Comentario – Jueves XIV de Tiempo Ordinario

(Mt 10, 7-15)

Jesús envía a sus apóstoles a proclamar que el Reino de Dios está cerca, y a manifestar el poder de Dios curando enfermos y expulsando demonios. Ellos han recibido gratuitamente ese don, no se lo habían comprado a Dios, que los eligió sólo porque él quiso. Por lo tanto, con ese don deben servir a los demás gratuitamente, sin esperar nada a cambio.

Cuando les pide que lleven poco equipaje para el camino, les recuerda que el obrero tiene derecho a su salario. En aquella época no había mensualidad, sino que el sueldo se iba pagando cada día. Ese salario cotidiano es el alimento que recibirían de la gente en cada lugar que visitaran.

Los apóstoles, consagrados a la predicación, deben vivir al día, sin acumular para el futuro. Por eso mismo, Jesús enseñó a pedir el pan de cada día. Con eso basta para poder dedicarse de lleno al Reino de Dios.

Si entendiéramos todo lo que significaba que había llegado el Mesías, y que era el mismo Hijo de Dios hecho hombre que venía a salvar a la humanidad, comprenderíamos porqué él pedía a sus discípulos vivir desprendidos de toda ambición y entregarse sin reservas a anunciar su llegada.

Si bien es cierto que hoy el Señor no nos pide a todos ese tipo de vida, es cierto que espera de nosotros una mayor generosidad, una mayor confianza en Dios, una mayor libertad con respecto a los bienes y a las posesiones.

Oración:

“Señor, ayúdame a reconocer que he recibido la vida gratuitamente, que todo es regalo de tu amor, para que aprenda también a dar gratuitamente, por el solo gozo de dar, sin esperar tanto a cambio”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día