertemente atraído por la ternura del Padre. Para Jesús, orar era algo así como “empaparse de cariño”. Por eso, al querer expresarnos esa experiencia, tiene que acudir a la palabra aramea ABBA. Es el Talmud, el libro que recoge las tradiciones judías, el que nos dice: “Cuando un niño experimenta el gusto del trigo (se le desteta y se le da papilla) lo primero que aprende a decir es: Abbá e Imma, es decir, papá y mamá. Esta palabra nunca se utilizaba en las oraciones de los judíos.  Cuando Jesús nos enseñó esta sublime oración no nos dejó una doctrina sino una experiencia suya con el Padre. Orar es hacer experiencia de Dios, sentirse amado, abrazado, estrechado por nuestro Padre. Todos los santos han quedado fascinados por esta oración. “Nada más pronunciar esta primera palabra comienzan a activarse las relaciones que van de Padre a Hijo y sentimos que el corazón del Padre se abre y que el nuestro se inflama” (San Agustín). Y Santa Teresa de Jesús: “Ocurrirá muchas veces que con sólo decir “Padre” entremos en oración contemplativa… En comenzando nos henchís las manos… ¿Cómo dais tanto con la primera palabra?”

Palabra del Papa.

“Si por tanto hay algunos que puede explicar hasta el fondo la oración de “Padre nuestro”, enseñada por Jesús, estos son precisamente quienes viven en primera persona la paternidad. Sin la gracia que viene del Padre que está en los cielos, los padres pierden valentía y abandonan el campo. Pero los hijos necesitan encontrar un padre que les espera cuando vuelven de sus fracasos. Harán de todo para no admitirlo, para no mostrarlo, pero lo necesitan: y el no encontrarlo abre en ellos heridas difíciles de sanar. La Iglesia, nuestra madre, está comprometida con apoyar con todas sus fuerzas la presencia buena y generosa de los padres en las familias, porque ellos son para las nuevas generaciones cuidadores y mediadores insustituibles de la fe en la bondad, en la fe y en la justicia y en la protección de Dios, como san José (S.S. Francisco, audiencia del 4 de febrero de 2015,).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra evangélica ya meditada. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Rezar despacio el Padre Nuestro como si lo hiciera por primera vez.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Dios mío, porque hoy he aprendido a orar. Gracias porque he descubierto que la oración no es cuestión de mucha reflexión y muchas palabras que me cargan la cabeza. Es algo muy sencillo. Me pondré delante de Dios como un niño, me sentaré en sus rodillas, y le dejaré que me dé todos los besos y abrazos que Él me quiera dar. Al final me sentiré la persona más feliz del mundo.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Comentario – Jueves XI de Tiempo Ordinario

(Mt 6, 7-15)

Aquí se condena el modo de orar de los paganos que creían que debían dar mil explicaciones a los dioses para convencerlos de que tenían que escucharlos; porque en realidad consideraban que esos dioses limitados no eran capaces de conocer sus necesidades, y entonces había que elaborar un discurso atractivo y lleno de argumentos para convencerlos.

Jesús nos dice que nuestro Padre Dios no necesita que lo convenzamos con argumentos, explicaciones detalladas y palabras seductoras, porque él conoce bien todas nuestras necesidades.

Pero este texto no rechaza que oremos frecuentemente, ni que seamos insistentes en la súplica (Lc 11, 5-8; 18, 1).

Luego Jesús enseña un modelo de oración, el Padrenuestro, donde se comienza adorando al Padre y pidiéndole lo principal, que es la venida de su Reino y el cumplimiento de su voluntad. Sólo después le suplicamos por nuestras necesidades. Pero en la súplica del Padrenuestro, esas necesidades se reducen a lo esencial, a lo indispensable, al pan de cada día.

Además, hay que destacar que luego del Padrenuestro, donde pedimos ser perdonados así como nosotros perdonamos a los demás, se resalta esta necesidad de perdonar sinceramente a otros para poder suplicar el perdón de Dios.

