San Fermín

1.- Al celebrar un año más la festividad de San Fermín, brotan espontáneamente gestos y actos, tradiciones y celebraciones que, en principio, queremos, asumimos y pretendemos que sean en honor de San Fermín.

Un grito unánime, salvo excepciones que no vienen al caso, surge desde el alma de Pamplona y de Navarra, y de todo aquel que siente admiración y devoción por el santo: ¡VIVA SAN FERMIN!

Y este grito significa muchas cosas que es bueno, en este día de fiesta, clarificar y explicar:

1º Es el exponente de una realidad. Ante una vida convulsionada y crucificada por tantos problemas y mediatizada por la ansiedad del tener y del aparentar, el ¡VIVA SAN FERMIN! produce sentimientos de conformidad y de paz, de serenidad y de felicidad. San Fermín, lo tuvo todo porque, en su corazón, residía la verdad auténtica, la razón suprema de toda paz y de toda felicidad: DIOS

2º El grito de ¡VIVA SAN FERMIN! es la necesidad y la sed del hombre y de la mujer de nuestro tiempo, de valores eternos e imperecederos. Frente a una sociedad en constante cambio y mutante (que pone en jaque elementos que eran pilares de nuestra forma de vivir y del equilibrio y estabilidad social) San Fermín, nos alerta y nos previene sobre el peligro de dejar desnudo el eje sobre el cual ha girado nuestro occidente, nuestra ciudad, nuestros pueblos, nuestras familias, el arte o el saber, la cultura o la música. Ese eje, y hay que decirlo bien claro, ha sido el cristianismo. Un cristianismo que fue el distintivo en la vida de San Fermín. Un cristianismo sin el cual, San Fermín, no hubiera sido conocido, venerado y reverenciado con el paso de los siglos. Fijarnos solamente en la estética de este día, en el colorido de esta jornada…sería traicionar la memoria, auténtica e histórica, de nuestro Patrón.

Por eso hacemos fiesta en su honor. Porque sabemos que, San Fermín, es el espejo donde podemos mirarnos para comprendernos más y mejor a nosotros mismos; para cambiar a mejor en aquello que no estamos centrados; para intentar imitar aquellos aspectos que fueron constitutivos y genuinos en su persona. Y un aspecto fundamental que no podemos obviar es precisamente su profundo amor en Jesucristo.

3º El grito de ¡VIVA SAN FERMIN! refleja, por otra parte, una realidad social en crisis. No está de moda echar piropos a la Iglesia (mas bien al contrario). Si decimos ¡Viva San Fermín! es porque, en el fondo, sabemos que el maligno es más rápido que la bondad, para hacerse hueco en las conciencias, en la juventud, en los matrimonios, en la política o en cualquier otro estado en el que nos encontremos.

Por eso, al celebrar las fiestas de San Fermín, está muy bien que dediquemos unas horas o unas jornadas, a la alegría, a la fraternidad o al riesgo que supone correr delante de los toros, etc. Pero sería bueno preguntarnos, interpelarnos, ¿Cuál es el honor y el homenaje mejor y más sincero que podemos ofrecer a San Fermín? ¿De qué manera podemos expresar a los cuatro vientos que el ¡viva San Fermín! no es un grito vacío de contenido?

Simplemente, *procurando que Pamplona, no olvide nunca a su hijo preclaro que fue el primer obispo de la naciente cristiandad de entonces. Tenemos un don demasiado grande, LA FE, (que es decisiva en miles de navarros pese a que algunos digan lo contrario) como para silenciarla.

4.- *Dando testimonio, como San Fermín lo hizo, del descubrimiento de Jesucristo. La fe, hoy más que nunca, ha de ser vivida, pública, activa y operativa. No podemos relegarla a la comodidad de un templo. Hoy el mundo, la sociedad, es un gran templo donde Dios (como decía el Papa el día de San Pedro) corre el riesgo de ser apartado y arrinconado. De nosotros depende, en parte, que Cristo sea conocido, alabado, bendecido y seguido por las futuras generaciones. Si no, esto que hoy celebramos, sabría a poco; se quedaría corto; nos quedaríamos en la música (pero sin conocer su letra); nos quedaríamos con el capote del Santo (pero sin llegar a su corazón); nos quedaríamos en simples aspectos exteriores (pero olvidando lo esencial y lo medular de San Fermín).

San Saturnino, cuando llegó a Pamplona, conmovió profundamente las entrañas de la familia de San Fermín. De tal manera lo hizo que, toda la familia a una, abrazó la vida cristiana por el Bautismo, comenzando por San Fermín.

5.- *La familia, teniendo como telón de fondo el Encuentro Internacional de la Familia en Valencia, es clave imprescindible para la transmisión de la fe. Una familia que vive con sinceridad y con coherencia su ser cristiano, la vida de la iglesia, se convierte, automáticamente, en el lugar más privilegiado y mejor de auténticos cristianos. Una familia que es cristiana, pero vive como si no lo fuera (sin eucaristía, sin oración, sin cercanía y comunión con la iglesia) es una familia que va perdiendo puntos y debilitando en su piedad para con Dios.

Que San Fermín, gigante y popular porque fue pequeño para el mundo, nos ayude a mantener firme el espíritu de su fiesta. Que nada ni nadie empañe el sentido más genuino y característico de nuestro Patrón: su amor incondicional a Dios.

Nosotros, por eso mismo, no podemos gritar ¡viva las fiestas! (de esas ya tenemos demasiadas) sino ¡Viva San Fermín! (porque los santos escasean en nuestros tiempos)

¡Viva San Fermín! ¡Felices Fiestas en honor de San Fermín!

Javier Leoz