¡Hablad con Dios en el silencio!

1.- Venid solos, a un sitio tranquilo a descansar… todo un programa de veraneo.

–Solos los amigos, lejos de los fariseos que les acosan, lejos de Herodes y sus enviados, lejos de la muchedumbre que no les deja ni comer.

–Solos con el Señor

–Solos, sin compañeros de trabajo, sin jefes, ni superiores, sin clientes ante los que sonreír.

–Solos con la familia cercana, con los amigos de siempre, sin el griterío ensordecedor de noticias políticas lamentables, sin noticias de mejorías sobre un estado de coma.

–Solos en un paréntesis. Solos con el Señor. Y a ver si recobramos con Él, el equilibrio humano, la mirada optimista, el buen humor que es la sal de la vida.

2.- A un sitio tranquilo… Tal vez, Jesús pensó en una pequeña playa solitaria del lago. En contacto con ese precioso mar, que en su grandeza es símbolo de nuestro Padre Dios inmenso, infinito, poderoso y al tiempo tranquilizante, con el ruido de las olas que saben acariciar la arena de las playas del corazón y borrar allí, una y otra vez, todo aquello que nosotros queramos escribir y reconocer como mal hecho en nuestra vida.

No podemos encontrar cada uno una playa, una hora del atardecer, unos momentos de soledad y silencio, un corazón tranquilo, no para obsesionarnos con nuestra miseria y maldad, sino para llenar los pulmones del alma con el olor a oxígeno, a pino de mar o de montaña. De un Dios todo bondad, que me quiere a mi como soy, como quiere al pino señero y grandioso, a la planta del tomillo que nace a sus pies, a la jara olorosa que une su color con el del pino.

Un sitio tranquilo, sin toda la mercancía y el bagaje de la vida de todos los días.

Un sagrario ante el que sentarnos y volcar nuestro corazón, unos valles y montañas, donde la plantita más pequeña me incita a alabar a ese Dios y Señor, que los mismo crea el volcán y los enormes picachos que esa florecilla que se resiste a ser cogida entre los dedos por lo pequeña que es, unas arboledas donde cada árbol es una plegaria de alabanza al Señor.

3.- A descansar de esa pose de buenos o de malos en que cada uno vivimos encorsetados… El fariseísmo antiguo era tratar de parecer bueno no siéndolo. Y el fariseísmo posmoderno es tratar de ser reconocido como malo sin serlo.

Aparentar ser de izquierdas de toda la vida, aparentar ser anticlericales, presumir de no practicantes, de agnósticos. Y cuando llega su turno nos preocupa el bautizo de los niños, su primera comunión, porque, en realidad, presumiendo de no estar de acuerdo con la Iglesias, al fin demostramos sin querer que tenemos nuestras raíces en ella.

Descansar de tanta pose falsa, volver a ser nosotros mismos ante Dios y ante los hermanos. Descansar sintiendo en el atardecer la cercanía de ese Señor que nunca está lejos, que no lo vemos porque la luz de atardecer no nos lo deja ver, pero sabemos que está allí, al alcance la mano, cuando volviendo a ser nosotros queramos estrechar su mano de amigo.

4.- Y como decía más arriba: venid solos los amigos, sin fariseos –¡multitud de fariseos!—con la familia, con los amigos de siempre, sin jefes, sin competidores, sin clientes. Con el Señor, que el pensó en una playa, donde el mar es imagen de la grandeza y de la inmensidad de Dios, de su incansable misericordia.

5.- Se me quejaba uno porque el Señor no habla al corazón a los que viven en medio del mundo. Dios no habló en la tempestad, en el terremoto, en el fuego… Dios habló en el susurro de un suave viento.

Damos ocasión a Dios, ¿o queremos que imponerle que use un megáfono? ¿En el coche, la radio o una cinta?, ¿en casa en la TV?, ¿a medianoche las tertulias radiofónicas? ¿Y al cantar el gallo, las noticias? ¿Es posible que Dios nos hable?

5.- Ya sé que sobre habiendo niños no es fácil el silencio, ¿pero no habrá modo de encontrar un silencio, un lugar solitario, una playa, un sagrario, una vista de montaña o lago?

Es verdad la dificultad del silencio, ¿pero no será también que no nos gusta oír el silencio? ¿Aun no sabemos la gran compañía que es el silencio, cuando el se sienta junto a uno es el mismo Señor…?

Mientras no nos guste el silencio, con dificultad vamos a sentir a ese Señor “que está en la puerta y llamo, y si alguno me oye entraré”

Dios se puede comunicar donde quiere, pero no es el mejor sitio la discoteca, el sitio de copas, ni entre chistes dudosos, ni rompiendo papeleras, ni menos entre drogas. Allí otra presencia sería necesaria, la de Dios no la esperamos en la noche de algunos jóvenes y de otros no tan jóvenes.

José María Maruri