Oración:

“Señor, dame la gracia de ser simple en mi diálogo contigo, de suplicarte como un niño, dejando todo en tus manos con plena confianza. Pero concédeme que además de pedirte sea capaz de santificar tu nombre sobre todo en la misericordia y el perdón”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Cuando los miedos me invaden

En pleno ataque de miedos,
porque la situación me supera,
porque los míos se impacientan,
porque la verdad se dora y camufla,
porque esto no tiene pinta de mejorar…
oigo, Señor, tu voz susurrante:

No temas, que yo te he elegido.
Te he llamado por tu nombre.
Eres mío, así como suena y entiendes.
Te llevo tatuado

en la palma de mi mano.

Si pasas por las aguas,
yo estaré contigo.
Si por los ríos, no te ahogarás.
Si caminas por el fuego,
no te quemarás.

Si la enfermedad te aprieta,
yo estoy contigo.
Si crees que no te quedan fuerzas,
descansa en mí.

Si la tristeza te hunde,
apóyate en mi brazo.

Si estás quemado,
yo te refrescaré…
Y si te desechan como a tierra baldía,
Yo haré de ti un vergel.

Nada de lo que te ocurra
podrá frenar mi amor por ti.

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el Evangelio

• Jesús quiere pasar “a la otra orilla” (35). Se refiere a la orilla oriental del lago de Galilea, al territorio de los gerasenos, habitado por población no–judía. Jesús empieza a abrir camino hacia los no judíos. Esto contrasta con el endurecimiento de corazón de muchos de sus oyentes judíos, que acabarán siendo, paradójicamente, los de fuera (Mc 4,11), los que se autoexcluirán del Reino porque miran, pero no quieren ver, escuchan, pero no quieren entender (Mc 4,12).

• Jesús ha venido para anunciar que el Reino de Dios está cerca (Mc 1,15). Para eso ha venido y de ahí su condición itinerante (Mc 1,38). Sus oyentes podían sentirse invitados a ser discípulos suyos, a seguirlo y vivir, así, el Reino ya presente en la persona del Hijo de Dios (Mc 1,1) hecho hombre.

• Cuando ahora lo vemos yendo a territorio habitado por población no–judía, podemos intuir que también allí ofrecerá su invitación. Ser discípulo de Jesús, por lo tanto, no depende del origen judío o no– judío.

• “Las aguas” (39.41) son, en este caso, el mar o el lago. En la Biblia el mar representa las fuerzas contrarias a Dios. Unas fuerzas que tan sólo Dios es capaz de dominar. Algunos salmos lo expresan muy bien (Sal 89[88],10; 93[92],3-4; 107[106],23- 32).

• La escena que contemplamos en esta página del Evangelio nos muestra a Jesús que viene a liberar el mundo de las fuerzas que destruyen lo que Dios había creado. Por ello, ante lo que representa este mar, Jesús actúa (39) de manera parecida a como actúa ante un espíritu maligno (lo vemos, por ejemplo, en Mc 1,25).

• Pero esta escena nos enseña, también, sobre qué supone ser discípulo de Jesús, seguir a Jesús, ir con Jesús. Vemos, en primer lugar, que los discípu- los están con Jesús en la misma barca. En segundo lugar, vemos que Jesús es el timonel: nos lo indica la alusión a la “popa” (38), situado en el lugar dónde solía sentar el timonel de la barca. Por lo tanto, Jesús es quien guía. Pero Maestro y discípulas comparten las mismas condiciones: juntos atraviesan el mismo mar en la misma barca.

• Fijándonos en lo que se vive en la barca, vemos que a los discípulos les parece que el timonel duerme. La duda es condición de discípulo: “¿Por qué no tenéis fe?” (40). Todo discípulo de Jesús está siempre en proceso, en camino. Toda la Escritura da testimonio de esta condición de los creyentes (por ejemplo, Ex 17,7).

• Pero también comprobamos que, en la duda, los discípulos se dirigen a Jesús. En la duda la plegaria -oración tiene un lugar. Una plegaria que tiene un cierto tono de reproche. Es la de tantos hombres y mujeres que están abiertos a Dios pero, por las causas que sea, lo miran así, de lejos y con muchos interrogantes.

