Líderes, mitos y farsantes

1.- A medida que vayáis haciéndoos mayores, mis queridos jóvenes lectores, iréis observando que muchas de las personas a las que con más fervor habéis admirado, van cayendo del pedestal donde vuestra imaginación las había puesto. Tal vez sea un deportista importante, que se descubre hacía trampa, o que simplemente pasa a la reserva y es un desdichado ciudadano que no sabe adaptarse a la ausencia de aplausos. O un cantante, o un conjunto musical, que se gasta, se degrada o simplemente, pasado de moda, nadie le hace caso. O un líder ciudadano, sindical o político, que cae en desgracia al descubrirse fallos personales, o que lo que decía era su programa, no lo cumple, o no da el resultado esperado. Estos son ejemplos nuestros, los del tiempo de Jeremías eran otros sus líderes: eran pastores. Y a ellos les podía pasar lo mismo, descuidar su misión y abandonar sus deberes. Los jefes pueden fallar, Dios, no. El atormentado, visionario e inquieto Profeta, soltero por vocación, es decir célibe, nos lo asegura: el Señor no desampara a los que en Él ponen su confianza. Tanto si viajáis como si permanecéis en vuestro pueblo, en algún momento necesitaréis ayuda espiritual, si confiáis en Él, siempre tendréis su ayuda, aunque a veces, para probaros, se haga esperar.

2.- Una cosa que descubriréis a medida que vayáis creciendo: son las estúpidas rivalidades que hay entre los hombres. Las absurdas envidias que existen entre grupos religiosos, adoradores de Dios. Las decepcionantes antipatías que se tienen personas que se sienten, y son, Iglesia. Cuando yo tenía vuestra edad, las discusiones sobre que grupo era mejor, las teníamos respecto al aspirantado de Acción Católica y la Congregaciones Marianas. Ahora sé que existen también, pero no he querido poner ningún nombre, para que nadie se ofenda. Debéis reflexionar vosotros mismos. Una comparación que me gusta es la que hacia un autor inglés: pasa entre los fieles, como en un ejército, que unos pertenecen a caballería, otros a artillería y otros a la marina. Cada uno es útil y necesario a su manera. En tiempos del apóstol Pablo las rivalidades eran entre la gente de cultura hebrea, de más solera, y los de griega de más densidad intelectual. Y San Pablo afirma con contundencia: no hay barreras, ante Jesús, gracias a Jesús, todos somos iguales, pertenecemos a un mismo pueblo. Mis queridos jóvenes lectores, a Juan Pablo II y al actual Papa, no les gustaron los grupos y grupitos que se iban formando y, con motivo de la fiesta de Pentecostés, ambos pontífices, convocaron a toda clase de jóvenes que se sentían comprometidos en la Iglesia, para que rezaran juntos, cantaran los mismos himnos, se aplaudieran unos a otros y comulgaran unidos la misma Eucaristía. Más que la división de los cristianos, es preocupante la desunión de los católicos.

3.- Seguramente habréis oído hablar de días de retiro, de estar callados, de jornadas de desierto. Y a muchos de vosotros, que lleváis colgado vuestro MP3, escuchando vuestras melodías preferidas, os puede sonar, lo de irse a un despoblado y en silencio encontrarse con Dios, a música celestial, a programa para gente de otro planeta. Pero os confieso que es necesario para tener equilibrio espiritual, para recibir y disfrutar del amor de Dios. Ya lo veis, Jesús eso lo sabía muy bien. Él se levantaba temprano y se iba a orar, al encuentro con su Padre, a reflexionar sobre lo que proyectaba hacer durante la jornada. Y Él también quería que sus amigos aprendieran a hacerlo y se los llevaba a un descampado.

La gente los reclama y Él los atiende, el servicio sereno y generoso está en la esencia del vivir cristiano. Por oír misa y dar cebada, nunca se perdió jornada, decía el refrán. Adapta esta práctica del Señor con sus apóstoles a tu vida actual y ponla en práctica.

Pedrojosé Ynaraja