Notas para fijarnos en el evangelio

• Jairo, que representa el antiguo Israel, se acerca con humildad a Jesús. Con Jesús llega la renovación, la vida nueva para el pueblo de Dios –“se le echó a los pies” (22)–, y le pide “la imposición de manos” (23).

• Una de las cosas que significa este gesto en el Nuevo Testamento es el don del Espíritu (Hch 19,6), el aliento de vida que ya encontramos justo al empezar la historia del pueblo de Dios (Gn 2,7). Jesús acompaña a Jairo hasta su casa (24): Dios nunca abandona a su pueblo.

• La situación de partida de la mujer –impura según la Ley por las hemorragias y que, por esto, no puede acercarse a nadie, ni a Dios– representa el resultado de las obras de la Ley. En el fondo, la situación de partida de Jairo representa lo mismo: la Ley no le da vida.

• La mujer, “había sentido hablar de Jesús” (27). Es decir, alguien le ha hecho el anuncio del Evangelio. Y a ella se le ha abierto el horizonte: el viejo Israel no le ha dado salud; Jesús sí que se la puede dar (28). (Una misma palabra griega sirve para designar la curación física y la salvación.)

• Esta mujer se acerca a Jesús reconociendo la propia indigencia (27). La actitud es muy parecida a la de Jairo. Los dos han reconocido en Jesús quien les puede dar vida nueva.

• La mujer “toca” a Jesús (27). Y, a la vez, su vida es tocada por Jesús: “notó que su cuerpo estaba curado” (29).

• Después vemos que también “la niña” es tocada por Jesús: “la coge por la mano” (41). La chica está realmente muerta (39), pero Dios tiene el dominio sobre la muerte y puede hacer que sea una situación sólo momentánea, como la de quien duerme y después se despierta.

• Jesús aparece como quien puede “levantar” (=resucitar) (41) al pueblo que “se está muriendo” (23), el único que puede “curar” de verdad (29).

• Ante este Jesús, para recibir la salvación lo que nos hace falta es la fe (34 y 36) y no las obras de la Ley, que no salvan.

• Esto quiere decir que para acercarse a Jesús no hace falta poseer ningún mérito. A Jesús no se le debe presentar ningún currículum, ni hay que pasar ningún examen para ser aceptado y acogido por Él. Es necesario, esto sí, es estar abiertos, dispuestos a que nuestra vida –toda- sea tocada y transformada por Él. En este sentido, la fe compromete (32-33 y 40).

• En todo este proceso “Pedro, Santiago y Juan” (37) acompañan Jesús. Quien quiere ser discípulo de Jesús debe seguirlo de muy cerca, comprometerse con Él. Así lo conocerá y lo amará.

• Los tres Apóstoles representan a la Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios, el pueblo renovado por la Pascua de Jesús, testigos de la muerte y resurrección de Jesús, llamado a hacer lo mismo que Él hace, a llevar a término la misma misión del Hijo.