• También vemos que Jesús responde. Jesús está ahí. Y no duerme. Es quien lleva el timón. Su res- puesta es la palabra: una palabra eficaz, que vence el mal –“dijo al lago-mar: ¡Silencio, cállate!” (39)–, una palabra cuestionadora, que estimula a creer – “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?” (40)–. Jesús, por lo tanto, está ahí y, con su presencia y su palabra, pone las cosas en su lugar: “el viento paró y vino una gran calma” (39).

• Por tanto, ser discípulo de Jesús depende de la voluntad de escuchar y de responder a su llamada. Depende de la disposición a estar con Él en la misma barca, sometido con Él a las mismas tormentas- tempestades, de contar con Él incluso en la duda, y de estar dispuesto a escuchar y hacer caso de su presencia y de su palabra, que pone las cosas en su lugar. En definitiva, ser discípulo de Jesús es tener la mirada puesta en Él (el autor de la Carta a los Hebreos lo expresa maravillosamente: Heb 12,2) y no dejar nunca de hacerse preguntas sobre su persona: “¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!” (41).

Comentario al evangelio – Jueves XI de Tiempo Ordinario

Hoy encontramos en el texto bíblico de Mateo  la oración que más solemos rezar junto con el avemaría, el padrenuestro. En su brevedad es una verdadera escuela de oración. De hecho para relacionarnos con Dios no hay una oración mejor, pues es el mismo Jesús nuestro Señor quien nos la ha enseñado.

La gran novedad de esta oración está en la primera palabra con la que comienza: «Padre», pues  es la que da verdadero sentido a todo lo demás. Si bien la expresión «Padre» referida a Dios es frecuente en la tradición bíblica del Antiguo Testamento, nunca se había llegado más allá de un significado simbólico: Dios era padre del pueblo en general  o se comportaba como un padre. En Jesús, el símbolo se hace realidad; Dios es realmente su padre, al que llama con el diminutivo entrañable con que los niños se dirigen a la persona que les dio la vida: «abba», «papá». Pero Dios no sólo es el padre de Jesús, sino también nuestro padre; de cada uno en particular y de todos como familia suya y hermanos de su Hijo primogénito. Aquí encontramos expresado todo el mensaje espiritual de la Biblia. Cuando la rezamos con atención,  lo que expresamos con nuestros labios transforma nuestro corazón, nuestros sentimientos, nuestra forma de pensar y de actuar.

Esta oración contiene siete peticiones, tres en honor de Dios: que su nombre sea santificado, respetado, alabado; que su reino se extienda por todo el mundo y llene el corazón de todas las personas; que su divina voluntad se cumpla en la tierra, como se cumple en el cielo.

Y a continuación siguen  cuatro peticiones a favor nuestro: en primer lugar pedimos a nuestro Padre el alimento para cada día y el perdón de todas  nuestras ofensas. Por último pensando en nuestros errores y pecados  le pedimos a nuestro Padre que aparte de nuestro camino las tentaciones que nos acechan y los males que nos amenazan  en la convivencia familiar, en el trato con nuestros amigos y vecinos. Porque la amistad  renovada con Dios sólo es posible cuando también se ha mejorado la relación con las personas con quienes convivimos o encontramos en nuestro día a día.

El perdón es un punto central en la oración cristiana.

Y por último decimos:  “y líbranos del mal” o del Malo, con mayúsculas, que es el demonio. Él busca siempre nuestra perdición. Cuando abrimos la Biblia, vemos que él fue el tentador para arruinar a la humanidad. Y así termina la oración cristiana que, en su brevedad, resume todo el evangelio.

Decimos con toda razón que la oración es la fuerza del cristiano. Lo sabía muy bien aquella madre cristiana que cuando llegaba la noche  encontraba la tranquilidad  para hablarle al Señor. Dormían los hijos, dormía el marido. Ella abría su Biblia y leía el evangelio del día siguiente. Y rezaba despacito el padrenuestro y el avemaría  poniendo a su familia en las manos del Padre Dios. Así es la oración que brota del corazón.

