Compartiendo proyecto con Jesús

El domingo pasado, el Evangelio nos presentaba el envío de los Apóstoles a continuar la misión de Jesús. En el texto de hoy, los Doce regresan a encontrarse con Jesús y le cuentan todo lo que ha sucedido. Vienen muy contentos de lo que han hecho y enseñado. Lo que han hecho es liberar a las gentes de sus males físicos y morales, como han visto hacer a Jesús. Lo que han dicho es lo que Jesús les ha enseñado: el anuncio de la llegada del reinado de Dios.

Los apóstoles se sienten enviados como colaboradores en la misión de Jesús. Como representantes del estilo de vida que Jesús les ha mostrado. Se sienten orgulloso de que Jesús haya depositado su confianza en ellos. De que les haya asociado a la tarea de hacer un mundo más justo y humano. Son los amigos con los que ha querido compartir su proyecto de humanización.

Y ahora vuelven contentos a dar cuenta de la misión realizada. Quieren contar sus éxitos. Quieren demostrar a Jesús que puede confiar en ellos. Que han cumplido con lo que se esperaba de ellos. En ese momento, Jesús les dice: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco” ¡Propuesta entrañable!

Jesús quiere compartir con ellos su alegría. Y les invita a retirarse juntos a un lugar tranquilo. Es oportuno un tiempo y un lugar de calma para saborear y evaluar el resultado de esta primera actuación evangelizadora. Es importante aprender de esta primera experiencia lo que es más necesario para la gran misión apostólica que realizarán después de la experiencia pascual cuando Jesús les envíe, al mundo entero, a hacer discípulos.

Es un descanso merecido. Es una oportunidad de compartir alegrías. En esta escena, lo que más me interesa señalar es la sensibilidad de Jesús ante los sentimientos de los apóstoles. ¡Qué humanidad muestra Jesús! Todos los evangelios señalan esta característica de Jesús. Pero el evangelio de Marcos sobre todos. Yo veo en esta escena que Jesús es el Maestro que sintoniza y comparte con sus discípulos los resultados positivos de su enseñanza y aprovecha la ocasión para seguir enseñando. El buen maestro aprovecha este clima positivo para recompensar el esfuerzo y la obra bien hecha. Recompensa para motivar y guiar los nuevos aprendizajes. Realmente Jesús sabe enseñar. También en esto, tenemos en Jesús un modelo de evangelización. Sus discípulos debemos imitarle. Jesús nos da ejemplo de vida. Hagamos y digamos lo que él dijo e hizo y a la manera como él lo hizo.

Marcos, al presentarnos un Jesús tan humano, tan igual a nosotros, nos lo facilita. Jesús sigue depositando su confianza en nosotros. Como en los Doce. Nos envía a continuar su misión: Construir el Reinado de Dios en la tierra. Es decir, trabajar por un mundo más justo y más humano para todos.

El texto del evangelio, a renglón seguido, nos muestra una muchedumbre de gente que necesita escuchar el  mensaje de salvación y de gracia que Jesús venía ofreciendo por todas las aldeas y pueblos de Galilea. Al verlo, Jesús “sintió compasión de ellos porque estaban como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles con calma” Quiero subrayar tres ideas: Al verlo sintió compasión, ovejas sin pastor y enseñar con calma.

Sentir compasión, ternura, cercanía, sintonía, misericordia. Todo esto es necesario para empezar. Es el motor de las mejores actuaciones. De Jesús y de todo evangelizador. De todo maestro. La compasión y la misericordia es el ADN de Dios y de Jesús. También tiene que ser el nuestro. Es condición de posibilidad para evangelizar. Este talante de Jesús es un compromiso para sus discípulos.

Ovejas sin pastor. En el Antiguo Testamento, con frecuencia, se presenta  al pueblo que estaba siendo defraudado por sus jefes políticos y religiosos, como ovejas sin pastor y sin guía (Num 27,17; 1Re 22,17; Ez 34,5; 2Cro 18,16; Jud 11,19). Jesús utiliza esa imagen para referirse a la multitud que le busca con la esperanza de encontrar en él cumplimiento de sus anhelos  y deseos.

Con calma. Jesús había invitado a sus discípulos a un lugar solitario, agradable para descansar. Pero la compasión ante la muchedumbre como ovejas sin pastor puede más que el descanso y relajamiento. Era cuestión de prioridades. Y el amor y la misión son lo primero. De nuevo, la sensibilidad, la disponibilidad y la generosidad de Jesús (en pocas palabras, su humanidad) marcan el camino a seguir.

África de la Cruz