Mt 20, 20-28 (Evangelio – Solemnidad de Santiago Apóstol)

Beber el cáliz de Jesucristo: servir dando vida

Este episodio de la vida de Jesús con la madre de los hijos del Zebedeo, pasa a la historia de la tradición con todas las connotaciones de algo que pone de manifiesto que ha podido ser escrito, o al menos retocado, después del martirio de Santiago a manos de Herodes Agripa. Por eso mismo, algunos consideran que Jesús pudo anunciar que seguirle a él, tomar la cruz, es “beber la copa” y, sin duda, palabras como estas tuvieron que oír los suyos en el camino hacia Jerusalén. Quizá lo extraño de nuestro relato es que sea la madre de los Zebedeos, y no éstos directamente, como sucede en Mc 10, 35-45, los que hacen la petición de sentarse a la  derecha y a la izquierda en su gloria. ¿Será para rebajar la tensión entre los mismos discípulos y hacer más aceptable que una petición como ésta por parte de la madre es más verídica? Desde luego que el texto de Marcos debe ser más primitivo, ya que no se explicaría que Marcos hubiera prescindido de la madre. E incluso en la redacción se nota que la petición era de los hijos “no sabéis lo que pedís”. Una madre, desde luego, siempre puede exagerar en el deseo de lo mejor para sus hijos.

Pero lo que está en juego en este episodio es cómo los discípulos de Jesús nunca entendieron, antes de su pasión, lo que se estaba tramando en la vida íntima de Jesús y en su misión de anunciar y hacer presente el reinado de Dios. Quizás para rebajar este equívoco la tradición ha introducido en escena a la madre. El discutir sobre los primeros puestos, el entender el mesianismo de Jesús como algo social y político, es algo que responde a la historia verdadera de los seguidores de Jesús. Pedro mismo, en Marcos 8, 33, recibe el reproche más fuerte que podamos imaginar para el primero de los Doce, precisamente por no aceptar que el Mesías (Jesús en concreto), pudiera sufrir, porque esa no era la tesis oficial del judaísmo que ellos, desde luego, compartían. Se habla de cuando “reines”, lo cual denota la visión política del asunto y lo que los discípulos compartían cuando “seguían” al profeta de Galilea.

El sentido del reinado que Jesús anuncia, reinado de Dios precisamente y no de él directamente, queda truncado con la expresión de lo único que pudo prometerles a los hijos del Zebedeo, y a los Doce, y a todos los que sean sus discípulos: “beber la copa” (cf Is 51, 17; Lm 4, 21) que es “pasar todo un trago”. Es el anuncio de una prueba dolorosa que a Jesús no se le escapaba para él y para los suyos. Esto no recuerda, inmediatamente, la escena de Getsemaní, que el mismo tuvo que afrontar desde su experiencia y psicología humana. ¿Por predicar un Dios así, un mensaje de liberación, las bienaventuranzas para los pobres y limpios de corazón, se debe pasar por este “trago”? ¡Sin duda! Eso es lo que les puede prometer Jesús a Santiago y Juan y a los Doce. Porque esa “copa” es la única que los hombres permiten al profeta del reinado de Dios. Y con ello se deshace el deseo ardiente de los primeros puestos, de triunfar, del poder… El mensaje de Jesús lleva en su entraña el desposeerse de muchas cosas, pero especialmente el desposeerse de “triunfar” o al menos de triunfar venciendo a los demás. Con el mensaje de Jesús se gana perdiendo, es decir, dando la vida a los otros como “pro-existencia” verdadera.

El desmontaje del poder, poniendo como ejemplo la actitud de los jefes de este mundo, es proverbial. Los verbos que se usan son elocuentes: tiranizar y oprimir. Esa es la historia verdadera de los jefes y los imperios o reinos de los hombres. El reinado de Dios, causa de Jesús, tiene un verbo más elocuente “servir”. La aplicación que se hace en el dicho al Hijo del hombre, es decir, al mismo “yo” de Jesús no deja lugar a dudas. Se trata de “servir dando la vida”. No es simplemente el verbo “servir” a secas que puede sonar simplemente a esclavitud. Porque no se trata tampoco en el cristianismo de “ser esclavos”. No es ese el sentido. El cristiano no es “esclavo” ni del mismo Dios, porque Jesús no quiso hacernos esclavos de Dios. Por tanto “servir dando la vida” por muchos, es decir, por todos, es lo específico de Jesús y lo debe ser de sus seguidores. Eso es triunfar y beber la copa, y pasar el trago del seguimiento. Por eso la palabra “rescate” (l?tron) debe tener ese sentido de redención o liberación. Es el término técnico para que los prisioneros de guerra o los esclavos lograran su libertad. Por tanto, redención (l?tron)debe significar “vivir haciendo vivir a los demás”, “dando vida a los demás”; ese es el precio, ese es el l?tron cristiano. Eso es lo que Jesús promete a los Zebedeos.