Carlos Latorre

Meditación – Jueves XI de Tiempo Ordinario

Hoy es jueves XI de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 6, 7-15):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.

»Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

Hoy, los discípulos, seducidos por la persona de Jesús mientras oraba, le piden una instrucción sobre cómo orar: el “Padrenuestro” es la respuesta a esta solicitud. Es una oración concentrada en siete peticiones, llena de sentido teológico, en contraste con la palabrería y verborrea de los paganos cuando oran.

Para Jesús, orar es hablar con el Padre, por el Espíritu que le hace exclamar: “¡Papá!”, la palabra más tierna pronunciada por un hijo. Las tres primeras peticiones se centran en Dios: su reino, su santidad, su voluntad. Las otras cuatro miran al hombre y sus necesidades: pan, perdón, fuerza contra la tentación y el Maligno. Nosotros, hijos en el Hijo, nos centramos también en Dios expresándole confiadamente nuestras necesidades.

—¡Padre! ¡Qué hermoso es llamarte con este nombre, teniendo un solo corazón (concordes), una sola alma (unánimes), y una sola voz (al unísono) con tu Hijo amado, nuestro hermano Jesús!

Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM

Liturgia – Jueves XI de Tiempo Ordinario

JUEVES DE LA XI SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-impar.

  • 2Cor 11, 1-11. Anunciando de balde el Evangelio de Dios para vosotros.
  • Sal 110. Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor.
  • Mt 6, 7-15. Vosotros orad así.

Antífona de entrada          Sal 26, 7. 9
Escúchame, Señor, que te llamo. Tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

Acto penitencial
Hoy vamos a pedir la Eucaristía de un modo muy especial por las vocaciones sacerdotales. Es una gran necesidad de la Iglesia, y de un modo especial, de nuestra Iglesia particular, que necesita muchos sacerdotes para llevar a cabo la nueva evangelización de nuestro pueblo. Dispongámonos, por tanto, al comenzar estos sagrados misterios, a recibir el amor de Dios abriendo nuestros corazones para que los renueve, reconociendo con humildad que somos pecadores.

• Tú que nos llamas a seguirte. Señor, ten piedad.
• Tú que nunca abandonas a tu rebaño. Cristo, ten piedad.
• Tú que estás presente en tu Iglesia. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que quisiste dar pastores a tu pueblo,
derrama sobre tu Iglesia el Espíritu de piedad y fortaleza,
que suscite dignos ministros de tu altar
y los haga testigos valientes y humildes de tu Evangelio.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, con confianza a nuestro Padre del cielo, que sabe lo que nos hace falta antes de que se lo pidamos.

1.- Por la santa Iglesia, extendida por toda la tierra y presente en nuestra comunidad. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones al ministerio sacerdotal, a la vida religiosa, y al laicado cristiano. Roguemos al Señor.

3.- Por el entendimiento entre las naciones y la paz en el mundo entero. Roguemos al Señor.

4.- Por los pobres, por todos aquellos que no pueden permitirse el pan de cada día. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, por nuestros familiares, amigos y conocidos, por todos nuestros difuntos. Roguemos al Señor.

Padre nuestro del cielo, escucha las peticiones que tus hijos te dirigen, y haz que seamos capaces de perdonar siempre las ofensas que los demás nos han hecho, para poder así alcanzar tu perdón. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios que, según la doble condición
de los dones que presentamos,
alimentas a los hombres
y los renuevas sacramentalmente,
concédenos, por tu bondad,
que no nos falte su ayuda
para el cuerpo y el espíritu.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 26, 4
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida.

Oración después de la comunión
SEÑOR,
alimentados con el pan de la mesa celestial
te pedimos que, por este sacramento de amor,
germinen las semillas que esparces generosamente
en el campo de tu Iglesia,
de manera que sean cada vez más numerosos
los que elijan el camino de servirte en los hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.