Comentario – Sábado XIV de Tiempo Ordinario

(Mt 10, 24-33)

Jesús advierte a sus discípulos que deberán sufrir persecuciones y contrariedades, intentando prepararlos para que no dejen de anunciar la Palabra de Dios por causa del miedo.

Así se entiende la afirmación de que no hay nada oculto que no se descubra o se divulgue. Jesús quiere hacer descubrir a los discípulos que su mensaje no puede ser escondido, sino que necesariamente sale a la luz, de manera que si ellos quieren ser sus discípulos no les queda otra posibilidad más que anunciar ese mensaje.

El verdadero discípulo de Jesús no puede ocultarlo, no puede esconder el tesoro que alberga en su pecho. Su riqueza interior de alguna manera se manifiesta; y si no es así, es sencillamente porque ha dejado de creer en el mensaje del Señor.

Jesús recomienda a sus amigos que se cuiden de caer en el intento de disfrazar la propia realidad, porque «no hay nada escondido que no se descubra». Y luego, para que no caigan en el mecanismo de la apariencia como táctica para evitar persecuciones o burlas, Jesús los invita a confiar en el Padre Dios que no olvida ni siquiera a los pajaritos, y a mirar el bien de la salvación más que el de la vida misma.

Pero aquí podríamos leer también una invitación a valorar la propia dignidad para no caer en la indignidad de esconder las propias convicciones: «Ustedes valen más que muchos pájaros».

Oración:

«Señor Jesús, si a ti te persiguieron yo no tengo derecho a pretender aplausos, reconocimientos y tranquilidad. Dame la gracia de descubrir mi dignidad como hijo del Padre Dios para no caer en la indignidad del que oculta sus convicciones en la mentira y la falsedad».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día